domingo 23 de septiembre
Interesante

“Perón y la Triple A – Las 20 advertencias a Montoneros” de Sergio Bufano y Lucrecia Teixidó

¿Fue la Triple A una creación de José López Rega que comenzó a actuar una vez fallecido Perón? ¿El Plan Cóndor fue ideado y llevado a la práctica a partir del golpe de Estado de 1976? Una parte significativa de la historiografía política afirma que sí y deslinda toda responsabilidad de Perón entre su regreso al país en junio de 1973 y su muerte el 1 de julio de 1974.


Este libro demuestra que no, y repasa minuciosamente las 20 advertencias que el líder justicialista hizo a los Montoneros y el rol que tuvo en la concepción y el funcionamiento de la Triple A.

Basado en una investigación rigurosa y crudamente documentada, los autores dan por tierra con buena parte de los mitos sobre la tercera presidencia de Perón, y pone fechas y nombres a la violencia ejercida por el Estado en ese período. A continuación un fragmento, a modo de adelanto:

Perón con la izquierda y la derecha

Utilizando su reconocida habilidad política, Perón decidió  que era hora de convocar a todos los sectores de la juventud,  desde el extremismo de Montoneros hasta el extremismo del  Comando de Organización. Confiaba en su autoridad política  para imponer un armisticio denitivo entre las facciones que  diariamente se enfrentaban mediante el uso de la violencia. El 8 de septiembre logró congregar en un mismo sitio a enemigos  mortales; eran el agua y el aceite en un gran salón de  su casa de Gaspar Campos, en Vicente López.

Estaban presentes, entre otros, Eduardo Firmenich,  Montoneros; Roberto Quieto, Fuerzas Armadas Revolucionarias;  Guillermo Grecco, Juventud Trabajadora Peronista;  Ismael Salame, Juventud Peronista; Envar El Kadri,  Fuerzas Armadas Peronistas; Alejandro Quintana, Brigadas  de la JP; José Pablo Ventura, Juventud Universitaria  Peronista; Tuli Ferrari, Juventud Secundaria Peronista;  Cristian “El Gringo” Caretti; Federico Ocampo, Frente Estudiantil  Nacional – Organización Universitaria Peronista;  Jorge Obeid, Juventud Peronista; Raúl Laiácona, Escuela  de Conducción Política; Gustavo Made, Brigadas de Juventud  Peronista; Rodolfo Galloso, Concentración Nacional  Universitaria; Miguel Rey, Frente Estudiantil Nacional –  Organización Universitaria Peronista; Jorge Caterbetti,  Juventud Sindical Peronista. En la transcripción taquigráfica no figuran algunos nombres, ya que hubo jóvenes que  no se identificaron pero dijeron pertenecer al Movimiento  de Agrupaciones Peronistas y a las Fuerzas Armadas Peronistas  17 de Octubre.

Durante unas horas compartieron un mismo espacio  organizaciones que afuera se enfrentaban cotidianamente  con violencia verbal y física. Para poder ingresar, los participantes  habían dejado su armamento en los automóviles  estacionados en las cercanías. La mayoría de ellos se sabía  amenazada y era corriente la portación de armas cortas y,  en algunos casos, armas largas y granadas.

Frente a todas las juventudes definió claramente cuál era  su papel como conductor político y cómo entendía la acción  política que debía encararse en esa etapa: “Yo hago aquí  de padre eterno. La misión mía es la de aglutinar el mayor  número de gente posible… No soy juez ni estoy para dar la  razón a nadie. Yo estoy para llevar a todos, buenos y malos,  porque si quiero llevar solo los buenos voy a quedar con muy  poquitos y en política con muy poquitos no se puede hacer  mucho… Muchas veces llega un tipo al que le daría una patada  y le tengo que dar un abrazo. Pero la política es así: es  un juego de utilidad, tolerancia y paciencia”.

Interesa señalar no solo el tenor de las preguntas de Perón  y la ironía subyacente en muchos de sus comentarios,  sino cómo fue variando la participación de los grupos. Los  primeros en tomar la palabra fueron los representantes de  las juventudes vinculadas con Montoneros y la Tendencia.  Se sentían los más fuertes y querían mostrarle al líder lo  que no habían podido hacer en Ezeiza: que llevarían la voz  cantante ganada por derecho propio. Ningún representante  de la derecha presente en ese salón era capaz de movilizar  80.000 militantes. En ese aspecto tenían razón, varios grupos  participantes eran “sellos” con escasa representación entre la  juventud. Su aval lo otorgaban los dirigentes sindicales. Por  esa razón, los representantes de Montoneros tomaron inicialmente  la palabra. Pero no durante mucho tiempo: a partir del  primer tercio del encuentro, y debido a las interrupciones y a  las respuestas de Perón, el desconcierto y el silencio comenzó  a adueñarse de ellos. Entonces la iniciativa pasó a manos de  las organizaciones de la derecha del movimiento. Montoneros  y la Tendencia ya no volvieron a abrir la boca.

Los extractos de la entrevista que se ofrecen a continuación  ilustran el interés de los sectores de la izquierda peronista  por mostrarle al General sus logros en la universidad,  en barrios obreros, en villas y en algunas organizaciones de  base sindical. Habían combatido a los militares y facilitado  el regreso de Perón. Se sentían autorizados. Sin embargo,  el General comenzó a interrumpirlos, a hacer comentarios  sarcásticos sobre el nombre de los grupos, sus divisiones y  su vinculación concreta con los trabajadores. Frente a los  objetivos y los ejemplos de intervención social que planteaba  Montoneros, Perón insistía en que las iniciativas y los  esfuerzos militantes debían canalizarse hacia la creación de  clubes, centros barriales, teatros, canchitas de fútbol y otras  actividades que implícitamente deslegitimaban las propuestas  de este sector. ¿Puede alguien imaginar que Firmenich,  Quieto y la dirigencia guerrillera pudieran interesarse en  crear canchas de fútbol o teatros populares?

