Interesante

Adelanto de «¿Y dónde está la gente?», de Jaime Durán Barba y Santiago Nieto


Vivimos el cambio más descomunal de la historia y, sin embargo, algunos políticos permanecen atados a ideas del pasado. Las conductas de las sociedades hoy son inestables y más libres. Los electores no son de nadie y las opiniones que más pesan son las del entorno físico y virtual. En muchos países hay más celulares que habitantes y esos dispositivos están democratizando el conocimiento, ponen el mundo al alcance de la mano.

Entonces, cuando los analistas políticos enfocan su estudio en porcentajes de encuestas y datos duros, olvidan preguntarse: «¿Y dónde está la gente?» «¿De qué conversa?» «¿Qué escucha con sus auriculares caminando por la calle?» «¿Qué elige mirar?». Cualquier youtuber famoso tiene más seguidores que cualquier político latinoamericano y en muy poco tiempo afloran líderes impensados, como Bolsonaro o Trump.

A continuación, un fragmento a modo de adelanto:

 

Capítulo 6 – Los errores de las encuestas

Límites de las encuestas

  1. Predecir el futuro. Considere que la opinión pública es efímera y cambia permanentemente. Los electores están sujetos a un sinnúmero de estímulos que hacen que modifiquen sus actitudes durante el proceso electoral. La encuesta es una foto válida para el momento que se aplica, por lo que es importante que los datos se levanten en el menor tiempo posible. La existencia de internet aceleró los intercambios de opiniones, que desde 2007 crecieron de manera exponencial. Hace décadas, la mayoría de los ciudadanos votaba casi siempre por un partido a lo largo de su vida. Actualmente todos estamos comunicados de manera continua a través de nuestros teléfonos celulares y nuestra opinión varía con mucha frecuencia. Los electores se han vuelto muy independientes y en reiteradas investigaciones realizadas a lo largo del tiempo nos vamos encontrado con que un porcentaje importante de ellos no decide cómo votar hasta la víspera de las elecciones. Todo eso hace que sea cada vez más difícil predecir con exactitud lo que ocurrirá el día de los comicios.
  2. Oportunidad. Las encuestas que se usan para campañas electorales sirven para tomar decisiones importantes relacionadas con el día a día de estas. Es indispensable, por lo tanto, que se entreguen oportunamente: si contienen resultados de hace un mes, ya no servirán de mucho. Lo más probable es que la opinión pública haya cambiado durante ese periodo y la información resulte obsoleta.
  3. Tendencia. Dijimos que una encuesta es una foto que nos da la información de lo que está ocurriendo en este momento, pero eso no es suficiente. Necesitamos saber cómo se están moviendo las cifras. Para eso son indispensables las encuestas periódicas que nos permiten conocer de forma objetiva el movimiento de las principales variables que necesitamos estudiar. Una cosa es que un candidato tenga 15 por ciento de imagen positiva viniendo de 5 por ciento y otra que su cifra anterior haya sido 30 por ciento. De hecho, como ya explicamos, existe un tipo de encuesta, el tracking, cuyo eje es averiguar tendencias más que conocer cifras que describan la realidad del momento.
  4. La estadística y su uso. Las escalas, los índices y los factores llevan a veces a conclusiones abstractas que nos desvían de la realidad. Esas herramientas, por sofisticadas que sean, no pueden sustituir la experiencia de quienes han trabajado en esta materia durante años. Finalmente, las computadoras son capaces acumular mucha información y procesarla con velocidad y eficiencia, pero tienen limitaciones, ya que no pueden hacer las preguntas necesarias en cada caso ni interpretar los resultados integrando la información de otras investigaciones. Nunca tendrán la habilidad, por otra parte, de acumular datos provenientes de la experiencia y que se ubiquen más allá de lo cuantificable.
