domingo 19 de agosto
Interesante

“Las locuras del Rey Jorge”, de Eduardo Blaustein

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Más que una biografía, “Las locuras del Rey Jorge” es un retrato periodístico de Jorge Lanata realizado por quien lo acompañó en cuatro de sus más importantes proyectos: El Porteño, Página/12, Veintiuno y Crítica de la Argentina. Con recuerdos propios, testimonios hasta ahora nunca leidos y un análisis del trabajo periodístico de Lanata, Eduardo Blaustein, escribe este libro apasionado, crítico y afectuoso.

“Las locuras del Rey Jorge” es además un poderoso recurso para recorrer las mutaciones ideológicas de Lanata que son también, desde la óptica de Blaustein, las que fue embanderando buena parte de la clase media durante los 30 años desde el regreso de la democracia.

Peso pesado, pesadísimo, Jorge Lanata es el periodista de mayor influencia en eso que se llama la opinión pública argentina. Lo co­rroboran las cifras de rating de la televisión y la radio, por opacas que sean. Lo confirman también las encuestas de opinión, las pre­suntamente serias y las que no, cuando hablan de “índice de conoci­miento” y/o de “credibilidad”. Alguna vez en un cacerolazo, alguna otra en una aparición pública, y también en espacios periodísticos, se habló de Lanata Presidente.

Jorge Lanata es el tipo que entre otras muchas cosas ganó una enormidad de premios. Algunos de ellos: Premio Martín Fierro por su programa radial Rompecabezas, seis por Día D, dos por Detrás de las Noticias, otros dos por el radial Lanata PM, otros varios en 2013 por Periodismo para Todos y alguno por Lanata sin filtro. Dos Premios Clarín en 2002 y 2003, varios premios Tato también creados desde el Grupo Clarín. Premios Éter y TEA, premio Ko­nex, premio Rodolfo Walsh (en 1999), entregado por la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. Lanata es Ciudadano Ilustre de Mar del Plata, la ciu­dad en que nació. Es igualmente ilustre en la provincia de Córdo­ba. En 1991 ganó el Lápiz de Oro al mejor aviso publicitario para televisión. Escribieron sobre él en la revista Gatopardo: “Hizo, du­rante los últimos veintisiete años, lo que cualquier otra persona no podría hacer en dos o tres vidas”.

Dueño de una capacidad de trabajo admirable, gran creativo, Lanata ayudó a desempolvar y renovar los lenguajes del periodismo gráfico y televisivo. Lo hizo al punto de llegar a intensidades exce­sivas. De esas intensidades, de las prácticas periodísticas de Lanata y de sus riesgos se hablará mucho en este libro.

Jorge Lanata es el mismo que trabajó en Radio Nacional en tiempos de Isabel y López Rega y en los de la última dictadura, de muy (pero muy) jovencito. Es el que comenzó a brillar en Radio Belgrano en los primeros 80 democráticos y el que debutó con sus investigaciones en la revista El Porteño, de donde nació su mejor in­vención: Página/12. En El Porteño, revista mítica que Lanata ayudó a salvar de su cierre creando una cooperativa de periodistas, debu­tó violando un off the record. En su primera columna en el diario Clarín debutó plagiando párrafos completos del libro escrito por un colega. Lanata repitió ese ejercicio de copiado y pegado en otros artículos periodísticos y en sus libros.

En el recorrido de este libro se pasa revista a los proyectos y espacios que Lanata encabezó o en los que trabajó. Irrespetando en esta introducción el orden cronológico, la lista de los nombres de los socios, financistas, empresarios o grupos empresarios aso­ciados a esos espacios y proyectos llama la atención por lo diver­sa: el Grupo Clarín es el último y más resonante. Otros nombres son los de Sergio Szpolsky, Alberto Fontevecchia, Antonio Mata (condenado en España a dos años y dos meses de prisión por fraude al fisco), Gabriel Yelín (ex accionista principal de Veraz), Enrique Gorriarán Merlo, Alberto Pierri, Eduardo Eurnekian, el ex juez Gabriel Cavallo, el dueño de laboratorios farmacéuticos Marcelo Figueiras. Según pasaron los años, Lanata cuidó, des­cuidó, calló o despotricó contra esos financistas, aliados, socios o patrones. Si es por la discusión sobre la independencia perio­dística, hay que revolver bien el archivo para encontrar, por cada cien veces en que Lanata se mostró transparente y corajudo, una frase que sincere el vínculo entre el periodismo, su viabilidad económica y el poder:  “Cuando un socio viene a poner guita no le mirás la cara”.

