Periodismo Justo

Lula y los fachos de la red

Esta mañana di mi opinión en Guetap (Vorterix.com) sobre la detención y el traslado a tribunales del ex presidente Lula da Silva. Hace años que sigo el caso. Viví en Brasil y tengo múltiples contactos en el mundo de la política y el periodismo. Sabía que esto iba a pasar. Estoy convencido de que a Lula le cobran sus aciertos y no sus eventuales errores o supuestos delitos. ¿Quienes? El poder económico concentrado y la poderosa red O Globo. Es lo que pienso a partir de la información que manejo. Siempre que opino ante una audiencia tan diversa y pluralista como la de Guetap se disparan comentarios críticos a favor o en contra. Pero hoy me sorprendió el nivel de virulencia e intolerancia de esos comentarios. Suelo decir en la radio que no quiero que nadie piense como yo, sólo aspiro a que piensen. Pero el aluvión de insultos volcados en Twitter me recordó una nota que escribí en octubre de 2008 en el Diario Crítica: Los fachos en la red. Tiene una sorprendente vigencia y por eso vuelvo a publicarla:


Los fachos de la red

¿Son tantos como parecen? ¿Son gente común que va al trabajo, hace el amor, ayuda a sus hijos con las tareas de la escuela y antes de dormir le dedica unos minutos a internet? ¿Son todos como esos jóvenes musculosos que levantan el brazo derecho en los actos organizados por Cecilia Pando? ¿O se trata de ciudadanos honestos que pagan sus impuestos y escriben a los medios como “la mejor manera de participar en política”? ¿Estaban desde antes o aparecieron todos después de la pelea del Gobierno y las entidades del campo? ¿Por qué si nosotros tenemos tantas dudas, ellos sólo exhiben certezas? Son los fachos de la red, los titanes de internet, los justicieros.

Cuando se enojan, y todo el tiempo se enojan, son incansables, hirientes, jodidos. Además, aunque suenen confusos o tengan problemas de expresión, están convencidos. Están muy convencidos y eso es lo importante. Desde esa convicción de hierro insultan, amenazan y prometen todo tipo de represalias contra el autor en cuestión. Dicen por ejemplo que, más temprano que tarde (perdón Salvador Allende), harán tronar el escarmiento.

Son duros. Adoran las chicanas. Evitan discutir sobre argumentos. Se ocultan en el anonimato que permite la horizontalidad democrática de la web –una de las grandes virtudes de internet, por cierto– y desde las sombras disparan contra el traidor, el débil, el vende patria. De esta manera hacen justicia virtual. Transforman sus teclados en espadas vengadoras. Disparan comentarios como misiles.

Parados sobre sus banquitos invisibles, levantan los dedos acusadores. Dan lecciones de periodismo, historia y alta política. Se ubican a la izquierda o a la derecha de la pantalla. Depende el día, depende el tema. Cada tanto exigen indignados: “¿Por qué no hablan más de inseguridad? Nos están matando a todos –advierten citando números y encuestas–. Los delincuentes están en la calle y vos lamentando la muerte de Nicolás Casullo”.

Siempre tienen razón. Quien no piense como ellos está equivocado. Quien no acuerde con sus opiniones es el enemigo, o un escriba pagado por el Gobierno, o un mercenario bancado por la oposición y las multinacionales, un agente de la patria mediática, un miembro de la sinarquía internacional o un comunista solapado. Depende el tema, depende del día. Como decía mi abuela: cree el ladrón que todos son de su condición.

Eso sí, no admiten medias tintas. Quieren que todos se definan. Es blanco o es negro. En realidad, quieren más blanco que negro. Se indignan por el hambre pero abominan de los hambrientos. Se conmueven por la desigualdad pero repudian los métodos de reclamo popular. Creen que todo aporte del Estado a los sectores carecientes es como darles margaritas a los chanchos. Afirman que todo dirigente social está comprado. Que todos los empleados públicos son vagos. Gozan con la división. Creen que estamos en guerra y que es necesario elegir bando. No rescatan nada de nadie. Ven en cada error una conspiración.

Forman una rara legión imposible de clasificar por sus ideas. Hay kirchneristas doloridos y antikirchneristas virulentos. Hay gorilas de todo pelaje y peronistas de cualquier sector. Hay liberales y golpistas. Todos unidos por la intolerancia. Algunos hasta se animan a levantar las banderas del racismo. Participan orgullosos de una suerte de vale todo verbal.

Hay temas que los ponen especialmente locos: las notas sobre condenas a represores –sugiero repasar los comentarios que se suscitaron en la web por el traslado de Jorge Rafael Videla a una cárcel común. Las cuestiones que apunten a defender la programación familiar o el debate sobre la despenalización del aborto. Una nueva ley sobre la forma de castigar el consumo de drogas despierta un tsunami de comentarios rabiosos e ignorantes. El ranking sigue con las peripecias de los ex Montoneros –algunas de verdad impresentables–, los despistes de los piqueteros, los aciertos de los K, los enchastres de los K y algunos más.

Son los fachos de la red. Los titanes de internet, los que garantizan cien por ciento lucha debajo de cada nota.

Conviene no hacerlos enojar.