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Jeremy Corbyn, el inglés que quiere dialogar por Malvinas

por Pablo Robledo, desde Londres, especial para Periodismo.com


El evento estaba anunciado para el sábado a las 4 de la tarde en el barrio de Borough, al sureste de Londres. Invitaba la organización «Latinxs con Corbyn», formada por miembros de la comunidad latinoamericana e hispánica que trabajan de manera voluntaria para apoyar la candidatura del diputado Jeremy Corbyn a la posición de líder del Partido Laborista. Quizás muchos esperaban lo típico de estos actos latinos en Londres: altas cuotas de telurismo sudaca, mulatas de caderas anchas y tetas grandes bailando salsa, vendedores de comidas fritas, viejos exiliados que perdieron ya el tren de vuelta, empanadas a tres libras, algun que otro mate perdido entre las botellas de cerveza mexicana o peruana, psicobolches bolivarianos, discursos incendiarios y encendidos, hermosas brasileras y guapos argentinos, chilenas deslumbrantes y parlanchines venezolanos, mujeres feas y hombres a la pesca, militantes ecuatorianas y uruguayos perdidos, comunistas cubanas y evitistas bolivianos, en fin, la politizada fauna latina londinense a full. Y quienes ello esperaban no se vieron defraudados. Pero…

En el restaurant El Vergel de la Webber Street aguardaba una sorpresa. La calle, caminada desde la estación de Waterloo, es una radiografía de la Londres actual: viejas casas victorianas y viviendas del Estado de los años 20 y 30 del siglo pasado que sobrevivieron las bombas nazis mezcladas con al menos 6 o 7 obras en construcción que muestran el imparable avance de la limpieza social (de la que tanto habla Corbyn, pero eso es para otro día), la codicia de los constructores y la presencia lacerante de los fondos buitres de inversión y especulación inmobiliaria que convertirán a esta, en una ciudad fantasma. En el medio del trayecto, un hogar para homeless que funciona desde el 1962 y que pocas veces estuvo tan ocupado como en esta década de gentrificacion y austeridad, los símbolos claves del capitalismo extremo.

Los carteles de las vidrieras decían “We are the Corbyn collective”. Pero había uno que sobresalía por sobre los demás: Evento comunitario, no se aceptan medios de comunicación. Really? A la entrada se pedía una donación. Una mesa mostraba la humilde parafernalia de la campaña: remeras rojas, prendedores con el logo, folletos y libros explicando las ideas del candidato y nada más. ¿Nada más? Folletos y libros explicando las IDEAS del candidato. ¡Madre mía, que sacrilegio! A esto, la prensa hegemónica le llama Corbynmania, como si el fenómeno que ha despertado a lo largo y ancho de la isla se redujese a una manía momentánea de varios millones de lunáticos. Lunático es también la palabra que usan varios medios para desacreditar a Jeremy. Pero ¿adónde está Jeremy? Ya va a llegar, dicen, ya va a llegar. Un discurso acá, otro más allá y, para mecharlos, una actuación musical acá. Y otra más allá.

Y va llegando gente al baile. Gente de lo más diversa y, a veces, de lo menos latina. Una pareja de Kerala, uno de los dos Estados comunistas de la India, el profesor universitario, ella sonriendo. Laura, que dice que es chilena pero casi no habla español, porque nació en Londres de padres exiliados. ¿Adónde la ponemos? Señores ingleses de más de 50, los mismos que abandonaron el Partido Laborista cuando la invasión a Irak, o quizás antes, cuando llego Tony Blair. Que vuelven, si, que vuelven. Mi gran amigo Colin, 92, gay, ex-comunista, activista empedernido, que luchó en la Segunda Guerra, que fue parte del desembarco del Dia D contra los nazis, que se anotó como voluntario y trabaja con el Team Corbyn hace ya varias semanas, que dice que hacia 70 años que está esperando alguien así, que hoy no pudo venir. Jóvenes y adolescentes más londinenses que el Big-Ben y treintañeros (o porque no, cuarentañeros) que jamás habían escuchado a un político hablar sin callarse nada y expresando lo que realmente piensa. Y hace, porque Jeremy Corbyn, diputado laborista por Islington North desde 1983 (cuantas veces fue re-elegido es difícil recordar, 7 seguro) siempre ha sido el mismo, jamás se ha traicionado a sí mismo y más importante aún, jamás ha traicionado sus ideas. Nacionalización de los ferrocarriles, participación del Estado en las empresas privatizadas, apoyo incondicional a la causa del pueblo Palestino, oposición total a las guerras especialmente a la de Irak, suba de impuestos a las ganancias de las corporaciones, control y regulación del sistema financiero, re-establecimiento de la Cláusula 4 del Manifiesto Laborista, diálogo para el tema Malvinas. De izquierda señora, ideas de izquierda pura y dura, que horror, vade retro Satanás.

