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Adelanto de «La chica con el tatuaje en la parte baja de la espalda», de Amy Schumer


Con su explosiva mezcla de humor satírico, inteligencia y desparpajo, Amy Schumer se convirtió rápidamente en una de las figuras más célebres de la industria del entretenimiento a nivel mundial. Desde sus comienzos en la escena del stand up hasta su salto al estrellato, exhibió un estilo propio de hacer reír, basado en la falta de pudor y en una sinceridad temeraria. En estas páginas relata anécdotas de su niñez, su familia, sus años adolescentes, sus comienzos en la actuación, sus relaciones amorosas, sus éxitos y sus fracasos, al tiempo que se pronuncia sobre temas como el sexo, la política, el matrimonio, los cánones impuestos al cuerpo femenino y el lugar de la mujer en la sociedad.

Provocadora y tierna, cínica y comprometida, La chica con el tatuaje en la parte baja de la espalda revela sobre todo a una artista valiente, capaz de exponerse frente a los demás sin dejar de defender sus convicciones mientras provoca carcajadas. Amy Schumer resulta tan sorprendente y adictiva en formato libro como en cada una de las actuaciones que la hicieron famosa.

A continuación, un fragmento a modo de adelanto:

UN MOMENTO EMOCIONANTE PARA LAS MUJERES  EN HOLLYWOOD

Imaginen que acaban de escribir y protagonizar su propia película por primera vez. La película se estrena, le va bien, y sienten que están en la cima del mundo. Y están agotados, porque hacer una película es mucho trabajo, y porque tuvieron que perder (y no volver a ganar) cinco kilos que normalmente cargan con ustedes. (Porque no es creíble que una mujer pueda ser amada si no se puede ver su clavícula desde todos los ángulos). Entonces, antes de que hayan terminado de celebrar el estreno de su película, en la que invirtieron sangre, sudor y lágrimas, se les explica que a los actores, en realidad, no se les paga por actuar. Por lo que cobran es por hacer prensa.

Qué descubrimiento inmundo.

Lo entiendo. Las películas son muy caras de producir, entonces los estudios tienen que asegurarse de que la gente las vea. Pido disculpas si vieron mi cara demasiadas veces en afiches y publicidades el verano de 2015. Si sintieron eso, agradézcanselo a la gente de marketing. Y créanme, nadie estaba más harto de mi propia voz que yo.

No había protagonizado una película antes de Esta chica es un desastre, así que era prácticamente desconocida en otros países. Entonces, tuve que realizar una intensa campaña de prensa internacional para promocionar el film. Las giras de prensa consisten en visitas a varias ciudades donde te sientas en salas con periodistas (normalmente frente a cámaras) que te piden que hables de la película, para que ellos puedan escribir algo positivo y convencer a la gente que vaya a verte al cine. En aquella gira de prensa, me entrevistaron todos los periodistas del mundo: desde los más famosos del noticiero hasta los que estaban grabando el primer episodio de su podcast. Yo tenía que decirles que sí a todos, porque el estudio se había arriesgado por mí. Yo era una empleada nueva, y es entonces cuando tienes que parecer contenta por la oportunidad y ser una buena abeja obrera.

Cuando escuchas por primera vez que irás a Australia, Alemania, Londres, Ámsterdam, Dublín y etc., etc., etc., piensas: «¡MIERDA, SÍ! ¡Viajes gratis! ¡Nunca estuve en Berlín!». Pero pronto te das cuenta de que pasarás cada segundo de cada día respondiendo las mismas preguntas que te hace cada uno de los periodistas que te entrevistan y que esperan que des tus respuestas de forma fresca y espontánea como si acabaras de escuchar la pregunta por primera vez. Sin falta, cada uno de ellos preguntará: «¿Cuán autobiográfica es tu película?». Empecé a sentirme como un poni de circo sin alma. Hablar de ti mismo todo el día te deja con una clase de vacío que es difícil de describir. Y es mucho para alguien como yo, que lamentablemente tiene una propensión a la sinceridad.

Además de sentir que dependía de mí convencer a la gente de que compre entradas, estaba el lastre agregado de ser una mujer. Porque cada vez que hay una protagonista mujer en una película, todo el mundo delira y dice: «¿Este será un punto de inflexión para las mujeres?» o «¿Qué SIGNIFICA esto para las mujeres en la comedia?».

