viernes 21 de junio de 2024
Lo mejor de los medios

El peligroso mercado de los cosméticos truchos

Labiales, sombras, delineadores, bases, correctores, máscaras, fragancias: un enorme universo de productos que escapan al control de los organismos reguladores y que, en lugar de embellecer, pueden causar serios daños a la salud.

“Tuve miedo. Sentía que me quemaban los párpados. Media hora después de haberme rascado por la picazón que me dio la sombra de ojos, tenía la cara toda hinchada, los ojos, los pómulos, la boca. Supuse que era una reacción alérgica y suspendí el uso. Al otro día ya estaba mejor. Al tiempo volví a comprar un quitaesmalte en el mismo bazar, al usarlo me dejó las uñas blancas y resecas y la piel donde me había tocado toda escamada”, cuenta Micaela (25).

“Me compré un delineador de ojos en un paseo de compras en la Estación de Moreno. Al principio me dio ardor, luego se me formó un orzuelo y cuando maduró se me pasó al otro ojo. Estuve así diez días. La marca era una imitación de Mac. No llamé a Atención al Consumidor porque el producto no tenía ningún dato ni contacto. Suspendí el uso de inmediato y lo terminé tirando. Si vuelvo a comprar lo haría en una farmacia o perfumería”, relata Mariana (22). Tanto ella como Micaela son dos de las tantas mujeres que han consumido cosmética “trucha” y que encontramos fácilmente en cualquier negocio.

El precio es un factor relevante a la hora de adquirirlos. Los altos costos de los productos importados o de marca tornan cada vez más atractivos aquellos que son réplicas o que no cuentan con aprobación sanitaria. La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) es el organismo encargado de regular todos los productos que inciden en la salud humana, entre ellos los cosméticos. Comercializados en supermercados, perfumerías, tiendas online, ferias, los maquillajes truchos son parte de los consumos habituales de las mujeres de todo el mundo.

Entre sus componentes pueden se han detectado trióxido de cromo, cancerígeno y mutagénico, así como metales pesados. Los brillos labiales pueden contener químicos con filtros de protección de luz y materias primas plásticas dañinas para la salud, al igual que nitrito de sodio, que en una dosis de cuatro gramos ya resulta mortal.

Los grandes productores de cosmética trucha están situados en China, país que no cuenta con tantas regulaciones sobre la fabricación como sí las tienen en Europa, donde el uso de ciertos químicos está prohibido y penalizado. Esta capacidad de emplear los componentes que deseen es lo que vuelve a los productos de réplica particularmente llamativos, ya que los colores brillantes y saturados que resaltan en el mercado suelen ser aquellos que tienen pigmentos nocivos. Así, a partir de una producción abaratada y desregulada, llegan a nuestras manos cosméticos tanto de réplica como de marcas independientes o hasta inexistentes, ya que un mismo producto puede ser impreso con diversas firmas según quien lo vaya a comercializar.

La dermatóloga Marta Volpe explica: “El níquel, que se usa para la máscara de pestañas, es alergénico, al igual que los parabenos (un tipo de conservantes) y el formaldehído, que se usa en las peluquerías. En las pantallas solares, ciertos componentes provocan dermatitis de contacto, en general los párpados son la zona más afectada. Y los esmaltes de uñas contienen tolueno y a mucha gente le da alergia. Estos químicos pueden producir descamación en labios y brotes en el rostro”.

“Los maquillajes que ahora tienen adicionado vitamina C o son ‘anti age’ hay que usarlos por el tiempo que dice el envase y luego tirarlos porque aquella se oxida, se pone oscura y hace mal. Los productos hipoalergénicos se testean en muchas personas, aunque esto no quiere decir que todos respondan de la misma manera. Siempre hay alguna que puede ser alérgica. Las fragancias que se usan en los cosméticos también pueden causar una reacción, sobre todo las que tienen en base de bergamota, que le da el olor más intenso”, agrega.

A la hora de comprar es importante tener en cuenta que todo producto cosmético inscripto ante la ANMAT debe declarar, en su rotulado, además del lote y la fecha de vencimiento, la lista de ingredientes, y una leyenda con el número de legajo que identifique al establecimiento elaborador o importador. La propia ANMAT proporciona un listado de empresas autorizadas donde figuran sus razones sociales, rubros para los cuales se encuentran habilitados y direcciones. A su vez, en caso de sufrir algún inconveniente, el organismo invita a realizar el reclamo correspondiente, que se puede presentar a través de un formulario.

Problemática mundial

Manuel Sztern es el dueño de Jactan’s, un laboratorio de cosmética con más de 30 años de trayectoria ubicado en el barrio porteño de La Paternal. Máscara de pestañas, polvo compacto, labiales y esmaltes integran su línea de productos. ¿Cómo los fabrican? En principio, operan bajo las normas de la ANMAT y deben cumplir con estrictos controles de calidad. Una directora técnica, una bioquímica, una subdirectora técnica bioquímica y dos auxiliares forman parte del organigrama de la empresa. Son los responsables también de auditar los productos que mandan a hacer en el exterior y de supervisar todos los insumos.

