miércoles 19 de septiembre
Interesante

Adelanto de “Gracias por llegar tarde”, de Thomas Friedman


En su trabajo más ambicioso hasta la fecha, Thomas L. Friedman muestra los movimientos tectónicos que demuestran que hemos entrado en una era de aceleración vertiginosa -y explica cómo vivir en ella. Gracias a los últimos avances tecnológicos, los alpinistas del Everest disfrutan de excelente servicio de telefonía móvil y los automóviles que se conducen solos ya están en nuestras carreteras. Mientras tanto, la Madre Naturaleza también está experimentando cambios dramáticos a medida que los niveles de carbono se elevan y las especies se extinguen. Y es que según Friedman, tres son las fuerzas aceleradoras que están cambiando nuestro planeta: la ley de Moore (tecnología), el mercado (globalización) y la madre naturaleza (cambio climática y biodiversidad). Estos aceleradores están cambiando cinco reinos clave: el lugar de trabajo, la política, la geopolítica, la ética y la comunidad.

Con la vitalidad, el ingenio y optimismo al que ya nos tiene acostumbrados, Friedman muestra que podemos superar las múltiples tensiones de una era de aceleraciones, si disminuimos la velocidad, si nos atrevemos a llegar tarde y usamos el tiempo para reimaginar el trabajo, la política y la comunidad. Gracias por llegar tarde es una guía de lectura esencial para entender el presente y el futuro que nos espera.

A continuación, un fragmento a modo de adelanto:

 

Capítulo 11 – ¿Está Dios en el ciberespacio?

Nunca ha ocurrido que el ser humano haya sido capaz de hacer algo y, sin embargo, a la larga, ese algo acabará por no suceder. Eso significa una de estas tres cosas: 1) que la psique humana va a cambiar drásticamente (¡buena suerte con eso!); 2) que el contrato social universal cambiará de modo que los «hombres airados» ya no puedan sentirse «empoderados» (¡buena suerte con eso también!); o 3) boom!

Garrett Andrews, en un comentario en línea a mi columna del 21 de octubre de 2015  en The New York Times

El amor no vence a menos que empecemos a amarnos lo suficiente como para resolver nuestros [improperios] problemas.

La humorista Samantha bee, respecto a la masacre de Orlando en su programa de televisión de la cadena TBS, Full Frontal

Desde la publicación de From Beirut to Jerusalem en 1989, he viajado por todo el país para presentar varios de mis libros. He dado cientos de charlas sobre ellos ante diferentes públicos. Así que, ¿cuál es la mejor pregunta que me han hecho acerca de cualquiera de mis libros? Fácil. Fue en un acto del Consejo de Asuntos Mundiales en el Portland Theater, en Portland, Oregón, en 1999, cuando estaba haciendo promoción del libro The Lexus and the Olive Tree. Un joven se levantó en el anfiteatro y me preguntó lo siguiente: «¿Está Dios en el ciberespacio?».

Confieso que no supe responder a su pregunta, hecha con la máxima sinceridad y que además exigía respuesta. Al fin y al cabo, la humanidad había creado un ámbito enorme para la interacción humana. Si la supernova se encuentra en algún lugar entre el cielo y la tierra, ¿quién está a cargo? ¿<Amazon.com> o Dios en las alturas? La pregunta me sobrecogió. De modo que llamé a uno de mis mentores espirituales más queridos, el rabino Tzvi Marx, un gran estudioso del Talmud que había conocido en el Instituto Shalom Hartman de Jerusalén y que ahora reside en Ámsterdam. Esperaba conseguir su consejo sobre cómo responder.

La respuesta del rabino Marx fue, en mi opinión, tan buena que la colé en la edición de bolsillo de The Lexus and the Olive Tree, y después olvidé el asunto, más o menos. Pero cuanto más trabajaba en la conclusión de este libro, tanto más me encontré reflexionando sobre aquella cuestión, así como sobre la respuesta del rabino Marx. De hecho, alguna vez he aprovechado la ocasión para hacer la misma pregunta a líderes religiosos y otras personas. Cuando le pregunté al arzobispo de Canterbury, Justin Welby, si Dios estaba en el ciberespacio, primero bromeó que Dios debía de estar en el ciberespacio porque cada vez que viajaba en el metro de Londres, «puedo oír a la gente decirles a sus teléfonos “Oh, Dios, ¿por qué no funciona?”».