PERÓN: Bueno. ¿Qué se dice? ¿Cómo andan las cosas? Yo  tengo deseos de escucharlos […] lo que quisiera saber es  cómo están organizados, porque sobre eso todavía no estoy  muy en claro […]. Porque he visto tantas JP con algún  aditamento que ahora no sé quién es quién en esta organización.  ¿Quiénes están aquí, por ejemplo?

FIRMENICH (se apresuró a tomar la palabra): No sé, General,  si usted prefiere que cada grupo se presente o…

PERÓN: Claro, eso sería lo mejor, porque yo los escucho a  todos.

GRECO: Bueno, nosotros somos de la Juventud Trabajadora  Peronista, estamos divididos en siete regionales; mejor que  divididos, organizados…

PERÓN: No (burlón), si divididos ya sé que están…

GRECO: Organizados, entonces, en siete regiones. Yo soy el  delegado de la Regional Buenos Aires. Estamos organizados  por agrupación; o sea, en cada gremio, la JTP tiene sus  agrupaciones…  PERÓN: En cada sindicato… (despectivo) Eso ya lo conozco…

GRECO: Eso se reproduce a nivel nacional y regional. Acá  está presente el delegado de cada regional.

PERÓN: Bien (punzante). Son todos trabajadores, ¿no?

GRECO: Todos son trabajadores.

PERÓN: Muy bien.

SALAME (TEND. REV.): Nosotros somos Juventud Peronista,  General. También estamos divididos en siete regionales.

PERÓN: También los conozco.

SALAME: Lo que habría que explicar es cómo están divididas  esas regionales.

PERÓN: No, yo conozco eso… (otra vez socarrón). ¡Antes que  se hicieran yo las conozco!

SALAME: Entonces, hemos venido uno de cada regional.

PERÓN: Muy bien. Entonces los que vienen los mandan las  regionales. Quiere decir que están todas las provincias, el  interior y la Capital. Ya en eso estoy en claro. Ahora los  otros. Las otras siglas. Yo veo siglas por todos lados y no  sé qué quieren decir.

QUIETO (TEND. REV.): Bien, General. Nosotros somos de las  FAR y hemos venido dos compañeros.

PERÓN: Muy bien. También conozco. Han estado conmigo  ustedes, en Madrid y aquí. Estamos en claro sobre eso.

FIRMENICH: Montoneros.

PERÓN: Montoneros también los conozco, sí.

EL KADRI (FAP): Fuerzas Armadas Peronistas, General.  Tuve oportunidad de estar con usted en el año sesenta y  tres, en Madrid.

PERÓN: Sí, sí. Me acuerdo. Lo han tenido mal después, ¿no?

EL KADRI: Sí, hemos estado de vacaciones pagas del Estado.  Sí, y también hemos venido con otro compañero.  PERÓN: ¿También de las Fuerzas Armadas Peronistas?

(NO IDENTIFICADO): De Fuerzas Armadas Peronistas  17 de Octubre. Hemos resuelto agregarle ese nombre, 17 de  Octubre, para diferenciarnos de otras Fuerzas Armadas  Peronistas, que hasta ese momento habíamos funcionado  juntos. De alguna manera, estamos nosotros aquí junto con  los compañeros de FAR y Montoneros, trabajando juntos y  tratando de llevar adelante una política común dentro del  Movimiento, de democratización de las estructuras y de  participación plena en todo el proceso electoral que viene  ahora.

PERÓN: Muy bien, eso ha de ser muy importante. Tienen  que empezar por organizarse ustedes, por democratizarse  ustedes, para poder de ahí dar el buen ejemplo. Porque el  Movimiento en lo que hace a los otros sectores está organizado,  bastante organizado ya. Durante la lucha no se  puede estar haciendo elecciones. Ahí el que va adelante,  va adelante y la conducción es conducción de lucha y adelante  con lo que sea. Pero ahora, en este compás de espera  que vamos a tener es mejor organizarse, porque un sector  orgánico es siempre mejor que la inorganicidad que lleva  a cualquier deformación, a cualquier infiltración o desviación.  Muy bien, entonces estamos en claro, Fuerzas Armadas  Revolucionarias…

DESCONOCIDO: ¡Peronistas!

PERÓN: Peronistas. Fuerzas Armadas Peronistas 17 de Octubre.  Ustedes (mirando a Quieto) son los de la otra (mordaz).  Se diferencian por una letra. (Las ironías de Perón se  multiplicaban durante el encuentro. El líder escuchaba a los participantes con una mezcla de paternalismo, desdén  y, por momentos, impaciencia e irritación.)

QUINTANA (BRIGADAS): Nosotros somos de las Brigadas de  Juventud Peronista. También han venido compañeros de  las distintas regionales ya que estamos articulados de esa  forma también.

PERÓN: También las conozco a las brigadas de la Juventud  Peronista.

VENTURA (TEND. REV.): Yo soy de la Juventud Universitaria  Peronista, también estamos estructurados en siete regionales  y tenemos agrupaciones en todas las facultades del  país.

PERÓN: Sí, y los vi desfilar también. ¿Qué otro más hay?

FERRARI (JSP): Bueno, mi General, yo soy de la Juventud  Secundaria Peronista…

PERÓN: ¡Ah, la UES!