“¿Vos te pensás que esto es una historia de amor?”

“Son relaciones donde a vos te usan y vos usás”.

Lanata explicó que se incorporó al Grupo Clarín “porque necesito trabajar”. También dijo: “No hay ningún motivo por el cual yo hoy tenga que estar en la televisión o en la radio. Si es para mantenerme, me puedo mantener con los libros. Porque saco un libro y vendo 100 mil ejemplares”. Dijo también “yo no voy a ser tan idiota” como para rechazar la potencia de emisión y de llegada que le ofrecían los medios del Grupo Clarín. Lanata dijo que fue él quien le ganó al Grupo porque fue el Grupo el que debió o decidió contratarlo cuando antes lo ignoraba y hasta hostilizaba. Dijo que fue el autoritarismo kirchnerista el que produjo esa alianza. Lanata es el que, se sabe, criticó al diario y al Grupo por una larga y grave serie de pecados capitales. Los archivos de 6,7,8 son endebles, de corto alcance. Lo hizo desde los tiempos de Página/12 a la revista Veintiuno/Veintitrés, pasando por Día D, Crítica de la Argentina y hasta poco tiempo antes del acuerdo con el Grupo, desde el progra­ma Después de Todo. Lanata le dio duro y parejo desde sus revistas a Editorial Perfil. Cuando acordó trabajar como columnista de esa editorial escribió que se sentía como en casa.

Lanata se emociona con los rezos, los cariños, los vivas, risas y hurras que le dedican sus inmensas audiencias y es también el que maltrata oyentes o alude con desprecio a colegas que fueron parte sustancial de sus equipos, colegas que le dieron manos importantes en sus proyectos.

Desde uno de sus programas de televisión, mandó al aire una triste y celebrada nota sobre el hambre de una chiquita tucumana. En los mismos años del estallido sacó al mercado, con poca suerte, una revista sobre la buena vida para sectores de alto consumo. Has­ta hoy, desde los 90, presenta personajes con sensibilidad social y emprende campañas solidarias. A la vez, practica un tipo de perio­dismo cargado de violencias y sarcasmos que potencia la polariza­ción y la crispación que Lanata dice querer combatir.

Lanata es el representante más excelso del periodismo justiciero. Por buenas razones y por sus denuncias televisivas, es el periodista más odiado y temido por los funcionarios y la militancia kirchneris­ta. Lanata, se ha dicho, ha sido en estos últimos años infinitamente más eficiente a la hora de erosionar al kirchnerismo que el conjunto de la oposición política, que sigue su agenda. Hay que sumar por supuesto las carencias, los errores, las terquedades, los goles en con­tra del propio kirchnerismo.

Alguna de las veces, infrecuentes, en que Jorge Lanata hizo al­gún ejercicio introspectivo en relación con el periodismo que practi­ca, escribió: “Nuestra relación con el público es irremediablemente perversa: ‘¡Matalo, hermano! ¡Matalo a ese hijo de puta!’”. Lanata aquella vez aludió a un punto clave y embromado de la comuni­cación masiva, conocido. Al que escribe le sucedió algo parecido con amigos críticos de Lanata, y con amigos kirchneristas, y con periodistas que lo quieren poco, cuando supieron que comenzaba a trabajar en este libro.

–Matá a La Rata. Hacelo mierda.

Aviso urgente desde esta introducción: no, la idea no es matar. A contramano de los violentos vendavales mediáticos que enferman al país y al mundo, entiendo que el poco aporte que pueda hacer desde este libro o desde mi práctica periodística para discutir sobre periodismo y medios de comunicación es llevar alguna serenidad, racionalidad y equilibrio. Si es más que difícil hacerlo hoy desde el periodismo que conocemos, que influye, manipula y vende por impacto, es igualmente complicado hacerlo en una sociedad dada a la expresión violenta, la agresión, la exculpación. A contramano de esos vendavales, de las violencias y polarizaciones, aun cuando mi corazoncito no sea en absoluto neutral, este libro podrá cuestionar muy seriamente las prácticas periodísticas de Lanata, particular­mente las de los últimos años. Pero no voy a sumarme a prácticas odiosas y ajenas. Voy a discutir incluso en contra de las simplifica­ciones, las expresiones chocantes, agresivas, torpes, o reduccionis­tas, “La Rata” o “empleado de Clarín”, entre algunas encantadoras posibilidades promisorias.

