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martes 3 de agosto de 2021
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Adelanto de «Eric Hobsbawm – Una vida en la historia», de Richard J. Evans

Al momento de su fallecimiento, con 95 años de edad, Eric Hobsbawm (1917-2012) era el historiador más famoso del mundo. Sus libros habían sido traducidos a más de cincuenta idiomas y era tan reconocido en Brasil e Italia como en Inglaterra y Estados Unidos. Sus escritos tenían un enorme y perdurable efecto en la práctica de la historia. Tras más de medio siglo, sus libros seguían figurando en las bibliografías obligatorias de las universidades del planeta.

Hobsbawm tuvo una vida extraordinariamente extensa, a lo largo de la cual se interesó por muchos países y culturas, yendo de la poesía al jazz, de la literatura a la política. Vivió no solo como profesor universitario sino también como un joven comunista en la República de Weimar, un estudiante radical en Cambridge, un activista político, un conscripto, un flâneur del Soho, un intelectual de Hampstead, un periodista influyente, un viajero, en fin: una eminencia de las letras.

En Una vida en la historia, Richard Evans cuenta la trayectoria académica de Hobsbawm, pero también su rol como testigo de la historia y de los eventos políticos y culturales fundamentales del siglo XX.

A continuación un fragmento, a modo de adelanto:

 

1 – “El niño inglés” 1917 – 1933

I

A lo largo de su vida, cada vez que debía rellenar alguno de los muchos formularios que requerían consignar su lugar de nacimiento, Eric Hobsbawm se veía obligado a dar la improbable ubicación de la ciudad de Alejandría, en Egipto. Para un hombre que creía que muy poco de lo que ocurría en la historia era por casualidad, resulta irónico que muchas de las circunstancias que precedieron y acompañaron su nacimiento hayan sido sorprendentemente accidentales. A la vez, como le gustaba subrayar, no habría nacido donde y cuando nació sin las múltiples intersecciones de algunos sucesos de gran envergadura en la historia del mundo.

El primero de ellos fue la relación problemática entre la Rusia Imperial y la zona conocida en el siglo XIX como «Polonia del Congreso», cuyo soberano era el zar de Rusia. Tras un fracasado levantamiento nacionalista en 1863, Polonia del Congreso fue despiadadamente incorporada al Imperio Ruso, con lo que fueron eliminadas su identidad independiente y sus instituciones. Allí residía una gran comunidad de judíos empobrecidos, cuyos derechos y libertades se vieron fuertemente restringidos por el gobierno ruso de San Petersburgo. Los judíos vivían en las partes más pobres de los pueblos y de las ciudades polacas, y se veían obligados a ganarse penosamente el pan trabajando a destajo en oficios muy mal pagos. No sorprende entonces que a partir de la década de 1860 un número creciente de judíos empezara a emigrar hacia Gran Bretaña y Estados Unidos. En particular, los jóvenes judíos tenían la mente puesta en la amenaza de la conscripción por parte del ejército ruso, sobre todo por la inmunencia de una guerra con el Imperio Otomano a mediados de la década de 1870. Los que lograron llegar a Londres empezaron a formar una comunidad especial entre los pobres del East End. En el censo del Reino Unido de 1861, se contabilizaron novecientos viviendo allí, y cuatro mil quinientos en el censo de 1881.

Entre los recién llegados desde Polonia a mediados de la década de 1870 estaba David Obstbaum, un ebanista. Nacido en 1838 o alrededor de esa fecha, cuenta la leyenda familiar que cuando amenazaron con enrolarlo en el ejército zarista caminó desde Polonia hasta Hamburgo.  Desde allí llegó a Londres con su segunda esposa, Rosa, de soltera Berkoltz, natural de Varsovia al igual que él. Rosa había nacido alrededor de 1852, por lo que era considerablemente menor que David. La pareja se llevó con ella a dos niños: Millie, nacida en 1866 de la primera esposa de David, ya fallecida, y Louis, hijo de Rosa nacido en 1871. El apellido «Obstbaum», que significa «árbol frutal» en alemán (o, más probablemente, en ídish, la lengua más comúnmente hablada por los judíos de Polonia del Congreso), era una suerte de trabalenguas para los ingleses. Cuando David se registró como inmigrante en Londres, un funcionario local de inmigraciones escuchó mal su apellido, añadió lo que debe haber asumido que era una «h» muda al principio y descartó la impronunciable «t», transformando su apellido en Hobsbaum.

