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Adelanto de «Los próceres y el dinero», de Mariano Otálora


¿Cómo fue que Rosas, uno de los mejores administradores rurales de su época, se convirtió en el hombre más poderoso de la Argentina y terminó su vida como un modesto granjero en Inglaterra? ¿Por qué Sarmiento fue acusado de haber dilapidado la fortuna de su esposa? ¿Qué relación hubo entre la «Campaña del desierto» y el súbito enriquecimiento de Roca? ¿Por qué Mitre tenía tantas dificultades para obtener préstamos de dinero?

Mariano Otálora responde aquí éstas y otras preguntas y descubre a los padres de la Patria en sus decisiones financieras más íntimas. Aplicando la máxima de «vicios privados, virtudes públicas» a la historia argentina, desenmascara la trama profunda que vinculó ambiciones, negocios y patrimonios personales con decisiones políticas y fondos públicos.

Un libro sorprendente y revelador que echa luz sobre un pasado ignorado e ilumina un presente demasiado conocido.

A continuación un fragmento, a modo de adelanto:

 

1- Bernardino Rivadavia

El primer presidente que entró en default y endeudó al país

Bernardino Rivadavia no fue solo el primer presidente de los argentinos, sino también uno de los primeros en aprovechar su cargo para su beneficio y el de un grupo de banqueros. Por momentos la historia de su patrimonio personal y los avatares políticos del país parecen tan vinculados que se hace arduo distinguir entre ellos.

Rivadavia fue un personaje controvertido. Ejercía como abogado, a pesar de no tener título. Más ambición que talento, lo acusaban de capitalizar los vínculos políticos de su padre. De generar la deuda externa nacional, de producir el primer default de la historia local y hasta de vender, ya fuera del gobierno, los muebles de su despacho presidencial. Son los secretos y negocios del primer presidente de la Argentina, que acabó como granjero estudiando para invertir en gusanos de seda.

 

Abogado sin título, comerciante sin fondos

Si bien los Rivadavia (o Gonzales Ribadavia como se los conocía por entonces) no eran una familia excepcionalmente rica a fines del siglo XVIII, la familia de Bernardino gozaba de un buen pasar gracias al cargo de funcionario real de su padre y de algunas propiedades.

Sin embargo, el joven Bernardino, nacido el 20 de mayo de 1780, no tuvo el tradicional viaje iniciático por Europa ni estudió en alguna importante universidad americana como la de Córdoba o Chuquisaca. De hecho, tampoco pudo terminar su educación formal.

A pesar de iniciar sus estudios en 1798 en el Colegio Real de San Carlos (actual Colegio Nacional de Buenos Aires), donde cursó gramática, filosofía y teología, abandonó todo en 1803. A los veintitrés años su padre le ordenó ocuparse de los negocios de la familia cobrando alquileres y armando pequeños barcos mercantes.

Su paso por el colegio le dio la oportunidad de establecer contactos decisivos para su posterior carrera política.

Rivadavia creció como un joven frustrado, tironeado entre la distancia de lo que pretendía y lo que la vida le otorgaba a cambio. Soberbio y ambicioso, contaba con la obstinación necesaria para procurarse lo que deseaba: ser el hombre más importante de Buenos Aires. ¿En el fondo lo que buscaba era superar a esa figura opresiva y todopoderosa del padre o era una revancha personal con sus vecinos porteños que lo ignoraban?

Como a otros jóvenes de la élite criolla, los vertiginosos cambios políticos en el Río de la Plata le abrieron oportunidades para su crecimiento económico, aunque mucho dependía de la suerte de la facción política que se apoyaba.

Por ejemplo, tras las Invasiones inglesas, Bernardino obtuvo como premio una propiedad rural en Uruguay: El Rincón de las Gallinas. Como su participación fue más bien discreta —era teniente del Tercio de Voluntarios de Galicia—, al parecer la recompensa fue el resultado de la amistad entre su padre y el nuevo virrey Santiago de Liniers. Más allá de aquel espurio donativo del Estado, Rivadavia no pudo usufructuar la propiedad, ya que se encontraba ocupada por los Haedo, quienes sostenían ser sus auténticos dueños. Un larguísimo y costoso juicio no logró que aquella estancia pasase a sus manos.

Para Bernardino los sinsabores no acabaron ahí. Poco después de adjudicarle aquellas tierras, y a pesar de la falta total de méritos, fue nombrado por Liniers en el importante cargo de alférez real. De manera rápida los opositores al virrey (liderados por Martín de Álzaga y Mariano Moreno) se levantaron públicamente en su contra y lograron que el Cabildo frenara su nombramiento. Este cargo era de suma importancia, ya que sustituiría al alcalde en caso de ausencia.

En el argumento figuraba el siguiente dictamen:

Perjudica su Excelencia notablemente las distinciones del cuerpo y sus recomendados privilegios para no admitir entre sus individuos personas incapaces: que en este grado se halla Bernardino González Ribadavia: que este no ha salido aún del estado de hijo de familia, no tiene carrera, es notoriamente de ningunas facultades, joven sin ejercicio, sin el menor mérito de otras cualidades que son públicas en esta ciudad y que hará patente el Cabildo a pesar de suponerse lo contrario.

