viernes 14 de diciembre
Periodismo Justo

Paciencia

“Yo le pido a la gente que tenga paciencia, nos espera un momento difícil y duro, pero luego saldremos adelante”. La frase fue lanzada esta semana por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. La declaración se corresponde con los días de tregua que logró el Banco Central, con el dólar más sereno después de “secar la plaza” de pesos gracias a tasas altísimas. Y días después de anunciar junto a Christine Lagarde la ayuda/intervención del FMI. El ministro se sinceró ante el diario La Nación: “Este programa necesita al menos cuatro años más para consolidarse”. Paciencia otra vez. Una manera sutil de pedir por otro período de Mauricio Macri en la Casa Rosada.


La idea de Dujovne contiene el principal argumento que utilizarán los candidatos de Cambiemos: “estamos mal pero sólo nosotros podemos sacar al país de la crisis”. Es más, “si no se hubiese actuado de la forma en que lo hicimos, todo estaría peor”. En palabras del empoderado funcionario: “hay que mirar el contrafáctico: que estaría ocurriendo en la economía sino hubiéramos tomado las medidas que tomamos” (sic). Algo así como: si mi abuela tuviera barba no sería mi abuela, sería mi abuelo. Un maldito vejete venezolano chavista, claro.

Bromas aparte, los especialistas en comunicación del gobierno rechazan la utilización de la palabra crisis. Sugieren hablar de recesión temporal y apelar a metáforas climáticas. Una tormenta, o una sucesión de ellas, eximen de cualquier responsabilidad. Llueve, hay que buscar un paraguas o mojarse. Con esa lógica, las tempestades fueron desatadas por la herencia kirchnerista, la pelea comercial entre Estados Unidos y China, la sequía, la inestabilidad de Turquía, Donald Trump -que es amigo- pero sube las tasas, la causa de los cuadernos, la intolerancia del peronismo y la intransigencia sindical, entre otras cuestiones. No hubo errores propios, apenas pecados de optimismo. Llueve pero que no cunda el pánico. Según Dujovne tenemos al mejor piloto de tormentas: Mauricio Macri. Sergio Doval, lo explicó con otra imagen ingeniosa, “El presidente podría volverse el bombero de su propio incendio”. La idea carece de épica pero podría resultar efectiva ante una oposición dividida y sin ideas.

Mientras tanto, Dujovne pide paciencia. Una curiosa apelación si se tiene en cuenta que, justamente, la paciencia ha caracterizado a la mayoría de la población durante esta gestión. En los últimos meses los argentinos aceptaron sin chistar una devaluación del 50 por ciento de su moneda, con la consecuente pérdida en la capacidad adquisitiva de sus salarios; el aumento incesante de servicios y tarifas; el aumento de los pasajes y las naftas; las cuotas de prepagas y telefonía.

Argentina tiene más pobreza y más desempleo que hace tres años. Y la deuda externa se expandió de forma extraordinaria. Según cuenta el implacable Ismael Bermúdez: “entre enero y junio de este año la deuda externa –pública y privada–aumentó en U$S 26.934 millones, sumando a fines de junio un total de U$S 261.483 millones (según el Indec). En comparación con un año atrás, el endeudamiento externo se incrementó en U$S 56.569 millones y obedeció principalmente a la emisiones de deuda del Gobierno Nacional para financiar los vencimientos de capital e intereses”.

Según la Real Academia Española paciencia es la “capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”. Es importante que el Ministro de Hacienda comprenda que se trata de una cualidad que los argentinos exhiben en abundancia pero que, como cualquier recurso, también puede agotarse.

 

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