FERRARI: No, Juventud Secundaria Peronista. La UES la  hizo usted, mi General.

PERÓN: Porque los otros días la vi desfilar a la Unión de  Estudiantes Secundarios. A esa tenemos que devolverle  todas las cosas que le han robado, porque tenían un buen  patrimonio, tanto en Olivos como en Núñez. Los marinos  parece que se la han… (gesto).

CARETTI (UES): Nosotros estamos organizados en veintitrés  provincias, General. Divididos en siete regionales y  la tarea principal que nos damos nosotros es persuadir a  los compañeros de nuestra Doctrina y organizarnos para  descolonizar.

PERÓN: Todo esto va a ser muy importante, vamos a tener  que pensarlo muy bien. Tanto para los sectores de la juventud,  como para los de la UES, de los estudiantes secundarios,  habrá que volver a los clubes. Nosotros teníamos noventa clubes de barrio aquí, en Buenos Aires. Es decir,  un local, y qué mejor local que este […] saca a los chicos de  los potreros, de donde hay que sacarlos, porque son escuelas  de delincuencia. Si pudiéramos volver… Eso se lo han  robado todo, también.

FERRARI: Nosotros, General, la Juventud Secundaria Peronista,  hemos visto la importancia que tienen los locales,  tanto para que se junten a discutir o a charlar o a hacer  deporte. Entonces, por ejemplo, en la Regional VI hemos  hecho los “sucuchos” del secundario, en otros lugares los  “fortines” del secundario…

PERÓN (paternalista): Bueno, pero lo mejor de eso es hacer  clubes, donde hay una cancha de fútbol, varias canchas de  básquet, un gimnasio de boxeo, un teatrito, por si a alguno  le gusta… ¿Cómo se llama…? El teatro vocacional… En fin,  como habíamos hecho nosotros. En Buenos Aires había, en  1955, noventa de esos clubes.

CARETTI: Los estudiantes secundarios, a pesar de que no  participan directamente de elecciones, salvo los nocturnos,  están muy interesados en este proceso que vive la Nación  y han formado comisiones “Perón Presidente” en todos los  colegios. Y ayer, por ejemplo, se hicieron cincuenta mesas  electorales en la Capital Federal…

PERÓN: Esto ha sido una novedad que ha llamado la atención.  Muy inteligente […] para mí la experiencia me dice  que lo mejor son los clubes; donde en cada barrio […] la  juventud vaya teniendo sus locales, porque todavía ustedes  no tienen nada de eso.

CARETTI: Nosotros lo que tenemos es, por colegio, ateneos…

PERÓN: Claro, bueno, pero ustedes tienen los colegios….

CARETTI: Pensamos utilizar los campos de deportes…

PERÓN: Sí, claro, pero los demás no…

CARETTI: No, pero vamos con todos los colegios…  PERÓN (nuevamente ironizando sobre los sectores revolucionarios):  Sí, bueno, los colegios; sí, pero ellos… (señalando  otros compañeros) no tienen dónde…

FIRMENICH: La Juventud Peronista tiene Unidades Básicas…

PERÓN (ignorándolo): Bueno, hay que ir creando esos locales,  ¿no? Yo soy partidario de los clubes. Yo los he visto en  Europa. Bueno, sigamos entonces…

FERRARI: Yo quería decir otra cosa: La Juventud Secundaria  Peronista también está organizada en siete regionales.  Pero he venido solamente yo de la JSP porque en  este momento los compañeros de todas las regionales están  realizando un congreso, el Segundo Congreso Nacional de  Estudiantes Secundarios peronistas “Presidente Perón”,  en la ciudad de Rosario, que ya debe haber empezado. Irán  arriba de mil quinientos estudiantes secundarios de todo el  país. […] Porque usted es el único que nos da la posibilidad  de realizarnos en una nación que se realiza…  PERÓN: Es decir, voy a hacer el empeño, vaya a saber cómo  sale (risas)…

FERRARI (JSP): Además, después del Congreso, que se hace  en un colegio, se va a hacer una marcha por todo Rosario  hasta el Monumento a la Bandera, donde se va a enterrar  tierra de los lugares históricos de las distintas provincias  y se va a hacer un juramento de lealtad a usted.

 

Perón escuchaba las demostraciones de fuerza que los  miembros de la Tendencia querían ostentar frente a él y  socarronamente afirmaba: “Muy bien, crear una generación  de amigos, que la amistad es sin duda una de las fuerzas  más extraordinarias para cohesionar”.

No se mostraba impresionado por la manifestación de  poder de los secundarios y pasaba a otra cuestión. Sin que  hasta ese momento se hubiera tocado el tema, comenzó a  referirse, de improviso, a la juventud que aspiraba a la patria  socialista. Nadie había hecho referencia a ella, pero él  se apresuró a sentar su posición: “[…] Hay algunos que se  apuran y no comprenden que hay que andar con cuidado.  Los otros días me encontré con unos muchachos y ‘que hay  que hacer esto, y esto otro’, y yo les dije: ‘Ustedes quieren  hacer igual que Allende en Chile y miren cómo le va a Allende…’.  ¡Hay que andar con calma! ¡Cuidado con eso! Porque  la reacción interna, y apoyada desde afuera, es sumamente  poderosa… Y aquí todavía hay tipos que están mirando por  debajo de las rejas de los cuarteles para ver cuándo pueden  salir. […] Los ingredientes de la revolución son siempre  dos: sangre y tiempo; si se emplea mucha sangre, se ahorra  tiempo; si se emplea mucho tiempo, se ahorra sangre. Pero  siempre es una lucha. Nosotros preferimos usar tiempo, no  gastar sangre inútilmente. Porque ¿qué hubiéramos obtenido  con una guerra civil? […] Hubiéramos destruido al país.  Además, ¿con qué hacíamos la guerra civil, muchachos? No  hay que hacerse ilusiones; eso se hace con realidades, no con  ilusiones. […] Los consejos que le di a Allende, él no los ha  cumplido, y le va como le va. […] En cambio, los peruanos  van más tanteados, más despacio; no hay que apurarse,  tiempo al tiempo. […] Para mí, el problema fundamental  de la juventud es organizarse, no está organizada […] sale  una juventud y atrás sale otra que está en contra de la que  va adelante. Por eso […] hablé de la necesidad de hacer un  congreso, donde no falte nadie. Que vayan todos los representantes,  pero que sean representantes fehacientes, hasta  ahora ha habido muchas representaciones de grupo, que yo  las conozco”.

