domingo 21 de octubre
Periodismo Justo

Con una ayudita de mis enemigos

El ingeniero Mauricio Macri, líder de un pequeño partido de centroderecha, está muy cerca de convertirse en Presidente de la Nación. La arquitectura de este sueño le pertenece enteramente. Su construcción contó con la inestimable ayuda de sus enemigos políticos: Cristina Kichner, Daniel Scioli y Aníbal Fernández. El Jefe de Gobierno porteño tuvo algunos aciertos políticos notables que articuló, incluso, desafiando a sus principales auspiciantes en esta elección: el grupo Clarín y los grandes empresarios.


Le corresponden a Macri y, en todo caso, a sus asesores de mayor confianza las primeras dos grandes apuestas que le otorgaron alas a su objetivo presidencial. Hace un año y medio comprendió que para llegar a la Casa Rosada debía prescindir del peronismo. Después de las idas y vueltas de su anterior acuerdo con Francisco De Narváez y Sergio Massa, entendió que nunca podría garantizarse la lealtad de compañeros tan ambiciosos. Además, ambos dirigentes peronistas lo consideraban un socio menor en cualquier idea de coalición. Tampoco podía garantizarse su lealtad, un concepto que ha ganado una insoportable levedad dentro del movimiento fundado por Juan Perón.

Contra la opinión de propios y extraños, soportando la presión impiadosa de grandes empresarios y editorialistas (el famoso círculo rojo), rechazó cualquier acuerdo con Sergio Massa para estas elecciones. Hasta De Narvaéz renunció a una eventual postulación por el Frente Renovador para propiciar una alianza. Claro que después anunciaría su apoyo a Scioli. Lo cierto es que Massa y su candidato a gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, le terminaron “comiendo” votos a Scioli y no a María Eugenia Vidal. Fue todo ganancia. Ahora, aunque parezca lo contrario, quien tuvo que ir al pie del ex presidente de Boca fue el ex intendente de Tigre. El miércoles pasado, flanqueado por José Manuel De la Sota y Roberto Lavagna, el diputado Massa le expresó su adhesión sin que le tuviera que dar nada a cambio.

La otra gran jugada fue lograr que un radicalismo en desbandada terminara otorgándole la estructura territorial que le faltaba para cosechar votos por el interior del país. Fue clave la tarea silenciosa que hizo Emilio Monzó, peronista y ex ministro de Daniel Scioli, quien como principal funcionario político de Macri tejió acuerdos en casi todas las provincias. Con los números puestos el senador Ernesto Sánz, su parteneire en esa movida, suspiró aliviado. “Logramos 49 intendencias en Buenos Aires, un vice gobernador y ampliamos a tres las provincias gobernadas por la UCR”, dijo orgulloso. No se puede decir que Sánz haya inaugurado el pragmatismo en su partido. Antes del acuerdo que incluyó a Elisa Carrió ya había radicales trabajando con el kirchnerismo, con los socialistas y con el PRO.

Después vinieron otras dos apuestas a todo o nada. Cuando decidió nominar a María Eugenia Vidal como candidata a la gobernación de Buenos Aires y confrontar con Gabriela Michetti por la sucesión en el gobierno porteño. En los dos casos, le legión de periodistas y empresarios que suelen adularlo lo criticaron duramente. Vidal era casi una desconocida y Michetti era “la dueña de los votos”. Las dos decisiones le generarían un costo político irremediable, le advirtieron. No se inmutó y las urnas le dieron la razón: Horacio Rodríguez Larreta fue electo Jefe de Gobierno porteño y María Eugenia Vidal le arrebató al peronismo la provincia de Buenos Aires en una elección histórica que lo colocó en la segunda vuelta electoral.

La otra decisión polémica fue cambiar el discurso en medio de la campaña. Moderó sus planteos de menos regulación. Reivindicó políticas y decisiones del kirchnerismo. Dijo que dejaría en manos del estado a las empresas YPF y Aerolíneas Argentinas. Escondió a Carlos Melconián y mostró a Rogelio Frigerio y Alfonso Prat Gay. En un eventual gobierno de Cambiemos habrá que ver para saber.

