jueves 13 de diciembre
Periodismo Justo

Otoño porteño

“Ingrata”, “matón”, “traidora”, “prepotente”, “egoísta”, “autoritario”. Hasta hace unos meses estas palabras estaban fuera del vocabulario PRO. Hoy se escuchan cuando se apagan cámaras y grabadores. La puja interna entre Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta sepultó la armonía en el partido de Mauricio Macri. No son pocos los que se preguntan, desde ambas trincheras, por el día después de las PASO. Cuando el campo de batalla quede tapizado de heridos. La rebeldía de Michetti no estaba en los planes de Macri, quien si bien la autorizó formalmente a competir por la sucesión porteña nunca pensó que terminaría enfrentándose personalmente con su ex compañera de fórmula. Michetti triunfante en la Cuidad y él, eventualmente, derrotado en la Nación, es el escenario más temido. Por esa razón, después de algunas vacilaciones, se decidió a jugarse por su jefe de gabinete designándolo “heredero natural”. El domingo 26 de abril, aunque el partido que fundó en 2005 obtenga una gran cosecha de votos y quede al borde de una nueva gestión, Macri festejará mucho, poquito o nada.


“Gabriela ha sido una buena militante. No mucho más que eso”. Castigó Jaime Durán Barba, el asesor en temas electorales del Jefe de Gobierno porteño en una nota concedida al diario La Nación. También lo atendió al diputado Federico Pinero, uno de los principales aliados de Michetti, quien lo acusó de trabajar para Rodríguez Larreta. “Me da pena. Está muy viejito Pinedo. Y como viejito le ha agarrado el alzhéimer. Si eso ha dicho, tiene alzhéimer. Nunca fui empleado de Horacio ni de nadie. Yo soy un tipo absolutamente independiente de todo”. En una entrevista de antología el publicista ecuatoriano dijo además que trabaja ad honorem y que el PRO “es el único partido de izquierda que hay en el país”.

Más allá de la catarata de reacciones que generó una afirmación tan osada, Durán Barba, puso en negro sobre blanco el alto voltaje que tiene el conflicto interno en Propuesta Republicana, el nombre que casi nadie recuerda se extiende bajo la sigla PRO. “Si Durán Barba cree eso, que soy sólo una militante, ya está, la gente me votó en cuatro elecciones, si él minimiza eso, no importa”, respondió Michetti. El ecuatoriano está sólo por debajo de Rodríguez Larreta y Marcos Peña en la lista de enemigos más enconados de la senadora.

En los últimos diez días de campaña su equipo tratará de demostrar que la ex vicejefa de gobierno conoce los temas de la ciudad, el punto débil que no se cansan de enrostrarle los muchachos larretistas. El Jefe de Gabinete apostará a reforzar la idea de ser el más capacitado para gobernar la Ciudad, para hacerlo se apoya en los dichos del propio Macri. En esa línea Michetti representaría un riesgo para la gestión.

Por lo pronto, aunque lo intentó, Macri no pudo quedar fuera de la contienda. Si bien no lo dicen en público, los hombres que acompañan a la senadora en esta aventura electoral deslizan que “más que continuidad en la gestión, Rodriguez Larreta representa la continuidad en algunos negocios”. La polémica que se desató por el juego es una cuenta de ese collar de divergencias.  Michetti aseguró que si llegaba a al máximo cargo porteño estaba decidida a acotar el negocio del juego (en el que involucra al empresario Cristóbal López): “Lo de hoy es un disparate, estoy absolutamente en contra”. El ex presidente de Boca se sintió obligado a responderle: “Hemos puesto límites al juego desde el primer día. Más no se podría haber hecho”.

La discusión pública terminó allí, a la vista de la primera sangre ambos envainaron. Pero el cruce volvió a demostrar que la pelea de fondo es entre Macri y Michetti. La senadora rechaza esa idea. Dice que si gana su aporte a la campaña nacional de Macri será muy importante y que si pierde, algo que le cuesta imaginar, también acompañará por el país al candidato presidencial del PRO. Un allegado suyo se permitió una ironía: “Qué le podría aportar Horacio a la campaña nacional”. Del lado de su competidor tampoco hay piedad: “Cuando le ganemos, Gabriela perderá su único atractivo el mito que construyó de que es ella la que atrae votos como nadie en el partido”.

Macri ya jugó su ficha. Si gana Gabriela tratará de minimizar las consecuencias. Celebrará sin alegría y minimizará los daños. Los más enconados adversarios de la senadora ya no tendrán lugar en el gabinete porteño. Pero son apenas un puñado. El resto seguirá en la estructura de gestión. La prioridad para los próximos meses es la disputa por la presidencia. Sueña con enhebrar triunfos en Santa Fe, Capital y Córdoba. No obstante, si se impone su delfín político, la alegría será mayor. No habrá grandes cambios de nombres ni de políticas en la próxima gestión local. Y de no llegar a la Casa Rosada no tendrá que afrontar desafíos internos. Por añadidura se habrá graduado de “líder político argentino”. Tal vez por aquella frase de “autoridad que no abusa, pierde prestigio”.

 

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