lunes 23 de mayo de 2022
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Adelanto de «Solo integral», de Fernando Savater

Solo integral es la modalidad más extrema de escalada. En su práctica, el escalador se juega la vida en cada uno de sus movimientos. Este conjunto de artículos (cien publicados y otros cien inéditos) reflejan el espíritu crítico y a contracorriente de Fernando Savater. El autor se pone a prueba en esta revisión de sus ideas no solo porque puede llegar a contradecirse, sino porque, al ser textos independientes, que no están adscritos a un medio de comunicación, puede pensar, escribir y opinar de una forma totalmente libre.

Esta obra es un ejercicio intelectual audaz, en el que se tratan los temas clásicos del filósofo: política, nación, sociedad, educación, ética, cultura… sin ninguna línea roja, y en el que se propone un estimulante juego de espejos. Una cuidada selección de textos que hará las delicias de los seguidores de Savater y que además agitará conciencias y levantará polémicas.

A continuación, un fragmento, a modo de adelanto:

Toros

10 de diciembre de 2016

Recomiendo su lectura a los que sufran el gusto taurino con indebido sonrojo por remar contra la corriente del progreso.

Una de las ventajas de ser francés —‌se me ocurren varias— es la de no tener que pasarse la vida justificando sus ideas ante la Ilustración, el Racionalismo y otras intimidatorias deidades. Después de todo son también francesas, de modo que las llevan incorporadas de fábrica. En cambio los españoles tenemos horror a parecer irracionales, bárbaros, supersticiosos, etc. Estamos obligados a ganarnos la bula de la modernidad a pulso, porque nada se nos da por supuesto. Y a veces quedamos disecados por el qué dirán. Véase la afición a los toros. Baste que alguien nos invoque en contra que es una muestra de atraso, como si supiera lo que toca hoy en cuestión de ritos lúdicos, o que es bárbara y cruel, como si le hubieran nombrado juez de la dulzura civilizada, para que los más decentes empiecen a balbucear excusas y a proponer enmiendas regeneradoras. Así nos quedaremos con nuestros complejos y sin los toros…

Pero la tauromaquia la salvarán los aficionados galos. Dos instituciones del país vecino, la Unión de Ciudades Taurinas Francesas (¿se la imaginan aquí?) y el Observatorio Nacional de Culturas Taurinas (culturas, así como suena) han organizado un Museo Itinerante de las Tauromaquias Universales. Su catálogo, preciosamente ilustrado, al que acompaña un pedagógico DVD, recorre la historia de la fiesta desde sus precedentes prehistóricos hasta José Tomás, sin olvidar obviedades ecológicas contra los ecólatras: «La corrida es el símbolo de la gestión respetuosa de una especie en su medio ambiente». Recomiendo su lectura a los que sufran el gusto taurino con indebido sonrojo por remar contra la corriente del progreso. Y también a quienes creen ser ilustrados porque pretenden prohibir todos los placeres que no comparten, como si la Inquisición fuese moderna. ¿Por qué no prueban a ilustrarse ocupándose de sus asuntos?

Col tempo…

La última ocurrencia del Gobierno de Pedro Sánchez ha sido conceder un bono de 400 euros para gastar en cultura a los que cumplan dieciocho años en 2022. No es fácil descubrir por qué esa edad y ese año tienen premio en la pedrea gubernamental, como no sea porque —‌como sugieren los maliciosos— se trate de un modesto soborno a los que deben ir a las urnas por primera vez en esas fechas. Dejémoslo así, aunque parecería más adecuado que los jóvenes pudieran tener descuento en libros, música, cine o teatros sin tener que esperar a un año electoral para gozar del beneficio. Pero lo que me interesa en este comentario es señalar que las corridas de toros están expresamente excluidas de las posibles formas de gastar esos 400 euros. Vamos, que los toros no son cultura o, peor, que son cultura reprobable, como los rituales caníbales o la ablación del clítoris. Por su parte, el PSOE discutirá en su próximo congreso la abolición de los toros con carácter general y seguro que así complacerá a la cáfila de sus apoyos parlamentarios, reclutados entre los de la JOA (Jodida Obsesión Antiespañola). O sea que el humilde soborno destinado a los jóvenes no solo quiere comprar su voto sino que también decide por ellos lo que es cultura y lo que no. Si yo cumpliese dieciocho años en 2022, ay, con mis 400 euros del ala me iría a Francia…

Muy tarde

31 de diciembre de 2016

Nadie puede ser de veras bueno habiéndose divertido tanto como yo.

