Interesante

Adelanto de «Macrisis», de Alfredo Zaiat


Con lenguaje sencillo, el economista Alfredo Zaiat logra lo más difícil: desentrañar la esencia, ir al hueso, descubrir lo que está detrás de tantos globos amarillos. Muchos de estos textos tuvieron su origen en los clásicos editoriales que forman parte del programa Cheque en blanco, verdadero emblema radial argentino con 18 años de trayectoria. Pensar la economía como ciencia social implica hablar de política, de medios de comunicación, de derechos humanos, de una mirada del mundo. Zaiat compone un cuadro multicolor, de muchas aristas, para lograr entender por qué nuestro país sufre un nuevo embate neoliberal. Y por qué es necesario derrotarlo.

A continuación, un fragmento a modo de adelanto:

Fake news

El proceso de restauración neoliberal en la región vino acompañado con el deseo de revancha de las élites locales, que fueron desplazadas, se sintieron amenazadas o tuvieron que compartir sus mercados con empresarios emergentes, en la primera década del nuevo siglo. La estrategia aplicada para acorralar a líderes populistas de América Latina se denomina lawfare, término inglés que traducido en la práctica significa judicialización de la política. Es un sistema que lleva adelante acciones aparentemente legales, con amplia cobertura de la prensa para presionar al entorno del líder político apuntado, incluso a familiares cercanos, para vulnerarlo con acusaciones sin pruebas. Es un formato de presión y persecución política. Comienza con el linchamiento mediático del objetivo, para luego iniciar la persecución judicial, que deriva en cárcel o juicios sin fundamentos para algunos, y en conseguir el silencio o la colaboración para aprobar leyes regresivas para otros. El rol de los medios es fundamental pues, en la era del fake news o posverdad, más que la veracidad de los hechos, lo relevante es su interpretación a través de la inmensa red de empresas de medios. En la región se expandió así la táctica de neutralizar a quien pueda ofrecer una opción electoral al avance del neoliberalismo. Se trata de eliminar de la contienda electoral por vías judiciales a cualquier líder o dirigente popular capaz de ganar una elección presidencial frente a candidatos conservadores y de derecha.

Hay dos términos en inglés que sirven para describir la situación política, judicial y periodística que se vive en América Latina y, obviamente, en Argentina.

Uno es lawfare, la guerra judicial para perseguir a líderes populares, y el otro es fake news, noticias falsas cuyo objetivo es la desinformación deliberada y el engaño.

Ahora voy a detenerme en la expansión de las fake news. Y en un caso en particular. Hubo un escándalo de proporciones con la presencia de la recordada Natacha Jaitt en el programa de Mirtha Legrand. El tema principal era el abuso de menores. Esto era lo importante. Pero esa mesa provocó escándalo por la cantidad de nombres de periodistas, conductores de televisión y figuras conocidas del espectáculo que fueron involucrados en el abuso de menores.

Por supuesto, es repudiable esa denuncia sin pruebas. Merece todo el rechazo esa miseria. Pero el aspecto llamativo fue que quienes rápidamente se indignaron son los que se han dedicado, en los últimos años, a hacer denuncias sin pruebas.

En cada una de sus denuncias violaron abiertamente el principio de inocencia, el derecho al buen nombre y al honor, el derecho a la defensa y al debido proceso. Los medios de comunicación, embanderados de odio, fueron los ejecutores de esa violación de derechos y garantías.

Y esos periodistas y conductores fueron los ejecutores y lo siguen siendo de ese accionar.

Y se contesta: “La respuesta, por incomoda que sea, es NO. Años batallando para que se respeten los derechos y garantías de todos. Para que se respeten el principio de inocencia, el derecho al buen nombre y al honor, el derecho a defensa y el debido proceso para todos”.

Son los mismos que tratan como fuentes confiables a Leo Fariña, por la imaginaria ruta del dinero K, o a Damián Patcher, por las fabulaciones con el caso Nisman. Piden pruebas y dicen que son víctimas de “operaciones de los servicios”. Las mismas operaciones de servicios como las escuchas ilegales al principal dirigente de la oposición política en Argentina (CFK) que Luis Majul difunde sin pudor ni decoro.

Han tomado su propia medicina, o se han revolcado en la misma mierda periodística que producen diariamente con impunidad.

Son las formas de desinformar que existen, que se legitiman todos los días en la mayoría de las radios, en casi todos los diarios y en la televisión argentina, y que afectan la vida, las familias, la salud, el honor y hasta la libertad de las personas.

En un momento, ellos mismos fueron víctimas de lo que propiciaron.

Lamentablemente, no les servirá de lección y seguirán propalando fake news. Son como el escorpión. Está en su propia esencia.