La pareja se asentó en su nuevo país y llevó una vida estable, aunque modesta. El 12 de mayo de 1874 nació un segundo hijo, Philip, en Manchester; su nieto, también llamado Philip Hobsbaum, nacido en 1932, fue un conocido poeta, crítico y académico.  Su tercer hijo,  Aaron, llamado Ernest, nació en Londres en 1878; sus hijas Edith y Margarite se convirtieron en otras dos víctimas de la incapacidad de los funcionarios británicos de lidiar con apellidos extranjeros y fueron registradas al momento de su nacimiento como Hobsburn. En 1879 nació Sarah, apodada Cissy, que en 1909 se casó con Louis Prechner, otro inmigrante cuyos orígenes estaban en Europa Central: su hijo Denis nació el 16 de noviembre de 1916 en Stoke Newington, un barrio ubicado en el extremo norte del East End judío de Londres. Más tarde se convirtió en un célebre crítico de jazz y productor de discos, y jugó un papel significativo en la vida de Eric.

La generación de Eric contaba con un total de veintidós primos de la rama Hobsbaum. Solo algunos de ellos mantuvieron verdadero contacto con él, por estar dispersos en varias partes del mundo. «La nuestra —como señaló más tarde— no es una familia muy unida.»6 Los dos tíos que habrían de jugar los papeles más importantes en la vida de Eric eran Solomon (Sidney), nacido en Dalston, al noreste de Londres, el 25 de abril de 1889, y Henry, generalmente conocido como Harry, nacido el 9 de julio de 1888, cuyo hijo Roland fue el mejor amigo de Eric durante su adolescencia. En términos generales, el hecho de que siete de los nueve hijos de David y Rosa Hobsbaum alcanzaran la edad adulta habla de una cierta fortaleza física en la constitución genética de la familia, aun cuando ninguno de ellos sobrevivió hasta lo que hoy consideraríamos una edad avanzada; solo Millie, la hija del primer matrimonio de David, escapó a este destino y murió en 1966 a los 96, sesenta años después de haber emigrado a Estados Unidos con su marido. Todos los primos hermanos de Eric, salvo Louis, que nació en Varsovia y por lo tanto fue naturalizado, al igual que sus padres, como ciudadano británico, nacieron como ingleses y lo siguieron siendo a lo largo de sus vidas; todos ellos hablaban inglés como lengua materna y todos se adaptaron rápidamente a la cultura y la vida inglesas; de hecho, ambicionaban apasionadamente convertirse en «ingleses por apellido, política y cultura», como anotará Eric más tarde. En su mayoría trabajaban como artesanos o empleados; no existen registros en la familia de que alguno haya estudiado para rabino ni se haya hecho rico con el comercio, y muchos de ellos tenían muy poca educación formal.

El padre de Eric, Leopold Hobsbaum, conocido como Percy, nació en Whitechapel, en el corazón del East End judío de Londres, el 8 de septiembre de 1881. Fue el quinto hijo de David y Rosa. Mientras que los dos hijos mayores de David Hobsbaum, Louis y Philip, siguieron los pasos de su padre y se convirtieron en ebanistas,  los otros, incluido Percy, tal vez beneficiándose de la introducción de la educación primaria obligatoria entre los 5 y 10 años en Gran Bretaña en 1880, ascendieron socialmente hasta alcanzar la categoría de clase media baja. Ernest se hizo telegrafista, para luego graduarse como maestro de escuela. También Harry trabajó de telegrafista, y su hermana Sarah fue maestra de escuela; Isaac estudió para químico y más tarde para ingeniero de minas. Sidney era un hombre de negocios de poca monta que nunca llegó a ser muy exitoso. Hasta ahí, la historia de la familia tras su asentamiento en Londres en la década de 1870 no es atípica en el marco de la historia social de la comunidad de inmigrantes judíos de la época. Por haber llegado relativamente temprano, los Hobsbaum se beneficiaron de las políticas inmigratorias liberales de la era victoriana, sacándoles ventaja a quienes arribaron más tarde desde Europa del Este, y estuvieron en condiciones de escapar de la pobreza extrema que caracterizó la vida cotidiana de los judíos del East End en la década de 1890 y de 1900. 

