jueves 8 de diciembre de 2022
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El valor del cine en la formación médica y en los pacientes

En los estudiantes de grado de medicina, el cine y la literatura pueden contribuir a exponer a una serie de aspectos transversales de su formación con escasa presencia en los programas de las asignaturas; de la misma manera, en la ciudadanía, cine y medicina pueden contribuir a la formación de una conciencia crítica del significado y valor de la salud.

El artículo editado en julio último por la Revista de Medicina y Cine presenta los fundamentos conceptuales de la asignatura optativa Cine, Literatura y Medicina que desde 2011 se imparte en segundo año de medicina de la Universidad de Oviedo, Asturias, España.

El texto se incluye en el contexto de la medicina narrativa que busca, a través de la literatura, un conocimiento más profundo de la enfermedad, la profesión médica o las vivencias del paciente.

Los autores, médicos que se desmpeñan en diversas instituciones de la región, dan por sabido que se conciben dos tipos de Medicina:

«a) la muda o tecnificada en la que el paciente tiene poco que aportar, y
«b) la narrativa, basada en el dialogo, la empatía y la comprensión narrativa de cada paciente, lo que requiere escuchar. Esta última es el contrapunto de la medicina tecno-científica actual de base biomédica en la que despersonaliza al enfermo e incluso se le designa con el nombre de su patología.»

La reacción a la primera concepción provoca diferentes manifestaciones de protesta bajo el lema «yo no soy mi enfermedad», «indicativo de que el enfermo no lleva su hígado o su riñón, o cualquiera otra estructura con anormal funcionamiento, a la consulta, sino que va todo él, con sus inquietudes y esperanzas, lo que obliga a considerar no sólo los aspectos biológicos sino también los emocionales y relacionales que conforman el proyecto vital del enfermo», según expone el artículo.

Aportes del cine a la medicina

Son muchas las publicaciones que analizan el papel de las películas de cine y las series televisivas. De ellos se puede colegir un efecto positivo que debe ser estimulado «porque vivimos en una cultura eminentemente visual (civilización de la imagen) y el conocimiento histórico de la mayoría de la población se concreta o refuerza a través de medios audiovisuales», explican los autores.

El lenguaje audiovisual es un sistema de representación de la realidad que rodea a las personas y otorga significados a los objetos y prácticas de la vida cotidiana, regulan las prácticas sociales, modulan la conducta de la población y proporciona el sentido de identidad propia y ajena.

El artículo sintetiza la aportación del cine a la enseñanza de la medicina en los siguientes conceptos:

a) fomento del auto-aprendizaje y actitud crítica y reflexiva del estudiante;
b) adquisición de competencias y capacidades de los planes de estudios;
c) exploración de la dimensión cultural y social de la enfermedad y de la experiencia de enfermar;
d) apropiación de símbolos y significados que aporta el lenguaje cinematográfico;
e) incorporación de conceptos aprendidos a nuestras experiencias vitales;
f) acercamiento de lo aprendido a contextos prácticos, incentivando la atribución de significados por parte del alumnado, y
g) reconstrucción de acontecimientos sanitarios desde puntos de vista humanos.

Junto a estos hechos, los autores destacan que una película es una fuente de información que expresa el momento de su realización, reflejo de la realidad técnica, política y social de ese momento histórico.

Aportes de la literatura

La literatura y la medicina están íntimamente ligadas no sólo a la vida, sino a la muerte que es parte sustancial de la producción literaria.

Los autores valoran esta complementación por ser un recurso eficaz para conocer aspectos ignorados en las facultades: el enfermo en sus miserias, inquietudes, expectativas vitales, miedo, angustias y temores.

En este sentido, hacen referencia a que un tercio de las facultades de medicina de Estados Unidos incluyen cursos de literatura dentro de los estudios de grado, resaltando que se torna frecuente encontrarlos en las españolas.

El auge actual de la literatura a la formación de estudiantes de medicina y otras titulaciones de Ciencias de la Salud se debe, en alguna medida, al auge de la medicina narrativa y al peso de la medicina tecno-científica que caracteriza al modelo biomédico olvidando al enfermo como persona. El artículo remarca que la literatura y las artes pueden ayudar, no sólo a entender mejor a los enfermos, sino también a recuperar la atención integral que reclaman los pacientes y sus familiares.

Metáforas y epónimos, aportes a la medicina

Bordallo Landa, González Rodríguez y Agustín Hidalgo, autores del artículo, ejemplifican sus puntos de vista con descripciones médicas originadas en metáforas explicativas:
cuello de búfalo (característico de la enfermedad de Cushing), diarrea en agua de arroz (típica del cólera), olor a paja mojada (fenilcetonuria), imagen en alas de mariposa de algunas neumonías o cabeza de medusa en alusión a la tortuosidad de los vasos abdominales propios de la hipertensión portal.

y continúan; «el uso de metáforas es más extenso y así, por ejemplo, el término cáncer se usa como metáfora para supuestos castigos morales contenidos en expresiones como el cambio climático es un cáncer medioambiental, la delincuencia es un cáncer social, el fracaso escolar es un cáncer educativo o la corrupción es un cáncer político».

Respecto a las eponimias, el artículo da cuenta de algunos célebres personajes literarios:
Tendón de Aquiles, Morfina (en alusión al dios Morfeo), Nuez de Adán, Monte de Venus, Cabeza de Medusa, Hipnosis (en alusión a Hypnos, dios del sueño), o Atropina (en referencia a Atropos, una de las tres parcas).

Las enfermedades inspiradoras

Al finalizar sus reflexiones, los autores señalan que la lectura puede ser útil en cualquier momento del proceso evolutivo de la enfermedad, con la excepción, tal vez de la fase más aguda si esta se acompaña de sufrimiento físico o emocional que dificulta la concentración.

El acompañamiento por los libros es posible porque la literatura puede informar, orientar y contar historias relacionadas con el origen, la evolución y el desenlace de buena parte de las enfermedades prevalentes actuales. En cada una de las fases de la enfermedad, el individuo recurrirá a la lectura con diferentes objetivos: adquirir conocimiento, conocer experiencias ajenas, obtener consuelo, o únicamente entretener el paso del tiempo. Pero quizá el tiempo donde la lectura ha aportado (y aporta) más compañía a los enfermos es en el lento avance de las enfermedades crónicas y en la convalecencia; tal vez en estas circunstancias el ánimo está más dispuesto a compartir las historias que narran los libros.
Las imágenes de enfermos leyendo en sanatorios antituberculosos o en las casas de reposo que tanto han recreado algunos clásicos de la literatura, hablan por sí.

Los autores asturianos invocan como ejemplos de la relación entre la enfermedad y la creación literaria, los casos de Cortazar o Bram Stoker que durante su infancia siguieron largas convalecencias en las que surgió su afición a la lectura. En esta influencia, cuando hacen referencia a Tolkien, recuerdan que mientras el escritor se recuperaba de su fiebre de las trincheras, comienza a redactar las primeras líneas de la saga del Señor de los Anillos.

Parece claro, a la luz de los comentarios precedentes, que el cine y la literatura pueden contribuir a exponer a los estudiantes de medicina en aspectos de su formación con escasa presencia en los programas de las asignaturas de Grado.

Vía

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