miércoles 25 de mayo de 2022
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Científicos argentinos desarrollaron un detector de alimentos transgénicos

Investigadores de la Universidad Nacional de Río Cuarto presentaron un sensor electroquímico que puede detectar el uso de soja transgénica en alimentos. El dispositivo es de bajo costo, fácil uso y podría permitir cumplir con requisitos para la exportación de alimentos y como paso previo para el etiquetado de productos.

En la actualidad, en la Argentina no hay métodos económicamente viables para detectar la presencia de transgénicos en inspecciones en campo, por lo que se debe confiar en los certificados de los fabricantes. Un dispositivo capaz de señalar la presencia de proteínas transgénicas en semillas de soja y que empezó como un trabajo de tesis  en el seno del Instituto de Desarrollo Agroindustrial y de la Salud –IDAS–, de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) y el CONICET, busca ocupar ese espacio vacante.

Al inicio del proyecto, el grupo de investigación se encontró con una primera barrera al no poder acceder a la proteína transgénica de la soja (CP4 EPSPS) en forma aislada, ya que está protegida por propiedad intelectual. Entonces, un equipo de investigación del Centro Nacional Patagónico (CENPAT/ CONICET) de Puerto Madryn, que realizó cálculos teóricos de la proteína que le permitieron recrear los péptidos que se encuentran en la parte exterior de la proteína modificada. Estos péptidos son inmunogénicos, es decir, que se pueden generar anticuerpos que reaccionen a la presencia de los péptidos. Se inyectaron los péptidos en conejos y eso permitió tener anticuerpos específicos para detectarlos.

Los investigadores de la UNRC ya tenía experiencia en el trabajo de inmunosensores, por lo que lograron aislar los anticuerpos y luego insertarlos en una lámina de oro con nanopartículas de oro que producen que al contacto con la proteína transgénica generen una corriente eléctrica que se usa como señal.

La etapa siguiente consistió en hacer las pruebas directamente con la semilla entera, para lo cual también fue necesario contar con semillas de soja no transgénica, algo que resultó muy difícil de conseguir ya que el 90% de la soja cosechada la Argentina está modificada genéticamente. En esa tarea colaboró el Departamento de Estudios Básicos y Agronómicos de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UNRC, que consiguió las semillas no transgénicas.

En los experimentos contaron con una respuesta muy sensible en el sensado y también se hicieron pruebas en las que se mezcló la semilla con otros componentes contaminantes que suelen estar presentes en alimentos, como azúcares o harinas, y se logró la detección sin interferencias.

La investigadora Patricia Molina, codirectora de la tesis de doctorado que dio origen al proyecto, le dijo a TSS: “En el futuro, ese electrodo sólido de oro, que es muy costoso, puede ser fácilmente reemplazado por un electrodo serigrafiado descartable. Podrían hacerse un montón de circuitos impresos en una lámina de oro muy económica con las nanopartículas. Podría empaquetarse como un test de embarazo o de COVID, y podría hacer el análisis alguien sin mucha preparación”.

El trabajo –que fue publicado en la revista académica Talanta, especializada en química analítica– fue la tesis doctoral en Biología de Marcos Farías, con la dirección de la doctora en Biología Ana Niebylski y la codirección de la doctora en Química Patricia Molina, quien se centró en el trabajo de electroquímica del dispositivo. También contó con el apoyo de investigadores de Ingeniería Agrónoma de la UNRC (que ayudaron a conseguir la soja no transgénica) y de la Universidad Nacional de San Luis, que colaboraron con la generación de anticuerpos específicos.

En la Argentina, son tres los cultivos transgénicos los que se producen y se consumen: la soja (tolerante al glifosato), el maíz y el algodón (tolerantes a ese herbicida y a diversas plagas). Actualmente, continentes como Europa y también la Organización Mundial del Comercio (OMC) imponen ciertas normas que restrigen la comercialización de alimentos elaborados con transgénicos. “Si queremos exportar alimentos a Europa seguramente nos van a exigir que estos análisis estén. Además, tarde o temprano, en nuestro país habrá un etiquetado de transgénicos por la controversia que hay sobre el tema. Entonces, puede ser una herramienta para que el consumidor tenga la libertad de saber si quiere consumir este tipo de alimentos o no”, dijo Molina.

Matías Alonso

Vía

 

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