Perón aprovechó la oportunidad para contraponer a la  dirigencia sindical con la juventud, exaltando a aquellos y  destacando claramente que los dirigentes habían realizado  lo que él les había pedido. Hacía alarde de un control  político sobre el aparato sindical que los acontecimientos  ocurridos durante su exilio habían desmentido más de una  vez. Sin embargo, en esta etapa, destacaba así la disciplina  del aparato sindical que desde tiempo atrás era blanco  de ataques de Montoneros: “Yo he visto, por ejemplo, que  atacan a la organización sindical. Es injusto. La organización  sindical no ha actuado porque yo les di esa orden,  que ellos han cumplido perfectamente. ¿Para qué iban a  actuar? ¿Para destruirse? ¿Ocupar fábricas, exponer las organizaciones  para que las interviniera la dictadura militar  y las encarajinara?… [Los sindicatos] están bien organizados,  los conservamos. […] Pero ustedes, los jóvenes, deben  persuadirse de esa necesidad. Ya hemos hablado de hacer  un congreso: si quieren se pegan adentro, pero se ponen de  acuerdo […] cada uno puede tener su idea; pero teniendo  un objetivo común se puede caminar por un camino o por  otro, pero siempre tras el mismo objetivo. Y esa es la base  orgánica”.

Perón continuó argumentando: “Yo no soy partidario de  emplear el sacrificio, más bien la inteligencia, que impide y  evita el sacrificio inútil. Hay que actuar inteligentemente. Por eso, por ejemplo, las mujeres. […] Nosotros a las mujeres  las hemos puesto a un lado en esta lucha. Porque no las  podíamos poner en esto, donde, además, no iban a ser muy  eficaces. Tuvieron una misión secundaria y la cumplieron.  La juventud es la que hace la lucha activa. Las formaciones  especiales, por ejemplo, fueron para eso”.

Esas formaciones habían cumplido un papel y ahora se  trataba de transitar una etapa muy diferente. Ahora era la  organización sindical la que tenía que cumplir un papel importante:  “No hay que olvidarse, muchachos, que la juventud  hizo el 17 de Octubre, pero fue la juventud de los sindicatos,  porque la otra juventud estaba contra nosotros. […] Sí, era  la ‘juventud’, la juventud de la clase media y universitaria,  que en el principio no estuvo con nosotros. En cambio, la  juventud sindical, esa sí, esa se organizó y fue la que hizo el  17 de Octubre”.

El respaldo irrestricto a la organización sindical era una  clara advertencia para el sector de la Tendencia, porque el  ala derecha de los jóvenes allí presentes apoyaba a los dirigentes  gremiales.

“La juventud todavía está fragmentada —prosiguió—. Yo  escucho muchas veces a algunos de ustedes que protestan  por algunas cosas, pero son cosas resueltas en los congresos  partidarios, y eso es palabra santa. Lo que hay que hacer  es participar de esas decisiones de conjunto, porque no es  el caso de no participar y después protestar por fuera, ¿no?  Eso no tiene ningún valor. Y en el Movimiento, que ahora se  está institucionalizando realmente […] con representaciones  fehacientes, elegidas. […] Pero elegidas por las bases, no por  los dedos. […] Ahora hay que ir creando la institución […]  que da el orden, que da la eficiencia y da la permanencia y  la estabilidad. No se puede actuar como estamos actuando,  sobre todo en el sector juvenil que está todos los días empezando  una cosa nueva. ¡Todos los días empezando, como  hacen los locos, que se levantan cada día y empiezan algo  nuevo!”

Perón insistió en que, a diferencia del resto del Movimiento  que estaba en franco proceso de institucionalización,  la juventud continuaba fragmentada y enfrentada.  Reiteró la necesidad de avanzar en la organización partidaria  y en que todos debían aceptar las decisiones de los  cuerpos orgánicos y en particular las decisiones que se  adoptaran en los congresos partidarios. Estas palabras  iban dirigidas específicamente —y así lo advirtieron los  aludidos— a los sectores de la Tendencia Revolucionaria  que no reconocían las decisiones del Consejo Superior  del peronismo: “Sé que algunos de los muchachos  de la juventud no están de acuerdo con la fórmula que  ha salido, pero ¡ha salido de un congreso! Un congreso  que está formado por los dirigentes que han venido en  representación; además, todos los diputados y todos los  senadores que fueron electos. ¡Estos hombres tienen representación!  […] Cuando un congreso resuelve una cosa,  todos la tienen que acatar […] en ese congreso, también  había hombres de la juventud. ¡Vamos! Los diputados que  tienen ustedes, todos estaban en el congreso y ellos han  resuelto. […] Tenemos, sí, una ideología y una doctrina.  […] Algunos están a la derecha de esa ideología y otros  están a la izquierda, pero están en la ideología. Los de  la derecha protestan porque estos de la izquierda están,  y los de la izquierda protestan porque están los de la  derecha. Yo no sé cuál de los dos tiene razón. […] Esto  no es un partido político. En consecuencia, no puede ser  ni sectario ni excluyente. Yo tengo […] el ejemplo de Remorino102 (risas). Protestaba por los ‘comunistas’ y estos  otros, que estaban a la izquierda, protestaban por él por  ‘reaccionario’. Bueno, pero eso es lo que corresponde en  un movimiento. Los dos fueron buenos peronistas […] Lo  que me interesa a mí es eso”.