Entonces, hay mucha presión. Porque a la película no solo tiene que irle bien para que yo me pueda sentir orgullosa o que el estudio gane dinero: también tiene que irle bien para el cincuenta por ciento de la población que aparentemente ahora represento. ¡¿Qué significará esta película para nuestro género en el futuro!? Ese tipo de preguntas son bastante pesadas para mí. Sobre todo, porque esta fue mi primera película y ni siquiera pretendo hablarles a todas las mujeres. Escribo sobre mi vida y sobre cómo veo y experimento el mundo, sin pretender que mi punto de vista sea universal.

Entonces, hice la enorme gira de prensa, no solo por la película sino por todo el género femenino. Y como en todas partes desde el comienzo de la humanidad, la pregunta favorita de cada periodista era: «¿Es este un momento emocionante para las mujeres en el entretenimiento?» o, «¿Qué significa esto para las mujeres de Hollywood?».

—¡¿No es un momento emocionante?!

Yo quería gritar:

—¡No!

En primer lugar, no me considero una «mujer de Hollywood». Ni siquiera estoy del todo segura de saber qué significa esa expresión. Pero si tuviera que hacer una asociación libre y escuchara ese término, creo que pensaría en alguien que abrevia su propio nombre, como J Law/Lo, o bien en alguien que salió muy sexy en varias películas y que también tiene, no sé…. ¿su propio blog de estilo de vida o su propia línea de productos? Como una Alba o una Paltrow. Yo no tengo nada de esas cosas. «A Schu» nunca despegó como lo esperábamos.

Además no soy literalmente «una mujer de Hollywood». Como saben, siempre he vivido en Nueva York y no, no es un momento emocionante. El momento emocionante llegará cuando nadie tenga que contestar esa pregunta estúpida. Todos, a la cuenta de tres: dejen de preguntar eso. Para siempre. No lo pregunten más. Uno. Dos. ¡Tres! Y además, Hollywood no es tan emocionante para las mujeres. Creo que a nadie le sorprende escuchar que esta es una industria donde las mujeres son juzgadas casi exclusivamente por su aspecto físico, y en la que todos los días las mujeres se sienten que se dirigen a toda velocidad hacia la muerte y la decadencia, mientras que actrices más jóvenes y sexys como Selena van apareciendo como matrioshkas rusas. Es una industria en la que pasas de hacer de chica deseada a abuela con chaleco deportivo tejido que ama a sus mascotas en la mitad del tiempo que le lleva a un actor principal convertirse en abuelo.

Soy de las que creen que en la mayor parte de las actividades, las mujeres tienen que trabajar el doble para obtener la mitad del reconocimiento. Después de haber puesto tanto esfuerzo en hacer una buena película, me pareció bastante degradante que la hayan tildado de «comedia femenina». Este rótulo sin sentido me arrojó a un rincón y me obligó a hablar por todas las mujeres, porque soy la MUJER que escribió una comedia FEMENINA y después actuó en un papel FEMENINO en esa comedia FEMENINA. ¡A Seth Rogen no le piden que sea TODOS LOS HOMBRES! No se hacen «comedias masculinas». No le preguntan a Ben Stiller: «Eh, Ben, ¿cuál era tu mensaje para todo el género masculino cuando fingiste tener diarrea y perseguiste a ese hurón en Mi novia Polly?».

En la gira de prensa, muchos periodistas se dieron cuenta de esto y me preguntaron si sentía mucha presión por tener que hablar en nombre de todas las mujeres. Valoro que hayan ido directo al punto. Entiendo que tengo muchos ojos y oídos puestos sobre mí y que lo que digo y hago importa. Es un honor tener esta responsabilidad: porque es una oportunidad para ayudar a las mujeres a empoderarse de la única forma que sé: escribiendo una historia sobre una mujer desde el punto de vista de una mujer.

