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domingo 25 de octubre de 2020
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Adelanto de «La izquierda», de Diego Rojas

La izquierda es una fuerza política que ha tenido gravitación a lo largo de la historia nacional, desde fines del siglo XIX hasta el presente. Diego Rojas recorre estas décadas y reflexiona, a partir de acontecimientos poco conocidos, sobre la acción de quienes actuaron a favor de la clase trabajadora.
Los protagonistas son militantes que encarnan el mayor desafío político contemporáneo: acabar con el capitalismo e iniciar una nueva era en el país. Desde el enviado de Karl Marx a la Argentina, al que le preocuparon “las grandes posibilidades de ascenso social que brindaba el país, que alejaba la revolución socialista hacia un futuro lejano” hasta el asesinato del militante trotskista Mariano Ferreyra, pasando por la fundación del primer sindicato obrero, la Unión Tipográfica Bonaerense y la ola huelguística que seguiría; los marinos del acorazado Potemkin que llegaron a Carlos Casares, provincia de Buenos Aires; el devenir del diario El Mundo, del Ejército Revolucionario del Pueblo, clausurado por una bomba de la derecha sindical peronista, y la crisis de 2001, que derrocaría a De la Rúa y uniría “piquetes y cacerolas”.
La izquierda relata estos y muchos otros hechos que cambiaron la historia del país; cada uno presenta la posibilidad de una sociedad nueva largamente ansiada por masas de todo el mundo y que han luchado por alcanzar la emancipación de la explotación y la desigualdad.

A continuación, un fragmento a modo de adelanto:

 

Capítulo 4 – Los comunistas
El nacimiento del Partido Socialista Internacional (PSI) se realizó no solo entre la agitación obrera en alza en el país — el movimiento huelguístico había incremen tado su influencia entre 1916 y 1919, se había producido la «Semana Trágica» en enero de 1919 y había habido grandes luchas en la Patagonia o entre los obreros de La Forestal, en el nordeste de la Argentina— , sino que lo hizo en medio de los fragores que causaba en el mundo el fin de la Gran Guerra, cuyo síntoma más profundo había sido la consagración de la República de los Soviets en Rusia y un estado de efervescencia política en toda Europa. Si bien el nacimiento del Partido Socialista Internacionalista no estuvo directamente alineado con los acontecimientos que se producían en Rusia, ese 6 de enero de 1918, que marcaría una fundación, era una fecha de alumbramiento que transcurría en medio de un escenario tumultuoso.

Apenas un mes después de la fundación del PSI, se realizaba un acto en conmemoración del primer aniversario de la revolución de febrero en Rusia, en la que hizo uso de la palabra Ida Bondareff. Así lo reseñaba La Vanguardia, el periódico del Partido Socialista (PS) en su edición del 30 de marzo de 1918: «Con mucho éxito se realizó la conferencia y función cinematográfica organizada por la Unión Socialistas y Obreros de Rusia. Hicieron uso de la palabra la ciudadana Ida Bondareff y el ciudadano E. Villarreal». Bondareff era una  exiliada que en su Ucrania natal se había unido al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en 1903. Participó de la revolución de 1905 y, luego de una emigración en Suiza, partió hacia la Argentina en 1908, donde se integró a la Organización Socialde mócrata Obrera Judía Avangard, cuyas filas se dividieron entre «leninistas» y «bundistas» — por el partido obrero judío Bund, que planteaba una posición cercana al menchevismo— . La reseña en La Vanguardia da cuenta de que —a  pesar de la ruptura del grupo que fundaría el Partido Socialista Internacional basado en la defensa de las resoluciones del III Congreso Extraordinario del partido, y que se basaban en el «neutralismo» ante la Gran Guerra, resoluciones que luego fueran desobedecidas por los diputados de la bancada del PS— las tensiones y movimientos internos no habían cesado y que continuaría la discusión interna. Bondareff formaría el Grupo Comunistas Rusos e ingresaría luego al Partido Socialista Internacional.

