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⏩: todos somos Zero Freitas


(Continúa de Consejos para bulímicos culturales: libros)

«COLECCIONISTAS DE MÚSICA. Compramos cualquier colección. Cualquier estilo de música. Pagamos más que cualquier otro».

El aviso, publicado en 2013 en la edición norteamericana de la revista Billboard, fue pagado por Zero Freitas, un empresario brasileño, y rindió sus frutos: grandes coleccionistas de todo el planeta lo contactaron para venderle sus vinilos y CDs. En la actualidad su colección, la más grande del mundo, llega a los 8 millones de vinilos y «apenas» 100.000 compact discs.

A tres minutos promedio por tema y diez temas promedio por álbum, tiene 4.050.000 horas, o sea 168.750 días, o sea 462 años ininterrumpidos para escuchar canciones sin parar. Si no incorpora ningún disco nuevo, en abril de 2479 Zero (¡0!) concluiría su labor.

El resto de nosotros, deberemos encontrar estrategias para poner escuchar toda la música que querramos invirtiendo menos tiempo. Y menos dinero.

Antes la limitación económica acotaba nuestra colección de discos, cassettes y CDs y por ende el tiempo que invertíamos en escucharla completa. Era hasta factible volver a poner cada disco muchas veces. Primero los archivos MP3 y ahora YouTube y Spotify multiplicaron la cantidad de material disponible y redujeron drásticamente el monto a gastar: por menos del costo de un CD podemos pagar el abono mensual de Spotify y escuchar 30 millones de canciones.

Para que semejante cantidad de música no nos abrume, el primer paso es abandonar las canciones que le gustan al artista y elegir solamente las canciones que nos gustan a nosotros. Pasar de la idea de disco a la idea de playlist o lista de reproducción.

En Spotify hay, literalmente, 2 mil millones de playlists. El 50% de sus más de 100 millones de usuarios escuchan playlists creados por humanos ¿Cómo encontrar las que son para nosotros? Basándose en los temas que reproducimos, Spotify crea automaticamente dos playlists semanales a nuestra medida: «Descubrimiento semanal» y «Radar de Novedades». Cuanto más escuchemos lo que nos gusta y más salteemos lo que nos disgusta, estas dos listas serán más ajustadas a nuestras expectativas musicales. Educamos al robot que las arma.

Otro tip: si somos fans de una banda o un solista, basta con ir a la página de Spotify de ese artista y hacer click en la pestaña de información. Bajando, encontraremos playlists sobre nuestro admirado o sobre músicos similares:

Si aún así necesitamos un filtrado mayor, no nos gusta Spotify o seguimos prefiriendo el soporte físico para la música, el conductor de KCRW Tom Schnabel recibe entre 20 y 40 discos cada semana, que debe escuchar para su trabajo y tiene un particular método de depuración, que asegura infalible. Primero mira el arte de tapa en busca de signos que justifiquen abrirlo. Si pasa esta primera barrera, suele escuchar los primeros 30 a 60 segundos de los primeros cinco o seis temas. Los preseleccionados se dividen en dos pilas: aquellos CDs de los que ama al sello, al artista, etc. se los lleva a su casa y los escucha más en detalle en su equipo particular. Al resto los deja en su oficina y los escucha con fast forward. Así Schnabel llega a los finalistas, que formarán parte de su programa de cada semana. ¿El resultado? Júzguenlo ustedes mismos.

Lo que Schnabel descarte se llenará de polvo en algún desván. Hasta que un día, como TODOS LOS DISCOS DEL MUNDO, terminará en la colección de Zero Freitas, que seguirá compulsivamente acumulando música para no escucharla jamás.

Cuarto paso de Bulímicos Culturales Anónimos: “Nunca seremos capaces de escuchar toda nuestra música favorita, pero disfrutaremos de la que sí alcancemos a escuchar”.

Continuará…