miércoles 26 de septiembre
Periodismo Justo

Martín pescador

“Bajate Martín”. Dirigentes del PRO, la UCR y la Coalición Cívica; dueños de medios de comunicación, al menos dos empresarios importantes y algunos de los más importantes formadores de opinión, repitieron esta frase ante el candidato a Jefe de Gobierno de ECO, Martín Lousteau. Lo hicieron en público y en privado. Algunos utilizaron el tono de súplica y los que no están acostumbrados a pedir nada, emplearon el rigor de las exigencias. El ex ministro de Economía resistió a todas las presiones y, después de denunciarlas, ratificó su decisión de competir con Horacio Rodríguez Larreta por la Jefatura de Gobierno porteño. Sus posibilidades son remotas, debe acortar una distancia de 20 puntos a un rival que quedó a muy pocos votos del triunfo, pero el desafío no lo preocupa. Sabe que perdiendo también ganará. Quiere sumar adhesiones y consolidarse como referente político en la Ciudad. Su decisión puso a Mauricio Macri, Ernesto Sánz y Elisa Carrió ante una situación incómoda. Enfrentarse en CABA y saludar para la foto, abrazados y sonrientes, a nivel nacional.


“Bajate Martín, no podés complicar la estrategia nacional por tu ambición”. “Si vas a la segunda vuelta serás funcional al kirchnerismo”. “Esto sólo beneficia a Scioli”. Son algunas de las frases que escuchó Martín Lousteau. El mismo domingo de la elección vio como por televisión y cuando no había pasado una hora del cierre de los comicios, algunos periodistas aseguraban que se bajaría de una segunda vuelta. Para sostener su posición apeló a un argumento tan simple como infrecuente en la política nacional: cumplir la palabra empeñada. Su campaña de primera vuelta tuvo una idea central: “con el balotaje ganamos todos”. Carrió salió rápido a despegarse, Macri no dijo nada y Sánz lo alentó con la tibia idea de sumar adhesiones para su campaña nacional. Fue un formalismo, el senador radical confiesa a quien quiera escucharlo que el 9 de agosto Macri los arrasará en las urnas. Más sincero fue Ricardo Alfonsín que lo instó a competir: “su obligación es con los ciudadanos y no con el círculo rojo”, como se denomina a los empresarios y políticos que tratan de influir en el escenario electoral.

Impermeable a las sugerencias, Lousteau llamó a una conferencia de prensa el mismo lunes y desafió: “es evidente que lo que decimos molesta mucho a ciertos sectores, especialmente empresariales y del juego, es evidente que hay alguien que está nervioso…”. Como semanas atrás lo hiciera el Ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, el candidato de ECO dijo que no iba a volver atrás en sus promesas. Randazzo pagó y pagará costos por su decisión. Es difícil saber qué pasará con Martín Lousteau. Los dos se rebelaron ante indicaciones de sus jefes políticos. La diferencia es que el último será candidato y el Ministro decidió que no.

El día posterior a la elección, Lousteau metió el dedo en la llaga: reclamó la necesidad de debatir propuestas y “los principios éticos para gobernar”. Que un “socio” político hable de corrupción en la gestión, entuertos con empresarios y gastos de campaña genera un profundo malestar en los arquitectos del acuerdo amplio de la oposición que fue preparado para vencer al kirchnerismo. Para Macri y sus aliados, dos semanas de confrontación fuerte en CABA, el distrito dónde el PRO ganó en todos los barrios, sólo puede beneficiar a sus principales rivales a nivel nacional: Daniel Scioli y Sergio Massa. Con todo, dan por descontado un triunfo con cifras holgadas.

La decisión de las fuerzas de izquierda de llamar al voto en blanco bajo la idea de que “todos los otros son lo mismo” acrecienta las posibilidades de Rodríguez Larreta. El voto en blanco favorece al más votado. En el kirchnerismo no hubo definiciones tajantes todavía. Muchos consideran a Lousteau una suerte de traidor ya que después de integrar el gabinete nacional –fue el autor de la polémica resolución 125 que desató el conflicto con las entidades del campo– se pasó a la oposición y es muy duro con el oficialismo. Cristina Kichner y su ministro de Economía Axel Kicillof lo cuestionaron públicamente más de una vez.

Mariano Recalde, que entró tercero en la primera vuelta, sólo dijo que no votaría al candidato del PRO. Aníbal Ibarra, en cambio, se diferenció de los dirigentes de izquierda: “no da lo mismo, hay que votar a Lousteau”. Este es el debate abierto entre los votantes kirchneristas. Por cierto, la perfomance del Frente para la Victoria fue muy floja. Obtuvo menos votos que en 2011 y perdió la segunda minoría en la legislatura. El PRO ganó en todas las comunas. Incluso en los barrios más pobres. Su adhesión en sectores populares es evidente. No leer correctamente este dato y seguir destilando prejuicios en lugar de acción política concreta hacia el electorado porteño no parece ser el camino para la recuperación. La composición del voto en la zona sur también es un llamado de atención para Scioli. En el primer cordón se vota muy parecido a como se vota en los barrios más postergados de CABA.

Lo cierto es que el súper domingo, como se denominó pomposamente al pasado 5 de julio, dejó a todos los candidatos a presidente con alguna alegría. Claro que algunos ganaron más y otros menos. En términos de incidencia en el padrón electoral no es lo mismo CABA o Córdoba que La Rioja. De igual manera todos tuvieron algún escenario para mostrar su entusiasmo ahora que se acerca la hora de la verdad. Después de la escala porteña, el 9 de Agosto se concretará la encuesta más precisa y menos manipulable. Las PASO nacionales permitirán saber a cada quién en qué lugar de la consideración popular está. Entre tanta sugerencia a desistir y no participar, eso sólo ya es una buena noticia.

 

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