El enfrentamiento con Moreno continuó durante aquellos años previos a la Revolución de Mayo, en especial en los tribunales de justicia donde Rivadavia ejerció como abogado a pesar de no tener título.

Posiblemente Bernardino haya tomado como revancha personal haber logrado la libertad del norteamericano Guillermo Pío White (procesado por colaborar con los ingleses durante la ocupación de Buenos Aires), por el que Moreno pedía la horca.

White era conocido en el Río de la Plata como un mercader pícaro y sinvergüenza. Con una larga lista de pleitos comerciales sobre sus espaldas, el norteamericano necesitaba de un abogado influyente como Rivadavia que lo mantuviera a salvo. El ambicioso Bernardino vio allí una oportunidad para enriquecerse y pronto pasó de ser defensor a fiador y posteriormente a socio comercial.

El tercer round judicial donde se enfrentaron Moreno y Rivadavia se dio cuando el primero llevó a aquella sociedad a tribunales acusándolos de defraudación. En el proceso judicial Moreno describió los antecedentes de Bernardino, pintándolo de cuerpo entero:

Sírvase Vuestra Señoría fijar la vista sobre la conducta de este joven. Ya sostiene un estudio abierto, sin ser letrado; ya usurpa el aire de los sabios sin haber frecuentado sus aulas; unas veces aparece de Regidor, que ha de durar pocos momentos; otras se presenta como un comerciante acaudalado, de vastas negociaciones, que ni entiende, ni tiene fondos suficientes para sostener, y todos estos papeles son triste efecto de la tenacidad con que afecta y ser grande en todas las carreras cuando en ninguna de ellas ha dado hasta ahora el primer paso.

Rivadavia y White lograron salir libres de aquel juicio. No obstante, los conflictos personales entre ambos llevaron pronto a la disolución de la sociedad.

 

Fracaso como inversor naval

Bernardino era un hombre poco agraciado físicamente. Petiso, de vientre abultado y labios anchos, su aspecto le ganó el apodo de “el sapo”. Sin embargo, su carisma atraía a hombres y mujeres por igual.

No fue casual entonces que solicitara con éxito la mano de Juanita del Pino, hija del difunto virrey y miembro de una de las familias más encumbradas y respetadas de Buenos Aires.

Para convencer a su futura suegra de que era el hombre adecuado para su hija no podía hablarle de un pasado plagado de fracasos y desprestigio, sino del futuro promisorio que le aguardaba, de sus planes para volverse un rico y poderoso comerciante. La “virreina” (como la llamaban a doña Rafaela, la madre de Juanita) cayó rendida ante las ilusiones que le pintaba el joven candidato y aceptó la unión. Poco después, y antes de concretarse el matrimonio, Bernardino le solicitó el adelanto de 5000 pesos de la dote para invertir en una posibilidad única: la adquisición de su propio barco mercante.

La dote representaba el patrimonio que la futura esposa o familia entregaban al novio y era proporcional al estatus social del futuro esposo. El hombre sería el encargado de administrar lo recibido como dote y en caso de producirse el repudio, separación o disolución debía devolverla.

No siempre estaba conformada por dinero o propiedades. Según el nivel social de las familias, en muchos casos la dote estaba compuesta por sábanas, toallas, ropa interior o vestidos que le permitían a la futura señora poder vestir por varios años.

Como martillero llegó a oídos de Rivadavia el dato del decomiso de una fragata en muy mal estado llamada Juan Federico. El ambicioso Bernardino vio ahí la oportunidad que estaba buscando y organizó el remate donde él mismo adquirió la embarcación por 29.000 pesos. Luego de un año de trabajo (y otros 15.000 pesos para ponerla en condiciones) y con el barco listo para zarpar, el fletador anterior puso un freno judicial aduciendo que la fragata estaba previamente hipotecada en Londres, por lo cual no podía ser adquirida por otra persona. En pocas palabras, nunca se debía haber rematado.

Mientras duró el proceso judicial, la fragata quedó anclada en el puerto de Buenos Aires bajo custodia pública. Cuando al final el virrey Baltasar Cisneros iba a emitir un fallo a favor de Rivadavia, estalló la Revolución de Mayo que lo removió del cargo. Carente de recursos, la Junta revolucionaria (de la que Mariano Moreno era su secretario) confiscó la fragata para ponerla al servicio del nuevo gobierno. La Juan Federico se volvió a escabullir de las manos de Bernardino.

Pero la mala suerte no terminaba allí. El 21 de enero de 1811, cuando parecía posible que le devolvieran la fragata, una tormenta hundió aquel barco en el fondo del Río de la Plata. Con una pérdida ya irrecuperable, Rivadavia hizo detener al antiguo fletador y le inició una demanda por 90.000 pesos por daños y perjuicios, pero no logró obtener ni un peso: el inglés era insolvente.

Los próceres y el dinero
Un libro que descubre a los padres de la Patria en sus decisiones financieras más privadas al mismo tiempo que revela la trama profunda de negociados y estafas millonarias que atraviesa la historia de nuestra Nación desde las primeras etapas de su conformación.
Publicada por: Sudamericana
Fecha de publicación: 08/01/2017
Edición: 1a
ISBN: 9789500759151
Disponible en:Libro de bolsillo