Perón habló sin interrupciones durante varios minutos e  insistió en la necesidad de poner orden en una administración  pública que había sido devastada por el régimen militar.  Es posible que al afirmar “algunos muchachos creen que  no se está haciendo nada. Se está haciendo […] con gente  que tiene experiencia en esas cosas”, estuviera dirigiéndose  a los jóvenes de la Tendencia que acusaban a la dirigencia  peronista de no avanzar lo suficientemente rápido en los  cambios. Y no dejó pasar la oportunidad para dar su opinión  sobre lo que faltaba por hacer con el aparato estatal que había  recibido de los militares, preanunciando la sanción de la  Ley de Prescindibilidad que se discutía en el Congreso. Explicó  que había una generación usada, “que somos nosotros”,  y luego una generación intermedia “que no sirve para nada  […] el ochenta por ciento son ladrones y bandidos que están  metidos en la administración pública […] en la municipalidad  son todos jefes, barrenderos no hay […] yo le decía al  intendente: ‘Mande a los jefes a barrer’”. Y se explayó sobre  el tema agregando: “Esta gente que se ha ido ha dejado todos  los puestos inamovibles. No se los puede echar porque son leyes  de estabilidad. Y todos esos bandidos que están metidos en la administración no los podemos echar porque hay una  ley que los protege. Ahora el Congreso tiene que estudiar  todos estos problemas. Pero el Congreso no quiere porque  no es ‘político’ dejar sin efecto una ley de estabilidad. ¡Pero  hay que darse cuenta de que la gente que está protegida por  estas leyes son todos unos gorilas que han quedado!”.

Una y otra vez, el líder insistió en que no debían jugarse a  “una aventura generacional” que podía conducir al desastre  en el que se iban a matar unos a otros, “como ya han empezado  algunas veces a hacerlo”. Perón no desconocía que en las  calles la violencia entre los sectores ya había cobrado varias  decenas de vidas. Estaba al tanto de los atentados, torturas,  secuestros y asesinatos que se habían producido protagonizados  por los grupos de derecha de su movimiento, varios de  ellos presentes en esa reunión. Lo que no podía saber es que  algunos de los que voceaban la patria socialista, allí sentados,  impasibles, mirándolo a los ojos, preparaban en esas horas  una acción criminal que iba a conmocionar al país y al propio  Perón: el asesinato de Rucci, secretario general de la CGT y  hombre de confianza del futuro presidente de la Nación.

Resulta complejo intentar explicar la hipocresía de todos  los asistentes a ese cónclave. Incluyendo a Perón con sus llamados  a la concordia, la paz y la creación de teatros barriales,  mientras sus colaboradores más cercanos introducían en  sus cargadores los proyectiles para sus armas. Los dirigentes  montoneros simulaban acatar a sabiendas de que sus huestes,  ese día, anotaban los horarios de Rucci para determinar  en qué sitio lo matarían. Los jóvenes de la derecha simulaban  aceptar la creación de clubes, aunque ya tenían registrada  la dirección de Enrique Grynberg —entre de tantos otros—,  al que asesinarían al día siguiente del crimen de Rucci. Ya  estaba “Þ chado”, para ultimarlo cuando fuera necesario.

Todo era un despliegue escénico en el que actuaban intérpretes  que ocultaban su verdadera identidad y fingían  aceptar acatamiento al director de la obra, quien por otra  parte, en su rol de árbitro neutral, ya sabía quiénes eran  los elegidos.

De un lado y del otro trataban de demostrarle a Perón  quién era más representativo dentro del movimiento juvenil.  Sin embargo, cuando se lee la extensa entrevista de ese  8 de septiembre, las interrupciones de Perón, sus comentarios  irónicos y por momentos desvalorizantes, sus consejos  para crear clubes, teatros y centros recreativos, están especialmente  dirigidos a los representantes de la Tendencia.  Después de su larga intervención invitó a intervenir a otras  organizaciones y tomó la palabra Federico Ocampo del FENOUP.  Cuando comenzaba a presentarse, Firmenich retomó  la palabra para señalar que había grupos que todavía no se  habían presentado.

Perón lo interrumpió diciendo que ya conocía de su existencia  y que para él era suficiente saber que “hay grupos  (risas y aplausos). Ahora el remedio lo tienen que tomar  ustedes…”, refiriéndose a las divisiones entre la juventud.

Un joven no identificado (en la desgrabación) mencionó  que estaban siendo usados con fines que desconocían. Ante  esa afirmación, Jorge Obeid, de la Tendencia, preguntó a quién  representaba. Respondió que al Movimiento de Agrupaciones  Peronistas. “No lo conozco. ¿Qué es eso?”, cuestionó Obeid. “Soy  integrante de la Mesa Nacional del Movimiento de Agrupaciones  Peronistas, donde ha intervenido el compañero Ramón  Martínez, secretario del compañero José Rucci. Yo he estado  personalmente preso hace algunos años, en Trelew.”