Así fue como respondió originalmente el rabino Marx: empezó por sugerirme que, siempre que me preguntaran si Dios estaba en el ciberespacio, yo debía responder: «Depende de cuál sea tu idea de Dios». Si tu idea de Dios es que es literalmente Todopoderoso y se hace presente a través de la intervención divina —aniquilando el mal y premiando el bien—, entonces seguro que no se encuentra en el ciberespacio, tan lleno de pornografía, apuestas, blogs y tuits que dan varapalos a gente desde todos lados, música pop y rap con letras sugerentes y groserías, por no mencionar toda clase de discurso que incita al odio, y ahora delitos informáticos y reclutamiento por parte de grupos llenos de odio como el Estado Islámico. Precisamente, se solía decir que las palabras más utilizada en la World Wide Web eran «sexo» y «MP3» —el entonces protocolo esencial para descargar música gratuitamente— y no «Dios».

El rabino Marx añadió, sin embargo, que existe una idea judía posbíblica de Dios. En la idea bíblica, Dios siempre interviene. Es responsable de nuestros actos. Castiga a los malos y premia a los buenos. La idea posbíblica de Dios es que Dios se hace presente en nuestras propias decisiones. En la idea posbíblica de Dios, en la tradición judía, Dios siempre está escondido, tanto si es en el ciberespacio como en el centro comercial del barrio. Y para que Dios esté en la sala contigo, tanto si es una estancia real o una sala de chat, será tu forma de comportarte, las decisiones morales que tomes y los clics que hagas con el ratón, los que lo harán presente.

El rabino Marx me señaló que existe un verso en Isaías que dice: «Tú eres mi testigo. Yo soy el Señor». Y añadió que comentaristas rabínicos del siglo ii interpretaron que el verso quería decir: «Si eres mi testigo, yo soy el Señor. Y si no eres mi testigo, no soy el Señor». En otras palabras, a menos que atestigüemos la presencia de Dios con nuestras buenas acciones, Él no se manifestará. A menos que nos comportemos como si estuviera dirigiéndolo todo, Él no lo dirigirá todo. En el mundo posbíblico hemos entendido que, desde el primer día, Dios ha confiado en el hombre para que tome sus propias decisiones desde que confió en que Adán tomara la decisión correcta sobre qué fruto comer en el Jardín del Edén. Somos responsables de que Dios se manifieste a través de nuestros actos, de las decisiones que tomamos. Y la razón por la cual este asunto es tan importante en el ciberespacio, es porque nadie más está al frente. No hay ningún lugar en el mundo actual donde encuentres esta libertad de elección que Dios le dio al hombre, como en el ciberespacio. El ciberespacio es donde todos estamos conectados y nadie está al frente.

Así que, tal como escribí en la edición de bolsillo de The Lexus and the Olive Tree, empecé a decirle a todo el mundo que preguntara si Dios estaba en el ciberespacio que «no», pero que quiere estar. Y sólo podemos hacer que se haga presente en el ciberespacio a través de nuestros actos. Dios ensalza un universo con tal libertad de elección porque sabe que la única manera en que puede manifestarse en el mundo no es interviniendo, sino si todos elegimos santidad y moralidad en un entorno de libertad para elegir lo que queramos. Como dijo el rabino Marx: «En la idea judía posbíblica del mundo, no puedes ser moral a menos que seas totalmente libre. Si no eres libre, no estás empoderado, y si no estás empoderado, las elecciones que haces no son totalmente tuyas. Lo que Dios nos dice sobre el ciberespacio es que en él tienes total libertad, y espero que tomes las decisiones correctas, porque si lo haces, me manifestaré».