Ese partido había sido fundado tan solo dos meses después de la Revolución de Octubre. Según el biógrafo de Codovilla, la organización contaba con 766 militantes: «Congreso de Fundación del Partido. Buenos Aires, 5-6 de enero de 1918. En el Congreso estuvieron representados 766 afiliados a través de los centros de la Capital Federal, de la provincia de Buenos Aires y de Córdoba». En su manifiesto fundacional señalaban: «La guerra demuestra acabadamente que el socialismo o es francamente internacional o deja de ser socialismo». Y luego: «El Partido Socialista ha expulsado de su seno, deliberada y conscientemente, al socialismo. No pertenecemos más al Partido Socialista. Pero el Partido Socialista no pertenece más al socialismo». La Revolución Rusa, de cualquier modo, no parece haber sido un eje fundamental de las discusiones de ese congreso fundacional. En su trabajo sobre la influencia de la Revolución Rusa en aquellos tiempos en el país, Pittaluga señala:

En esa década que va de 1918 a 1928 el PSI/PC se asemeja, más que a un partido, a un conjunto multipolar en el que se aglutinaron las disidencias que antagonizaron con la práctica electoralista de la conducción socialista; un conjunto que se caracteriza por la fluidez y la diversidad, que comprende de modos plurales las significaciones de «ser revolucionario», por lo tanto, un conjunto por el que pasan, en esos años, muchos importantes activistas de la izquierda socialista.3

La juventud se organizó en la Federación de Juventudes Socialistas, que realizó su primer congreso 20 y 21 de enero de 1918 y que eligió como secretario de la Junta Ejecutiva de la organización a Luis Koiffman. Ese primer congreso adoptó un programa máximo y un programa mínimo bajo la concepción de que «cuando breguemos por el programa mínimo será a condición de abonarlo, empaparlo, por decirlo así, en la levadura revolucionaria del programa máximo». Además de publicar el periódico La Internacional, el PSI se dio a la tarea de publicar los materiales teóricos de los bolcheviques que habían tomado el poder en Rusia: desde El Estado y la revolución, de Lenin, a la primera traducción al español de la Constitución de la República de los Soviets. Sin embargo, la  ausencia de una orientación revoluciona ria podía señalarse en posiciones como esta: «Mientras la burguesía respete los actuales derechos políticos y los amplíe por medio del sufragio universal, el uso de esos derechos y la organización de resistencia de la clase trabajadora serán los medios de agitación, propaganda y mejoramiento que servirán para preparar las fuerzas».

A pesar de su incipiencia, la simpatía por la organización que defendía la perspectiva de una república de los soviets se hacía notar en terrenos como el electoral. En octubre de 1918, Juan Ferlini era elegido como concejal por la Capital Federal: se trataba del primer legislador comunista en la historia del país.

En abril de 1919 se realizó el Segundo Congreso del PSI —hasta 1925 se haría un congreso por año— que tomó la decisión de adherir a la III Internacional. El surgimiento de la organización mundial que agrupaba a los partidos que apoyaban el proceso revolucionario en Rusia y que suscribían a las «21 condiciones» para ser admitidos en ella había provocado la emergencia de una tendencia en el PS, los terceristas, que planteaban su incorporación a la Internacional Comunista. El senador Enrique del Valle Iberlucea era uno de los impulsores del «tercerismo». En tal situación, se convocó a un Congreso Extraordinario en Bahía Blanca, en el cual la tendencia fue derrotada. Escribía el dirigente socialista Antonio di Tomaso:

¿Vamos a creer también nosotros que «la democracia es un prejuicio burgués»? ¿Vamos a preconizar la constitución del «Estado de los obreros armados»? ¿Vamos a predicar la dictadura de un partido o de un grupo, no solo sobre los partidos burgueses y reaccionarios, sino también sobre los otros partidos o grupos proletarios y populares que no piensen como el grupo adueñado del poder y sostenido por el ejército?

El grupo favorable a la incorporación señalaba la caducidad de la II Internacional, al punto que una tercera propuesta emanada de un sector de la dirección del PS fue la conformación de un nuevo agrupamiento mundial. El voto en contra de la incorporación a la III Internacional fue levantado por 5.013 delegados, mientras que 3.650 se pronunciaron a favor.6 La mayor parte de los «terceristas» se incorporó al Partido Comunista. A la vez, el concejal Juan Ferlini —u no de los fundadores del PSI— , en desacuerdo con las «21 condiciones», abandonaría el partido.