Alrededor de la época en que Percy llegó a la edad adulta, un segundo suceso de envergadura en la historia del mundo impactó en los Hobsbaum. A principios del siglo XX, Gran Bretaña se hallaba en el centro de un vasto imperio global que incluía, aunque no en un sentido formal, países de América del Sur como Chile, adonde emigró el tío de Eric, Isaac, con su esposa y sus hijos, inaugurando una larga conexión familiar con ese país. Desde 1869, un elemento clave para la persistencia del Imperio Británico había sido el Canal de Suez, que acortaba en siete mil kilómetros la ruta marítima hacia India. Para proteger el canal, Gran Bretaña había tomado por la fuerza el gobierno de Egipto, que hasta entonces había estado en manos del Imperio Otomano. Hacia la década de 1890, las instituciones más importantes del país estaban regidas y ocupadas por personal británico, con lo que ofrecían posibilidades de empleo para aquellos que quisieran hacer carrera en el exterior.

Ernest, el hermano de Percy, se mudó a El Cairo poco antes del final del siglo XIX, donde primero dio clases en la Universidad de El Cairo y luego consiguió empleo en el Servicio Postal y de Telégrafos Egipcio dirigido por los británicos; más tarde, escribió novelas sobre su experiencia (Cross and Crescent [La cruz y la medialuna] y Draper’s Hall [El salón del vendedor de telas]), que no fueron muy exitosas. Cuando Percy cumplió la mayoría de edad, Ernest le sugirió que le podría encontrar un empleo agradable en la misma institución. Así fue como Percy se mudó a El Cairo para reunirse con su hermano, sumándose a la vez a la multinacional comunidad de expatriados, en su mayoría de habla francesa, de El Cairo y Alejandría. La vida social era muy activa y en 1913 Ernest se casó con Jeanne Claeys en El Cairo; sus dos hijas, Edith y Margarite, nacieron en esa ciudad en 1914 y 1915, respectivamente.

Fue también en 1913, en una de las instituciones centrales para expatriados de Alejandría, el Sporting Club, cuando Percy Hobsbaum conoció a Nelly Grün, de 18 años, una de las tres hijas de Moritz Grün y su esposa Ernestine, de soltera Friedmann. La familia de ella vivía en Viena. Moritz y su esposa estaban registrados como miembros de la fe judía y se dedicaban principalmente al negocio de las joyas. Tenían un relativo buen pasar. Nacida el 7 de abril de 1895, Nelly acababa de egresar del colegio secundario, un logro todavía inusual para una muchacha vienesa. Además, había aprobado con un sobresaliente.  A modo de recompensa, sus padres decidieron que pasara unas vacaciones en algún sitio fuera de Austria. Eligieron Alejandría como un destino apropiado porque su tío Albert, un comerciante exitoso, se había establecido allí, al frente de un local bien aprovisionado. Percy y Nelly se enamoraron y decidieron casarse. Se comprometieron y empezaron a hacer planes de casamiento.

Sin embargo, mientras los planes avanzaban, la historia mundial volvió a intervenir, esta vez bajo la forma de la Primera Guerra Mundial, que estalló en agosto de 1914, con Austria-Hungría, Alemania, Turquía y Bulgaria de un lado y, del otro, Gran Bretaña, Francia y Rusia, a quienes luego se unieron Italia y Rumania. Nelly trabajó durante un tiempo como enfermera en un hospital militar mientras ella y Percy decidían qué hacer. Como Nelly era austríaca y Percy británico, habría sido poco inteligente casarse o incluso encontrarse en cualquiera de sus respectivos países de nacimiento, ya que eso habría derivado en que alguno de los dos terminara recluido como extranjero enemigo. Por eso se casaron en Zúrich, en la neutral Suiza, el 1º de mayo de 1915, con el cónsul británico presidiendo la ceremonia de enlace respaldado por un permiso especial firmado personalmente por el ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, sir Edward Grey.  Tras una breve luna de miel en Lugano, al sur de Suiza, la pareja se puso en camino a Nápoles y luego a Roma, en la aún neutral Italia (no fue hasta el 23 de mayo de 1915 que los italianos entraron en guerra, del lado de los Aliados, pese a su alianza formal con los alemanes). Desde allí se embarcaron hacia Alejandría, donde a Percy lo esperaba su puesto en el Servicio Postal y de Telégrafos Egipcio y donde vivían parientes tanto de él como de su esposa, convertida ahora en ciudadana británica por el matrimonio.14

