Periodismo Justo

Estamos mal, pero vamos bien

“Pobreza cero” pasó a formar parte de la extensa lista de promesas incumplidas en Argentina. Por sus consecuencias sociales disputará lugar con aquella otra consigna lanzada por Carlos Menem cuando auguró la llegada del “salariazo” y “la revolución productiva”, por ejemplo. “Si decía lo que iba a hacer no me votaban”, se sinceró alguna vez el riojano. La frase de Carolina Stanley no quedará en la memoria por repetida: “es un día triste”, dijo la ministra de Desarrollo Social, antes de hacer el anuncio. No era para menos. La pobreza en el segundo trimestre ascendió al 32% -la más alta del gobierno de Cambiemos- lo que implicó un salto de 6,7% en relación al mismo período de 2017. Traducido en gente: hay casi trece millones de pobres en un país que produce alimentos para 440 millones de personas al año. Y otro dato desgarrador: casi la mitad de los chicos de menos de 14 años son pobres (el 46,8%).


“Por la meta que quiero que se me juzgue es por si pude o no reducir la pobreza”. La frase de Mauricio Macri no deja opciones. La reiteró cada vez que pudo. Por lo menos no deja opciones para el sector de la opinión pública que le creyó y, mucho menos, para sus adversarios políticos que utilizarán ese parámetro para evaluar su gestión. Mi padre solía decir que “un hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”. Tal vez por esa razón, el Presidente decidió no participar de la conferencia de prensa en la que se hizo el anuncio. En los años anteriores había protagonizado las presentaciones de su número fetiche.

Según el INDEC recuperado, después del apagón estadístico propiciado por el kirchnerismo, la pobreza aumentó 6,3 puntos (era del 25,7% en el segundo semestre de 2017). Lo que implica que 14.400.000 de argentinos no alcanzan a cubrir con sus ingresos la canasta básica total y quedaron debajo de la línea de pobreza. Son 2.835.000 más personas que un año atrás. En febrero pasado, una familia necesitó 27.570 pesos para no caer en la pobreza. Por otro lado, suman 3.015.00 personas las que quedaron debajo de la línea de indigencia al no poder cubrir con sus ingresos la llamada canasta básica alimentaria. Unos 855.000 más que en el año precedente.

A pesar de la gravedad de los números que tuvieron que exponer, el otro “heraldo negro” de la jornada: el ministro de la Producción, Dante Sica señaló que el gobierno nacional “confirma y mantiene el rumbo económico”. Algo parecido había hecho el propio Presidente en su conversación con Mario Vargas Llosa en la cena de la Fundación Libertad. “¿Si gana, cambia la política? Le preguntó el Premio Nobel de Literatura y militante ultra liberal. A lo que Macri respondió: “Vamos a ir en la misma dirección lo más rápido posible”. La ovación del millar de comensales no se hizo esperar. Lo aplaudían con entusiasmo los empresarios Alejandro Bulgheroni, Cristiano Rattazzi, Daniel Funes de Rioja, Julio Crivelli, Jaime Campos, Alfonso Romero y Federico Pucciariello, entre otros y los gabinetes completos del gobierno nacional y de la provincia de Buenos Aires.

Un día después de esos aplausos que operaron como un bálsamo para el ego y mientras el dólar tocaba su pico histórico, aumentaba el riesgo país y volvía a caer la actividad económica un 5,7%, Macri volvió a hablar. Esta vez ante la consulta de una emisora cordobesa. “La gente tiene que aguantar, tenemos que tirar todos juntos de este carro, no hay soluciones mágicas, yo estoy convencido de esto, estoy dejando la vida en esto”, dramatizó y luego responsabilizó del nuevo salto de la moneda norteamericana a los vaivenes internacionales. “Hoy el dólar sube lo mismo en Brasil, en Turquía… Hay cosas que tienen que ver con el mundo y hoy nosotros tenemos una política monetaria seria, equilibrada”, aseguró en radio Cadena 3.

“La gente tiene que aguantar”, porque el futuro será mejor. “El populismo gasta presente a costa de futuro, nosotros estamos construyendo futuro”, dijo. Algo así como “estamos mal, pero vamos bien”. Otra frase de Carlos Saúl. La idea sólo se entiende con el Presidente en modo candidato y como parte de un planteo destinado esencialmente a los convencidos. A aquellos que lo votarán sin importar la situación económica o social. Los que piensan como Susana Giménez, que se permite alguna crítica pero “cualquier cosa antes que vuelva el peronismo”. Son los que pueden aguantar. Los que no tienen urgencias en la mesa. Los que no engrosarán nunca un porcentaje relacionado con la pobreza o la indigencia. Los que nunca se quedarán en el camino mientras siguen escuchando promesas.