En 1920, José Penelón fue elegido como concejal por el PCA y se afirmaría como figura dirigente del partido, tanto como Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi, una dupla que signaría los destinos del PC argentino — y del estalinismo en la región— durante las siguientes décadas. Ese año se realizaría el III Congreso del partido. En 1921 se fundó la Federación de Juventudes Comunistas, como continuidad de las juventudes del PSI, y se eligió como secretario general a Luis Koiffman. Al mismo tiempo, Rodolfo Ghioldi había sido enviado a la Unión Soviética y desde allí enviaría notas a La Internacional, el órgano del PC que ya tenía una tirada diaria, en las que promovía la ayuda de los obreros argentinos a la naciente República de los Soviets. Así, se constituyó un Comité de Ayuda al Pueblo Soviético. En 1922, Koiffman integró la fracción «frentista» que propugnaba una alianza con el PS, y defendió sus posiciones en el IV Congreso. Derrotada la fracción, comenzaron a editar su propio periódico Nuevo Orden y fueron expulsados del partido8 — la mayoría retornó al PS, incluído Koiffman, que evolucionaría hacia el trotskismo y actuaría como parte de esa tendencia al interior del PS, a la vez que sería borrado de la historiografía oficial del PCA, cuyos textos canónicos indican que el primer secretario de la juventud fue Enrique Muller—.9 Durante los primeros años del PC los debates o lucha de tendencias se hacían presentes en la vida cotidiana del partido, sin embargo, en todas las polémicas se encontraba ausente la caracterización del país y de las fuerzas motrices de la revolución. En medio de las disputas, Victorio Codovilla fue enviado a la Unión Soviética y estableció los víncu los con el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) que convertirían al PC argentino en uno de sus más fieles satélites. En el VII Congreso del PCA se adoptaron las tesis de la bolchevización de los partidos comunistas, que no era otra cosa que la construcción de los partidos nacionales en referencia a los intereses de la Unión Soviética. El Comité Ejecutivo de la Tercera Internacional, encabezada por Zinoviev, envió una carta abierta a los argentinos en los que los instaba a adoptar esa política, a la vez que daba un fuerte respaldo a la dupla Codovilla-Ghioldi. La Carta abierta era la respuesta a la fracción izquierdista que se oponía a la constitución de un «programa mínimo» y a la lucha parlamentaria, que en el V Congreso había llegado a obtener la mayoría del Comité Central del PC. La intervención de la Internacional a favor de la dupla Codovilla-Ghioldi soldaba al PCA como organización satélite de la Unión Soviética.

 

ASESINATO EN EL CONGRESO DEL PC
Sin embargo, el período no se desarrolló pacíficamente sino que, por el contrario, el VII Congreso comenzó a los tiros, literalmente. El primer día de sesiones, 26 de diciembre de 1925, la Comisión de Poderes, organismo que acreditaba a los delegados al Congreso, había consagrado a las autoridades de la instancia deliberativa: «El presidente del Congreso es Penelón y la mesa queda compuesta por Contreras, Codovilla, Khun y R. Ghioldi», explicaba el diario La Internacional. Pero no pasaba desapercibido que se le había negado la acreditación al militante mendocino Sebastián Monforte, miembro de los «chispistas», que eran caracterizados por la historiografía oficial del PC como «un minúscul o grupo de “izquierdistas” capitaneado por Cayetano Oriolo quien, como después se aclaró, era un provocador. […] [El grupo] se constituyó abiertamente en fracción, publicó un órgano propio, La Chispa, y atacó furiosamente desde posiciones trotskistas la línea de la Internacional Comunista». La negativa de acreditar al delegado mendocino provocó una batahola que fue descripta así por el periodista de La Nación que cubría el evento:

Un tumulto indescriptible, en el que se mezclaban las voces de los asambleístas con la actitud asumida por la barra y de aquellos que rebatían la resolución de la mayoría. [Del tumulto] participaron no solo los delegados, cuyo número era importante, sino también la mayor parte del público que había ido a presenciar el acto. Una vez restablecida la calma se comprobó que uno de los delegados se hallaba fuera del local de sesiones, tendido en el pavimento, herido de dos balazos, y que otra persona, que formaba parte del público, también estaba herida.