Ante la creciente tensión entre los jóvenes presentes, Perón  dijo que cada uno tenía derecho a agruparse como quisiera: “No nos engrupamos entre nosotros. No hay organización […]  Nadie está obligado a agruparse donde no le interesa o donde  no le gusta, o no le conviene. En cambio, si se hace una organización  de conjunto, entonces sí. […] En el peronismo hay gente  que piensa de una manera, de otra; es de una rama, es de otra.  ¡Ah! Pero es peronista. ¡Cuidado! Eso es lo que interesa”.

Firmenich retomó la palabra: “[…] En el proyecto político,  como solemos decir nosotros a veces, algunos compañeros se  quedan en ‘la cortita’ y el proyecto político es de largo alcance”.  Afirmó que inevitablemente se marchaba hacia la construcción  de un socialismo “que será nacional”. “Pero ¿qué tenemos  que hacer hoy para hacer ese proyecto?”, se preguntó.  Si antes era necesario aceptar la verticalidad absoluta, debido  a que se estaba en una situación de lucha (“en un tiroteo nadie  discute”), ahora, en una política de construcción “se acaba el  dedo” para lograr una representatividad absoluta.

La respuesta de Perón fue risueña: “Institucionalizarse, que  es lo único que va a resistir al tiempo… Lo demás, el hombre, va  a la Chacarita, le guste o no le guste…” (risas). Y poco después  agregó: “En política nadie regala nada. Hay que ganársela”.

En la disputa sobre la representación legítima de las bases,  donde la Tendencia parecía tener un terreno más amplio,  Raúl Alberto Laiácona (de la Escuela de Conducción  Política del Movimiento Nacional Justicialista) informó que  era el secretario docente de esa institución y Perón se entusiasmó:  “Claro, ahí está, ahí tiene un centro importante.  Un centro de estudios: ellos no tienen ‘representatividad’  política, pero es importante, porque allí van… ¿cuántos muchachos  van, cómo van los cursos?”.

La pregunta puso en evidencia que la escuela era un sello  inexistente sin ninguna representatividad: “En realidad, no  contamos ni con una sede central. Las contribuciones individuales de los compañeros no alcanzan para absorber las  necesidades organizativas de todos los compañeros…”.

Perón zanjó la situación recurriendo a la historia y contando  que en 1944 habían inaugurado escuelas sindicales  en todos los sindicatos: “Durante diez años funcionaron las  escuelas sindicales. Hicimos escuelas políticas en todas las  provincias. Creamos acá una Escuela Superior Peronista,  que era la escuela de especialización de la conducción. Ustedes  no tienen una idea de cómo se elevó el horizonte intelectual  de los dirigentes… Ya hemos empezado con las  escuelas sindicales, ya está en marcha en cada sindicato una  escuela…”. Le prometió a Laiácona reunirse con ellos. Y les  recomendó que no tuvieran compromisos con nadie: “Ustedes  deben ser cualquier cosa menos políticos. […] Ustedes  han de estar tranquilos que yo los voy a llamar y vamos a  conversar y vamos a destinar todo lo que sea necesario ahí”.

Entusiasmado por la receptividad de Perón, el representante  de la Escuela dijo que iban a imprimir un folleto titulado  “Catecismo peronista”. El líder respondió que se lo enviaran a  Esquer103 y que él les haría un “prologuito”. El diálogo entre  Perón y Laiácona continuó y éste pudo explayarse sobre la  doctrina y los cursos de organización que dictaban.

Incómodo por el cariz que tomaba la charla, un miembro de  la Tendencia (no identificado en la transcripción) pidió regresar  al tema principal del encuentro, que era la organización y  representatividad de la juventud. Resulta ilustrativo el diálogo  entre Perón y este representante de la Tendencia, que insiste  sobre la existencia de grupos que pagaban a los jóvenes para  usarlos como matones, en obvia referencia a algunas de las  organizaciones de la derecha de la juventud allí presentes.

PERÓN Y LA TRIPLE A  PERÓN (desconociendo la alusión): Hay muchas organizaciones,  por eso no están organizadas.

TEND. REV.: […] Se ha hecho bastante, ¿no es cierto? Y esto  es bueno tenerlo en cuenta, sobre todo en algunas de las  organizaciones de la juventud. [Una] juventud que más o  menos trabaje, […] porque uno se junta con cien personas  y saca un grupo…

PERÓN: ¡Si sabré yo eso…!

Los miembros de Montoneros trataban de demostrar que  de todos los presentes, ellos eran los únicos auténticos representantes  y que los demás eran “sellos”. Perón parecía darle  la razón y con la ironía de siempre respondió:

PERÓN: Sí, claro. Sí, grupos, pero son todos grupos (risas).

TEND. REV.: O sea, un grupo de esos que no movilice a nadie,  que tiene su grupo y que no crece…

PERÓN (pacificador): Bueno, pero a ese no hay que pegarle,  hay que llamarlo y decirle: “¡Vení, metete aquí, quedate  quieto!” (risas).

En este punto el representante de la Tendencia puso el  acento en la manipulación de los congresos partidarios controlados  por la ortodoxia del movimiento: “Porque en una  mesa de congreso es muy difícil, […] se inventan sellos, etc.,  y entonces no se puede ver quién es realmente…”.

Perón respondió entonces que sería el Consejo Superior del  Movimiento Nacional Peronista el que debía ocuparse: “A mí  me dejan de grupo, como le dicen (risas). ¡A elegir! ¡A elegir!”.