 

Que sea Ley

En Argentina, el aborto es la primera causa individual de muerte materna. Desde la vuelta de la democracia, 3030 mujeres murieron como consecuencia de la clandestinidad del aborto. En 2013, 49 mil mujeres egresaron de hospitales públicos por

complicaciones relacionadas a un aborto: la mitad de ellas menores de 25 años. La legalización disminuye las muertes maternas. Cuando los marcos normativos son restrictivos las tasas de mortalidad materna son más altas. En Uruguay, desde la legalización del aborto, las muertes maternas por esta causa han disminuido.²Los índices de la OMS muestran que la legalización reduce el número de abortos. En Argentina se realizan entre 370.000 y 520.000 abortos por año en forma clandestina. Estas estimaciones surgen de un trabajo realizado por una investigadora del Conicet a pedido del Ministerio de Salud de la Nación.²En el país, 3000 niñas y adolescentes tienen un hijo/a por año. 8 de cada 10 fueron embarazos no deseados.

El 8 de agosto de 2018 fue un día histórico. Aunque los senadores votaron en contra del aborto legal, seguro y gratuito, la ola verde inundó las calles. Para siempre.

 

Intentemos reflexionar en términos políticos acerca del debate sobre el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que busca que el aborto sea Legal, Seguro y Gratuito.

Aunque la ley quedó a mitad de camino, con una aprobación estrecha en la Cámara de Diputados y un rechazo también estrecho en la Cámara de Senadores, el tema del aborto quedó instalado en la sociedad argentina como nunca antes.

No es poca cosa, pese a que esperábamos que la Ola Verde pudiera aplastar a las fuerzas reaccionarias que condenan a miles de mujeres a abortar en la clandestinidad.

Se sabe que el Senado es la cámara más conservadora y que era muy difícil pensar que podía alcanzar una mayoría que avalara el aborto Legal, Seguro y Gratuito. Pero no es poco que 31 senadores, una ausente (que iba a votar a favor) y dos abstenciones, o sea, en total 34 votos evaluaran como posible esa opción.

Este análisis cuantitativo plantea que, tarde o temprano, el proyecto será ley.

Pero resulta interesante avanzar en un análisis cualitativo de lo que es la irrupción de un movimiento social y político, el feminismo, que ya se ha sumado a otros movimientos que hicieron y siguen haciendo historia en la realidad argentina, como en su momento fue el de los Derechos Humanos.

Es una revolución, una revolución feminista, una revolución pacífica, con firmes convicciones, que atraviesa a varias generaciones con una masiva, intensa, alegre y comprometida participación de mujeres jóvenes, que tienen un desparpajo y una creatividad notables.

Es un movimiento político extraordinario, que quienes no lo identifiquen y, fundamentalmente, quienes no lo entiendan quedarán descolocados en este nuevo tiempo político.

No hay vuelta atrás cuando un sujeto político se reconoce como tal. En este caso, las mujeres desafiando a una sociedad patriarcal. Esto es lo que más irrita a las fuerzas conservadoras.

Un movimiento de dimensiones similares (me refiero a la emergencia de un sujeto político que se reconoce como tal) se produjo cuando la clase trabajadora en Argentina fue reconocida como sujeto de derecho político, económico y social.

Con la conmovedora lucha de las mujeres de estos años se ha abierto una nueva etapa en la realidad política y social argentina.

Hay personas que se preguntan por qué no hubo an- tes un debate por el aborto en el Congreso. Es un ejercicio contrafáctico, o sea, ahistórico, discurrir en ese sentido. Los momentos de una revolución, y el feminismo lo es, no se deciden en laboratorios sociales o en las redes; se producen por la confluencia de varios factores que no son ni pueden ser definidos por nadie previamente.

Esa discusión solo está al servicio de alentar la estrategia de la confusión deliberada. No hay que caer en esa trampa de la distracción. Lo relevante, lo trascendente, es la vitalidad de la revolución feminista, desde el movimiento Ni una Menos hasta la campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Que sea Ley.

 

La hipocresía M

 

El día 11 de diciembre de 2018, el colectivo Actrices Argentinas hizo una conferencia de prensa para hacer pública una denuncia de violación por parte de Thelma Fardín a Juan Darthés. La repercusión fue enorme. El uso de ese caso por parte de los dirigentes macristas fue tan desacertado como era esperable.

 

El macrismo ha desfinanciado la asistencia a víctimas de violencia de género. Por ejemplo, la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, cerró programas y mantuvo un presupuesto ínfimo de 4,50 pesos por cada mujer en la línea 144. Esa línea telefónica es producto de la lucha del feminismo. La voz de las personas que atienden es lo primero que escuchan quienes tienen pensado radicar una denuncia por violencia machista. Allí conversan con la mujer e  intentan encontrar juntas una lectura a la situación que están afrontando, evalúan el riesgo existente y las ayudan a tomar una decisión. Vidal lo ha desfinanciado, y ha precarizado las condiciones laborales de las trabajadoras. Pocas horas después de la conferencia de prensa de las Actrices Argentinas, en una muestra más de hipocresía y cinismo, tanto en el plano político como en el humano, Vidal utilizó las redes sociales para mostrar solidaridad. El macrismo es eso. En la Ciudad de Buenos Aires, el Ministerio Público Fiscal disolvió la fiscalía de Cámara especializada en Violencia de Género y la transformó en una especializada en Faltas y Contravenciones de Tránsito.

