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Alberto Fernández y la anatomía del peronismo que viene

Este texto es ganador de la primera convocatoria de textos periodísticos de Periodismo . com y Énico.

La coalición y el Gobierno que preside Alberto Fernández fueron analizados desde múltiples perspectivas, en general, supeditadas a cuestiones urgentes: la capacidad para la negociación de la deuda; la destreza para sostener los distintos equilibrios internos o externos; los problemas o virtudes de la comunicación o, finalmente, la habilidad para manejar la crisis desatada por la pandemia del coronavirus.

A la hora de pensar qué tipo de peronismo es el que caracteriza a la alianza del Frente de Todos (FdT) que administra el país desde diciembre de 2019 circulan menos reflexiones, con excepción de aquellas vinculadas a los discursos alrededor de la “grieta”. Ese fue el calificativo con el que quedó designada la división política argentina en los últimos años y que separaba –a la vez que unía en un marco político común– a dos universos: los partidarios del expresidente Mauricio Macri y su coalición Juntos por el Cambio, que gobernó entre 2015 y 2019, y el peronismo representado, esencialmente, por la actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Las dudas sobre la consistencia de la coalición oficial quedaron en evidencia con sólo un tweet de Cristina Fernández en el que comentaba favorablemente el artículo de un periodista económico que era tácitamente crítico hacia Alberto Fernández y sus primeras puestas en escena de un eventual “pacto social” con los empresarios.

Pero, los interrogantes sobre el nuevo proceso político que recién comienza son más profundos y se imponen por su propio peso: ¿cuáles son las razones de la resiliencia de un movimiento político –el peronismo– que sostiene una indudable centralidad en la política argentina desde hace 75 años? ¿Qué continuidades y qué cambios experimentó a lo largo de casi un siglo de historia? ¿Cuáles son las divergencias y las convergencias con la última experiencia protagonizada, primero por Néstor Kirchner y luego por Cristina Fernández? ¿Qué distingue a Alberto Fernández y al actual Frente de Todos de sus predecesores?

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner
Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en el acto de asunción a la Presidencia, el 10 de diciembre de 2019.

En momentos en que irrumpen los matices, las críticas, las divergencias o el “fuego amigo”, dirigentes políticos y sociales, periodistas, ensayistas, académicos e intelectuales consultados para este artículo ofrecieron diferentes puntos de vista sobre estas cuestiones que hacen a la anatomía del “quinto peronismo”. Para Santiago Cafiero, jefe de Gabinete del actual presidente argentino, el peronismo es “el movimiento que más rápido interpreta las demandas sociales que se colectivizan” y esa capacidad fue lo que le permitió el triunfo también en esta última ocasión. La politóloga María Esperanza Casullo considera que no está lo suficientemente valorado el peso de las instituciones sociales creadas durante el primer peronismo y que aún tienen vigencia. El periodista y ensayista Martin Rodríguez afirma que la fórmula del Frente de Todos es un clásico que parece repetirse en todos los ciclos peronistas: “Estructura y novedad, tradición y signo de los tiempos”. Para el politólogo Andrés Malamud, hay una sociología clásicamente peronista en las bases de la coalición, pero un inquietante problema de liderazgo indefinido y esa es la diferencia específica constitutiva de la experiencia en curso. Horacio González, uno de los más destacados intelectuales argentinos –identificado con el peronismo– cree que Alberto Fernández tiene una sensibilidad tendiente hacia la “moderación” política y lo preocupan las demandas de los poderes fácticos ante las que pueda sentirse interpelado. El dirigente social Juan Grabois, perteneciente a una de las organizaciones que encuadran a los denominados trabajadores de la “economía popular”, considera que es un gobierno de coalición cuyos componentes tienen “visiones e intereses distintos y a veces contradictorios” y que en este tiempo inicial tiene relegada la agenda social. Julio Burdman, doctor en Ciencia Política, asegura que el liderazgo de Alberto Fernández se definirá en función de qué programa económico alternativo pueda desplegar y considera que el kirchnerismo ha transformado al peronismo de la misma manera que, en su momento, el expresidente Raúl Alfonsín cambió al radicalismo.