El miembro de la Tendencia intentó salir del clima jocoso  y pidió que se hicieran propuestas para concretar el proceso  de organización. Probablemente estaba convencido de que apenas advirtiera el General que ellos eran quienes poseían  una considerable fuerza entre la juventud, no tendría otra  alternativa que aceptarlos como tal. Pero el líder, por toda  respuesta, les recomendó que se reunieran entre ellos y se  pusieran de acuerdo, a sabiendas de que eso era imposible.  Ninguno de los allí presentes —más allá de su representatividad  efectiva— estaba dispuesto a discutir con el “enemigo”.

Esa fue la última intervención de la Tendencia en la reunión.  A partir de ese momento permanecieron callados. Y  los que tomaron la palabra fueron los representantes de los  grupos vinculados con la ortodoxia.

Gustavo Made, miembro de las Brigadas, pidió que se hablara  de la formación de clubes juveniles, ateneos barriales y la  incorporación de muchachas para la Reconstrucción Nacional.

La respuesta fue una larga y nostálgica exposición de  Perón sobre lo realizado en 1950 con fondos de la Fundación  Eva Perón. Recordó que en la quinta presidencial de Olivos  hicieron un centro de la UES femenina: que tenían piscinas,  canchas de básquet y de tenis, teatro vocacional, gimnasios.  “Para los muchachos teníamos Núñez, al lado de River. Allí  teníamos once canchas de fútbol. Teníamos un autódromo,  con autos de carrera que nos regalaban esos que venían a correr  al autódromo y los muchachos corrían con esos automóviles,  y se iban haciendo automovilistas. Teníamos, además,  un teatro grande, donde dábamos funciones normalmente  con los muchachos. ¡Si nosotros llegamos a dar en el Colón,  un 25 de Mayo, el día de la fiesta de gala en el Colón, toda  una función con los chicos y las chicas!”

Entusiasmado con sus recuerdos prosiguió: “¡Hay que ver  qué función salió! ¡Formidable! Con esa frescura que no le  dan esas bailarinas viejas… (risas). Bueno, allí nosotros llevábamos  por domingo, cuarenta a cincuenta mil muchachos. Eran de todas las escuelas profesionales y de las escuelas  secundarias. […] yo tuve la iniciativa de formar los clubes  de barrio. […] Nosotros tenemos un Ministerio de Bienestar  Social que debe ocuparse de eso”.

La sola mención del ministerio que manejaba su hombre  de confianza López Rega produjo escalofríos entre los miembros  de la Tendencia. Todos sabían que desde allí habían  partido los vehículos con armas que abrieron fuego durante  el acto de Ezeiza. El sentimiento de satisfacción entre los  jóvenes de la derecha, en cambio, fue evidente.

A su turno, habló Roberto Galloso, miembro de la temible  CNU, quien planteó que la juventud estaba sumida en una  gran confusión debido a la “sinarquía internacional” que utilizaba  diferentes herramientas para sus fines. Entre esos nefastos  instrumentos Galloso señaló las distintas leyes universitarias  y el terrible despilfarro humano que se había realizado  con la universidad argentina. En su opinión, habían destruido  la obra comenzada por Perón para lograr una verdadera universidad.  Su preocupación se vería satisfecha meses después  con la aprobación en el Congreso de la nueva ley universitaria.  Pero habría que esperar hasta marzo de 1974.

“Esperamos —continuó Galloso— que bajo su mando y  bajo su doctrina, que es la luz […] podamos alguna vez poner  también en el frontispicio de nuestra universidad, aquel  lema de los griegos ‘Todo en su medida y armoniosamente’ y  fundar una verdadera universidad al servicio de la Nación.”

Nadie ignoraba que Rodolfo Puiggrós era el rector interventor  de la ahora llamada Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires, y simpatizaba con Montoneros. Fundar una “verdadera universidad”, como proponía el dirigente de  la CNU, significaba echar por tierra lo que se estaba haciendo  en los claustros dirigidos principalmente por jóvenes de la  Tendencia. No faltaba mucho para que se dirimiese la lucha  entre la derecha y la izquierda peronista por la conducción  en la universidad. Finalmente el triunfo sería de la derecha.

El dirigente de la CNU insistió en que en las aulas debía  estudiarse la Doctrina Peronista, dejando bien en claro  su repudio a otras manifestaciones ideológicas. ¿Cuál fue la  respuesta de Perón? “Muy bien. Perfectamente. Totalmente  de acuerdo.”

Miguel Rey, del FEN-OUP, explicitó aún más el problema  de la organización de la juventud. Estaba de acuerdo  con que fuera a través de elecciones o un congreso. Pero si  se trataba de encontrar un denominador común “entre las  distintas concepciones”, eso ya estaba establecido en la doctrina  del peronismo, diferente tanto del capitalismo como  del marxismo. Además, en referencia implícita a algunos  presentes, se refirió despectivamente a “los caudillitos”.

La respuesta de Perón a Miguel Rey era también una  respuesta por elevación al joven de la Tendencia que había  hablado por última vez. Dijo que estaba de acuerdo porque  “lo que es importante, hijo, es entender que organizar, en  primer lugar, implica la necesidad de discernir perfectamente  bien la gente que ha de dirigir el Movimiento en conjunto.  Es decir, la juventud argentina no va a valer por la cantidad  de muchachos que junte ni por el dominio que tenga en el territorio.  Va a valer por la clase de dirigentes que la encuadre y la conduzca. Las masas no valen por su número, no, no.  Valen por la clase de dirigentes que tienen al frente.”

Continuó con la idea de crear un Ministerio de la Juventud  y de Deportes y felicitó a Jorge Caterbetti, de la Juventud  Sindical Peronista, cuando planteó que había que “limar  asperezas” para la uniÞ cación de la Juventud Peronista.