Fue allí, en el Sporting District de la ciudad, situado entre la orilla del mar y los espacios abiertos de la cancha de golf y el hipódromo del Victorian Sporting Club, que Eric llegó al mundo el 8 de junio de 1917. El cónsul británico, el señor D. A. Cameron, no solo apuntó mal la fecha (la registró como 9 de junio), sino que también escribió mal el apellido de Eric al registrar su nacimiento el 12 de junio: en inglés, «au» se pronunciaba por aquella época «or», y no «ow», al modo alemán, como es común hoy, y por eso el cónsul escuchó mal el apellido, que los padres de Eric presumiblemente se olvidaron de deletrear, y puso una «w» en lugar de una «u». Así fue cómo se convirtió en Eric John Ernest Hobsbawm. El primer nombre se lo pusieron por un primo nacido el año anterior como segundo hijo de Isaac Hobsbaum («Berk»), el tío que vivía en Chile. El tercero, «Ernest», por el tío que vivía en Egipto.  El resto de la familia seguía llamándose «Hobsbaum», con «u», salvo por los pocos miembros cuyos nombres habían sido escritos de otra manera, ya fuera deliberadamente o por accidente, como las hermanas Hobsburn o Roland (Ron), el hijo de Harry, que en las etiquetas de identificación que usaba en la escuela figuraba como «Hobsborn», aun cuando el apellido con el que se había inscripto oficialmente seguía siendo Hobsbaum.

Eric recordará poco o nada de su tiempo en Egipto, «a excepción, posiblemente, de una jaula de pájaros pequeños del zoo de Nouzha, y un fragmento impreciso de una canción infantil griega, que quizá me cantara una nodriza helena».17 A pocos meses de su nacimiento, el impasse en la Primera Guerra Mundial se rompió por la Revolución de Octubre en Rusia, cuando Lenin y los bolcheviques tomaron el poder en San Petersburgo. Aunque el hecho de que Eric haya nacido el año de la revolución bolchevique es a primera vista una mera coincidencia, servirá de alguna manera de símbolo del compromiso político que asumirá más tarde.

II

La guerra finalizó en noviembre de 1918. El rápido ascenso del nacionalismo en Egipto, que culminaría en una revolución en 1919 seguida por la independencia tres años más tarde, hizo que el país se volviera incómodo para los expatriados. Por eso es que, tan pronto como pudo, Nelly se embarcó hacia Trieste, ciudad que el tratado de paz había transferido de Austria a Italia. Viajó cómodamente en el primer barco que salió de Alejandría, el vapor Helouan de la empresa Lloyd Triestino, acompañada de Eric, de 2 años; Percy se unió a ellos a principios del otoño.18 El padre de Nelly los esperaba en el muelle de Trieste y llevó a su hija y a su nieto con el Ferrocarril del Sur a Viena para que vivieran con él y su esposa Ernestine en el segundo piso de un edificio ubicado en los suburbios del oeste, en la Weissgerberstrasse número 14. Al visitar ese departamento por primera vez desde entonces, para un documental de la televisión realizado a mediados de los años noventa, Eric señaló el cuarto de visitas al que se habían mudado sus padres con él al momento de su arribo. «No ha cambiado mucho», comentó, observando la sólida construcción de piedra al otro lado de la calle. No aceptó la invitación del director del programa a entrar en el edificio.