El ya fallecido filósofo religioso israelí David Hartman añadió un aspecto importante: en cierta manera, el ciberespacio se parece al mundo del que hablaban los profetas, «un lugar donde toda la humanidad puede estar unida y ser totalmente libre. — Sin embargo, prosiguió—: el peligro es que estamos uniendo a la humanidad en el ciberespacio, pero sin Dios». En realidad, sin ningún sistema de valores, sin filtros, sin verdadero gobierno. Y por esta razón me encontré preguntándome de nuevo esta cuestión esencial: ¿está Dios en el ciberespacio? Las inquietudes que la gente se planteó hace veinte años han sido corroboradas ahora —sólo que multiplicadas por un millón— gracias a la era de las aceleraciones.

Debido a que cuando debilitamos todas las estructuras de autoridad de arriba abajo y fortalecemos las de abajo arriba; cuando creamos un mundo no sólo con superpoderes sino también con sujetos superempoderados; cuando acercamos a tantos extraños distantes; cuando aceleramos el flujo de ideas y la energía de innovación; cuando les damos a la máquinas el poder de pensar, alterar el ADN para acabar con enfermedades, y diseñar plantas y nuevos materiales; cuando el hecho de que los griegos no paguen los impuestos puede perjudicar el mercado de bonos y bancos tanto en Bonn, Alemania, como en Germantown, Maryland; cuando un hacker kosovar en Malasia puede entrar en los archivos de un minorista norteamericano y enviárselos a un operativo de Al Qaeda que puede a su vez ir a Twitter y amenazar a los soldados norteamericanos cuyas identidades han sido hackeadas; cuando todo esto está sucediendo a la vez, hemos creado colectivamente un mundo en que, más que nunca, cada persona imagina, cree y aspira a cuestiones, porque ahora pueden actuar según sus imaginaciones, creencias y aspiraciones de manera más rápida, profunda, barata y extensa.

Si alguna vez ha habido un momento para hacer una pausa para la reflexión moral, es ahora. «Toda tecnología se empieza a usar antes de ser totalmente comprendida —escribió Leon Wieseltier en The New York Times Book Review (11 de enero de 2015)—. Siempre hay un desfase entre la innovación y la aprehensión de sus consecuencias. Estamos viviendo en ese desfase, y ahora es el momento correcto para conservar la sensatez y reflexionar. Tenemos mucho que ganar y mucho que perder.»

Dicho claramente: hemos creado un mundo en el que los seres humanos se encuentran más cercanos que nunca a la divinidad. Y hemos creado un mundo de vastos territorios —llamado ciberespacio— que carece de leyes, valores y, aparentemente, de Dios. Junta estas dos tendencias y entenderás por qué, en años recientes, cada vez más gente me hace preguntas sobre valores y, supongo, a su manera, sobre si Dios gobierna en el ciberespacio. Están pidiendo a su manera que repensemos nuestra forma de pensar sobre ética y cómo propiciar los valores correctos en un mundo en que, como especie, nos comportamos como dioses, y donde hay más ámbitos que parecen carecer de Dios.

Resumiendo, buscan innovación moral. ¿Y quién se lo va a reprochar?

Nosotros, como especie, nunca nos hemos encontrado en este cruce de caminos. Es indudable que nuestros poderes son cada vez más divinos. Hoy, «si lo puedes imaginar, ocurrirá —arguye Eric Leuthardt, neurocientífico—. Sólo se trata de cuánto va a costar. Si puedes imaginar un caos en masa o una solución en masa para la pobreza o la malaria, puedes hacerlo todo realidad mucho más [fácilmente] que nunca». La escalabilidad del comportamiento individual es hoy tanto un problema como una solución. «El comportamiento individual puede tener ahora consecuencias globales. Mi conducta se adapta al mundo y… el mundo se adapta a mí.»

