jueves 18 de octubre
Periodismo Justo

Final de juego

Como si todavía presidiera Boca Jrs, Mauricio Macri logró su segundo fichaje importante en pocas semanas. Luego de sumar a Elisa Carrió, con quien competirá en las PASO, logró la adhesión del senador nacional peronista Carlos Reutemann. A pesar de haber anunciado que su límite era “lo viejo” y, en especial, los dirigentes peronistas comprometidos en el gobierno durante los últimos veinte años, Macri celebró el apoyo de “El Lole” con bombos y platillos. No es para menos, logró obtener “la pata peronista” que todos los candidatos no justicialistas aspiran a capturar. Lo límites siempre pueden correrse un poco más en nombre de la necesidad. En la misma semana, el funcionario sciolista Santiago Montoya propuso una alianza con Sergio Massa; el vicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto propuso a Scioli como candidato a Presidente y a Florencio Randazzo a la gobernación. Pero hay más: Pino Solanas cerró con Stolbizer en CABA; el senador radical Gerardo Morales le pidió a la convención de la UCR que habilite un gran acuerdo que incluya a todos los opositores no kirchneristas y el líder de la CGT opositora, Hugo Moyano, relanzó su partido político con un acto en el Luna Park.


Con la incorporación de Reutemann, el Jefe de Gobierno porteño hizo una jugada a dos bandas. Le quitó un posible aliado a Sergio Massa, su principal rival en el arco opositor, ya que el ex corredor de Fórmula Uno no había dudado hace unos meses en fotografiarse con el ex intendente de Tigre. También reforzó las chances de Miguel Del Sel, candidato del PRO a la gobernación de Santa Fe. Para la estrategia de Macri, la elección santafesina es clave. Se vota unas semanas antes de la elección en CABA donde descuentan un triunfo, más allá de la feroz interna entre la senadora Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta, el preferido del Jefe de Gobierno. “Dos triunfos seguidos y una buena elección en Córdoba nos dejan a las puertas de la presidencia”, se entusiasman.

En el PRO están convencidos que Reutemann le otorga “previsibilidad” a la candidatura de Miguel Del Sel. En 2011 quedó sólo a un par de puntos de vencer al socialismo. Dicen que, según sus encuestas, arrancó con ventaja sobre el candidato con más chances de la alianza entre socialistas y radicales, Miguel Lifchitz, pero temen que al acercarse la fecha de los comicios, muchos de los que “quieren castigar la gestión del Frente Progresista puedan optar por una suerte de voto racional”. Algo así como apostar por lo conocido y de esta forma relegar al ex Midachi. Y agregan: “Lole le otorga seriedad y mayor sustentabilidad a una eventual gestión. Se trata de una persona respetada y que fue dos veces gobernador de la provincia”.

Lo que no se puede decir es que la reunión de Macri, Reutemann y Carrió en un mismo espacio político no sea coherente. La fundadora del ARI está más cerca de Macri que de Pino Solanas o Tumini y, el Lole es más liberal en lo económico y conservador en lo político que el propio líder del PRO. Cualquier gesto de sinceridad política debería ser bienvenido en una país dónde las fuerzas mayoritarias suelen cobijar a dirigentes con ideologías antagónicas.

Si bien todavía no se definió qué rol jugará Reutemann, si como candidato a senador nacional o como compañero de fórmula de Macri, la movida repercutió fuerte en el socialismo santafesino. Si Lole compite por una senaduría no descartan proponerle a Hermes Binner que baje a la provincia para enfrentarlo. Esto resolvería de facto la discusión interna en el Frente Amplio Unen, dónde en principio Binner se prepara para disputar con Julio Cobos la candidatura presidencial de la centroizquierda.

Sergio Massa no acusó el golpe. Como el resto de los dirigentes opositores se apoya en el caso Nisman para diferenciarse del gobierno. Concurrió a la marcha del 18F e hizo fuertes críticas a la nueva ley de Inteligencia. Mientras tanto sigue tejiendo alianzas regionales con suerte dispar. En el territorio donde es más fuerte, la provincia de Buenos Aires, tiene media docena de candidatos a gobernador pero ningún “tanque”. Desde Francisco De Narváez a Felipe Solá, pasando por Darío Giustozzi. Una curiosidad de los comicios 2015 es que en Buenos Aires, donde se emite un tercio de los votos, ninguno de los presidenciables cuenta por ahora con un candidato de fuste.

En el gobierno en tanto, toda la energía está puesta en enfrentar lo que Cristina Kirchner definió como “el Partido Judicial”. Consideran que un grupo de jueces y fiscales les declararon “la guerra” y hablan incluso de un movimiento “desestabilizador”. La Asociación de Magistrados se rasgó las vestiduras en nombre de “la independencia de poderes” y “la Constitución”. Sin embargo, algunos de sus miembros no aprobarían un test básico de Instrucción Cívica. Suelen moverse al ritmo de los poderosos del empresariado y la política alternativamente.

Pero ni tan calvo ni con dos pelucas. Si bien es cierto que algunos magistrados y fiscales apuran causas que tenían cajoneadas cuando el gobierno contaba con más poder. Este es un clásico de la democracia argentina. La mayoría de los jueces son sumisos al principio de una gestión y rigurosos en el final de la misma cuando pretenden congraciarse con el que vendrá. Los grandes grupos económicos se comportan de manera parecida. Los gobiernos alimentan estos comportamientos deleznables. Esa realidad no impide destacar que existen varias investigaciones judiciales por corrupción que afectan a funcionarios de primer nivel que tienen sobrados fundamentos. Los grandes medios no ayudan a separar la paja del trigo.

Por otro lado, no hay ningún riesgo de ruptura institucional. Lo que existe es una fenomenal puja de poder que lo atraviesa todo. No se deberían agitar fantasmas en vano. El kirchnerismo tiene mayoría legislativa, conduce el Partido Justicialista y cuenta con la adhesión de la mayoría de los gobernadores. Y aunque está muy lejos del 54 por ciento que la llevó al poder en 2011, la Presidenta mantiene un considerable nivel de adhesión. Por acción u omisión no tiene un heredero ideal para su proyecto político. Por esa razón, más allá del contenido, su último discurso ante la Asamblea Legislativa será una despedida.

 

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