Sobre la calle estaba tendido Enrique Muller, secretario general de la Federación Juvenil Comunista y director de las publicaciones Juventud Comunista y Compañerito — una publicación dirigida a los niños— . Muller representaba a la FJC en el Comité Ejecutivo y era el dirigente más destacado de la juventud. El herido era el chispista Modesto Fernández.

Pese a que la reyerta tuvo lugar en el área de las acreditaciones, la versión oficial del Partido Comunista fue que se había tratado de un atentado contra la dirección del partido. «Durante una de las sesiones, uno de los “chispistas”, Modesto Fernández, disparó con armas de fuego contra la Presidencia donde estaban Victorio Codovilla, Augusto Kuhn, Miguel Contreras y otros dirigentes del partido». La misma versión fue enviada a la dirección de la Internacional Comunista.

Alrededor de 2.500 personas asistieron al entierro de Muller en la Chacarita y luego de las exequias, comenzó el Congreso de la Juventud, cuya secretaría general comenzó a ocupar Orestes Ghioldi, hermano de Rodolfo. También se reiniciaron las sesiones del VII Congreso del partido, ya sin barras en las tribunas. Modesto Fernández fue llevado a prisión y liberado luego de cuatro meses de cárcel. El periódico La Chispa mantuvo una férrea defensa de Fernández y denunció a «los vividores del comunismo en la Argentina — en referencia a Penelón, Codovilla, Romo y Ghioldi—,  oficiando de delatores acusan a un digno militante revolucionario de ser el autor de la muerte de Muller». Y agregaban: «A los oportunistas la guillotina».12 Entre los «chispistas» expulsados del partido se encontraban Angélica Mendoza, Cayetano Oriolo, Mateo Fossa, Rafael Greco, Romeo Gentile, Teófilo González, entre otros. «A ellos se sumaron un reducido grupo organizado en torno a la revista universitaria Insurrexit como Héct or Raurich, Luis Hipólito Etchebéhère y Micaela Feldman. Todos juntos constituyeron el Partido Comunista Obrero en enero de 1926 y editaron el periódico La Chispa».13 Angélica Mendoza era una destacada dirigente docente que había liderado el movimiento huelguístico en su Mendoza natal y dirigió La Chispa luego de la escisión. Más tarde integró los primeros grupos trotskistas del país y tuvo destacadas intervenciones intelectuales. La historiografía oficial comunista resaltaba su vida sexual emancipada de la siguiente manera: «Angélica Mendoza —u na aventurera trotskizante de vida turbia que vio al partido a través de la huelga de maestros de Mendoza— chillaba hasta desgañitarse diciendo: “Estos son tiempos de revolución y no de reformas”». En sus primeros momentos como militante del PC había tenida una relación amorosa con Rodolfo Ghioldi. Mateo Fossa era un dirigente  sindical de la madera y fundador del PSI. Luego de la expulsión y la posterior disolución del PCO se vinculó con diversos grupos trotskistas. En 1935 fue elegido secretario general del gremio de la madera y como tal participó del congreso fundacional de la CGT. En 1938 viajó a México y se entrevistó en tres oportunidades con León Trotski, luego de lo cual proclamó públicamente su adhesión a la IV Internacional.15 Héctor Raurich luego de la experiencia del PCO viaja a España, donde tomó contacto con la Izquierda Comunista Española y se relacionó con otro argentino, Antonio Gallo, con quien al retornar al país intentaron construir una organización trotskista. Luego, se convirtió en un animador intelectual de estos grupos. Luis Hipólito Etchebéhère y Micaela Feldman participaron durante poco tiempo en la experiencia del PCO, viajaron a la Patagonia y luego partieron hacia España, donde se vincularon con los grupos de la izquierda comunista y en particular con los Rosmer, de llegada directa a León Trotski. Viajaron a Alemania y ante el ascenso de Hitler se instalaron en París y luego regresaron a España para participar como combatientes del POUM en la Guerra Civil. Etchebéhère murió en combate al frente de una columna de 150 milicianos. «Mika» Feldman continuó combatiendo y obtuvo el grado de capitana, graduación que no había obtenido una mujer con anterioridad. Al ser derrotada la República, regresó a la Argentina y luego residió en Francia. En 1968 participó del Mayo Francés. Murió en 1992, nonagenaria.