Pensemos en la biología. «En el pasado, sólo la Madre Naturaleza controlaba la evolución de las especies y ahora el hombre ha heredado esa capacidad a escala —observa Craig Mundie—. Estamos empezando a manipular la biología sobre la cual se basa la vida.» Por ejemplo, ahora la gente pregunta: ¿deberíamos acabar con la especie de mosquito portador del virus zika dado que existe la tecnología para hacerlo, mediante la informática y la recogida de datos? Se llama «genética dirigida». La publicación MIT Technology Review informó el 8 de febrero de 2016:

Una tecnología genética polémica capaz de acabar con el mosquito portador del virus zika estará disponible dentro de unos meses, informan los científicos.

El año pasado se hizo una demostración de esta tecnología, llamada «genética dirigida», con células de levadura, moscas de la fruta y una especie de mosquito portador de la malaria. Utiliza la tecnología de interrumpir genes (CRISPR, por sus siglas en inglés) para forzar un cambio genético que se propaga por la población cuando se reproduce.

Tres laboratorios estadounidenses que trabajan con mosquitos, dos en California y uno en Virginia, dicen que ya están trabajando la genética dirigida para el Aedes aegipty, el tipo de mosquito culpable de la transmisión del virus zika. Si se acaba utilizando, la tecnología podría teóricamente llevar a la especie a la extinción.

La supernova facilita el uso de biología sintética para crear organismos que antes no existían, está impregnando a organismos existentes con atributos que no poseían, y está eliminando organismos problemáticos o no productivos que la propia Madre Naturaleza ha desarrollado. Todo esto solía ser obra de la Madre Naturaleza a través de la selección natural. Sin embargo, en breve, podremos jugar a esto en casa.

Por supuesto, desde que el 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, el bombardero B-29 norteamericano soltó una bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, desencadenando así la carrera armamentística nuclear que siguió, hemos vivido en un mundo en que un solo Gobierno podría posiblemente matar a todo el mundo. Antes era necesario un país o una organización para lograrlo. Ya no es así. ¿Cuánto tiempo ha de pasar para que leamos que el Estado Islámico se ha agenciado una impresora 3D y los materiales necesarios para montar un maletín explosivo con un poco de material fisible? ¿Cuánto para que un terrorista o un lobo solitario perturbado consiga un virus, como el ébola, o una enfermedad contagiosa y la convierta en un arma biológica? En marzo de 2016, se informó que militantes del Estado Islámico estaban planeando secuestrar a un científico nuclear belga para acceder a unas instalaciones de investigación nuclear en Bélgica.

Y, sin embargo, al mismo tiempo, como ya he observado, estamos acercándonos a un mundo en que, si actuamos juntos, podríamos alimentar, vestir y dar cobijo a cada persona, así como curar prácticamente todas las enfermedades, aumentar el tiempo libre de prácticamente todo el mundo, educar a prácticamente a todos los niños, y permitir que prácticamente todo el mundo se dé cuenta de su potencial. La supernova está permitiendo que más mentes trabajen en la resolución de todos los grandes problemas del mundo. «Somos la primera generación en tener a la gente, las ideas y los recursos para resolver todos nuestros mayores retos», argumentó Frank Fredericks, fundador de World Faith, un movimiento interreligioso global.

Por esto insisto que, como especie, nunca nos hemos encontrado en esta bifurcación moral del camino, donde uno de nosotros nos puede matar a todos, y todos podríamos arreglarlo todo si de verdad decidiéramos hacerlo. Por esto insisto en la idea de que nunca hemos estado tan endiosados. Y es por esto que será mejor que pensemos mucho sobre cómo ampliar a escala los valores correctos. Si vamos a jugar a ser Dios, será mejor que tengamos las Tablas de los Mandamientos… como mínimo. Resumiendo, ejercer correctamente los poderes que se han entregado a nuestra generación requerirá un nivel de innovación moral que apenas hemos empezado a explorar, en Estados Unidos o a nivel global, así como unas nociones de ética de las que la mayoría de líderes carece.