  5. El encuestado es un ser humano. Es absurdo suponer que las convicciones y los sentimientos de los encuestados no son importantes. Por eso es tan difícil saber qué creen y, en especial, cuáles de esas convicciones y esos sentimientos los van a llevar a tomar actitudes políticas o a votar por un candidato. Si logramos explicar un tema para que lo entiendan los electores eso no nos asegura que vayan a moverse en alguna dirección. Tomamos actitudes de ese tipo cuando comprendemos los asuntos, cuando nos aclaran más allá de la sola explicación racional. Para ejemplificarlo, recordemos el caso de corrupción que se denunció durante las elecciones presidenciales de Argentina en 2011. Todos los medios de comunicación pusieron como noticia principal el hallazgo de las maletas con dinero que traía Antonini Wilson para financiar la candidatura de Cristina Fernández, capturadas en el aeropuerto. Por esos mismos días estalló otro escándalo de proporciones cuando se denunció el manejo de enormes sumas de dinero por parte de la fundación Sueños Compartidos perteneciente a las Madres de Plaza de Mayo y administrada por Sergio Schoklender. Otro evento que ocupó las primeras páginas de los periódicos durante un mes. Los opositores de Cristina creyeron que estos problemas le impedirían ganar las elecciones. Los ciudadanos afirmaban estar en contra de corrupción. Sin embargo, nada de esto produjo efecto alguno. La entonces presidenta retuvo su cargo con el 54 por ciento de los votos, el apoyo más importante que consiguió a lo largo de su carrera.
  6. El principal problema de la gente. Los principales problemas de la gente que detectan las encuestas sirven de poco si se hace una lectura mecánica de los datos. Hay que entender los entornos y analizar, con la ayuda de la investigación cualitativa, qué significado atribuyen a cada tema los diferentes grupos de la población. Para analizar la información se necesita elaborar toda la estrategia.
  7. Los temas y la única campaña. Cuando se pregunta acerca de cuál es el principal problema de una ciudad o de un país aparecen con lugar prioritario en las respuestas la educación, la salud, el precio de los artículos de consumo y la seguridad. Si hiciéramos una lectura mecánica para esbozar el mensaje con esos números, todas las campañas del mundo deberían ser iguales, pero esto no es así. Las cifras de las encuestas sirven para orientarnos en la realidad, pero su interpretación supone que integremos mucha más información, en especial la que procede de las investigaciones cualitativas.
  8. Las necesidades son locales y sectoriales. La importancia de cada uno estos temas y en particular su sentido deben leerse en el contexto de cada lugar y de cada grupo objetivo. Encontraremos entonces diferencias significativas. “Seguridad” no significa lo mismo en la provincia de Buenos Aires que en Formosa, en la Ciudad de Buenos Aires, en Tucumán, en Quito o en Guayaquil. Ni siquiera en una misma ciudad el tema se siente de la idéntica manera. Los sectores más pudientes tendrán unos conflictos de seguridad y los pobres, otros. La única manera de bajar de concepto abstracto es contar con investigación cualitativa de alto nivel.
  9. El principal problema para la estrategia. Por otra parte, que un problema sea el más mencionado no significa que debe ser el preponderante de la campaña. Para escoger los tópicos que debe tratar el candidato en cada momento de la campaña es necesario integrar toda la información para que esa sea la oferta electoral. Aunque en Brasil en 2010 el principal problema era por lejos el de la seguridad, ni siquiera fue tomado en cuenta por Marina Silva, la candidata a la que asesorábamos. Desde su apasionante biografía, Marina era una dirigente asociada a la vida de la selva, la salud y la educación y fueron esos sus ejes principales de campaña. Pasó algo semejante con uno de sus contrincantes, José Serra, que en realidad no era médico pero estaba situado como tal en la mente de los electores por la labor que había realizado cuando había sido ministro de Salud. En su caso, la oferta con credibilidad fue mejorar el aspecto sanitario del país.
  10. La interpretación. Ante todo, las encuestas deben ser correctamente interpretadas. Desafortunadamente, se han puesto de moda y en los medios solemos ver mucha gente que simplemente lee números sin dar una información válida qué permita adquirir una comprensión de la realidad en su conjunto.
  11. La encuesta política es política. Para analizar encuestas sobre cómo distribuir cajas de cereal es necesario ser un experto en comercio al por menor. La política es una disciplina compleja y, aun así, todos se consideran especialistas. Para analizar una encuesta electoral es imprescindible tener formación política y estar al día sobre lo que ocurre en el país o el distrito donde estamos trabajando.
  12. Las elecciones las gana el candidato. Existe una sobrevaloración de las encuestas y de otras herramientas de información propias de las campañas. Los elementos técnicos de los consultores pueden ayudar para el éxito, pero solamente candidato es quien gana o pierde la elección, porque es quien manda en última instancia.

