viernes 17 de agosto
Periodismo Justo

Montajes

Hace años que repito algunas frases dolorosas: la verdad dejó de ser importante; la justicia se mueve al ritmo de los poderosos; los grandes medios de comunicación son capaces de versionar la realidad, convertirla en ficción. Ellos que se quejan tanto de los relatos. Construyen los propios.


Estoy lejos de mi casa. El querido Tomás Eloy Martínez decía que los lugares extraños nos llenan de claridad. Y Serrat canta que de lejos se ve más claro. Tal vez.

Decidí tomar el menor contacto posible con la actualidad. Autopromesa de vacaciones pero no es fácil. Las noticias de Brasil se cuelan por todos lados. Lula preso. Una condena sorprendente: 12 años y un mes por recibir un triplex como soborno. El presidente más popular de la historia de Brasil negó en todas las instancias judiciales que esa vivienda fuese suya. Las pruebas que se argumentaron en su contra son endebles. Lo confiesan hasta los enemigos del líder metalúrgico. La empresa que supuestamente cedió el departamento llegó a ponerlo en garantía. ¿Cómo podría hacerlo si no le pertenecía?

Con todo, la gran prensa de Brasil ya lo había condenado en fallo inapelable, como cuando auspició la salida de Dilma Rousseff de la presidencia y apoyó la llegada de Michel Temer. Y allí ni siquiera hubo denuncias de corrupción.

Lula es el candidato a la presidencia con mayor intención de voto. Un ex general hizo una clara advertencia unos días antes del fallo del Tribunal Superior de Justicia que habilitó la detención: si Lula vuelve al poder, las Fuerzas Armadas deberán intervenir. Otra vez la idea de restaurar el orden. ¿Pero qué orden?

La maldita polarización le hace el juego al autoritarismo. Hay buenos y malos. Santos y corruptos. Venden la honestidad como ideología. Sorprende ver la multitud de compradores.

“A Lula se lo castiga no por las muchas cosas malas que hizo el PT en sus años en el poder, sino por las pocas cosas buenas que cambiaron la vida de muchos brasileños”. La explicación es de un colega carioca muy crítico del ex presidente pero con la suficiente independencia como para percibir que “algo huele mal en Dinamarca”.

Estoy leyendo una novela. Siempre lo hago cuando viajo en tren, esos dinosaurios que los gobiernos populistas no lograron revitalizar en América Latina y en Europa siguen siendo el transporte más valorado. Es un libro de Jorge Volpi. Se llama “Una novela criminal” (Premio Alfaguara 2018). El próximo 5 de mayo tendré el gusto de presentarla en la Feria del Libro de Buenos Aires. Relata un caso real ocurrido en México en 2005. Cuenta cómo el noticiero más popular de la televisión mexicana transmitió en vivo un operativo con la detención de dos secuestradores. Todo era falso. Se trató de una escena arreglada entre el canal y la policía. Además de contar una gran historia, el libro es una radiografía implacable del sistema penal corrupto y sus complicidades.

Es México, pero podría ser Brasil, esa otra democracia de muy baja intensidad. El periodismo y la literatura de Volpi iluminan la tragedia. Exponen las mentiras, la injusticia y la desigualdad. El secreto es hacer las preguntas correctas. Denunciar los montajes.

Eso pienso -y escribo- mientras las imágenes de la primavera europea estallan en las ventanas del tren que avanza.

 

2 comentario

  1. Querido Rey,

    Valoro tus palabras. Lo sabés. Colegas tuyos -otrora analistas internacionales- no se animan a escribir un tweet al respecto (están lidiando con el ENACOM, empiezan a extrañar el AFSCA). En el fondo, los alivia ver que los populistas vayan cayendo, aún sin garantías constitucionales y con las cacerías más escandalosas que se hayan visto en los últimos años. Aún los bienintencionado son funcionales a la infamia empresarial-judicial que se ha puesto en funcionamiento en nuestro continente.

    Quizás los gobiernos populistas no atendieron la problemática de los trenes como debieron. Es parte de la verdad. Se dejaron estar. Se aliaron con camioneros. Y entre otras muchas desgracias, un “accidente” que se cobró la vida de 50 laburantes.