El gobierno nacional, en tanto, anunció que retiraba de sus redes sociales el spot contra la violencia de género que tenía a Darthés como uno de sus protagonistas. Mauricio Macri hizo público un tuit en el que expresó: “Vamos a trabajar para erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres”. Otra cuota más de cinismo: El Presupuesto 2019 recorta fuertemente los fondos para las políticas de género, incluyendo la lucha contra la violencia machista. El Instituto Nacional de las Mujeres y el Plan Nacional de Acción para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres recibirán recursos que en términos reales, o sea, descontada la inflación prevista para 2019, significará una caída de, por lo menos, el 10 por ciento. O sea, se desfinancia esas áreas. La violencia no se frena sola, sin fondos públicos para financiar programas que la combaten. Se necesitan campañas, atención telefónica y personalizada, acceso a la justicia, refugios, subsidios, viviendas, asignaciones laborales, contención psicológica, protección a las víctimas que denuncian, capacitación laboral, educación sexual integral, deconstrucción de masculinidades, desmantelamiento de armas en manos de agresores, capacitaciones judiciales y a fuerzas de seguridad, botones antipánico, tobilleras para agresores, monitoreo de los procesos de violencia, entre muchas otras medidas, para que la violencia no se inicie y así poder parar el riesgo de muerte. Para todo esto se necesitan fondos públicos. Y son insuficientes. El macrismo, que es puro marketing, reduce recursos y promueve políticas y organizaciones que restringen los derechos de las mujeres. Una derecha así, hipócrita y cínica, mantiene cada una de las miserias del patriarcado. Aunque quieran engañarnos con un tuit.

 

¿Un Bolsonaro argentino?

 

Octubre de 2018 será recordado como el mes en el que un dirigente de ultraderecha, Jair Bolsonaro, ganó las elecciones presidenciales de Brasil. Y lo hizo con el líder del PT, Lula da Silva, liderando las encuestas pero que está preso por una causa judicial inconsistente. Que Bolsonaro sea presidente sería para Argentina como si Alejandro Biondini o el diputado Alfredo Olmedo pudieran ganar una elección presidencial. Hubo declaraciones de Bolsonaro durante la campaña que fueron detestables: “A vos no te violo porque no te lo merecés, sos fea”; “Los afrodescendientes no sirven ni para procrear”; “Tener un hijo gay es por falta de golpes”; “El error de la dictadura fue torturar y no matar”.

Argentina no es Brasil. Por ahora, no hay un Bolsonaro argentino, pero eso no significa que no pueda haber uno. El Bolsonaro brasileño es consecuencia de al menos tres factores: 1. Crisis económica, con prolongación de la recesión y alza importante del desempleo, con el consiguiente deterioro sociolaboral. 2. Campaña de demonización del populismo con la bandera de la corrupción contra el PT, a través del Lava Jato, que terminó arrastrando al resto de los partidos políticos tradicionales de centro y de derecha. 3. Y el reclamo de la recuperación del orden –social, económico y de seguridad– por parte de amplios sectores de la población. Esos factores, que fueron alimentados por el establishment y amplificados por las corporaciones mediáticas, tuvieron como saldo el fortalecimiento de lo que se denomina la “antipolítica”. Esas condiciones están presentes en nuestro país, pero no necesariamente implicarán el surgimiento de un Bolsonaro argentino. El devenir histórico no es un acontecimiento inevitable; no se trata de un destino, sino de una construcción. Cómo se interviene en esa historia es la cuestión. El surgimiento de una figura que representa la antipolítica (aunque Bolsonaro supo ocultar que forma parte de la corporación política porque era diputado hace años) es la consecuencia de esa degradación de la situación económica, social, laboral y política. La derechización de un sector mayoritario de la sociedad debe interpelar a quienes aspiran a vivir en una  sociedad democrática, de respeto a los derechos humanos y a la diversidad, y que promueva el bienestar generar con una mejor distribución de la riqueza. En momentos de crisis, el triunfo de la antipolítica, con la demanda social de orden y seguridad frente a un Estado que no da respuesta satisfactoria por un neoliberalismo que lo va desarticulando, requiere de una estrategia que recupere lo mejor del pasado pero, fundamentalmente, que sepa interpretar las demandas presentes de una sociedad más vulnerable a la manipulación, ya sea en redes sociales o en los tradicionales medios de comunicación. No es solo cuestión de indignarse por la derechización de un sector importante de la sociedad, que hoy tiene voceros en los medios que festejan la represión y la justicia por mano propia. La tarea es trabajar para la construcción de una sociedad solidaria, que comparta proyectos colectivos y que fortalezca valores de una democracia participativa, ya no solo representativa.

Para no tener que lamentarse por la irrupción de un Bolsonaro argentino resulta necesaria la audacia, el desafío a superar las propias limitaciones y prejuicios, y la  comprensión de la necesidad de ser amplios para enfrentar una fuerza reaccionaria que solo promete violencia y exclusión.

Macrisis
Otro fracaso del neoliberalismo en la Argentina.
Publicada por: Planeta
Fecha de publicación: 12/02/2019
Edición: 1a
ISBN: 978-950-49-6921-1
Disponible en:Libro de bolsillo