 

Los encuestados

  1. La motivación y el voto. El entendimiento y la motivación de los electores no son lo mismo. El encuestado puede estar totalmente en acuerdo o en desacuerdo con una tesis sin que eso lo lleve a actuar. En muchas ocasiones entendemos algo pero no por eso nos involucramos en acciones de algún tipo. La política apasiona. Tiene que ver con las convicciones. El votante no vota porque cree en las tesis de un candidato, sino porque siente que es alguien en quien puede confiar.
  2. La intensidad de las actitudes. No es fácil investigar en las encuestas la intensidad de los sentimientos y las convicciones de las personas. Las palabras son frías y no reflejan esas actitudes. Esto se suele medir con herramientas cualitativas en las que el conductor no solamente escucha las palabras, sino también da importancia a los tonos de voz y al lenguaje corporal.
  3. El orden de las preguntas. Cuando se aplica un formulario, en la medida en que se realizan las preguntas se proporciona información a la persona que está siendo entrevistada. Si el cuestionario está mal elaborado, el consultado se percatará en pocos instantes de cuáles son las intenciones del encuestador y sesgará sus respuestas. Por eso, es absolutamente indispensable el orden que ocupan las preguntas en el formulario. Si al comenzar la entrevista todas las consultas se centran únicamente sobre un actor político, el encuestado contestará favorablemente a quien cree que es el destinatario de la información. Hace algunos años un importante líder de un país sudamericano quería ser candidato a la presidencia. Nos trajo una encuesta donde medía 40 por ciento en la simulación presidencial, mientras en nuestra investigación no llegaba al 6 por ciento. Cuando revisamos el formulario de la que lo favorecía nos encontramos con que las primeras veinte preguntas averiguaban cosas positivas sobre el personaje en cuestión. La realidad se impuso y tuvo la prudencia de no participar en la contienda electoral.
  4. Las contradicciones. Los seres humanos no funcionamos con una lógica cartesiana. En numerosas ocasiones las respuestas que dan los encuestados son contradictorias. Estadísticamente, alrededor de un 2 por ciento de los latinoamericanos responden de esa manera. Es vital interpretar esas actitudes a partir de la experiencia y de la orientación que nos proporciona la investigación cualitativa. Más allá de las contradicciones frontales que puede tener que ver con que al encuestado no le interesa el tema, debemos recordar que los ciudadanos, más que racionales, son razonables. El libro de Samuel Popkin, The Reasoning Voter, desarrolla este tema en profundidad.
  5. Intensidad y extremismo. Alguien puede estar firmemente en acuerdo o en desacuerdo con una tesis sin que eso lo lleve al extremismo. Es muy importante saber si las opin iones de los ciudadanos son intensas o simplemente expresan puntos de vista superficiales. La intensidad se suele medir con herramientas cualitativas y las relacionadas con el reconocimiento del lenguaje corporal, además de otros elementos que nos permiten profundizar en esto. Hace algunos años, en Ecuador, tanto el presidente Sixto Durán-Ballén como Abdalá Bucaram, candidato a la presidencia de la república, tenían un rechazo del 75 por ciento la población. Desde el punto de vista cuantitativo parecían estar en la misma situación. Sin embargo, cuando se mencionaban sus nombres en los grupos de enfoque, la actitud de los participantes frente a Sixto era de desencanto, mientras que ante Bucaram era de furia y temor. En las elecciones