Algunos meses después de la llegada de la familia a Viena, el padre de Eric, enriquecido por las libras esterlinas a prueba de inflación que había ganado en sus años como empleado en el Servicio Postal Británico en Alejandría, alquiló un departamento en el primer piso de la Villa Seutter, ubicado sobre una colina en el barrio Hacking de Viena. Había sido construida en la década de 1880 por Carl, barón Seutter von Loetzen, como casa familiar. Era un edificio de categoría, coronado por una cúpula de cuatro lados y rodeado de un terreno extenso en el que Eric jugaba con los hijos de la familia Gold, que vivía en la planta baja; Nelly se hizo amiga de la madre de estos chicos: ambas compartían su interés por la literatura y la cultura.  La inflación de posguerra había obligado a la antes pudiente familia Seutter a alquilar la mansión, y les costó un tiempo recuperar su fortuna como para volver a adueñarse de ella: el edificio sigue siendo patrimonio de la familia hasta el día de hoy. Este fue tal vez el periodo más próspero y sin duda el más tranquilo de la infancia de Eric, aunque al momento de mudarse allí estaba sufriendo por la rotura de su nariz. «Eric estaba muy mal con eso, tenía fiebre alta —recordará su madre algunos años más tarde—, y cuando nos mudamos a Hacking en mayo seguía vendado. No se había perforado, se rompió sola, y quizás sea por eso que demoró tanto en sanar.»

El gran grupo familiar en el que Eric pasó sus primeros años en Viena giraba en torno a dos matrimonios. Primero estaban su madre Nelly y su marido Percy. En 1921, se les sumó su tío Sidney, que curiosamente se casó el 14 de diciembre de 1921 con la hermana menor de Nelly, Grete Grün, a la que llamaban Gretl y había nacido el 21 de septiembre de 1897. Su hijo Peter llegó al mundo el 30 de julio de 1926.  Durante gran parte de los años veinte, Sidney y Gretl vivieron en Viena, donde Sidney se dedicó a varios negocios, hasta que se mudaron a Berlín hacia fines de la década.23 Mientras permanecieron en Viena, Eric era muy apegado a su tía, luego de que en 1925 lo mandaran a pasar una breve estadía en un sanatorio de los Alpes para recuperarse de una enfermedad, donde lo cuidó Gretl, que también había sido enviada allí por consejo médico.24 Además estaban los abuelos Grün y un surtido de primos más lejanos de la rama Grün con el que este grupo principal se juntaba de tanto en tanto. La hija mayor de los Grün, Marianne o Mimi (nacida el 23 de febrero de 1893), estaba más alejada pero igual tenía contacto con la familia.25 Los parientes de Nelly del lado materno, los Friedmann, también eran parte del círculo familiar ampliado. Había otros parientes en Inglaterra. «Si había una característica típicamente judía en las reuniones —escribió Eric más tarde sobre los miembros de su familia— era que todos daban por hecho que la familia conformaba una red que se extendía cruzando países y océanos [y] que trasladarse de un país a otro era algo normal en la vida.»

Durante los años veinte, Eric creció en el mundo social de la burguesía vienesa, aunque hasta cierto punto alejado de esta porque tanto él como sus padres y su hermana Nancy (nacida el 5 de noviembre de 1920) eran británicos por origen y ciudadanía. Hacia el final de su vida, sin embargo, cuando hablaba alemán lo hacía «con un ligero acento vienés antediluviano —como confesó más tarde— que tal vez sigue siendo audible en mi alemán después de más de setenta años».

La identidad nacional era débil en la Primera República de Austria, la parte residual, de habla alemana, del antiguo Imperio Habsburgo que quedó después de que los «Estados sucesores» de Yugoslavia, Checoslovaquia, Hungría y Polonia se independizaran tras la guerra. Había reminiscencias del imperio por todas partes: Eric recordará más tarde una niñera eslovena que le contaba historias de hombres lobo de su país; sus parientes vivían en (o provenían de) pueblos que ahora estaban en Polonia, Rumania o la República Checa, y los encargados del edificio de departamentos casi seguro que checos. Por eso es que, más allá del origen inglés de su padre y de sus propios años en Alejandría, Eric creció en un ambiente cosmopolita casi por definición. Al mismo tiempo, el medio invariable de comunicación para las clases medias era el alemán, lo que le confería a la burguesía vienesa, incluyendo a la población judía altamente asimilada, una firme sensación de superioridad sobre las minorías nacionales.29

