martes 21 de mayo de 2024
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Los acontecimientos estresantes en la mediana edad, factor de riesgo de alzhéimer

Los sucesos que generan agobio y tensión al comienzo de la vida se asocian a procesos neuroinflamatorios relacionados con la enfermedad en etapas posteriores. Los resultados apuntan que el estrés puede tener efectos específicos según el sexo.

Las experiencias estresantes en la mediana edad o durante la infancia pueden estar asociadas a un mayor riesgo de desarrollar alzhéimer y neuroinflamación, respectivamente. Esta es una de las conclusiones de un estudio publicado en Annals of Neurology y liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

Los acontecimientos vitales tensos y agobiantes son aquellos en los que amenazas externas objetivas activan respuestas conductuales y psicológicas en nosotros, como la muerte de un ser querido, el desempleo o la enfermedad. Cada vez hay más pruebas de que el estrés podría estar asociado a un mayor riesgo de demencia y deterioro cognitivo.

El objetivo de esta investigación fue evaluar si la acumulación de estos sucesos a lo largo de la vida podría influir en el desarrollo de patologías relacionadas con el alzhéimer en etapas posteriores.

Para ello, el equipo contó con 1.290 personas voluntarias de la cohorte ALFA de Barcelona, apoyada por la Fundación “la Caixa”, todas ellas sin deterioro cognitivo en el momento del estudio, pero con antecedentes familiares directos de alzhéimer.

Los y las participantes se sometieron a entrevistas para evaluar el número de acontecimientos vitales estresantes. Asimismo, se les realizaron punciones lumbares y resonancias magnéticas para analizar distintos biomarcadores relacionados con la patología neurodegenerativa.

Dos periodos de edad vulnerable

Los análisis estadísticos revelaron que la acumulación de acontecimientos estresantes durante la mediana edad se asociaba a niveles más elevados de proteína β-amiloide (Aβ), un factor clave en el desarrollo de alzhéimer.

“La mediana edad es un periodo en el que empiezan a acumularse las patologías relacionadas con esta enfermedad. Es posible que estos años representen una etapa vulnerable en el que experimentar estrés psicológico pueda tener un impacto duradero en la salud cerebral”, afirma Eleni Palpatzis, primera autora del estudio.

El equipo de investigación también descubrió que niveles más altos de experiencias estresantes en la infancia estaban asociados con un mayor riesgo de desarrollar neuroinflamación en edades más avanzadas.

La inflamación se ha reconocido como una respuesta molecular clave en las enfermedades neurodegenerativas y estos resultados están en consonancia con las nuevas pruebas que sugieren que los traumas infantiles están relacionados con un aumento de la inflamación en la edad adulta.

Diferencias por sexos

La acumulación de acontecimientos vitales estresantes a lo largo de la vida se asoció con mayores niveles de proteína β-amiloide (Aβ) solo en los hombres. En las mujeres, sin embargo, los investigadores observaron que un mayor número de experiencias estresantes se asociaba a menores volúmenes de materia gris, lo que implica que el estrés puede tener efectos específicos según el sexo.

“Los mecanismos a través de los cuales los factores estresantes de la vida afectan a la salud cerebral de hombres y mujeres son diferentes: acumulación de proteína amiloide en ellos y atrofia cerebral en ellas”, explica Eider Arenaza-Urquijo, investigadora de ISGlobal y última autora.

Por último, las autoras encontraron que los acontecimientos vitales estresantes en personas con antecedentes de enfermedades psiquiátricas se asociaron con mayores niveles de proteínas Aβ y tau, neuroinflamación y con un menor volumen de materia gris. Esto sugiere que esta población podría ser más susceptible a los efectos de los acontecimientos vitales estresantes.

“Nuestro estudio refuerza la idea de que el estrés podría desempeñar un papel importante en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer y aporta pruebas iniciales sobre los mecanismos que subyacen a este efecto, pero se necesitan investigaciones adicionales para replicar y validar nuestros hallazgos iniciales”, añade Arenaza-Urquijo.

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