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jueves 26 de noviembre de 2020
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Desapariciones forzadas en Colombia: la lucha por memoria, verdad y justicia desde el exilio

Este texto es ganador de la primera convocatoria de textos periodísticos de Periodismo . com y Énico

Si se calla el cantor calla la vida
Porque la vida, la vida misma es todo un canto
Si se calla el cantor, muere de espanto
La esperanza, la luz y la alegría
Horacio Guarany

Si algo caracteriza a los familiares de personas desaparecidas es el retrato que llevan siempre consigo. Impresos en cartón, colgados en el cuello o en una camiseta, los rostros de quienes ya no están acompañan la lucha política por saber dónde están, por qué se los llevaron, qué hicieron con ellos. Con el paso del tiempo, algunos carteles continúan escritos en español, otros -sin embargo- pasaron al inglés, al italiano o al sueco.

La desaparición forzada es un delito de lesa humanidad que en Colombia adquiere características especiales. Por un lado, a diferencia de lo que se observa en otros países de Latinoamérica, no está asociado con planes sistemáticos de gobiernos dictatoriales: la mayoría de las desapariciones se cometieron en democracia. Por el otro, en ese país la ley establece que no solamente los agentes estatales pueden desaparecer a personas, sino que también cualquier ciudadano particular puede hacerlo.

El Grupo Europa de Familiares de personas desaparecidas en Colombia. (Foto cedida por Gladys Ávila)

Se estima que en Colombia la cifra de desaparecidos asciende a 120 mil. Muchos de quienes reclamaron por familiares y amigos desaparecidos durante gobiernos democráticos en ese país tuvieron que salir exiliados del territorio. Hace apenas dos años, quienes cruzaron el Océano Atlántico formaron el Grupo Europa de Familiares de Personas Desaparecidas en Colombia, mientras que otros, que se exiliaron en la Argentina, se unieron en el Colectivo Migrantes y Exiliados Colombianos por la Paz en Argentina (MeCoPa).

Nuestros desaparecidos desaparecen el día en que nosotras dejamos de buscarlos

Unidos, siguen denunciando y continúan con el reclamo por la verdad, la memoria y la justicia. Una lucha que no entiende de tiempos, ni de idiomas, ni de distancias.

Acto por los desaparecidos colombianos en Buenos Aires, Argentina (Foto: Julián Athos)

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—Nuestros desaparecidos desaparecen el día en que nosotras dejamos de buscarlos.

Cuando Elizabeth Santander habla de su esposo, Marino Escobar, lo hace sin titubear, como si estuviera leyendo un relato escrito. Tiene grabadas a fuego todas las fechas, los nombres, las cifras, los detalles. Se vio obligada a abandonar Colombia hace 30 años, de la mano de su hija de 6. La búsqueda de su esposo la llevó por senderos en los que el Estado siempre aparecía como único responsable. Un camino lleno de obstáculos en el que las amenazas se acumulaban a cada paso que daba para saber la verdad, hacer justicia y encontrar a Marino. Vivo o muerto.

Elizabeth Santander busca a su marido, Marino Escobar. (Foto: Lucía Venero)

En 1980 Elizabeth integró en las filas del Movimiento guerrillero 19 de abril (M-19). Desde muy niña, estuvo comprometida en temas sociales de la ciudad de Cali, donde pudo palpar la desigualdad y la vulneración a los derechos humanos. Cuando era una joven caleña de 16 años se convirtió en una revolucionaria convencida. Le hervía la sangre al ver el país injusto y desigual en el que vivía. Quería cambiar el sistema.

En ese espacio conoció a Marino.

El miedo a que pudiera pasarle algo a su familia conllevó a que, tan solo tres meses después de entrar, Elizabeth abandonara el M-19, pero Marinó continuó. Y la última vez que supo de él fue un 22 de enero de 1987. Desde Bogotá, la llamó por teléfono.

—Me dijo que creía que lo estaban siguiendo.

Un testigo afirmó que a Marino se lo llevaron miembros del Departamento Administrativo de Seguridad del Gobierno colombiano. Lo metieron en una camioneta y no se supo más de él.

—El protagonista de mi vida es Marino. En mis sueños me lo imagino en todas partes. No quise aceptar que fuera uno de los desaparecidos de Colombia. Sentí odio, angustia, desesperación, rabia… Pero transformé esa sed de venganza en otra cosa, en trabajar en solidaridad con las organizaciones de derechos humanos.

Se estima que en Colombia la cifra de desaparecidos asciende a 120 mil

Elizabeth arrastró a Reino Unido la búsqueda de verdad y justicia. Carga sobre sus hombros 33 años de lucha con la esperanza de encontrar a Marino o encontrar sus restos, perdidos, “mas no olvidados”. Actualmente, forma parte del Grupo Europa de Familiares de Personas Desaparecidas en Colombia, plataforma creada en 2018 y conformada por colombianos y colombianas en el exterior.

—Nos encontramos para encontrarlos. Desde el exilio seguimos gritando sus nombres y exigiendo que nos lo devuelvan vivos, porque vivos se los llevaron.

En las afueras de Londres, Elizabeth vive con dos de sus tres hijos y su perrita Lulú. En un rincón de su jardín, un banano le transporta a su hogar; un trocito de Colombia que no da frutos en una ciudad tan fría. Y cuenta que cuando llegó a Reino Unido sintió un desarraigo total.

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Marta Saiz Merinohttps://lashistoriasquefaltan.wordpress.com/
Marta es periodista especializada en derechos humanos, conflictos internacionales y periodismo para la paz con enfoque de género. Ha publicado en medios españoles y colombianos. Las áreas que ha cubierto son Europa, Irán, Colombia y Palestina.