Viena se hallaba profundamente marcada por el antisemitismo de una fuerte minoría dentro de la burguesía, alentado por Karl Lueger, el alcalde anterior a la guerra. Los doscientos mil descendientes de judíos de la ciudad —10% de la población, incluyendo aquellos que, como los Hobsbaum y los Grün, no eran religiosos— no pudieron escapar a eso. La ley austríaca requería que todos los ciudadanos se registraran como miembros de una religión, y, si bien Percy se describía a sí mismo como «aconfesional» [konfessionslos], todos los documentos oficiales que conciernen a él y a su familia los describen como de fe judía [mosaisch]. De ahí que cuando Eric estaba en el colegio secundario en Viena fuera eximido de la instrucción religiosa cristiana y, en cambio, enviado a una clase vespertina para judíos en otra parte de Viena, donde le enseñaron costumbres religiosas judías y aprendió a leer en hebreo, un logro que sin embargo olvidó a llegar a la edad adulta.  Hizo el intento de declararse de manera oficial como no perteneciente a ninguna religión en el momento en que estuvo legalmente facultado para hacerlo, a los 13 años, pero su madre le impidió llevar adelante lo que se proponía. Enfrentando prejuicios hostiles y estereotipos negativos, la madre de Eric le dijo con toda firmeza cuando tenía 10 años: «Nunca hagas nada, ni por asomo, que dé la impresión de que te avergüenzas de ser judío».  Siempre recordaría este mandato y hacia el final de su vida confesó que había dado lo mejor de sí para vivir acorde a él.

La vida familiar en la Villa Seutter estaba compuesta de las rutinas habituales. «Descubrí a Eric pintando un dibujo para tu cumpleaños», escribe Nelly a su hermana Gretl en agosto de 1924. «Ni siquiera él cree que sea demasiado bueno.» La mayor preocupación de su madre era la incompetencia de su criada para todos los mandados. «Se exageraron sus habilidades», escribió. Al final despidieron a la chica, y Nelly se mostró inquieta por la perspectiva de pasar el invierno sin sirvienta.  En la primavera de 1925, Nelly viajó a Inglaterra para cuidar a su hermana Mimi, que había caído gravemente enferma, por lo que Percy y la madre de ella quedaron a cargo de los niños.  A Eric le concedieron tres semanas libres en la escuela para ir a visitar a su tía Gretl en Berlín.  La familia podría habérselas arreglado sin una sirvienta, y aunque podría haber sido hasta menos estresante que contar con una, tener una empleada doméstica en los años veinte en Viena era ante todo una marca de estatus burgués que Nelly Hobsbaum no quería abandonar. «¡Intenta no admitir nunca que puedes pasártelas sin una criada! —le dice Nelly a su hermana—. Una criada es tan necesaria como la comida o el techo que te cobija.»

Ni los Hobsbaum ni los Grün eran ricos. Los ahorros que los Grün habían acumulado desaparecieron con la enorme inflación tras la Primera Guerra Mundial tanto en Austria como en Alemania, y las reservas en libras esterlinas que Percy se había traído de Alejandría se agotaron rápido. La Viena de posguerra no era un sitio para un hombre que respondía a la pregunta «¿Para qué cree que vale y para qué no?» con las palabras «Dejar pasar las buenas ocasiones. Cogerlas al vuelo».  Viena estaba llena de funcionarios con altos estudios y bien entrenados que en su momento habían dirigido el Imperio Habsburgo pero que ahora habían sido echados de su empleo porque no les quedaba nadie a quien administrar más allá de los seis millones de habitantes remanentes de la Austria germanoparlante. Junto a ellos se vieron propulsados hacia la miseria económica todos los dueños de negocios, abogados, fabricantes y comerciantes que dependían para su subsistencia del patronazgo de la ahora desaparecida corte y administración del Imperio Habsburgo. En esta grave situación económica no había posibilidades para Percy Hobsbaum.  Nelly ganaba algún dinero traduciendo obras de ficción del inglés al alemán, pero esto de ninguna manera resultaba suficiente para mantener a la familia.  El 13 de mayo de 1926, por la penuria económica la familia se vio obligada a mudarse de la onerosa Villa Seutter en el arbolado suburbio de Hacking a un departamento barato en el segundo piso de la Einsiedeleigasse 18, en el barrio menos elegante de Ober St Veit. 