    También es verdad que los gobiernos populistas estaban algo ocupados: poniendo un plato de comida al día en las favelas de Río, canjenado cuasi monedas entre piquetes y ollas populares, llevando educación pública al campesinado boliviano o salud primaria en los altos cerros de Caracas. Y lidiando con las deudas del FMI y del Club de París para que después aparezca Griessa embargando activos y condicionando una elección presidencial. Es más fácil pedir deuda cara como hace Mauri y cerrar ramales ferroviarios y escuelas rurales, como Mariu. Eso los Medios lo explican muy bien, hacen que lo “entendamos”. Nos concientizan que está bien pagar la luz lo que “vale” (“…que no hay que confundir valor y precio”, dice nuestro amigo). Han perfeccionado hasta el hartazgo al homo videns de Sartori.

    Los trenes europeos son perfectos. ¡Qué envidia! Crucé por debajo del Canal de la Mancha en enero de 2001 y no lo podía creer… ¿Cómo hacen todo eso? Seguro que con eficiencia y buena administración, mientras sus empresas multinacionales roban y esquilman a paladas en países que han capitulado y echado a los chanchos su honra. Pienso en Suez, en Repsol, en Marsans, en Iberia, en Enel, en Endesa, en Telefónica, en Telecom, British Gas, Astra y su socios locales… (donde hallamos a los Paolos, los Mauricios y los Messis de las finanzas). Claro, qué zonzo, robando afuera es más fácil invertir adentro. ¿Pero todo nuestro fracaso se explica afuera? Claramente, no. Lo sé. Los Kirchner se robaron un PBI y lo tienen enterrado en la Patagonia entre dos hoteles, eso lo sabemos todos. Por suerte, ahora está Mauricio que no roba, invierte bien, es austero en la administración, lucha contra el déficit y la grasa militante del sector público.

    Cae Lula, en andas. Los Medios (independientes) del Continente extasiados de emoción. Las bolsas seguro subirán. Los riesgos países caerán, y así… Todo en orden, como debe ser. Países serios. Fin de los populismos.

    Fin del sarcasmo. Ambos estamos muy tristes. Muchos como nosotros. Pero otros se informan en los medios indepedientes. El pintor que está trabajando en mi casa me cuenta: “lo meten preso a Lula, se robó un departamento de un millón de dólares y acá siguen todos sueltos”. Después se va y me pide un adelanto: “me llegó la luz”.

    Es la hora de la espada. Temer y sus generales, Macri y Magnetto, Trump y sus charreteras… De este lado siempre ha sido lucha.

    Abrazo fuerte y las mejores vacaciones!!!

    P.D.: no pierdas “el camino de regreso”.

  2. Hola Reinaldo:
    coincido plenamente con tus notas. Y lo más lamentable es que muchos habitantes de Latinoamérica están tan colonizados de la mente que esto es sólo el inicio. Me da mucha vergüenza ajena seguir viendo a profesionales, con títulos universitarios – y, por ende y en principio con formación mayor a la de la media poblacional (aunque realidad es una apariencia que engaña) reiterando su apoyo a este gobierno argentino – y que no es el único de la región – y nefasto que nos toca, ubicado en la nueva ola o “restauración conservadora” (aunque en realidad es de lo ladrones históricos de nuestras tierras). Son los mismos que apoyan de alguna manera a los genocidas sobrevivientes de la última dictadura cívico – militar – empresarial – eclasiástica que nos gobernó. Y después se quejan de las tarifas, del costo de vida, “de que nada funciona en este país” (como si ellos fuesen de otro planeta). Si los “que piensan” actúan de esa manera, que queda para el resto de los ciudadanos comunes que miran una TV estupidizante, donde tiene valor los chimentos y mediocridades de pseudoperiodistas? … En fin, la mano viene bastante mal con estos idiotas que manipulan el orden democrático para beneficio propio y sobre todo ajeno (y mirando al norte). Para terminar: queda resistir, pero no se cómo – porque estamos demasiado solos y rodeados de mentes mediocrizadas – . Aunque vale la pena.

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