Periodismo Justo

Medias verdades

El sistema electoral utilizado en Tucumán está pensado para beneficiar al oficialismo. Combina lista sábana y acoples (un artificio similar a la Ley de Lemas). Hubo 50 mil candidatos. Está en sintonía con la voracidad de poder de su principal ideólogo: el tres veces gobernador José Alperovich. El día de los comicios fueron quemadas 42 urnas y se agredió a varios gendarmes que custodiaban los centros de votación. En las semanas previas campeó el clientelismo alentado por unos y otros. Esas imágenes bochornosas quedarán en el top ten de las más tristes que se recuerden desde el retorno de la democracia en 1983. A dos semanas de la votación los dirigentes opositores no pudieron demostrar de manera fehaciente que la retahíla de irregularidades haya tergiversado el resultado final de la elección. La responsabilidad y la sensatez murieron en el camino que va desde el “aquí no pasó nada” al “nos robaron la elección”. A menos de dos meses de los comicios presidenciales, la dirigencia política ingresó en un peligroso vale todo. “¿Dijiste media verdad?, dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad”, escribió el poeta Antonio Machado. Vale para todos.


Los candidatos del Acuerdo del Bicentenario -el frente electoral integrado por la UCR, el PRO, el Frente Renovador, el PJ disidente y los socialistas, entre otras fuerzas- insisten en denunciar fraude y pidieron primero la apertura de todas las urnas y luego la nulidad de las elecciones. La justicia electoral tucumana rechazó los planteos. La quema de urnas, la supuesta complicidad de algunos funcionarios del correo, las divergencias entre lo que contabilizaron los fiscales y lo que figura en las planillas de algunas mesas alentaron los reclamos. La idea de un fraude masivo no coincide con algunos datos de la realidad: la oposición ganó las cuatro ciudades más importantes de la provincia, incluida la Capital; se abrieron casi todas las urnas recurridas (un cincuenta por ciento según el Presidente del Tribunal Electoral) y las cifras generales coinciden, con alguna variación, con el resultado de las PASO en la provincia.

Para Scioli las denuncias de fraude son infundadas y tienen dos objetivos claros: pegarlo a prácticas repudiables (convengamos que esto no es difícil si se tiene de aliado a Alperovich) y preparar el terreno para una denuncia similar en las elecciones nacionales. Cerca del gobernador de Buenos Aires reflexionan: “Siempre que Macri pierde una elección denuncia fraude. Lo hizo en Santa Fe, donde se votó con boleta única, y en Salta, donde se utilizó el voto electrónico, los dos sistemas que recomienda”.

La batalla de Tucumán operó como amalgama de los dos grandes sectores que disputan el poder en Argentina. Macri, Massa, José Cano, Ernesto Sánz y Margarita Stolbizer, se mostraron juntos por primera vez para pedir transparencia y el cambio del sistema electoral para Octubre próximo. Algo que quedó desechado. Las conversaciones entre las segundas líneas de cada fuerza continúan y podrían terminar en un acuerdo de fiscalización conjunta de las elecciones presidenciales y, de haber segunda vuelta, en un pacto político más amplio.

El peronismo también cerró filas junto a Scioli. Una docena de gobernadores sintió sobre su propia humanidad las acusaciones de clientelismo y el mote de “feudalismo” que le dispararon desde la oposición. No sólo salieron a respaldar al candidato a Presidente del Frente para la Victoria, también corrieron en auxilio de Alperovich. El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, aprovechó la ocasión para deslizar cómo sería un eventual gobierno del ex motonauta en relación a Cristina Kirchner. “Cuando Scioli conduzca el país, inmediatamente va a conducir al peronismo. Pretender que sea de otra forma es no entender la lógica de la política acá y en cualquier lugar del mundo. La conducción política del PJ la tiene quien maneja el poder de la lapicera”, señaló en una entrevista con el diario Clarín. Cerca del bonaerense, por lo bajo, celebraron la definición.

Lo cierto es que los comicios tucumanos terminaron enfrentando como nunca antes a los candidatos a presidente con más posibilidades de suceder a Cristina Kirchner. Daniel Scioli le exigió a “su amigo” Mauricio Macri que reconozca el triunfo del oficialismo y lo acusó de haber viajado a Tucumán a agitar a la población. La primera movilización popular en San Miguel terminó con una brutal represión de la policía. Por su parte, el Jefe de Gobierno porteño fue durísimo con su antiguo compañero de tertulias por no condenar “los graves sucesos” ocurridos en la cuna de la Independencia “antes, durante y después” de la elección. Semanas atrás se habían cruzado reproches por las inundaciones en territorio bonaerense.

Es sólo el comienzo. La pelea es a todo o nada. Los dos tienen en común ser millonarios (aunque las declaraciones juradas que ambos presentaron aparezcan sorprendentemente modestas). Los dos son exitosos y populares. Los dos tienen a su lado mujeres bellas e inteligentes. Los dos apoyan a Marcelo Tinelli como presidente de la AFA. Pero nada más. La relación personal, dicen los que los conocen, se quebró definitivamente.