Sin embargo, no sería la de los «chispistas» la ruptura más importante de la primera etapa de conformación del Partido Comunista, sino la que se produjo a instancias del alejamiento de José Penelón de la organización. Penelón era considerado una de las figuras centrales del comunismo argentino, era concejal por la Capital Federal y había liderado el Comité de Propaganda Gremial que devino en la conformación del PSI y luego había formado parte del triunvirato dirigente del PC junto a Codovilla y Ghioldi. Este último, junto al delegado de la Internacional Comunista en el país Boris Mijailov, habían acusado a Penelón por actitudes caudillescas y un parlamentarismo que conducía al reformismo. A su vez, Penelón había planteado objeciones de tipo moral y de aparato. Penelón acusaba a Ghioldi y Codovilla «de armar una trenza a sus espaldas y engañar a la Internacional con chismes falsos, viajando a Moscú mientras él ocupa la banca de concejal».18 Es posible explorar algunas razones más profundas en las  resoluciones del VII Congreso, que planteaba la bolchevización y una  intervención proletarizada en el movimiento obrero, a la vez que una política cultural y deportiva hacia las masas. Fruto de estas resoluciones, se creó la Federación Deportiva Obrera y el PC impulsó decenas de clubes obreros amateurs. En 1926, los clubes de la «Federación Roja» alcanzaban al medio centenar en Capital Federal y otra veintena que se repartía entre Santa Fe, Córdoba y Tucumán. La Internacional tenía una sección deportiva diaria entre sus páginas. Penelón tenía una participación personal en el impulso de esta iniciativa.

En el campo gremial, la proletarización implicaba la conformación de células por fábrica o empresa, decisión que permitió una inserción de los comunistas en los gremios industriales que gozaban de cierta pujanza y la creación de nuevos sindicatos por rama de la industria, como el de los metalúrgicos — cuyos dirigentes se fueron con la fracción chispista—.  Sin embargo, existía una diferencia de método con el penelonismo, de honda gravitación en la militancia sindical del partido, que en lugar de la estructura celular — de carácter clandestino e integrada por miembros del partido— propugnaba la conformación y militancia en «comisiones internas», de un carácter más amplio y legal. La discusión también se forjaba entre la postura de Penelón de participar de la central socialista COA, cuyo centro eran los obreros ferroviarios, y la de la mayoría de la dirección, proclive a la participación en la USA de los «sindicalistas». De cualquier manera, las diferencias no planteaban desavenencias de fondo, a tal punto que luego de que Penelón se retirara del partido arrastrando consigo a gran parte de la militancia obrera y el sector mayoritario de la juventud y conformara el Partido Comunista de la Región Argentina, reclamó para la nueva organización el reconocimiento como sección de la Internacional. Como representante argentino ante el Buró Sudamericano, la cuestión de la ruptura se trató en la Internacional, que otorgó su favor al ala de Codovilla y Ghioldi. Penelón se seguiría desempeñando como concejal porteño por su organización, que devino en llamarse Concentración Obrera. Una parte importante de los miembros del partido que lo habían acompañado en la ruptura volvieron al PC. También hubo quienes iniciaron nuevos horizontes políticos, como Roberto Guinney y el español Camilo López, quienes fundaron el Comité Comunista de Oposición, el primer grupo trotskista de la Argentina. Penelón siempre rechazó el mote de «trotskista» para la política que llevó a su ruptura con el PC.

La izquierda
Héroes, rebeldes y leyendas de la revolución socialista en la Argentina.
Publicada por: Planeta
Fecha de publicación: 03/02/2020
Edición: 1a
ISBN: 978-950-49-7010-1
Disponible en: Libro de bolsillo

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