Esta chica es un desastre se trata de la igualdad de oportunidades. La igualdad de oportunidades para tenerle fobia al compromiso. Pero algunos de los periodistas se sentían descolocados por este tema en la película. Muchos me preguntaron por qué elegí escribir los roles de la chica y del chico invertidos. Es decir, por qué hice que fuera la chica la que tenía problemas para mostrarse vulnerable y que el chico quisiera más compromiso. ¿Por qué la chica era la que tenía una mentalidad de soltera y una lista de encuentros sexuales de una noche, y el tipo era el que llevaba un estilo de vida sobrio y era respetado en su trabajo? Los periodistas siempre se sorprendían cuando les decía que no había sido una estrategia, que la historia había nacido de mi experiencia. Se dice que las mujeres son las locas y las extremadamente sensibles en una relación, pero, según mi experiencia, son los hombres los que son así. No quiero decir que yo y la mayor parte de mis amigas no seamos flores sensibles. Simplemente no invertimos tanto en las relaciones, o no lo hacemos con tanta velocidad, y no involucramos tanto nuestro ego. Puedo admitir que exageré el personaje de LeBron James. Lo hicimos muy preocupado por la vida amorosa de su pareja; en general, así es como se caracteriza a las mujeres y, en realidad, no tengo amigos hombres que sean de esa manera. Pero esa es la única inversión de géneros en la película. Escribí lo que me pareció sincero, real y conmovedor desde mi perspectiva. Y aunque no me gusta la idea de representar a todas las mujeres, estoy segura de que no soy la única chica que vivió estas cosas.

Sin embargo, la humillación hacia las actitudes sexuales de las mujeres estaba fuera de control en las entrevistas. Quizás era solo una cosa cultural la que hacía que los periodistas extranjeros me parecieran tan impertinentes. Algunos tenían una onda como: «Bueno, dado que hablas de cosas sexuales en tu película puedo decirte lo que quiera». Algo que me hizo dar ganas de ducharme por el resto de mi vida. Una de las entrevistas que hice en Australia se viralizó. Cuando uno de los periodistas me preguntó: «Tu personaje es una puta sucia, ¿qué palabra usan para eso en los Estados Unidos?», le contesté que era una pregunta grosera y discutimos por un rato. Obviamente, si haces cualquier cosa que no sea solo sonreír y agradecerles por su tiempo, si tienes una respuesta desfavorable o emocional a una pregunta grosera, la sangre llega al río. La gente reacciona mal. Pero yo nunca fui de esas chicas que sonríen y asienten.

La peor experiencia fue en Berlín —sorpresa, sorpresa—, cuando me senté con el mismo entrevistador dos veces. Era un hombre de casi sesenta años que usaba jeans y una remera con botones. Se estaba quedando calvo y se había dejado crecer el pelo un poco en la parte de atrás, mitad paje, mitad Robert Plant. Llevaba anteojos y no permitía que las presiones sociales lo obligaran a sonreír. Primero me senté con él y Bill Hader. Le preguntó a Bill si le gustaba interpretar a un médico y después me preguntó a mí cómo era tener sexo conmigo. A Bill no le gustó la pregunta y me defendió, pero yo le dije que estaba bien, que no tenía ningún problema en contestarla. Le expliqué que tener sexo conmigo era como estar con uno de esos artistas callejeros que se paran sobre una caja con el cuerpo todo pintado de plateado. No te das cuenta si son estatuas o no, pero cada dos minutos se mueven levemente. La única diferencia, le dije, es que a mí nadie me dio ni un dólar. (Ahora necesito corregir esto y decir que, desde aquella vez, mi novio, muy generosamente, deslizó un dólar por debajo de la puerta una vez después de que tuvimos sexo. Yo estaba sentada en el inodoro y vi cómo el dólar entraba lentamente mientras yo esperaba mear para no tener una infección urinaria. Contemplé el billete y me sentí amada).

Por alguna razón, el mismo periodista volvió a entrevistarme, esta vez junto a Vanessa Bayer, que hace de mi amiga y compañera de trabajo en la película. El tipo se mostró completamente ácido y manifestó no solo su disgusto por la película, sino por la totalidad de mi persona. Dijo exactamente las siguientes palabras:

—¿Por qué piensas que está bien hacer sentir incómoda a la gente? —Mientras hacía la pregunta, clavé la vista en un gran agujero que había en la entrepierna de sus pantalones y me di cuenta de que sus dos testículos estaban expuestos. Lo miré a los ojos y le dije:

—No quiero avergonzarlo, pero me gustaría que se cubriera la entrepierna.

Vanessa miró hacia abajo y lo vio y asintió con la cabeza mientras su cara se ponía de un rojo intenso. El tipo cruzó las piernas, recuperó su compostura y dijo:

—¿Dónde estábamos?