Caterbetti reivindicó la doctrina peronista y la comunidad  organizada, y justificó la escasa movilización de sus  militantes debido a que “nosotros movilizamos a realmente  trabajadores, e indudablemente movilizarse significa, en  estos duros tiempos que vive el trabajador argentino, una  pérdida de dinero, que es importante tenerlo en cuenta”. Dio  a entender que a nivel universitario era más fácil movilizar  a los estudiantes, en clara referencia a la Tendencia. Perón  nuevamente demostró su satisfacción y lo felicitó: “¡Este es  el espíritu que debe impregnar a todos! […] Nada de intereses  parciales. […] Porque yo he visto que muchas veces hay  algunos que se tienen rabia con otros, ¡y no los conocen! (risas).  Esto lo he observado en esta organización. ‘Le cortaría  la cabeza’, y yo les pregunto ‘¿Lo conoce?’. ‘No, no lo conozco’  (risas y aplausos). […] Pongo a disposición de ustedes la casa  para poder disponer del local para hacer las reuniones y conversar.  Porque el Movimiento tiene su rama Masculina organizada,  Femenina organizada, la Confederación General  del Trabajo y las 62, perfectamente organizadas. Porque…  que están organizadas, no hay lugar a dudas. ¡Muy bien!  ¡Falta la juventud!”.

El desarrollo de ese encuentro y el paulatino cambio en el  protagonismo que Perón le fue dando a cada una de las organizaciones  preanunciaba más tensiones y enfrentamientos en el interior del movimiento peronista. La reunión terminó  con el elocuente silencio de Montoneros, que se retiró con un  amargo sabor en la boca. Perón no los había avalado como ellos  esperaban, había despreciado la capacidad de movilización y  festejado y felicitado a sus enemigos mortales. Por su parte,  los representantes de la ortodoxia habían dicho lo que Perón  quería escuchar: acatar las decisiones partidarias, crear clubes  de barrio, escuelas infantiles, canchas de fútbol para los niños  y la práctica de todos los deportes. La reconstrucción nacional  y el modelo de país que proponía el general Perón exigía disciplina  organizativa y doctrinaria y la conclusión que dejaba  el cónclave era que debía asumirse incondicionalmente la doctrina  peronista y la comunidad organizada. El entusiasmo y  las coincidencias explicitadas por el líder estaban dirigidos a  los enemigos de las organizaciones de izquierda allí presentes.

En consecuencia, quienes salieron a la calle entusiasmados  fueron aquellos que representaban a la ortodoxia peronista.  Perón había reivindicado a la CGT, a las 62 Organizaciones,  al Comando Superior del Partido Justicialista y, además, al  ministro de Bienestar Social… en Þ n, a aquellos que condenaban  toda consigna que exaltase a la patria socialista. De  esa reunión algunos partían victoriosos y otros disconformes,  o tal vez desazonados porque el líder revolucionario invocado  una y otra vez no era el mismo que tiempo atrás los alentaba  a realizar una revolución por medio de las armas.

Cada grupo abordó sus automóviles, recogió sus armas y  se preparó para vivir un futuro que no prometía nada bueno. Ese mes reaparecía un antiguo dirigente del Comando Nacional  de la Alianza Libertadora Nacionalista, Juan Queraltó.  En una conferencia de prensa en la ciudad de La Plata  expresó que volvía a esa ciudad después de veinte años de  ausencia a “montar nuestro fortín para desde aquí dirigir  los destinos del movimiento nacionalista en la provincia…”.  El propósito era trabajar por la candidatura del general Perón.  El dirigente afirmó: “Estamos en contra del marxismo  y nuestra lucha es una lucha ideológica, pero si el enemigo  nos lleva al terreno de la violencia encontrará la respuesta  que corresponda. El propósito de la Alianza es ofrecerle a  Perón una herramienta nacional para que él la utilice en la  lucha por la reconstrucción nacional”. Luego habló Rodolfo  Jalk, jefe del Comando Provincia: “Nadie ignora que en los  cuadros del gobierno provincial y en los puestos clave de la  Universidad de La Plata hay gente que está trabajando para  el marxismo. […] La Alianza está trabajando para saber  quién es quién en la provincia”, y al respecto señaló que la  Alianza estaba presente en catorce provincias.

Estas palabras eran pronunciadas en la provincia gobernada  por Oscar Bidegain, quien estaba organizando el Operativo  Dorrego donde trabajarían codo a codo el Ejército, la  Tendencia y Montoneros. No era una simple coincidencia que  los atentados se incrementaran con la aparición del antiguo  y violento personaje mientras las autoridades partidarias  mantenían un significativo silencio ante tales declaraciones.

Las advertencias de Queraltó no habían caído en saco roto.  La ciudad de La Plata era escenario de extrema violencia  por parte de grupos parapoliciales. El día 14 ametrallaron el  Ateneo 20 de junio, de la JP; el 17 dinamitaron el comedor  universitario y provocaron grandes destrozos. Al día siguiente,  colocaron una bomba en el cine donde se exhibía la película  Estado de sitio, un film de Costa Gavras que exaltaba a la  organización guerrillera uruguaya Tupamaros.

Perón y la Triple A
Primera investigación historiográfica que pone al desnudo la relación entre Perón y la Triple A y las veinte advertencias que sistemáticamente formuló a Montoneros entre el 20 de junio de 1973, fecha en que regresó al país luego de dieciocho años de exilio, y el 1 de julio de 1974, día de su muerte, y que da por tierra con los mitos de la Triple A como creación de López Rega y del Plan Cóndor como diseño de la dictadura.
Publicada por: Sudamericana
Edición: 1ra
ISBN: 9789500752497
Disponible en:Libro de bolsillo

 

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