«Quizás esto sea excesivamente romántico, pero creo que para ser líder se va a tener que exigir la capacidad de lidiar con valores y ética», observó Jeffrey Garten, antiguo decano de la Escuela de Administración de Yale:

La educación necesitará una dosis fuerte de humanidades. ¿Cómo vamos a pensar en privacidad o experimentación genética? Éstas son áreas en las que no existe un marco internacional. De hecho, apenas existe un marco nacional. China se ha embarcado en la ingeniería genética a gran escala de ciertos animales. ¿Hacia dónde lleva eso? ¿Cuáles deberían ser los principios jurídicos y éticos sobre los que dicha actividad debería basarse? ¿Y quién tiene los medios para siquiera establecer los principios correctos? ¿Cómo equilibrar el progreso tecnológico con esta idea de la humanidad? Esto es algo que no vas a captar si fuiste al MIT y lo único que hiciste fue estudiar física nuclear. Ésta es la grandísima ironía. Cuanto más tecnológicos nos volvemos, más necesitamos a personas que dispongan de una estrategia mucho más amplia. Seremos capaces de contratar al técnico que haga que los sistemas funcionen, pero en lo que a metas se refiere, eso requiere un tipo de líder muy distinto.

Amén.

 

Me tomaré una cerveza con ese video del Estado Islámico

Es indiscutible que estamos creando enormes espacios nuevos sin gobierno: carentes de normas, leyes, y del FBI, por no mencionar a Dios. Examinemos el siguiente artículo del 3 de mayo de 2015, publicado en CNNMoney:

Jennifer Aniston encomia los beneficios de Aveeno, Bud Light presume de cerveza en un concierto, Secret vende su desodorante de aroma fresco. Son anuncios bastante estándar, pero la diferencia es el contenido que viene a continuación. En este caso, todos son seguidos por videos del Estado Islámico y yihadistas…

Sitios web de videos como YouTube venden espacios publicitarios a empresas y los anuncios se insertan automáticamente antes del visionado de los videos. Los anunciantes no controlan directamente dónde se colocan sus anuncios, aunque pueden especificar la demografía a la que desean dirigirse.

«Desde el punto de vista de un contrato, estas corporaciones que están pagando tanto dinero para obtener clics en YouTube, puede que no estén demasiado contentas cuando descubren que su video se coloca justo antes de un video del Estado Islámico para reclutar terroristas», dice el analista jurídico Danny Cevallos.

Aunque algunos videos no vulneran la política de YouTube de no incitar a la violencia, puede que no sean apropiados para la publicidad.

Es casi imposible saber cuántos anuncios de empresas han sido emitidos antes de videos como éstos, pero al menos dos compañías estaban descontentas con el emparejamiento del contenido.

«No sabíamos que uno de nuestros anuncios se pasaba junto con este video», dijo un vicepresidente de conexiones con el consumidor de Anheuser-Busch (AHBIF) a CNNMoney después de visionar uno de los videos que se emitían a continuación de uno de sus anuncios…

Una persona que conoce el modelo de negocio de YouTube dice que la compañía no obtiene ingresos de estos anuncios en concreto.

Si lo hicieran, el dinero se devolvería a los anunciantes…

Desde que CNNMoney contactó con la empresa, el video conectado al Estado Islámico ha sido retirado. El otro video sigue en línea, pero los anuncios se han retirado.

En <Bustle.com> se recoge la historia a partir de este punto:

La publicidad de YouTube funciona de la siguiente manera: después de que una marca pague por un espacio, el algoritmo del sitio web colocará el anuncio aleatoriamente antes de un video, pero ni YouTube ni la empresa anunciante sabrán de qué video se trata a menos que lo miren. A pesar de que las empresas no pueden solicitar videos específicos para sus anuncios, sí pueden solicitar la demografía a la cual se quieren dirigir. Es verdaderamente un misterio, pues, que Bud Light, Toyota y Swiffer acabaran anunciándose antes de videos producidos por el Estado Islámico, porque se puede afirmar con seguridad que ninguna de estas compañías elegiría dirigirse a militantes extremistas de entre dieciocho y cincuenta y cinco años que quieren provocar el terror en todo el mundo.