La mudanza significó para Eric un cambio a otra escuela primaria en el distrito donde estaba ubicado el nuevo piso. Parece haberle ido bien allí, porque llegó a su primer año de secundaria con notas más altas que las de su escuela anterior, en todas las materias salvo en la pulcritud de sus trabajos. Sus boletines del colegio secundario para el año 1928 le daban un «muy bueno» en Teología, Historia Natural y Canto, un «bueno» en Alemán, Historia Geografía y Gimnasia, y un «satisfactorio» en Matemática, Dibujo y Escritura. Evidentemente se trataba de un alumno modelo, porque el boletín describe su comportamiento como «muy bueno». En el boletín de junio de 1928, sus maestros recomiendan que pase al año siguiente. Sin embargo, su inestabilidad escolar afectó la educación de Eric, haciendo que dependiera de sus propios recursos intelectuales. Empezó a leer de manera intensiva alrededor de los 10 años y nunca se detuvo hasta el día de su muerte, ochenta y cinco años más tarde.

Devoraba libros y revistas sobre la prehistoria y la naturaleza, y se convirtió en un observador de pájaros experto y entusiasta: en 1927, de vacaciones en el pueblo de Rettenegg, en los boscosos cerros de Estiria, «vi, por primera vez en mi vida, el gran pájaro carpintero negro, cuyos casi cincuenta centímetros de longitud coronados por un casquete de color rojo intenso estaban picoteando a ritmo de tambor un tocón en un claro del bosque, cual ermitaño diminuto en un ataque de locura, solo en medio de la quietud de los árboles».  También iba al teatro con sus padres y miraba películas de Charlie Chaplin en el cine local. Leía historias de detectives de gran tirada y sabía escribir en letra gótica alemana. En su tiempo libre, coleccionaba estampillas, cosa que le demostró, como recordará más tarde, «el contraste existente entre la continuidad sin cambios de la efigie de Jorge V en los sellos británicos y el caos de las sobreimpresiones, los nuevos nombres y las nuevas divisas en el resto del mundo». Su sensación de inestabilidad se vio profundizada al detectar en Austria «los cambios sufridos por monedas y billetes en una era de gran desorden económico». Aprendió sobre «guerra, crisis, revolución, inflación» de los adultos que lo rodeaban.  El estímulo intelectual que recibió Eric por esta época no provino de su padre, cuya colección de libros consistía en historias de aventuras, incluyendo a Kipling, a quien Eric leía «con avidez, aunque sin entenderlo demasiado bien», y un volumen de poesía de Tennyson, sino de su madre y del colegio. 

«Le va bien en el colegio —informaba su madre en enero de 1929— , pero su comportamiento deja bastante que desear», una crítica que sin embargo se abstuvo de fundamentar en detalle.  Progresaba en la mayoría de las materias, aunque su familia a veces no podía cumplir con el requerimiento de comprar libros, por sus apuros económicos, como ocurrió por ejemplo con un atlas escolar caro que Eric convenció a su madre de comprar pese a la «sensación de dificultades económicas» que transmitía su reticencia a hacerlo.  «El boletín de Eric fue muy bueno —escribe su madre a principios de febrero de 1929—, le fue bien en las materias principales, aunque solo sacó un “bueno” en Historia (no sé por qué) y en Matemática.»46 En Matemática solo sacó un «satisfactorio» en su primer boletín de mitad de año de 1929. Siguió sacando «muy bueno» en Teología, Alemán, Geografía, Historia Natural y Canto. En Historia solo obtenía «bueno», aunque se recuperó en la segunda mitad del año con una serie de «muy bueno», y lo mismo en todas las otras materias, incluyendo una nueva como Latín, pero siempre con las excepciones de Matemática, Gimnasia y Escritura a mano, donde su rendimiento fue conceptuado con un «satisfactorio». En conjunto, fue recomendado con un «sobresaliente» para pasar al año siguiente.

