lunes 27 de junio de 2022
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Trabajar menos y vivir más: 10 argumentos a favor de acortar la semana laboral

Diversos países del mundo están estudiando acortar la semana laboral, incluso algunos están realizando pruebas piloto. A principios de junio se ha puesto en marcha un proyecto piloto para evaluar las ventajas de una semana laboral más corta en el Reino Unido. Está dirigido por académicos de las universidades de Oxford y Cambridge. Canon es una de las empresas que se han apuntado al proyecto.

La pandemia ha obligado a muchas personas a reconsiderar su relación con el trabajo, y ha llevado a un número creciente de países a interesarse por la semana de cuatro días.

España está a la cabeza. Su gobierno está probando la idea con empresas interesadas en cambiar las cosas. «Con la semana laboral de cuatro días nos lanzamos al verdadero debate de nuestro tiempo», dice Íñigo Errejón, del partido de izquierdas Más País, que ha propuesto la idea. «Es una idea a la que le ha llegado su hora».

Escocia también cuenta con un ensayo, mientras que algunas empresas han lanzado sus propios proyectos piloto. La multinacional de bienes de consumo Unilever, entre ellas.

El autor holandés Rutger Bregman es uno de los defensores de una semana laboral más corta. «Para algunos de nosotros, la línea que separa el trabajo de lo que nos gusta es difusa, por lo que nuestras vidas no cambiarían mucho. Pero para muchos, hay una clara distinción entre lo que es el trabajo y el resto de la vida. Creo que tenemos que trabajar menos en ciertos trabajos para poder hacer más de lo que importa y lo que es significativo e importante para la sociedad.»

Trabajar menos horas no equivale necesariamente a una reducción de la productividad. De hecho, según un ensayo realizado en 2017 sobre una jornada laboral de seis horas en Suecia, ocurre lo contrario. A pesar de no convencer a todo el mundo, los impulsores del ensayo sueco afirmaron que sus beneficios superaban los costes.

Daniel Bernmar, un político que ayudó a llevar a cabo el experimento en una residencia de ancianos en Gotemburgo, dijo que los resultados presentaban «la narrativa completamente opuesta de la necesidad de trabajar más y trabajar más duro».

La New Economics Foundation (NEF) apoya desde hace tiempo el concepto de semanas laborales más cortas. Anna Coote, miembro principal del thinktank, sugiere 10 razones por las que podría ser bueno para la sociedad.

1. Una menor huella de carbono
Los países con jornadas laborales más cortas suelen tener menos contaminación. La semana laboral de cuatro días sería beneficiosa para los recursos naturales y el medio ambiente.

2. Una economía más fuerte
Si se gestiona adecuadamente, la transición hacia una semana laboral más corta mejoraría la igualdad social y económica, aliviando la dependencia del crecimiento alimentado por la deuda, ingredientes clave de una economía robusta. También sería competitivo: los Países Bajos y Alemania tienen semanas laborales más cortas que Gran Bretaña y Estados Unidos, y sin embargo sus economías son tan fuertes o más.

3. Mejores empleados
Los que trabajan menos tienden a ser más productivos hora a hora que los que se esfuerzan regularmente más allá de las 40 horas semanales. Son menos propensos a la enfermedad y al absentismo y constituyen una mano de obra más estable y comprometida.

4. Menor desempleo
Aunque la media de horas de trabajo se haya disparado en países como Reino Unido, no se distribuye de forma equitativa en la economía: así como algunos trabajan todas las horas del día y de la noche, otros tienen dificultades para encontrar trabajo. Una semana laboral más corta ayudaría a redistribuir el tiempo remunerado y no remunerado de manera más uniforme entre la población.

5. Mejora del bienestar
Dar a todo el mundo más tiempo para que lo dedique a lo que quiera reduciría en gran medida los niveles de estrés y mejoraría el bienestar general, así como la salud mental y física. Trabajar menos nos ayudaría a todos a salir del camino actual de vivir para trabajar, trabajar para ganar y ganar para consumir. Nos ayudaría a todos a reflexionar y apreciar las cosas que realmente valoramos en la vida.

6. Más igualdad entre hombres y mujeres
En la actualidad, las mujeres dedican más tiempo que los hombres al trabajo no remunerado. Avanzar hacia una semana laboral más corta como «norma» ayudaría a cambiar las actitudes sobre los roles de género, promovería un reparto más equitativo del trabajo remunerado y no remunerado, y ayudaría a revalorizar los trabajos tradicionalmente asociados al trabajo de las mujeres.

7. Guarderías de mayor calidad y asequibles
La elevada demanda de servicios de guardería se debe, en parte, a una cultura de largas jornadas laborales que se ha descontrolado. Una semana laboral más corta ayudaría a las madres y a los padres a equilibrar mejor su tiempo, reduciendo los costes del cuidado de los niños a tiempo completo. Además de reducir el coste del cuidado de los niños, trabajar menos horas daría a los padres más tiempo para pasar con sus hijos. Esta oportunidad de realizar más actividades, experiencias y enseñanza y aprendizaje bidireccional tendría beneficios para las madres y los padres, así como para sus hijos.

8. Más tiempo para la familia, los amigos y los vecinos
Pasar menos tiempo en el trabajo remunerado nos permitiría pasar más tiempo con los demás y cuidarlos -nuestros padres, hijos, amigos y vecinos- y valorar y fortalecer todas las relaciones que hacen que nuestras vidas valgan la pena y ayudan a construir una sociedad más fuerte.

9. Aprovechar más la vida adulta
Una semana laboral más corta y flexible podría facilitar la transición del empleo a la jubilación, repartida en un periodo de tiempo más largo. Las personas podrían reducir su horario de forma gradual a lo largo de una década o más. Pasar repentinamente de largas horas de trabajo remunerado a ninguna puede ser traumático, causando a menudo enfermedades y una muerte prematura.

10. Una democracia más fuerte
Todos tendríamos más tiempo para participar en actividades locales, para saber lo que ocurre a nuestro alrededor, para participar en la política, a nivel local y nacional, para hacer preguntas y para hacer campaña por el cambio.

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