Periodismo Justo

Un juez a medida

Cada fallo que afecta a un poderoso -de la política o el empresariado- desata en Argentina un juego perverso. La medida es buena o mala según a quien perjudique o favorezca. La decisión del juez Daniel Rafecas de desestimar de plano la denuncia del fiscal Alberto Nisman -retomada por el doctor Gerardo Pollicita- contra la Presidenta de la Nación no fue la excepción. Dirigentes oficialistas y opositores, periodistas y operadores mediáticos salieron de inmediato a calificar la resolución.


Rafecas, un juez respetado por sus pares y bien considerado por organizaciones de derechos humanos y entidades de la comunidad jurídica, no encontró «las mínimas condiciones» para abrir una investigación penal. Para el magistrado en la denuncia del fiscal fallecido no se cumplen ninguno de los dos presupuestos planteados como sostén de la existencia de un «plan criminal» destinado a encubrir a los iraníes sospechosos de haber atentado contra la AMIA hace dos décadas. Se refiere a la Comisión de la verdad y al levantamiento de las llamadas Alertas Rojas por lo cual asegura que no existe delito.

El juez coincidió en su escrito con la opinión de destacados penalistas como León Arslanián, Julio Meier, Raúl Zaffaroni y Luis Moreno Ocampo, entre otros. Con todo, la medida será apelada por el fiscal y, por consiguiente, revisada. Pollicita insistirá en qué hay elementos para abrir una investigación. Un tribunal superior decidirá quien tiene razón.

Pero el recorrido judicial no es el motivo de esta reflexión sino las reacciones que generó. La ex ministra Graciela Ocaña dijo que «Rafecas decretó la segunda muerte de Nisman, lo recordaremos por eso» (Martín Lousteau, su rival en las Paso de CABA, dijo estar de acuerdo con el fallo del juez), el senador Gerardo Morales señaló «es el mismo juez que cajonea una contundente denuncia contra Milani», su colega Ernesto Sanz aseguró que «la denuncia de Nisman merecía otro final» y la precandidata a presidenta Elisa Carrió elaboró una teoría: «todo cierra Wado (De Pedro, actual Secretario de la Presidencia) debe haber negociado con Rafecas para qué no investigue a Cristina». La mayoría de estos dirigentes habían ponderado a Rafecas cuando el juez ordenó allanar el departamento de Amado Boudou en la causa Ciccone. Paradójicamente, los oficialistas que aplaudieron ahora el fallo de Rafecas son los mismos que los atacaron por «avanzar» contra el vicepresidente. Es más, acompañaron la embestida del Vice contra el juez que terminó alejándolo de la investigación.

Esta dinámica se ha repetido hasta el cansancio en los últimos años. Los fallos importantes de la Corte Suprema sufrieron esos tironeos vergonzantes. Un tribunal o un juez es probo e independiente sí falla de acuerdo a lo que cada sector espera, caso contrario es «golpista o vendido al gobierno». Con Rafecas pasará igual. Para la oposición fue una suerte de San Martín cuando investigó a Boudou y ahora «un vendido». Para el oficialismo fue «un enemigo» cuando «se metió» con el Vicepresidente y ahora es Gandhi. Los medios de comunicación hacen lo mismo.

Juegan con algo que no tiene repuesto, la credibilidad en el sistema democrático. Pero claro, a quién le importa.