Podría decirse que tres nudos problemáticos organizan la reflexión en torno a la fisonomía del nuevo peronismo: los pilares sociales en los que se apoya, sus fracturas, horizontes y límites; la dinámica específicamente política que determinará el liderazgo que finalmente se constituya y la excepcionalidad de la pandemia como problema sanitario, pero también como factor económico-político que marcará un antes y un después en Argentina y el mundo. Desde una mirada a largo plazo, emerge la cuestión sobre cuáles son los cambios históricos en la genealogía del peronismo y en el álgebra de sus componentes internos. Una síntesis de todos estos aspectos coyunturales e históricos –analizados desde los textos clásicos que abordaron al hecho peronista– nos permitirá acercarnos al enigmático presente y pronosticar cuál es el universo de los posibles hacia los que puede rumbear la experiencia argentina.

Peronismo y sociedad

Cuando habían pasado dos años desde el triunfo de Mauricio Macri en las presidenciales de 2015, el sociólogo y ensayista Juan Carlos Torre abrió un debate a partir de la revisita a un artículo que había publicado 15 años antes, a propósito de los efectos de la crisis del 2001 en el sistema político: Los huérfanos de la política de partidos. Si en el original destacaba que la hecatombe de principios de siglo no había golpeado a todas las formaciones por igual (había dinamitado mucho más al polo no peronista, mientras que el peronismo había logrado sobrevivir), en el nuevo artículo que tituló Los huérfanos de la política de partidos rivisited se interrogaba si, finalmente, al peronismo no le había llegado su 2001. “Más concretamente, la pregunta que quiero colocar es la siguiente: ¿le llegó al peronismo su 2001?”, dudaba Torre y explicaba: “Esto es, ¿la dinámica del colapso partidario que arrasó al polo no peronista está hoy acaso a las puertas del polo peronista amenazando su condición de partido predominante? Si la causa de esta pregunta fuese sólo la disputa de candidaturas que hoy divide a la familia peronista la respuesta sería negativa: no es la primera vez que los peronistas concurren a las elecciones divididos, para el caso basta recordar las elecciones presidenciales del 2003. La razón por la que formulo la pregunta es porque, a mi juicio, el contexto en que tiene lugar la puja de candidaturas esta vez es diferente; en esa puja creo ver la expresión de un efecto social retardado de la crisis del 2001. Dicha crisis no fue sólo política con un efecto inmediato en la desafección partidaria que pulverizó al polo no peronista. Ella también exhibió en la ola de saqueos en el Gran Buenos Aires la magnitud de la fisura abierta en el cuerpo social del país. Y como tal, puso de manifiesto también la magnitud del quiebre de la columna vertebral del peronismo: el mundo del trabajo”.

Mauricio Macri y trabajadores
En 2015 Mauricio Macri se convirtió en Presidente captando los votos de un sector del electorado previamente identificado con el peronismo.

Este texto, junto con otros que compartían una tesis similar (como los trabajos del politólogo y sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga), disparó la polémica sobre la crisis en las bases de sustentación social del peronismo.

Sobre esta relación entre peronismo y sociedad, María Esperanza Casullo -doctora en Ciencia Política y docente de la Universidad Nacional de Río Negro- considera que la mayoría de los análisis que abordan la cuestión de la perdurabilidad del peronismo “ignoran o no pueden dimensionar hasta qué punto el peronismo ha creado instituciones en el país. Sobre todo el primer peronismo, pero también Carlos Menem y Néstor Kirchner crearon instituciones. No todas ‘buenas’ o deseables, pero con inercia institucional”. Casullo, quien acaba de publicar el libro ¿Por qué funciona el populismo?[1] (Siglo XXI Argentina, 2019) observa que, en gran medida, “el mundo social que nos rodea sigue siendo aún hoy creación del primer peronismo: el modelo de organización sindical, las negociaciones paritarias, los hospitales públicos, la estructura de seguridad social y la organización del Estado continúan replicando de alguna manera estructuras que se crearon o institucionalizaron en 1945. Esas instituciones no sólo generan ‘cosas’, sino que generan modos de socialización, lo que a su vez genera… peronistas. En la relación entre peronismo y sociedad, observa una retroalimentación que siempre fue más de abajo hacia arriba”.

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