Ahora me abruma tanto desperdicio. Una vida que renunció demasiado pronto al verdadero camino de la sabiduría, que no supo evolucionar en el buen sentido, incapaz de ascender desde la chiquillada hasta la seriedad adulta. Un cierto talento, limitado aunque prometedor, derrochado en leer tebeos (con la entrega que otros reservan para Kierkegaard), novelas policiacas estudiadas con fervor como grimorios, y tantas películas del Oeste (con el corazón en la mano: no hay nada más hermoso) o ambientadas en las profundidades de la selva y los abismos del mar (donde acecha Kraken, el pulpo monstruoso, y la sombra aciaga del insaciable tiburón), mañanas ensangrentadas por los dinosaurios, medianoches sin luna de vampiros… La trampa de la infancia, de la que cuando no se sale a tiempo —‌¡oh, vergüenza!— ya no se sale nunca. Y lo demás se fue en el altar de las carreras de caballos o en otros compromisos poco edificantes, como beber los vientos (¡hasta los vientos!), guiñar el ojo sin éxito pero con fruición, y dormir largas, bochornosas siestas. Interminables, hasta hoy. No echo de menos el concepto claro ni la erudición incansable, sino la inexperiencia que perdió la ocasión de madurar.

Buena persona, dicen los amigos más complacientes, que también los hay. Pero no me llamo a engaño: nadie puede ser de veras bueno habiéndose divertido tanto como yo. Y muchas o muchos se alejaron cuando les dijimos que lo nuestro no era valor sino simple curiosidad, ¿verdad, Leonard? Parafraseando la confesión de aquel futbolista mítico que murió arruinado, gasté todo mi tiempo en lo innecesario y el resto lo perdí tontamente. Pero hoy, cuando el año acaba, me agobia este desperdicio: la voz de la tristeza es la de la hormiga amonestando a la incorregible cigarra. Inútilmente. Qué pronto se ha hecho tarde.

Col tempo…

Estas columnas semanales son lo más parecido al diario que nunca escribiré (aunque me gusta tanto leerlos) o al blog que tampoco abriré. Soy un mercenario de la escritura: si no me pagan, cierro el ordenador y me pongo a leer. Por eso hay tantos toques autobiográficos en estas pocas líneas que deberían tratar de la actualidad de un modo más objetivo. Pero eso es demasiado difícil para mí porque en realidad no me interesa el mundo en sí mismo sino lo que a mí me pasa con el mundo. A veces, en nuestras discusiones, yo le reprochaba al poeta José Bergamín que en sus puntos de vista (sobre todo políticos) fuese tan arbitrario: «Pero, Pepe, ¿no puedes intentar ser un poco objetivo?». Y él me contestaba con su sonrisa maliciosa: «Mira, si fuese un objeto sería objetivo, pero como soy un sujeto soy subjetivo». Supongo que puedo decirles esto mismo a mis enfurruñados lectores, a los que fastidia tanto striptease de ego. En este de la columna que comento apenas apunto una afición muchas veces contrariada pero central en mi vida: el sexo. Cuando en el 69 (cifra premonitoria) estuve en la cárcel de Carabanchel, compartía con algunos compañeros más bien ácratas como yo la desazón por no poder reclamarnos de ninguna sigla de partido: ni PC (las más augustas), ni PSOE, ni FLP, ni mucho menos PNV (no creo que de esos hubiera ninguno ni en Carabanchel ni en Martutene), nada de nada… Entonces decidimos inventarnos un cobijo y asegurábamos a quien quisiera escucharnos que pertenecíamos a la JOS. Los más ortodoxos nos preguntaban con recelo si las siglas pertenecían a algún grupo de juventudes obreras sindicalistas o algo parecido, y sonreíamos misteriosamente. Frío, frío… La solución del enigma era Jodida Obsesión Sexual. He seguido siendo miembro (claro, a eso me refiero) de esa asociación tremenda y por lo que compruebo en estos últimos tiempos ni siquiera he mejorado con los años. Más bien he tenido la suerte de empeorar…

Solo integral
Una vuelta de tuerca a sus mejores ideas
Publicada por: Editorial Ariel
Fecha de publicación: 01/02/2022
Edición: primer edición
ISBN: 978-987-8318-27-1
Disponible en: Libro de bolsillo

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