Esto se ha dicho mucho y se ha dicho con algún grado de exage­ración y de simplismo: Jorge Lanata supo expresar, espejar o sinte­tizar, aunque en audiencias primero reducidas, luego cambiantes y finalmente crecientes, climas sociales sucesivos y en apariencia dis­tintos: la salida de la dictadura, el antimenemismo fácil, el estallido, el antikirchnerismo rabioso. Esto es un primer modo de decir que este libro no habla solo de Lanata. Él es él y sus audiencias. O él con sus audiencias. A la preposición “con” se le puede añadir buena parte de la lista de preposiciones en orden alfabético y todas fun­cionan más o menos bien excepto una: a, ante, bajo, cabe, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según y freno antes de “sin”. Entender a sus audiencias sin santificarlas, comprender cómo las representa, es intentar saber incluso si esas audiencias lo cons­tituyen, lo configuran, saber si acaso las audiencias no lo hacen un tanto monstruoso.

Los contenidos de este trabajo exceden al protagonista. Impli­can entrarle de un modo angular a la historia de 30 años de demo­cracia, medios, periodismo, comunicación, cultura y poder. Desde los desgarros de la post-dictadura, los años de Alfonsín, los Juicios, los apagones, la hiperinflación, pasando por Menem, la Alianza, el estallido, el ciclo kirchnerista. El libro atraviesa y pone en contexto las transformaciones acumuladas en los lenguajes y formatos perio­dísticos de la gráfica, la radio y la televisión.

El trabajo explora y alude también a lejanos lenguajes perio­dísticos y populares que de alguna manera anteceden y nutren al periodismo de hoy y al de Lanata. Desde el jacobinismo de Mariano Moreno a la gauchipolítica, de las prodigiosas violencias ejercidas en las célebres polémicas entre Sarmiento y Alberdi al viejo humor gráfico y Crítica de Botana. Busqué genealogías en Lanata. Las en­contré en la riquísima historia de nuestro periodismo, en el uso del humor, del panfleto, de la sátira, de la ironía y en el ejercicio de la violencia escrita, que no solo emerge en los oscuros días de los gol­pes de Estado, el de 1930, el de 1976.

Porque este libro habla de Lanata, de sus audiencias, de comu­nicación masiva, de tradiciones en el habla y el periodismo popu­lar o ilustrado, de las violencias discursivas que emitimos y consu­mimos con fruición, y que a menudo son prepolíticas o transpolí­ticas, este libro habla de bastante más que de Lanata. Habla de la sociedad que somos.

Sugerí de alguna manera que el enfoque de este trabajo implica un abordaje muy distinto al hecho por Luis Majul, en cuyo astuto libro brilla por ausencia lo que uno debería esperar de la biografía periodística sobre un periodista: la producción escrita, radial o tele­visiva del biografiado. Este es un libro dedicado a historiar y anali­zar al Lanata público, a Lanata en su producción escrita o electróni­ca. Evito las incursiones morbosas en lo privado, con excepción de aquellas historias y recuerdos que él mismo difundió, en algún caso, según interpreto, para construir su propia imagen: Lanata popular de Sarandí, y hasta peronista. Aparecen en el libro tramos especí­ficos sobre “el personaje” Lanata porque ese personaje en buena medida explica al Lanata público, su producción, su lenguaje, sus modos de trabajo. Si evito la lógica paparazzi es porque median­te exploraciones presuntas de los mundos privados es fácil llegar a exacerbaciones y recortes miserables (se puede hacer exactamente al revés, con quienes lo idolatren). Con elegir solo un puñado de enemistados que testimonien –y Jorge Lanata acumuló unos cuan­tos– contaría con material para hacer ese retrato miserable. Deploro esa técnica “periodística”. Vade retro.