El propietario de Jactan’s señala que llevan todos los registros de fabricación como exige la ANMAT. Cada vez que crean un producto, hay que iniciar un legajo nuevo con las especificaciones y características para comercializarlo. Debe incluir el nombre, la marca, la submarca, los componentes y el diseño de las etiquetas.

Además, se les requiere a los fabricantes que tengan registro de todos los componentes del producto y la trazabilidad: este último concepto refiere al proceso, se trata de la información que permite, en caso de detectar un producto que cause alergia, informar a la ANMAT para retirarlo del mercado. Se lleva un registro de a qué cliente se le vendió cada unidad: se genera un recall, esto significa que se recuperan estos maquillajes que pueden ser perjudiciales.

“Por suerte nunca vivimos una situación así, no tenemos experiencia en productos que le hicieron mal a la gente. Está todo muy testeado. Con respecto al protocolo a seguir, no ponemos número de atención al cliente por posibles reacciones alérgicas, pero sí tenemos una casilla de información, donde a veces pueden llegar mails de reclamo, como que una persona compró algo y se le rompió el producto, pero nunca por cuestiones de salud”, asegura Sztern, cuyo laboratorio cuenta con unos 500 productos autorizados para la venta.

“Lo que sí sucede es que el país está repleto de mercadería importada, sin ningún tipo de aprobación –remarca–. Si bien la ANMAT tiene inspectores en la calle, no dispone de una estructura para hacer frente a semejante cantidad de productos truchos. Esto existe y va a seguir existiendo. Es algo mundial”.

El reino de lo trucho

El barrio porteño de Once es la sede del grueso de los mayoristas de maquillaje de réplica. Con una compra mínima de 1.000 pesos podemos acceder a precios reducidos y un catálogo infinito de sombras, labiales y esmaltes. Adentro de los locales, encontramos pasillos anchos y las cajas de los productos están acomodadas una al lado de la otra sin dejar espacio vacío. En los estantes se observan nombres similares a los de las grandes marcas: Mac, Maybelline, Pink, Kylie Cosmetics.

No solo los nombres están replicados, también los envases: copias exactas de labiales que podrían pasar por originales. Productos de diferentes colores, texturas, fragancias, ninguno tiene rotulado el número de serie, fecha de vencimiento ni de elaboración. Las cajas que los exhiben solo ofrecen advertencias de uso no recomendado para niños, acompañado de algún texto en inglés o en chino, imágenes de mujeres con el producto en su rostro, y alguna descripción. Ninguno habla de componentes, ninguno está aprobado por la ANMAT.

Mujeres de diferentes edades compran, por menor y por mayor –para luego ser comercializados–, maquillajes que muy probablemente hayan sido producidos con sustancias prohibidas y quizá dañinas para la piel, mucosas, y otras partes del cuerpo.

Una vendedora se acerca y preguntamos por la procedencia de los maquillajes: “¿Están aprobados?”. “Ni idea, la mayoría son truchos”, responde y admite que los productos son réplicas y que a eso se debe el bajo precio. Paula, una de sus compañeras, cuenta que compró un delineador en la calle Paso, cerca de allí, que decía ser marca Loreal. “Al primer uso me dio picazón y se me irritó el párpado derecho. Me pasó lo mismo con el maquillaje de Pink 21”, afirma.

Una cuestión de salud

Cuando los falsificadores cambian los ingredientes para ahorrar dinero, las consecuencias van más allá de la textura y el olor. En la serie documental Sociedad de consumo, la dermatóloga Whitney Bowe sostiene que ‘’los cosméticos de imitación han dado positivo para cancerígenos como arsénico y berilio, también para plomo y mercurio. Estos sirven como colorantes para obtener colores vibrantes, y es mucho más barato que tratar de lograr un color hermoso y profundo con un producto más seguro y natural”.

“En cantidades elevadas, metales como el plomo pueden ser peligrosos: el cerebro es extremadamente sensible a este, puede causar problemas de memoria, dolores de cabeza, problemas con la fertilidad y abortos. Muchos maquillajes de réplica han dado positivo para orina y materia fecal, se ha encontrado estafilococo en estos productos, que puede causar impétigo, celulitis, forúnculos, pústulas, conjuntivitis y orzuelos, estas cosas no deben tomarse a la ligera’’, subraya.

“Los productores de cosméticos no regulados toman la lista de ingredientes de los originales, intentan adivinar el porcentaje de cada uno, y luego reemplazan algunos ingredientes caros con otros más baratos. Por ejemplo, la parafina o aceite mineral actúa igual que el isododecano por una fracción del precio, pero existen algunas desventajas. Este es inodoro, mientras que el aceite mineral es pesado y pegajoso”, advierte Luisa Fanzani, química cosmetóloga.

El mercado de la cosmética trucha se ve hoy impulsado por las redes sociales. Las influencers de belleza crean expectativas sobre los productos que lanzan las marcas reconocidas, los revendedores compran en cantidad para comercializarlos en línea, y se vuelve difícil saber cuáles son falsos y cuáles no. Los sitios de venta en Internet brindan a los falsificadores la fachada perfecta. Por eso es fundamental atender a las indicaciones de la ANMAT y los especialistas, antes de sufrir consecuencias en la salud.

Por Bianca López y Mayra Aristegui
Vía ANCOM

Lo último