Los mercados “celebraron” el lunes su ingreso al balotaje con una suba de títulos y acciones. Para esos sectores que mueven los hilos de las finanzas habrá cambios importantes. Los Fondos Buitre, a los que les aseguró un acuerdo inmediato, y las corporaciones financieras y las patronales del campo, que imaginan una devaluación, expresaron su satisfacción. También la agenda internacional de la Argentina cambiará. Se abrirán dudas sobre el proceso de integración regional y es posible anticipar un acercamiento a los Estados Unidos.

Hay que decir también que Elisa Carrió y los medios de comunicación más enfrentados al gobierno se hicieron cargo de la lucha en el barro y triunfaron. No es poco pero Mauricio Macri no estaría en esta situación de privilegio sin la ayuda de sus rivales. Cristina Kirchner acordó con Daniel Scioli y decidió bajar de la puja interna a la presidencia a Florencio Randazzo, a quien había impulsado durante meses a dar pelea con el gobernador. Logró así colocar a Carlos Zanini, un dirigente de su mayor confianza, como candidato a vicepresidente. También armó todas las listas de legisladores nacionales. Evitó así una derrota en la interna que podría interpretarse como suya y consolidó una fuerza relativa en el Congreso. Randazzo, desairado, tomó una decisión polémica: no aceptó ser candidato a gobernador de Buenos Aires. No fueron pocos los militantes que se sintieron confundidos y sin contención. Tenían que trabajar por un candidato demasiado parecido a su principal contendiente.

La presidenta entonces cometió un segundo error: armó una primaria a la gobernación bonaerense entre Julián Domínguez y una fórmula “bien kirchnerista”: Aníbal Fernández y Martín Sabbatella. En esa puja pasó de todo. Hasta una denuncia por narcotráfico armada en un penal de la provincia de Buenos Aires para la televisión. A pesar de las sospechas que se proyectaron sobre su figura, el Jefe de Gabinete ganó la elección. Fernández, de excelente llegada a los sectores del kirchnerismo puro y de gran compromiso con el gobierno al que acompaña desde 2003, tiene una pésima imagen entre los sectores independientes por su estilo verborrágico y provocador. Arrastra también el desgaste de toda la gestión. El titular del AFSCA, a su vez, era muy cuestionado por los intendentes justicialistas a los que nunca se escuchó. Es sabido que no se puede ganar una elección sólo con los convencidos. Ni Jaime Durán Barba, el asesor ecuatoriano de Macri, hubiese armado una fórmula más funcional a los intereses del PRO.

Cómo dato significativo vale consignar que el peronismo perdió en Quilmes y Morón, los distritos de Fernández y Sabbatella respectivamente. Pero es injusto apuntar la responsabilidad de la debacle sólo al Jefe de Gabinete como hacen desde el gobierno provincial y en algunos despachos de la Casa Rosada. La mala gestión de Daniel Scioli en la provincia hizo su contribución. El voto selectivo fue fenomenal. Scioli le ganó a Macri por 400 mil votos para Presidente pero Fernández sacó 400 mil menos que Vidal en la categoría Gobernador. También hubo 370 mil bonaerenses que votaron a Massa pero no a Felipe Solá. Es decir que 770 mil personas cortaron boleta a favor de la candidata de Cambiemos.

A pesar del sombrío panorama para sus aspiraciones, Daniel Scioli no se da por vencido y apelará al voto histórico del peronismo. Lo que parecía un paseo antes de la primera vuelta electoral, se convirtió en una pesadilla. Los argentinos que no votaron ni por Scioli ni por Macri –muchos de lo que elegieron a Massa– decidirán quién gobernará la argentina desde el 10 de diciembre. Se enfrentan dos dirigentes con muchos puntos en común pero que aseguran representar dos proyectos bien diferentes. Como siempre, el peronismo estará en los dos lados del mostrador.

 

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