lunes 10 de diciembre
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Sorprenden a policía oliendo los zapatos de su compañera, y las autoridades afirman que “no es un delito”

El pasado 18 de mayo, un oficial de 30 años entregó su placa y su arma después de que lo captaran frente a cámara olisqueando los zapatos de una mujer policía con quien trabajaba.


En febrero de este año, el oficial en cuestión ingresó en una oficina de la estación Echizen en la prefectura de Fukui, en medio de la noche. Estaba de servicio en ese momento y logró obtener una llave maestra para la estación, que utilizó para acceder a la oficina.

Mientras estaba dentro, rastreó los zapatos y otras pertenencias personales de una colega, y procedió a oler y acariciar dichos artículos. Evidentemente no sabía que alguien había instalado cámaras de vigilancia en el edificio, con las que atraparon al oficial con las manos en la masa (o con la nariz en los zapatos, en este caso).

Al ser confrontado, no perdió tiempo en confesar su transgresión y, al enfrentar cargos por allanamiento de morada, se le dio la opción de renunciar voluntariamente a la fuerza. La policía de Fukui emitió un comunicado diciendo: “Aunque el acto de oler los zapatos no es ilegal, es inapropiado para un oficial de la ley”.

Si bien es un caso abierto y cerrado en sí mismo, todavía hay muchas preguntas sin respuesta que hacen que los lectores se rasquen la cabeza, como por ejemplo:

  • “¿Qué demonios?”
  • “Sé que es feo reírse, pero…”
  • “El tipo tiene un fetiche, el autocontrol no es una opción.”
  • “Todos tienen sus problemas, los oficiales de policía no son diferentes.”
  • “También quiero oler las cosas de mi dama favorita. Es bueno saber que no es ilegal. “
  • “¿Sus zapatos realmente huelen tan diferentes a los de otra persona?”
  • “¿Esto no es acoso sexual?”
  • “Espeluznante… y ¿por qué no es ilegal oler y tocar las cosas de otra persona?”

De hecho, parece que debería existir una ley que impida que se olfateen los zapatos de otra persona en la línea del allanamiento o el acoso. Tal vez la policía de Fukui consideró que la agobiante vergüenza de ser atrapado haciendo algo así era un castigo suficiente, y decidió simplemente despedirlo en lugar de presentar cargos.

Además, este ex funcionario con un sistema olfativo hiperactivo ahora tendrá que explicar a sus futuros potenciales empleadores por qué renunció a la fuerza a la tierna edad de 30 años.

 

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