Periodismo Justo

Periodismo incómodo

“Falta de comodidad, molestia, disgusto, enojo”. Según la Real Academia Española eso es lo que significa la palabra incomodidad. Te preguntarás por qué fui hasta al diccionario. Ocurre que esta mañana un vecino, tal vez enganchado con el aluvión mediático generado por la entrega de los últimos premios Martín Fierro, me preguntó: ¿Cómo sabés si un programa periodístico es bueno? Contesté sin pensar demasiado: “Un buen programa es el que cumple con tus expectativas, el que te gusta. El que está hecho por gente a la que le creés aunque no coincidas”. Cuando llegué a mi casa recordé algo que una vez me dijo Ernesto Tenembaun sobre que el buen periodismo debe generar incomodidad. Comparto esa idea. Cuando vuelva a cruzar a mi vecino se lo explicaré de esa manera.


Un buen programa periodístico debe ser incómodo. Incómodo para todos los gobiernos (nacional, provincial o municipal); incómodo para los políticos de la oposición; incómodo para los grandes actores de la economía; incómodo para los anunciantes que lo apoyan y sustentan e, incluso, incómodo para los empresarios que lo emiten. Funciona como un test de calidad e independencia. Podés preguntarte: ¿Para quién es incómodo este programa? Si sólo es incómodo para el gobierno o sólo inquieta a la oposición no es un buen programa periodístico. Si un programa se mueve sólo por la agenda y los intereses políticos o económicos del medio de comunicación que lo pone al aire o sólo responde a las directivas de los funcionarios de turno que lo apañan o subsidian, no es un buen programa periodístico. Tampoco si evita temas o calla por temor a eventuales represalias de algún anunciante. Y menos aún si protege o promociona a algún candidato opositor.

En definitiva un buen programa periodístico debe ser incómodo para todos menos para los oyentes o televidentes que lo siguen. Ellos son los socios invisibles que merecen un periodismo honesto y riguroso, un periodismo incómodo.