presidenciales argentinas de 2019 ocurrió algo semejante en un momento en que Cristina Fernández y Mauricio Macri tenían una imagen negativa similar. Los participantes en los grupos de enfoque exponían mayormente decepción con Mauricio, mientras que el enojo o el miedo aparecían en primer lugar cuando se mencionaba a Cristina. Además de los métodos cuantitativos también se puede preguntar explícitamente el encuestado para saber si tiene una imagen mala o muy mala de un líder político. La respuesta oral nunca será tan eficiente como el uso de investigaciones cualitativas de alto nivel.
  6. Tener siempre presente que…
    1. El encuestado tiende a responder una pregunta aunque no sepa nada sobre el tema.
    2. Muestra una propensión a seguir el apunte al encuestador. Por eso es importante que quien hace el trabajo de campo no debe manifestar de ninguna manera información que permita saber para quién se hace la encuesta.
    3. Desde hace treinta años hemos encuestado en distintos países acerca de la imagen de Nicolás Narváez, un personaje imaginario que se incorpora en la lista de nombres a los que investigamos y que nos permite conocer cuántos están mintiendo directamente en la encuesta. Normalmente, Nicolás tiene un nivel de conocimiento que oscila entre un ocho y un quince por ciento, según el país en que se efectúa la encuesta. Su nivel de conocimiento y de desagrado suele ser más alto cuando los encuestados tiene una actitud más pesimista frente al país y cuando expresan más resistencia a los líderes reales.
  7. No quiere quedar mal. El encuestado evita “quedar mal” cuando se le pregunta algo embarazoso. Si le consultamos si fuma marihuana, el porcentaje de quienes afirman que sí es normalmente menor al 10 por ciento en todos nuestros países. Si se efectúa una pregunta indirecta, por ejemplo si tiene conocidos que fuman marihuana, los porcentajes suben en todos los casos por encima del 50 por ciento. Cuando hablamos de política ocurre lo mismo con los anticandidatos, personas con mala imagen a las que vota alguna gente como forma de protestar contra el sistema. Es el llamado “voto vergonzante” que se produce cuando da pudor votar por alguien, hecho que, sin embargo, se puede detectar a través de otras preguntas.
  8. Superar el temor. En algunos países, en ciertas circunstancias, es difícil realizar encuestas que arrojen datos objetivos. Los ciudadanos sometidos a regímenes autoritarios, en los que se vulneran los derechos individuales, tienen miedo de contestar preguntas de tipo político. Es lo que ocurrió en Nicaragua en 1990, cuando casi todas las encuestas fallaron al predecir la derrota de Violeta Chamorro y el triunfo de los sandinistas. La gente temía decir que votaba por ella porque podía sufrir represalias de parte del gobierno. Uno de los pocos que acertó con el resultado fue el encuestador venezolano Gustavo Méndez Caldera, haciendo algo que era cuestionable desde el punto de vista técnico: sus profesionales avisaban a los ciudadanos que estaban haciendo una encuesta para la oposición con el objetivo de compensar el miedo que sentían.
  9. Romper las verdades del entorno. No hay que depender de los temas que están en la mente del candidato, de los políticos, de los periodistas o de los informados. Las investigaciones sirven en particular para romper la campana de cristal del círculo rojo. Es necesario tener la mente abierta a lo que expresan los encuestados, aunque sus posiciones contradigan el rational choise. Las investigaciones son para conocer la realidad, no para confirmar prejuicios.