Porque el objetivo del libro es hablar del Lanata público y de su evolución a lo largo de por lo menos treinta años de trabajo, los que se superponen con el ciclo de democracia y medios, el sustento principal de este libro es documental: un cuerpo muy extenso de textos periodísticos, dichos radiales y televisivos, un número más que considerable de entrevistas realizadas a Lanata, tramos de algu­nos buenos muy artículos que le dedicaron otros colegas, más los muchos libros que escribió, a los que dedico un capítulo específico. Del conjunto de esa base documental tomé muy especialmente el material escrito, el menos susceptible de dudas en relación con “las condiciones de producción”, el que se supone menos librado a la es­pontaneidad o a la urgencia, el material que se supone más meditado y menos permeable a los problemas de la improvisación o el estado de ánimo. De la extensión de ese cuerpo de material escrito alcanza con decir que solo para explorar al Lanata de Página/12 debí atra­vesar cerca de 150 artículos firmados por él. No se trata además solo de los escritos de puño y letra. Se trata también de analizar lo que expresaban los diversos proyectos periodísticos que Lanata fundó (según el caso, proyectos más ricos que la individualidad de Lanata, y que lo trascendieron), o aquellos en los que participó: hay, según el espacio en que haya trabajado, exploraciones diversas, nuevos equipos de trabajo, sensibilidades e “ideologías” distintas, modelos de portada algo cambiantes, agendas y audiencias también distintas. El recorrido por esos ciclos de trabajo responde a una pregunta har­to repetida entre los defraudados por Lanata: qué le pasó.

Buena parte de los contenidos están construidos también desde mis propios recuerdos y desde los recuerdos y miradas de colegas entrevistados para este trabajo. Respecto de los míos, se relacionan con cuatro de los espacios que compartí con Lanata: la revista El Porteño, Página/12, Veintiuno, Crítica de la Argentina. Mi trato con Lanata durante todos esos años pocas veces fue de intimidad. Fue sí amistoso, en general respetuoso, a menudo divertido. Fue otras veces de irritación, diferencia y distanciamiento. De la colo­quialidad cariñosa de aquella relación, y del vocativo con el que me dirigía a él, es que casi desde el arranque a Lanata lo llamo George, tal como lo llamé en todos esos años.

El intento de hacer un libro justo, si es que eso existe siendo que este es un libro hecho desde mi propia subjetividad, obligaba entre otras cosas a retroceder en el tiempo. Un libro justo no podía centrarse en el escarnio que hace el kirchnerismo de Lanata. Eso no quita lo que ya asoma en esta introducción: mis propias lecturas, mis propias irritaciones con el Lanata contemporáneo, el que en los últimos años ocupa un lugar pesado –muy pesado y muy rico de analizar– entre las corporaciones y las masas.

Las locuras del Rey Jorge
Peso pesado, pesadísimo, Jorge Lanata es el periodista de mayor infl¬uencia en eso que se llama la opinión pública argentina. Es el representante más excelso del periodismo justiciero y el más resistido no solo por los funcionarios, la militancia o los simpatizantes kirchneristas sino por muchos de quienes lo respetaron y admiraron durante años. Hasta alguna vez en un cacerolazo, en alguna aparición pública, y también en espacios periodísticos, se habló de Lanata Presidente. Dueño de una capacidad de trabajo admirable, gran creativo, fundador de un diario a los 26 años, ayudó a desempolvar y renovar los lenguajes del periodismo gráfi co y televisivo, y lo hizo al punto de llegar a intensidades temerarias. De esas intensidades, de su extensa y rica producción y de los diversos proyectos que encabezó, desde Página/12 al presente, habla este libro. También de sus prácticas periodísticas, de sus aciertos, de los límites de su rigor, sus oscuridades, sus riesgos.<br /> En estas páginas se recorren entre otras cosas las alianzas que hizo Lanata con socios llamativamente diversos -desde Enrique Gorriarán Merlo a Alberto Fontevecchia, del empresario español Antonio Mata (vaciador de Aerolíneas, condenado en España por un multimillonario fraude al fisco) al Grupo Clarín-. Esta es una historia de las opacidades del periodismo y particularmente del televisivo, del derrotero de un personaje y de sus contradicciones. Lanata protagoniza pero también es la excusa y el prisma para revisar la historia de 30 años de democracia, medios, periodismo, comunicación, cultura y poder.<br /> Porque este libro habla de mucho más que de Lanata. En sus fanáticos y detractores, en las violencias discursivas que emitimos y consumimos con fruición, está también la sociedad que somos.
Publicada por: Ediciones B
Fecha de publicación: 04/22/2014
Edición: Primera Edición
ISBN: 9789876274562
Disponible en:Libro de bolsillo

 

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