Periodismo Justo

Alguna vez tenía que ocurrir

El jueves 31 de enero se conoció una carta de la AMIA (la mutual más importante de la colectividad judía en argentina) en la que se pide a la dirección de la DAIA (la representación política más importante de esa colectividad) que desista de la denuncia judicial contra la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y otros ex funcionarios, por el memorándum con Irán (denuncia del fallecido fiscal Alberto Nisman por encubrimiento de los sospechosos del atentado de 1994).


“Consideramos que mantener esa querella es perjudicial para la comunidad en general y afecta en particular a la AMIA en su gestión específica”, dice la misiva escrita el 22 de enero pasado y dirigida al presidente de la DAIA, Jorge Knoblovits. Y agregan: “Cabe recordar que fue la oposición firme de la AMIA la que logró que el pacto de nuestro país con el enemigo de Israel nunca entrara en vigencia”.

Los directivos de AMIA creen que si la DAIA deja de impulsar la investigación judicial por la cual la ex mandataria fue procesada, por encubrimiento y hasta por traición a la patria por el juez Claudio Bonadio (quien también solicitó su desafuero), se reparará “un grave error de la gestión anterior, empezará a tomar distancia de una causa que está en el centro de la famosa grieta que divide a la mayoría de los argentinos, división que por cierto no nos representa”.

La carta lleva las firmas del vicepresidente primero, Ariel Eichbaum, y del secretario general Darío Fernan Curiel. La rúbrica del presidente de la AMIA, Agustín Zbar, no figura porque se encontraba en Israel. A su regreso, el dirigente ratificó el contenido de la nota. Durante una entrevista con La Nación TV señaló: “No me animo a decir que el memorándum era un pacto de impunidad con Irán. Les tengo que dar el beneficio de la duda. Había gente que creía que el memorándum de entendimiento con Irán era una manera de esclarecer la causa. No puedo asignarles ‘mala fe’ pero fue una decisión tremendamente desacertada y muy perjudicial para el país”.

En buen romance, la AMIA considera que la acusación impulsada por el juez Bonadío, que en su momento fue desechada por el juez federal Daniel Rafecas por inexistencia de delito, está infectada por la política. Una cosa es una decisión “desacertada y perjudicial” y otra una maniobra para garantizar impunidad a los responsables de un atentado atroz. Por primera vez, los dirigentes de la mutual atacada tratan de despegarse, en forma concreta, del juego perverso en el que la conducción de la DAIA, la anterior y esta, los hizo ingresar.

La causa por el memorándum con Irán, se sostuvo vigente gracias al impulso del gobierno nacional, el interés de los países enfrentados a Irán en el plano internacional (Estados Unidos e Israel) y el aval expreso de la conducción de la DAIA.

A través de un comunicado que lleva la firma de su presidente, Jorge Knoblovits, la DAIA anunció que proseguirá con la acción judicial contra Cristina Kirchner pero que someterá el caso “a consideración de todas sus instituciones adheridas y filiales del país”. Desde el fallecimiento del ex canciller Héctor Timerman, uno de los principales acusados de encubrir a los autores del atentado según la denuncia, el ruido que existe en el interior de la colectividad es atronador.

Es muy probable que el juicio oral –que debería comenzar este año– exponga a la luz pública la debilidad de la acusación que rescató el inefable Claudio Bonadío. El acuerdo con el gobierno iraní –que tuvo aprobación parlamentaria y luego fue declarado inconstitucional– no entró nunca en vigencia, como bien señala la carta de la AMIA. Tampoco se levantaron las alertas rojas como explicó el ex jefe de Interpol, Ronald Noble, el único testimonio que falta deliberadamente en el expediente. Una imagen sirve para explicar lo que pasará en los tribunales argentinos: es como si se hiciera un juicio por un asesinato sin que haya existido un muerto.

Mientras tanto, queda claro con la carta que un sector importante de la colectividad judía no quiere seguir siendo parte de este oscuro entramado que tiene, tuvo y tendrá graves consecuencias políticas.

En algún momento tenía que ocurrir.