 

Las simulaciones

  1. El futuro. Ante todo, y como se mencionó, las encuestas no sirven para predecir el futuro. Existe todavía la idea entre los políticos y en la población en general de que la encuesta es una herramienta mágica de adivinanza. Nada más lejos de la realidad: no es una bola de cristal, sino un instrumento para medir lo que ocurre en la opinión pública en un momento determinado. Cuando nos preguntan cómo nos fue en unas elecciones y respondemos que muy bien porque ganamos, algunos aclaran que lo que necesitan saber es en realidad si pudimos predecir el resultado. Respondemos normalmente lo que es casi un lema de nuestro grupo: no hacemos encuestas para predecir el futuro, sino para cambiar el presente y así lograr un futuro mejor.
  2. Los cambios tecnológicos. En los últimos años la revolución de las comunicaciones y los cambios que produjo la sofisticación de las computadoras en todos los ámbitos de la vida generaron un nuevo tipo de elector. Como decía Zygmunt Bauman, la sociedad se volvió líquida: la gente se comunica permanentemente rompiendo todo tipo de barreras y conversa sobre cualquier tema que podría influir en sus actitudes sin pasar por los antiguos filtros de personas que compartían un paradigma. Que un estudio de opinión pública prediga el futuro se vuelve cada vez más imposible.
  3. Las simulaciones anticipadas. Las simulaciones electorales que se hacen con mucho tiempo de anticipación no dan información válida acerca del eventual resultado de la elección. Las confeccionamos como un elemento más de análisis que no sirve para elaborar modelos de voto y elaborar la estrategia. Quien dice que la calidad de trabajo de una encuestadora es alta porque adivinó quién iba ser el presidente incluso antes de que se supieran los nombres de los candidatos que iban a participar en la contienda está equivocado. Con los eventos y las acciones que provocan las campañas será la variable más susceptible de cambio durante el proceso electoral. Si con un estudio realizado dos años antes podernos conocer el resultado de las elecciones no necesitaríamos que se realice el sufragio. La política funcionaría simplemente gracias a la magia de los encuestadores.
  4. Las encuestas inmediatas. Tampoco tiene sentido aplicar una encuesta en cuanto ocurre algo. Cuando Mauricio Macri anunció que su compañero de fórmula sería Miguel Ángel Pichetto apareció esa misma noche una encuestadora que ya sabía cuál había sido el impacto de ese evento sobre los electores. A las pocas horas de la rueda de prensa aplicó un estudio que le permitía obtener conclusiones relacionadas con la eficiencia de la fórmula. Esto carece de lógica. Para medir el impacto de un hecho político es necesario esperar unos días. Los ciudadanos no están pegados a la televisión tratando de saber minuto a minuto qué hacen los políticos. Es imprescindible una ventana tiempo para que el conjunto de la sociedad se entere de lo que ocurre a través de la herramienta más importante que tiene: la conversación. Cuando sus amigos y parientes comenten que ocurrió algo lo harán además con algún sesgo de simpatía o antipatía que incidirá en que al receptor de la noticia le guste o no lo ocurrido. Las encuestas que se hacen sin permitir que pase un tiempo prudencial tienen tan poco sentido como aquellas que se hacen con demasiada anticipación.
  5. La gente no se sube al “carro ganador”. Esa es una leyenda difundida entre periodistas y políticos y refutada por Napolitan hace más de cincuenta años. Ningún profesional con experiencia cree en esa tesis. Algunos políticos, cuando sienten que su candidato está en crisis, podrían sentir cierta voluntad de pasarse al “carro ganador” porque viven de la política, pero no ocurre lo mismo con los ciudadanos comunes. Las encuestas normalmente no determinan el voto de nadie. En nuestros años de trabajo hemos estudiado cientos de encuestas apócrifas que dan el triunfo al candidato que las contrató y nunca vimos que eso modifique sus posibilidades de éxito. Ni siquiera las encuestas serias, publicadas por reconocidas empresas y consultoras del sector, producen un movimiento a favor de quien encabeza el estudio.
  6. Apoyo al perdedor. En la cultura hispanoamericana existe una tendencia a ayudar a los débiles y a los que están perdiendo. Cuando un candidato proyecta la imagen de que su triunfo es seguro, existe la posibilidad de que algunos de los que lo apoyan no vayan a votarlo o prefieran un candidato menor que no tenga chances. En esas circunstancias, normalmente los que aparecen en las simulaciones con dos o tres por ciento crecen en los escrutinios. Nosotros no usamos encuestas como herramienta de publicidad, mucho menos cuando los resultados favorecen a nuestro candidato, momento en que aconsejamos no difundirlas y moverse con la máxima discreción. Esta forma de actuar nos produce conflictos con algunos candidatos con menos formación, que desean publicar todo lo que parece bueno para ellos. Nunca hay que olvidar que el objetivo es ganar las elecciones y no simplemente dar un alegrón a los parientes o un susto al adversario. En México en 2006, Andrés Manuel López Obrador fue perjudicado por la permanente publicación de encuestas que lo daban como ganador y que se había iniciado en 2003. Eso permitió que algunos adversarios se pusieran en estado de alerta y que miembros de su entorno empezaran a disputar cargos del futuro gobierno. Lo mismo pasó con Mario Vargas Llosa en Perú, quien después de una primera vuelta en la que obtuvo un 33 por ciento de los votos frente al 29 por ciento de Alberto Fujimori creció apenas al 38 por ciento, mientras que su opositor alcanzó el 56 por ciento. Es un caso que vale la pena estudiar. Como siempre, no hay una sola causa que explique lo ocurrido, pero sin dudas en esta ocasión influyeron el triunfo “seguro” de Vargas Llosa, que le dio la confianza como para hacer algunas declaraciones imprudentes, y el apoyo masivo de los partidos políticos. Algo semejante ocurrió cuando fueron la segunda vuelta Álvaro Noboa y Rafael Correa en 2006 en Ecuador. Parecía que Noboa ganaría con amplio margen, pero el resultado le resultó adverso.
