Periodismo Justo

Teledemocracia

Se trata, posiblemente, del hombre más popular del país. Integra el selecto grupo de aquellos a los que se puede llamar con su nombre de pila y todos saben de quien se trata. Hace años que sus productos televisivos concitan la atención de millones de argentinos. Entiende como pocos el poder porque lo tiene y ejercita. Sabe que no sólo se trata de dinero. Esta semana volvió a demostrarlo. Lanzó la décima edición de su ciclo Bailando por un sueño con un mega show que, aunque sin sorpresas y con sketch previsibles, llegó a picos de rating de 36 puntos. Además se dio el lujo de convocar a los tres candidatos presidenciales mejor posicionados por las encuestas, ese otro rating de incomprobable veracidad. Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa, asistieron con sus esposas y cumplieron con los pasos de comedia requeridos junto a sus imitadores (bastante buenos, por cierto). Se los pidió Marcelo y ellos no podían fallar. Los tres están convencidos del éxito de la excursión televisiva: siempre es mejor estar que no estar. No importa haciendo qué. Hay que llegar al público no politizado, ese que jamás vota por propuestas o ideología. Y con ese objetivo si hay que bailar se baila. Esta vez el espectáculo lo pusieron los candidatos y la política, como siempre, la puso Marcelo Hugo Tinelli.


Antes de que los bailarines comenzaran a menearse, el programa abrió con la imagen de Cristina Kirchner por cadena nacional –recurso que la presidenta utiliza, por lo menos, una vez por semana– saludando la vuelta de Marcelo. Cualquier parodia debe haber caído bien en Olivos. Unos días antes, el conductor estrella de Canal 13 no ahorró elogios para los Kirchner. “Cristina es una mujer muy popular que puede ser cuestionada o no, pero evidentemente ha hecho muchas cosas bien, y algunas otras no tan buenas… Creo que es una muy buena presidenta. Con la gente tiene un alto grado de aceptación, de hecho le dio más del 40%”, declaró en el diario Perfil. También habló de su buena relación con Néstor y elogió a su hijo Máximo. No se privó de ponderar al poderoso empresario Cristóbal López, su socio comercial, cercano al gobierno y enfrentado con Clarín.

A Tinelli le complace demostrar su independencia ante propios y extraños. Le pega al gobierno nacional cuando quiere, le parece o lo necesita, no cuando se lo piden los empresarios que lo contratan y hace señales favorables a las autoridades de turno cuando lo cree conveniente. Hay ejemplos abundantes, desde su abstención en la pelea por la Ley de Servicios Audiovisuales entre el kirchnerismo y el grupo Clarín, hasta sus misiles contra la Casa Rosada después que fracasó su desembarco en Fútbol para todos. Marcelo sabe de política tanto como de televisión. Y comprendió como nadie que vivimos, al decir de Javier Cercas, en una llamada teledemocracia, “aunque el término contenga un oxímoron porque si algo no es democrático es la tele. Pero es la que manda y cada vez lo hará más”.

En su escenario de la calle Olleros –y esto no es una imagen, hace su programa desde el gran Estudio que está en su edificio, otra muestra de autonomía– exhibió a los candidatos a presidente que siente más cercanos. Para el escritor Juan José Becerra, en su columna del diario Clarín, “(Tinelli) se entregó al poder que asoma en el horizonte”. Pero también se podría ver al revés. Scioli, Macri y Massa, son además quienes están más cerca del conductor y los tres estuvieron encantados con la invitación. Las entrevistas fueron políticamente insustanciales. Esa era la idea. Tinelli no se privó de elogiar y lanzar la candidatura de Karina Rabolini a la gobernación. Todo por el mismo precio. Hasta la aparición del equipo de fútbol de la quinta La Ñata, el predio-club de Scioli. A su turno, (segundo en las encuestas) Macri apareció con un look canchero, camisa fuera del pantalón y zapatillas. Lo más gracioso de la noche fue el baile con su imitador Martín Bossi. Quien más aludió a la política fue Sergio Massa, es quien viene remando de atrás (el tercero en disputa según Marcelo y las encuestas). Hasta le propuso al conductor organizar un debate “con los periodistas más importantes de todos los canales”. Los productores del show, tomaron nota, “¿si mide por qué no?”. Luego intercambiaron sonrisas. Hablar de política no mide.

Ahora bien. En campaña, si te invitan ¿es posible no ir al programa de Tinelli? ¿Desechar semejante audiencia? Margarita Stolbizer, candidata del Frente Progresista, pidió en la red social tuiter concurrir al programa, luego ante la promesa del conductor de invitarla desistió. “El baile no es lo mío, yo sólo iría a debatir”, escribió. Según la candidata presidencial “quise hacer evidente esta estrategia de visibilizar a unos candidatos en desmedro de otros”.

Por su parte, el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, principal competidor de Scioli en la interna abierta del Frente para la Victoria, eligió probar los nuevos trenes del Roca. No fue invitado al show aunque aclaró que si así fuera no iría. “Los porteños necesitan mejores subtes y los bonaerenses mejores rutas. Eso no se mejora desde la televisión, por más rating que tenga”, señaló. A la misma hora, Tinelli hizo lo que Cristina Kirchner dijo que no haría: eligió su preferido para las PASO del Frente para la Victoria.

Hace unos años, Francisco De Narváez –ahora candidato a la gobernación por el sector de Massa y uno de los grandes beneficiados en 2009 por una imitación televisiva– le propuso a Marcelo Tinelli que se postulara a la Presidencia de la Nación. Dicen que hasta le ofreció una importante cantidad de dinero para financiar su campaña. Marcelo lo pensó unos días antes de desecharlo de plano. Para qué. En la teledemocracia, Marcelo es un rey popular y querible, el yerno ideal, el amigo piola y generoso, el gran elector.