¿Pero adónde está el piloto? Llega a las 7 y 15, dicen como un mantra, los y las que saben. Y en la larga espera, ahora sí, con ustedes, los latinos 100% animando la fiesta. Fiesta porque el ambiente es de fiesta. Porque la mera presencia de Corbyn en la papeleta de la elección interna es motivo suficiente para fiesta. Cantan los latinos, que durante la semana quizás deben trabajar de 6 a 18 por 6 libras la hora (un paquete de cigarrillos cuesta 12 libras), que son una de las minorías étnicas menos integradas y más explotadas de la ciudad, que alquilan una habitacion entre 4 y se dividen 6 horas al día cada uno para dormir, las otras 18 sudan la gota gorda. Cantan porque todavía cantamos, porque cantar es resistir. Y cantan porque saben, saben bien, que Corbyn siempre estuvo con ellos, acompañándolos en sus reclamos y sus luchas, en sus alegrías y sus tristezas, en sus noches y en sus días, con sol y lluvia, siempre con lluvia. Cantan, por ejemplo, Guantanamera, al ritmo de la percusión y las maracas. El local rebalsa de gente, las sillas no dan abasto, las cervezas se agotan, los cuerpos se mueven, los transeúntes, ignorantes del evento, pasan y se detienen asombrados, a sacar fotos, a chusmear, están siendo testigos del fenómeno Corbyn.

Y cuando están cantando y bailando Guantanamera, asoma el físico flaco y la blanca barba, la cabeza erguida y la mirada a los ojos, la camisa en mangas y el paso lento, asoma Jeremy Corbyn y entra. Guajira Guantanamera, Guantanamera, guajira Guantanamera. Ole, ole ole, ole, Corbyn, Corbyn. Ole, ole, ole, ole, Corbyn, Corbyn. El que, potencialmente, puede llegar a ser uno de los políticos más poderosos del mundo si es elegido líder laborista y luego ganas las elecciones. O no. El latino Corbyn, que comienza hablando en español para ganarse las primeras ovaciones. Pero enseguida salta al inglés y pregunta si se necesita traducción. El no es rotundo y gritado. Y Corbyn cuenta y recuerda y pone y propone y sugiere y dispone. Corbyn cuenta que la primera vez que fue a América Latina, allá por finales de los 60 era muy joven e idealista y aprendió muchísimo de las personas y grupos que encontró en su camino. A Brasil, Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay fue Corbyn, y pide perdón por no haber podido ir nunca a Venezuela, Ecuador y Panamá. Y aprendió mucho también de las tradiciones del continente en los lugares y aldeas remotos que visito. Los trenes que nunca llegan y las cárceles. Si, las cárceles, porque se enganchaba en cuanta marcha y manifestación popular se le cruzaba por el camino y terminaba preso. Por aquello de que el pueblo unido jamás será vencido Y entonces, Corbyn también canta. Corbyn, futuro líder del Partido Laborista según todos los pronósticos, encuestas y análisis, comienza el mismo a cantar, en español, el pueblo, unido, jamás será vencido. Demás está decir que todos los allí presentes le hacen el coro. Muchos comienzan a pellizcarse. Los que no lo conocen, seguro.

Gran Bretaña debe tener una relación especial con América, si, con todo el continente americano y especialmente con América Latina, sostiene Corbyn. Y sigue. Recuerda a las miles de víctimas del Plan Cóndor. ¿Un futuro líder laborista, hablando del Plan Cóndor y sus víctimas? ¿Es que el mundo se ha vuelto al revés o loco? Rememora aquellos fantásticos días en que Pinochet estuvo bajo arresto en Londres, y Corbyn iba, iba todos los días al frente de la casa donde el tirano tomaba té con Margaret Thatcher a mostrar su solidaridad. Recuerda emocionado el asesinato de Salvador Allende hecho en complicidad con la CIA y el gobierno norteamericano. Dios mío. Menciona las sangrientas dictaduras y las heroicas luchas de los pueblos latinoamericanos para librarse de ellas, menciona la larga noche neoliberal y menciona también la alegría que le provoca ver los cambios que se han dado en el continente en las últimas décadas, el latino Corbyn.

Pero esta en campaña y necesita votos, y los pide sin vergüenza, porque estén seguros que este si no los va a defraudar, sinvergüenza. Y los latinos de Londres se los van a dar y así se lo hacen saber, cantando y bailando y gritando. Con la esperanza como llama y los sueños como vanguardia. Y Corbyn dice que no va a permitir que siga existiendo el Trident, el plan de proliferación nuclear del gobierno conservador, pero que esa gente que trabaja en eso no va a perder sus puestos de trabajo sino que va a pasar a hacer algo mejor que no amenace el mundo. Habla de explotación, de sistema injusto, de igualdad, de derechos, de sindicalización, de desigualdad, de lucha. De todo eso habla Corbyn, cuando la gente lo deja, y termina, cantando, no se sabe si Guantanamera, ole ole, ole o el pueblo unido. Termina cantando y entregando un mensaje de esperanza en un mundo mejor.

Y luego, no se va raudo y a la carrera a seguir mintiendo, como cualquier político. No, que va. Allí se queda y aguanta el asedio. De los groupies, de los oportunistas de las fotos, de los allí estuve yo. Con una sonrisa siempre, lo aguanta porque es parte de su ser. De su ser Corbyn. Y luego, allí se queda. No hay fotos besando a bebes ni frases huecas y hechas, no hay palabras que no dicen nada ni falsas carcajadas Kolynos., no hay prisa pero tampoco pausa. Porque su historia personal así se lo indica. Por primera vez en décadas, algo distinto está pasando y ya no huele tan a podrido en Dinamarca. ¿Será?

Esta fue, y vaya si fue, una noche con Jeremy Corbyn.