  7. Las simulaciones abiertas. Se realizan averiguando quién sería para el encuestado el mejor presidente del país, de forma abierta, sin ofrecerle alternativas. Es otra pregunta que sirve para analizar las actitudes de los electores y que no tiene intención de predecir nada. Hay que considerar que cuando se hace este tipo de pregunta obtienen un porcentaje inflado quienes han sido candidatos a esa dignidad en el último tiempo y, en particular, quienes estén en funciones y busquen la reelección. Los poco conocidos no suelen aparecer, pero eso no significa que no tengan posibilidades de triunfo. El ser desconocido puede ser una fortaleza cuando se ingresa al escenario político de manera adecuada. En ese caso, el novel candidato debe tratar de aparecer con gente que se identifique con lo que él supone que será su futuro y evitar un escenario de amontonamiento en el que sea uno más en un grupo de personas desgastadas.
  8. Los nombres concretos. Aunque no se hayan oficializado las candidaturas es bueno realizar simulaciones con candidatos concretos. Excepto en países como México, en el que los partidos mantenían una importante vigencia, la gente vota por personas. Para hacer los estudios estratégicos es positivo trabajar con los peores escenarios e incorporar en estas simulaciones a quienes tengan mayores fortalezas entre los adversarios. Nunca tratemos de producir artificialmente buenas noticias para que nuestros candidatos se pongan contentos. Imaginemos siempre los contextos más difíciles para planificar lo que haríamos si se producen. Pueden utilizarse nombres de forma hipotética en el caso de que todavía no se hayan registrado formalmente los candidatos. Para el efecto puede utilizarse una lista de nombres que puede ser leída al encuestado, en cuyo caso jugarán con ventaja quienes estén al principio y al final. Cuando es posible, tratamos de utilizar una papeleta similar a la que se usará el día de la elección para que el encuestado vote de manera anónima y la información resulte más fidedigna.
  9. El levantamiento de los datos. Según sea la forma en que levantemos los datos conseguiremos una información más o menos confiable. Cuando es posible hacer encuestas presenciales ese resulta ser el método más fidedigno. Necesitamos encuestadores que estén debidamente entrenados para que el trabajo salga bien. En las grandes ciudades, con sus altos edificios, este modelo es difícil de aplicar y tiene un costo alto. Las encuestas telefónicas tienen menos precisión pero en algunos casos son inevitables. Si al menos las preguntas son administradas por personas, los resultados son más útiles que cuando las hace una máquina automáticamente, ya que se incrementan las posibilidades de distorsión. En una encuesta telefónica es imposible presentar al encuestado una papeleta de votación.
  10. El lugar de las simulaciones. Las simulaciones electorales deben ocupar un sitio en el cuestionario según la etapa de la campaña de que se trate. En un primer momento necesitamos saber con mayor exactitud informaciones que sirven para elaborar la estrategia. En ese caso, las simulaciones, que son un elemento que hace que el encuestado tenga determinadas actitudes, se efectúan al final del cuestionario. En la última etapa de campaña, si se requiere mayor exactitud en esa pregunta, la situamos al comienzo del cuestionario. El principio rector es que el formulario arranque con las consultas relacionadas con los temas más importantes en el momento en que se realiza la encuesta. Es posible también que se hayan detectado problemas importantes en la investigación cualitativa y necesitemos información precisa sobre ellos. Los encuestadores menos sofisticados hacen el mismo cuestionario y lo repiten todo el tiempo, sin percatarse de la importancia que tiene el orden de las preguntas.
  11. Países con voto obligatorio. En los países que tienen voto obligatorio es importante tomar algunos resguardos:
    1. Preguntar ante todo si ya ha decido por quién votar.
    2. Más allá de lo que responda, consultar por quién votaría si la elección fuese el día de la entrevista.
    3. Tomar en cuenta el dato de indecisión y saber cuántos de los que dicen que van a votar por cada uno de los candidatos afirman al mismo tiempo haber decidido o no lo que harán en la urna.
    4. Averiguar la proporción entre decididos o no en cada uno de los casos nos dará una idea de cuán firme es su piso.
  12. Países con voto opcional. En los países con voto optativo las simulaciones electorales tienen también sus peculiaridades.
    1. Empezar preguntando a los ciudadanos si piensan o no ir a votar. Hay que considerar que esa no es una respuesta definitiva.
    2. Realizar la simulación y luego ver cuántos de los que dicen que van a votar por su candidato no van a ir a las urnas el día de la elección. Cuando se escriba la estrategia es importante saber en qué estados y ciudades habrá más electores que están con posibilidades de votar a nuestro candidato para hacer una campaña llamando al voto.
¿Y dónde está la gente?
Un libro de lectura imprescindible para entender cómo circula hoy la opinión pública en materia política.
Publicada por: Debate
Fecha de publicación: 09/02/2019
Edición: 1a
ISBN: 9789877950069
Disponible en:Libro de bolsillo