O pongamos por ejemplo esta historia de <BBCNews.com> del 24 de diciembre de 2014, titulada «La empresa de transporte privado Uber se disculpa tras la subida de tarifas durante el asalto con muertos a un café en Sidney, la semana pasada». Después de que un hombre armado asaltara un café en Sidney y la gente empezara a huir del área a pie y en coche, Uber

subió sus tarifas hasta cuatro veces por encima de la tarifa normal cuando la demanda se disparó durante el asalto que dejó tres muertos.

Su algoritmo de «subida de tarifas» incrementó los precios durante el periodo punta mientras la gente se apresuraba por abandonar el área…

El día del asalto a Martin Place en Sidney, Uber fue objeto de duras críticas en las redes sociales por subir sus tarifas, de modo que empezó a ofrecer viajes gratuitos fuera de la ciudad.

También dijo que devolvería el coste de los viajes afectados por las tarifas más altas.

«Los acontecimientos de la semana pasada en Sidney afectaron a toda la comunidad y sentimos muchísimo cualquier angustia que nuestro proceso haya podido agregar», indicó Uber en una entrada de su blog del martes.

«No detuvimos la subida de tarifas de inmediato. Ésa fue una mala decisión.»

El asalto de 16 horas acabó con tres muertos, incluido el hombre armado, Man Haron Monis.

La empresa ha dicho que su prioridad fue la de ayudar a tanta gente como fuera posible del centro de negocios, pero que no fue comunicada adecuadamente y llevó a muchos malentendidos en lo que se refiere a los motivos.

«La subida de precios dirige a más conductores hacia el área donde la gente solicita viajes», cuando la demanda supera a la oferta de coches en la carretera, indicó Uber.

Uber ha defendido la estrategia de subida de tarifas en otras ciudades, pero ha alcanzado un acuerdo con reguladores de Estados Unidos para restringir la política durante emergencias nacionales.

Lo que todas estas historias tienen en común es que los que estaban al frente eran los algoritmos, no las personas, no la ética, y por supuesto, no Dios. Lo que todas estas historias tienen en común es el hecho de que una serie de fuerzas tecnológicas se unieron para crear un cambio radical exponencial en el poder de los hombres y las máquinas… de una manera mucho más rápida de lo que nos hemos redefinido nosotros como seres humanos, y mucho más rápidamente de lo que hemos sido capaces de redefinir nuestras instituciones, leyes y modos de liderazgo.

«Estamos permitiendo que la tecnología haga el trabajo al que los humanos nunca deberíamos renunciar —argumentó Seidman—. Alguien tomó la decisión de permitir al algoritmo de YouTube que colocara esos anuncios antes de esos videos. Pero antes ésa no fue nunca la función de la tecnología.» Ésa fue siempre la función de las personas. «La tecnología crea posibilidades para nuevas conductas y experiencias y conexión —añadió—, pero son necesarios los seres humanos para hacer que las conductas estén basadas en principios, para que las experiencias sean significativas y para que las conexiones sean profundas y se cimenten en valores y aspiraciones compartidos. Desafortunadamente, no hay una ley de Moore para el progreso humano y moral. Ésa es una tarea engorrosa y no existe un programa lineal para ella. Sube y baja y zigzaguea. Es arduo… pero es la única manera.»

Esto es especialmente válido ahora que el ciberespacio entra en nuestros hogares. Recordemos la historia que salió a la luz en noviembre de 2015, en Cañon City, Colorado, donde más de cien estudiantes del instituto local fueron sorprendidos intercambiando fotos de sí mismos desnudos y escondiéndolas en aplicaciones de archivos secretos en sus smartphones. Después de tomar fotos de sí mismos y compartirlas, los estudiantes utilizaron «apps fantasma» en sus teléfonos móviles para almacenarlas y esconderlas. Las aplicaciones fantasma se parecen a cualquier aplicación normal —una de las más populares es la calculadora— de modo que si tus padres o tus profesores te sacan el teléfono, eso es lo único que ven. Pero si introduces el código secreto, la app te conduce a una página escondida donde puedes almacenar pornografía, videos y mensajes de contenido sexual. Parece algo que Q habría instalado en el teléfono móvil de James Bond hace diez años. Ahora, todos los jóvenes de instituto la tienen. «Private Photo Vault» es una de las apps de fotos y videos más descargadas de la App Store de Apple. Ésta es una tecnología diseñada para prohibirles la entrada a los padres, la policía y cualquiera que difunda valores sostenibles.