Nelly claramente hizo un gran esfuerzo por alentar a Eric a leer y a poner empeño en sus clases. A la vez, le brindó amor y afecto, estimulándolo tanto en el aspecto emocional como en el intelectual. De hecho, Eric se sentía mucho más cercano a su madre que a su padre, una persona poco accesible. Amante del idioma inglés, su madre invertía mucho tiempo en corregir y mejorar el inglés escrito y oral de Eric, y se aseguraba de que solo se hablara ese idioma en la casa.  En su boletín de 1929 figura «inglés-alemán» en la casilla de «lengua materna».  En otras palabras, Eric era bilingüe, un hablante nativo tanto del inglés como del alemán. Su madre, recordará él más tarde, «soñaba que un día yo llegara a trabajar en el Indian Civil Service, o mejor aún, como me veía tan interesado por el mundo de las aves, en el Indian Forestry Service, lo que me acercaría aún más (y de paso a ella) al mundo de su admirado El libro de la selva».  El ejemplo de su madre como autora de novelas y cuentos sin duda influyó en que más tarde eligiera ser escritor, además de sentar las bases de su futuro dominio de la prosa inglesa y alemana.

La relación de Eric con su padre parece haber sido todo menos fácil. Más tarde lo describirá como «inteligente, agradable, con talento para la música y un consumado deportista, así como un boxeador de gran nivel de los pesos ligeros».  Percy había salido campeón amateur de peso ligero de Egipto dos veces, en 1907 y en 1908. Eric lo recordaba (tal vez a través de fotografías) como «un hombre vigoroso, de mediana estatura, con quevedos, cabello negro peinado con una crencha en medio y una frente surcada de arrugas horizontales». En una especie de álbum de autoevaluación de moda por esa época, Percy escribió que valoraba la fuerza física más que cualquier otra cosa en un hombre.  No es de sorprender entonces que muchas veces se mostrara impaciente con su hijo estudioso y soñador. Percy lo llevaba a ver partidos de fútbol, le cantaba canciones inglesas de espectáculos musicales, lo usaba como alcanzapelotas en partidas de dobles mixtos de tenis y hasta intentó, sin éxito, enseñarle a boxear. 

Muchos años más tarde, Eric recordaría un incidente de cuando tenía alrededor de 9 o 10 años que resume el fuerte contraste de carácter entre él y su padre:

Me pidió que trajera un martillo para clavar no sé qué clavo, probablemente uno que se había caído de alguna tumbona. Por aquel entonces yo sentía una gran pasión por la prehistoria, quizás porque estaba a mitad de lectura del primer volumen de la trilogía Die Höhlenkinder (Los niños de las cuevas) de un tal Sonnleitner, en la que dos Robinson Crusoe, una pareja de niños huérfanos (sin parentesco entre sí), crecen en un valle alpino inaccesible y reproducen los distintos estadios del hombre prehistórico, desde el Paleolítico hasta algo parecido a la vida rústica en Austria. Como estaban reviviendo la Edad de Piedra, yo había fabricado un martillo propio de esa era, con la cabeza primorosamente atada como es debido al mango de madera. Se lo llevé y cuál no fue mi sorpresa al ver su furiosa reacción. Siempre me han dicho que solía tener muy poca paciencia conmigo.

Los ingresos de la familia aumentaron gracias a un adelanto por una novela que Nelly recibió de un editor a principios de 1929, pero la mejora fue solo marginal.  Durante una ola de frío en los primeros días de febrero de 1929, a la familia únicamente le alcanzó para calentar un solo cuarto de su departamento. «Por lo general no tengo ni un chelín en casa», confesaba ella. Evitaba pagar las cuentas todo lo posible, pero sabía que la catástrofe podía golpear a la familia en cualquier momento.  Estaba atrasada con el alquiler del departamento de la Einsiedeleigasse y empezó a contraer deudas con sus proveedores: hacia fines de 1928, el propietario amenazó con cortarles el gas y luego mandarles un aviso de desalojo. 

 

Eric Hobsbawm Una vida en la historia
Richard Evans cuenta la trayectoria académica de Hobsbawm, pero también su rol como testigo de la historia y de los eventos políticos y culturales fundamentales del siglo XX.
Publicada por: Crítica
Fecha de publicación: 06/01/2021
Edición: 1a
ISBN: 978-987-4479-23-5
Disponible en: Libro de bolsillo

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