jueves 19 de octubre
Periodismo Justo

Chicanas y derrapes

Como si se tratara de una suerte de toma y daca macabro. A quien pide por la aparición con vida de Santiago Maldonado en las redes sociales le tiran con Julio López, Luciano Arruga, María Cash o hasta Alberto Nisman. Basta un ejemplo: “Los que no percibieron nada raro con la muerte de Nisman y se cansaron de difamarlo preguntan dónde está Santiago Maldonado”, dijo en un tuit el periodista Pablo Sirvén. La frase no resiste el menor análisis. Otra vez la doble vara. Hay piquetes buenos y malos, protestas buenas y malas, muertos mejores que otros, desaparecidos de distinta calidad. Todo depende del cristal con que se mira. Si el hecho que se cuenta afecta más o menos al “gobierno de mis amores”. En la web la mano suele ser más rápida que el pensamiento.

Hasta Hebe de Bonafini cayó en ese juego patético. La presidenta de Madres de Plaza de Mayo, que dedicó su vida a procurar verdad y justicia sobre las víctimas de la dictadura, hizo una insólita diferencia entre dos desaparecidos: “Maldonado era un militante y Julio López era un guardiacárcel”, sorprendió a un periodista de Radio del Plata. Luego intentó morigerar los dichos pero era tarde: “igualmente no tiene que estar desaparecido pero no es lo mismo que un militante comprometido”. Rubén, el hijo del hombre que testificó contra el represor Miguel Etchecolatz en 2006 y luego desapareció, la desmintió de manera categórica. López se desempeñó como albañil toda su vida.

Como si participaran de un duelo de hinchadas, los defensores de Cambiemos perciben los pedidos masivos por el paradero de Maldonado como una “campaña del kichnerismo”. En el fragor de la pelea mediática no se permiten la menor crítica a las afirmaciones temerarias de la Ministra de Seguridad, Patricia Bulrich, que defiende lo actuado por Gendamería como si fuese una verdad revelada. Mirtha Legrand, admiradora declarada de Mauricio Macri, fue la encargada de exhibir con sus planteos las contradicciones de la funcionaria. Cada vez que a Mirta le toca interrogar, en su mesa televisiva, a un miembro del gobierno, deja expuestos con sus preguntas el nivel de sumisión al gobierno nacional de gran parte del periodismo argentino.

No todos los Mapuches pertenecen al beligerante grupo RAM. Ese grupo minúsculo no está a punto de lograr la independencia de la Patagonia. No son un desprendimiento del ISIS. La campaña para presentarlos como terroristas peligrosos provoca vergüenza ajena. En general, como casi todos los pueblos originarios “están en el último peldaño de la pobreza”. No sólo en el sur sino en todos los rincones del continente. Esa fue la frase que, alguna vez, utilizó el obispo Samuel Ruiz para explicar la situación de las comunidades de Chiapas en México.

Los pueblos originarios, no sólo los Mapuches, representan un desafío para la democracia. El Estado debe protegerlos no perseguirlos. La deuda con ellos no está saldada más allá del amparo que les otorga la Constitución Nacional. Siguen sufriendo discriminación, abandono y desamparo como hace siglos sufrieron la expropiación de sus tierras y el exterminio. El año pasado Amnistía Internacional, el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH) emitieron “un comunicado para alertar sobre la “estigmatización y persecución al Pueblo Mapuche”.  El obispo de Chiapas me lo explicó en una nota hace más de dos décadas: “Nadie ve a los indios. Son invisibles”. Nadie los ve salvo cuando reaccionan, cuando se defienden.

Sobre un hecho se pueden tener distintas interpretaciones. Diferentes lecturas subjetivas que surgen de acuerdo al posicionamiento político o empresario de quien lea lo que pasó. Lo único cierto es el hecho. Los hechos son objetivos. Un joven desapareció en medio de una refriega con una fuerza de seguridad. La principal responsabilidad de la búsqueda pesa sobre el gobierno. Mientras tanto pueden decir lo que quieran. Más allá de las batallas discursivas en la web o la tele, los derrapes y las chicanas, lo único trascendente es que Santiago Maldonado aparezca con vida.

 

8 comentario

  1. Muy buena manera de poner en palabras lo que pienso.Es muy triste ver como gente que aprecio comenta o comparte cosas en redes sociales como si fueran chicanas de fútbol estas cituaciones delicadas. Gracias por transmitir coherencia sietecase

  2. En este excelente artículo se le está dando voz a muchas personas que intentamos dejar a un lado las opiniones sesgadas a causa de simpatías políticas o ya directamente fanatismos partidarios.
    Tiene mucho de sensatez y sentido común, lamentablemente tan poco frecuente en el periodismo actual.

  3. Mas allá del juego de palabras que algunos han hecho, el responsable es el gobierno actual, quién es el que está administrando el Estado. No jodamos más, y digamos la verdad. Sobre todo para los que no estamos de acuerdo con toda la “información oficialista” dada por los mediocres bufones (pagos, of course) de los medios concentrados (uno de los verdaderos ganadores de este modelo arcaico y de exclusión y expoliación). Ojalá que puedan seguir existiendo los pocos medios serios – como éste – mas allá de que uno puede coincidir o no. De eso se trata la verdadera democracia, jaqueada en todo el mundo por el capitalismo postmoderno. (Y si no es así, cuidado con los “trolls” que reciben las órdenes de algunos aparentes y actuales representantes del pueblo).

  4. Vivo en la región donde hay comunidades mapuches, o sea que no hablo, en este caso no escribo sin saber. El RAM no existe como grupo , sector, o agrupación que sea ponderada por las comunidades mapuches como propia. Sus acciones, muchas de ellas atropellos y atentados , han sido reivindicados a través de comunicados y/o panfletos de dudosa originalidad; nunca un detenido, nunca un sospechoso … huele más a operaciones de servicios que a otra cosa.

Dejar un comentario