«Antes un padre solía sorprender a su chico haciendo algo malo y ¿qué es lo que hacía? Solía decir: “Ve a tu cuarto” —observó Seidman—. Mientras supieran dónde se encontraban sus hijos en la casa, podían controlarlos, de modo que los mandaban al cuarto, donde no había televisor.» Ahora, cuando envías al cuarto a tus hijos, añadió, siguen estando conectados al mundo entero mediante apps secretas a las que sus padres no pueden acceder, y parece que están haciendo cálculos pero en realidad están enviando mensajes de texto de contenido sexual.

Les dimos a nuestros hijos un teléfono móvil para poder controlarlos mejor después de medianoche o para que pudieran volver a casa de una fiesta con Uber. Pero ese iPhone de Apple, en vez de ser una correa muy larga, se ha convertido en la clave de entrada a un mundo de manzanas prohibidas. De modo que, «vete a tu cuarto», se ha convertido ahora en: «Dame tu móvil, tu tableta, tu iPod, tu Apple Watch, tu tarjeta sim y el código de tus apps secretas…y luego vete a tu cuarto».

Desafortunadamente, estos ámbitos sin gobierno no son sólo la herramienta del día de los adolescentes inquietos. <CNN.com> informó el 17 de diciembre de 2015, tras los ataques terroristas de París, que «los investigadores de los ataques de París han hallado pruebas que creen que demuestran que los terroristas utilizaron apps encriptadas para esconder los planes de los ataques… Entre las apps que las autoridades hallaron que habían utilizado los terroristas estaban WhatsApp y Telegram, las cuales alardean de poseer cifrado end-to-end, que protege la privacidad de sus usuarios y que son difíciles de descifrar».

Y luego está el célebre caso de abril de 2016, cuando el FBI exigió a Apple que entregara las claves de un servicio de alojamiento de archivos del iPhone utilizado por Syed Rizwan Farook, el hombre que disparó y mató a catorce personas el 2 de diciembre de 2015 en San Bernardino, California. Apple se negó a ayudar al FBI, citando el derecho a la privacidad de todos los usuarios del iPhone de todo el mundo. El FBI acabó por entrar en el teléfono y extraer los datos adquiriendo «una herramienta» de un equipo de seguridad informática externo que el exdirector del FBI James Comey se negó a identificar. Esta carrera entre el derecho a la privacidad y las necesidades de la seguridad apenas ha comenzado. Exige que el Congreso de Estados Unidos se replantee de nuevo seriamente cómo debería gobernarse la privacidad en el ciberespacio y cómo equilibrarla frente al creciente impacto de los hombres y mujeres airados y superempoderados.

Es hora de que todos vuelvan a la escuela dominical

Por supuesto, siempre existirá el mal en el mundo, siempre habrá delincuentes, siempre habrá estafadores que utilicen los frutos del progreso tecnológico o la libertad del ciberespacio para engañar a la comunidad, o a un vecino o a un desconocido. Tratar de gobernar mejor estos ámbitos siempre consistirá, a lo sumo, en tratar de aumentar las posibilidades de restricción de las malas conductas, porque estas conductas nunca serán eliminadas.

Gracias por llegar tarde
Una guía imprescindible para comprender el mundo en el que vivimos.
Publicada por: Planeta
Fecha de publicación: 09/01/2018
Edición: 1a
ISBN: 978-84-234-2916-5
Disponible en:Libro de bolsillo

 

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