domingo 23 de septiembre
Periodismo Justo

Todos juntos se escribe separado

Para el Presidente Mauricio Macri todos juntos se escribe separado. La frase nacida del humor popular ayuda a entender su modo de conducción política: no cree en el consenso. Desconfía del diálogo a la hora de tomar decisiones. Lo considera una concesión. Está en su naturaleza. Aprendió que el poder se ejerce en forma piramidal. Es un modelo que trae de la actividad privada y trasladó a la gesión pública. Pero también es parte de su experiencia familiar y de su recorrido como empresario y dirigente del fútbol. Confía más en los Ceos que en los cuadros que provienen de la militancia. Sus recelos van de los propios a los extraños. Aseguran que se refiere a Emilio Monzó y a los radicales que negocian en el Congreso como “los rosqueros”. Privilegia el diálogo sólo con aquellos que piensan como él o se someten a sus ideas. Considera, además, que su administración tiene una superioridad moral indescontable que podría resumirse en una simplificación: “ellos son todos chorros, nosotros somos todos buenos”. Por eso la convocatoria a una suerte de “gran acuerdo nacional” realizada el martes por el Jefe de Gabinete Marcos Peña, cuando todavía no había amainado la corrida cambiaria, y el llamado del Presidente a los opositores desde Morón junto a la gobernadora María Eugenia Vidal son consecuencia de la necesidad y no de la convicción. Cualquier dirigente político podría decir: “vale igual, lo importante es que convoque”. Habrá que esperar para ver los resultados. Una cosa es invitar para discutir un proyecto y otra muy distinta para rubricar un hecho consumado. En este caso un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que implicará un fuerte ajuste.


Sobre el final del llamado “supermartes” -con el dólar por debajo de los 25 pesos, la totalidad de las lebacs renovadas y un nuevo bono (BOTE) adquirido por fondos internacionales- la sensación de alivio de los funcionarios era evidente. Incluso algunos se permitieron exteriorizar alegría ante los periodistas. “Euforia oficial”, tituló el portal Infobae. “Es un mayor voto de confianza por el país”, dijo el ministro de Finanzas, Luis Caputo. Curioso. Cualquier futbolero sabe que no es inteligente celebrar como un campeonato haber logrado evitar el descenso. A esa hora el Indec reveló que la inflación de abril fue de 2,7 por ciento y en mayo puede ser mayor. Sin contar que la devaluación es del 35 por ciento en lo que va del año. Cuando se le otorga libertad total al león, no sólo toma riesgos el domador también el público presente. Los capitales financieros no tienen patria ni bandera. Los formadores de precios sólo veneran a sus billeteras. Obviedades de cíclica y dolorosa comprobación.

Si bien es cierto que la situación externa desató la tormenta global que impactó en argentina la fragilidad es doméstica. El auxilio pedido por el presidente al FMI implica un reconocimiento tácito del naufragio del plan económico lanzado en diciembre de 2015. Valen apenas unos ejemplos. El gobierno recibió un déficit enorme pero dos años después el déficit se agrandó; se le pagó a los Fondos Buitre con el argumento del ingreso masivo de inversiones que nunca llegaron; la inflación era alta hace dos años y ahora es mayor; se incrementó la deuda externa en un 35 por ciento, se tomaron 60 mil millones de dólares sólo en 2017. En el nuevo diseño del plan ahora habrá injerencia del principal prestamista.

Otro descubrimiento que arrojó la crisis es que la corrida cambiaria tuvo en su génesis un fuerte componente político. El golpe con la realidad hizo que el Presidente se viera obligado a revisar su férrea estrategia de centralización del poder y abrir el juego tanto a opositores como aliados. Marcos Peña es quien emerge más golpeado por el cambio. Junto a sus dos adláteres, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana concentraban todas las decisiones. Conformaban junto a María Eugenia Vidal y el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, la llamada “mesa chica” del PRO. Cambiemos nunca fue una coalición de gobierno. Hasta ahora sólo demostró ser un frente electoral eficaz. Radicales y “lilitos” suelen enterarse de las grandes decisiones de Macri cuando leen el diario Clarín durante el desayuno. Así pasó con el pedido al Fondo, por ejemplo.

Los voceros del gobierno deslizaron a la prensa que eso terminó. En gobierno atribuyen el inicio de la reciente debacle a las críticas de la UCR y Elisa Carrió al tarifazo. Si lo cuestionaban los aliados por qué no lo haría el peronismo en todas sus variantes. Y luego el anuncio de dimisión anticipada a la conducción de la Cámara de Diputados que hizo Emilio Monzó, harto del destrato. Por esa razón, los primeros gestos conciliadores son hacia adentro. Aseguran que Monzó vuelve a la mesa chica de las decisiones. “Te necesitamos Emilio”, le susurró con aire de culebrón turco María Eugenia Vidal. Es evidente que el gobierno sintió su falta de entusiasmo en la discusión parlamentaria que terminó con la media sanción a la ley que limita el aumento de tarifas.

También vuelve Ernesto Sánz, uno de los fundadores de Cambiemos. Vale recordar una de sus últimas declaraciones públicas en enero pasado: “En 2019 nos van a votar si convertimos las expectativas en resultados”. Cuatro meses después suena como una advertencia. Y se menciona volviendo al círculo de decisiones al ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Aunque parezca mentira la primera reunión del ministro con la troika macrista a cargo de las cuestiones importantes fue hace un par de semanas en Olivos. El ajuste que viene de la mano del FMI necesitará apoyo político y un contacto fluido con los gobernadores. El presupuesto 2019 tendrá la impronta de Christine Lagarde.

“El barco empieza a enderezarse”, me comentó un legislador que visita habitualmente la Jefatura de Gabinete. Demostrando que las metáforas marinas no se limitan a los “Botes” emitidos por Caputo para evitar la zozobra del peso. Se paró la sangría, es cierto y es bueno, aunque a un altísimo costo económico y político. La imagen del gobierno cayó fuerte y se incrementó la desconfianza. “Lo positivo –insistió el diputado- es que nadie capitaliza lo que perdemos”. Tiene razón, la atomización del peronismo es maná del cielo y todo indica que seguirá cayendo por muchos meses. Los gobernadores peronistas, además, son sensibles a todo tipo de estímulos y eso será clave para los días futuros. El senador Miguel Angel Pichetto, por ejemplo, ya abrió una instancia de negociación por las tarifas. Todo se hará en nombre del consenso. La palabra de moda. Aunque es seguro -para muchos de los que no saben ni para qué sirven las Lebacs- “que habrá más penas y olvido”.

 

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