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La pregunta que define el eje del periodismo narrativo

Cicco dicta el curso de Periodismo Narrativo en Periodismo.net. En este nota explica que es «La pregunta que define el eje», su criterio para perfilar la orientación de una nota.


(por Cicco) Antes de sentarse a escribir un artículo, uno tiene una idea de por dónde irá su historia. Conoce cuál es su punto fuerte. Su novedad. El hilo sutil que lo llevará al lector de comienzo al final. Bueno, digamos, que si no lo sabe al momento de sentarse debería empezar por preguntárselo, ¿no les parece?

Conocer nuestro eje, tal como vimos, es la soga que nos sostendrá a lo largo del artículo. Nos permitirá no perdernos en temas secundarios. Volver siempre al tronco principal. Como ya lo tratamos anteriormente, no nos vamos a detener en este aspecto en la clase de esta semana.

Sin embargo, qué succede cuando ya tenemos el hilo en mente, pero nos decimos: ¿cómo lo planteamos? ¿Cómo dejamos asentado nuestro eje?

A menudo, me encuentro con crónicas con lindos arranques, comienzos muy literarios, bien resueltos, muy bonitas palabras, todo muy bello y poético, sin embargo, no queda planteado el eje. Es una mera distracción. Un detalle que no siquiera es llave. Que sólo muestra un aspecto lateral del personaje que no hace al asunto. En fin: un buen intento, pero que le pega en el palo.

Es por eso que esta técnica que veremos es tan eficaz. La llamaremos:

La pregunta que define el eje

Nada mejor que un interrogante para dejar asentado lo que pensamos decir. Para registrar y abrir ante el lector, el nudo de lo que se desarrollará en tu crónica.

A veces, sucede que uno no encuentra ningún dato demasiado sóliido. O una anécdota que concentre y destile el hilo principal de nuestra nota. Sería largo de explicar aquí, pero vamos a decirlo sin pelos en la lengua: muchas veces, a uno le cuesta defender el hilo principal del artículo. Su eje. La hipótesis de su crónica, que en más de la mitad de los casos, son teorías del editor y no nuestras.

Nada como la pregunta para plantear nuestro eje. ¿Por qué motivo? Porque la pregunta es flexible, es plástica, podemos jugar con ella y darle la forma que nosotros querramos. Porque, vamos, es un interrogante. Y como aún no tiene respuesta, tenemos la libertad para plantear allí todo lo que querramos.

En la mayoría de mis artículos, utilizo la pregunta como método para asentar mis ejes. Además, de ser el método más eficaz para asentar la hipótesis principal del artículo, me permite abrir y contagiar al lector con mis interrogantes. Porque, para que uno sienta curiosidad por leer, básicamente tiene que hacerse algunas preguntas al respecto que el texto prometerá develar.

Ahora bien, veamos algunos casos donde utilizo el recurso de la pregunta que define el eje, para que quede clarito como el agua clara de tanta claridad clarificada y clarificante.

“Para conocer a los científicos de primera mano, Cielos Argentinos se propuso hacer, a escala periodística, lo que ellos mismos practican a escala laboratorio: aislarlos para poderlos estudiar mejor. Así, esta revista reunió a cinco de los científicos de mayor renombre del país. Conoció sus vidas. Sus inclinaciones. Pudo meter las narices en sus rutinas fuera del laboratorio. Y preguntarles a todos ellos la pregunta del millón: ¿por qué será que las ciencias se han puesto de moda?”

La pregunta del millón, claro, era el eje de mi crónica. Dejar asentada la pregunta aquí fue una forma de dejar asentado el eje. Comunicarle al lector: Bueno, de esto tratará mi artículo. Si te gusta, seguí viaje. Si no, da vuelta de página.

Vean en este otro artículo, sobre la dificultad de los hijos de comunicarse con sus padres porque, también ellos, están conectados a la tecnología el día completo.

“Tal vez la pregunta del momento, el interrogante de moda en la Argentina, no sea si una pareja del mismo sexo pueda o no asimilar un rol como padres comunes y silvestres. La pregunta debería ser otra. Debería ser, por lo pronto, esta: ¿puede una pareja de padres heterosexuales, casados, profesionales, de sólida posición económica, por mucho que se amen, cumplir dignamente su función de cuidar, criar y acompañar a sus hijos en el crecimiento, cuando buena parte de su fluir cerebral está conectado en otra parte, por no decir, está conectado en los mil y un tentáculos que despliega internet?”

Fíjense: me llevó todo un párrafo para definir mi eje con el interrogante en cuestión. A veces, el rodeo es una forma de atraer al lector, de dejarlo entrar a nuestra hipótesis, una forma de captar su interés antes de formular la pregunta con nuestro eje. Tal vez, no le interese particulamente una nota sobre padres hiperconectados, pero nuestra forma de vender el eje hace que, para él, resulte más atractivo. Se diga: Sí, es verdad, uno puede ser un padre normal y buena gente, decente y buen marido, pero la tecnología hace que, como padre, sea un desastre para comunicarse con sus hijos.

Y a eso precisamente apelará nuestra pregunta: al corazón de nuestro lector. A tirar del hilo de sus curiosidad. Capitalizarlo a nuestro favor para que nos lea. Para interesarlo. Para hacerlo parte de nuestro artículo. Hasta que la muerte los separe. O, en todo caso, hasta que los separe el punto final.

El curso de Periodismo Narrativo comienza el 18 de Septiembre.
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