viernes 16 de noviembre
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Aldea rusa cambia su nombre por “Siria” para llamar la atención del gobierno

Con el fin de llamar la atención del gobierno en Moscú, los ciudadanos de una pequeña aldea rusa lanzaron una iniciativa cambiando su nombre Bungur, a “Siria”. Su razonamiento es que Rusia ha invertido decenas de millones de dólares en Oriente Medio, por lo que seguramente pueden ahorrar algunos rublos para Siria, que queda un poco más cerca de casa.


Bungur está en estado de deterioro desde hace tiempo, y las cosas siguen empeorando. Las carreteras están dañadas, el suministro de electricidad y agua se apaga intermitentemente, y los servicios de salud son inexistentes. Si bien este tipo de quejas no es inusual para las pequeñas comunidades rusas, la forma en que esta aldea trata de lidiar con la situación, ha sorprendido bastante.

“No tenemos esperanza”, dijo Sergei Zhavronkov, residente de Bungur, uno de los líderes detrás de la iniciativa del cambio de nombre. “Lo único que queremos es cambiarle el nombre a Bungur como Siria. Luego aplicaremos a la Federación Rusa para ayuda humanitaria”.

“No estoy bromeando, hablo completamente en serio. Esperamos que en lugar de Bungur seamos República Árabe Siria. Invitaremos a algunos árabes. El gobierno está ayudando a Siria y la destrucción aquí es tan terrible como lo es allí. Pero no recibimos ninguna ayuda”.

Este movimiento de cambio de nombre se produce después de que los lugareños lucharan para lograr que la aldea fuera reconocida por los funcionarios durante décadas.

“Trabajé en una granja colectiva en el período soviético”, dice un lugareño. “Vimos al secretario del comité regional y a los otros peces gordos tres veces al año. Vinieron para la siembra, el henificado y la cosecha. Podías preguntarles lo que quisieras. Ahora no hay un solo diputado en la administración local de Bungur”.

Para poner en perspectiva cuán malas son las cosas en Bungur, el pueblo ni siquiera tiene una escuela; en cambio, los niños deben tomar un autobús a los asentamientos cercanos. Debido al mal estado de la única carretera que conecta Bungur con el resto de Rusia, los lugareños temen que algún día los autobuses simplemente dejen de llegar.

“Tuvimos una escuela, pero la “optimizaron””, dice Sergei. “Tuvimos una biblioteca, pero está cerrada. Todo lo que dejaron fue un consejo municipal y un monumento a los caídos en la Segunda Guerra Mundial. No hay nada aquí. Solo un cementerio”.

 

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