—Me estaba preguntando por qué me parecía bien hacer sentir incómoda a la gente.

Después de trescientas entrevistas hablando de la cantidad de personas con las que me había acostado para después cambiar de tema y mencionar la enfermedad de mi padre, pensé: «¡Al diablo con esto! Nunca más haré una película». ¡Estoy bromeando! Voy a hacer muchas más películas. Pero nunca voy a volver a hacer tanta prensa. Y nunca volveré a perder peso. Bueno, no tanto peso. Me veo estúpida si estoy flaca. Mi cabeza enorme, como de repollo, se mantiene del mismo tamaño y el resto de mi persona se encoge. ¿Y cuál es la recompensa? ¿Ser «una mujer de Hollywood»? No, gracias.

Por otro lado, quizá «ser una mujer de Hollywood» signifique ser una de esas mujeres enojadas, perplejas y famélicas que solo querían ser actrices y a las que les hicieron creer que para lograrlo tenían que pasar por mil cosas difíciles en la secundaria y la universidad y en cientos de oficinas de agentes asquerosos. Tal vez una «mujer de Hollywood» sea solamente una persona que trabaja en intentar hacer realidad sus sueños —igual que todos sus pares hombres—, pero en el camino se sintió entorpecida, hambrienta y cansada de luchar contra la delirante doble moral y las preguntas estúpidas de periodistas de mierda.

Si eso es una «mujer de Hollywood», bueno, yo soy una. Me declaro culpable.

Pero, a pesar de que la prensa internacional no podía estar más equivocada sobre el «momento emocionante» que todas nosotras, las mujeres de Hollywood, estamos viviendo, no todos los periodistas malinterpretaron mi película. Me sentí muy agradecida de haber sido nominada para el Golden Globe, que es un premio otorgado por la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood. Toda mi familia me acompañó y, aunque no gané, tuve la suerte de perder en la competencia con un amigo cuyo trabajo me vuela la cabeza. Algunos de los periodistas de la Asociación que estaban allí esa noche fueron maravillosos. Hablé con muchos de ellos y salí de las entrevistas sintiéndome nutrida, agradecida y comprendida. ¡Quizá no pensaban tan mal de mí después de todo! Empecé a sentirme mejor e intenté verme a mí misma a través de los ojos de ellos, recordando todas las cosas amables que me habían dicho. Pero volví rápidamente a la realidad cuando vi los distintos nombres que le habían puesto a la película en algunos países extranjeros:

  • Italia: Un desastre de chica
  • Bulgaria: Daño total
  • República Checa: Descarrilamiento
  • Rusia: Una chica sin complejos
  • Alemania: La reina de las citas
  • Finlandia: Solo la noche
  • Portugal y Polonia: Descarrilada
  • Francia: Amy la loca
  • Canadá francoparlante: Un caso perdido
  • Argentina: Esta chica es un desastre

Entonces, como no gané el Golden Globe esa noche y no pude subir al podio para dar un discurso, me gustaría aprovechar esta oportunidad para agradecerles a todos los periodistas de todos los países que visité. Primero, me gustaría agradecerles a todas las personas que me señalaron que yo era una mujer. Sus elogios fueron formulados con mucha precisión para que yo nunca fuera descrita solo como «graciosa», sino más bien como una «mujer graciosa». Gracias a ustedes, no perdí mis ovarios de vista. Gracias. Si no me lo hubieran recordado constantemente, tal vez habría olvidado mi útero en un autobús de larga distancia. Pero ustedes me volvieron perpetuamente consciente de que sangro una vez por mes Y TAMBIÉN puedo contar un chiste. Pude ver lo infelices que estaban con sus propias vidas, y me sentí profundamente apenada por ustedes. Si están ahí, quiero que sepan que soy muy feliz y estoy viviendo un buen momento en mi vida. Y por último, quiero agradecerles a los testículos de aquel periodista en Berlín. Si no fuera por ustedes, amigos, seguramente podría dormir de noche, y quién diablos querría eso.

Auf Wiedersehen.

La chica con el tatuaje en la parte baja de la espalda
Amy Schumer resulta tan sorprendente y adictiva en formato libro como en cada una de las actuaciones que la hicieron famosa.
Publicada por: Emecé Editores
Fecha de publicación: 06/01/2019
Edición: 1a
ISBN: 978-950-04-3973-2
Disponible en:Libro de bolsillo