miércoles 29 de mayo de 2024
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Medidas baratas en el embarazo podrían evitar cerca de un millón de muertes fetales y de recién nacidos al año

Una serie de estudios en The Lancet indican que diversos tratamientos a mujeres embarazadas, como suplementos de micronutrientes, complementos energéticos, aspirina o progesterona vía vaginal, podrían reducir los fallecimientos de bebés al nacer o durante la gestación en países de renta baja o media. Por su parte, la administración de corticoides reduciría las complicaciones en los nacimientos prematuros.

Ocho tratamientos baratos y fácil aplicación para las mujeres embarazadas de 81 países de renta baja y media podrían evitar unos 566.000 mortinatos (muertos a partir de la 20 semana de gestación) y que 5,2 millones de bebés al año vinieran al mundo de forma prematura o demasiado pequeños para su edad gestacional, según una nueva serie de cuatro artículos publicada en la revista The Lancet.

Las medidas sugeridas por estos estudios son suministrar suplementos de micronutrientes múltiples, complementos energéticos de proteínas equilibradas y aspirina. Otros serían el tratamiento de la sífilis, la educación para dejar de fumar, la prevención del paludismo durante el embarazo, el tratamiento de la bacteriuria asintomática y la administración de progesterona por vía vaginal.

A esto se sumaría dos tratamientos de eficacia probada que pueden reducir las complicaciones de los partos prematuros, como son el suministro de corticosteroides prenatales y el pinzamiento retardado del cordón umbilical.

La implementación de este conjunto de medidas evitaría la muerte de 476.000 recién nacidos. La serie calcula que el coste de aplicar estas intervenciones ascenderá a 1.100 millones de dólares (unos 1.000 millones de euros) en 2030.

En un análisis sobre recién nacidos pequeños y vulnerables (small vulnerable newborns, SVN), la serie calcula que, de los 135 millones de bebés que nacerán vivos en 2020, uno de cada cuatro (35,3 millones) nació prematuro o pequeño para su edad gestacional, algunos con bajo peso al nacer. Estos bebés nacieron en todos los países, la mayoría en África subsahariana y Asia meridional.

Lejos del objetivo de la OMS

Los autores subrayan que en todas las regiones la reducción de los nacimientos prematuros y el bajo peso se sitúan en una línea plana y fuera del Objetivo Mundial de Nutrición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que exige una reducción del 30 % de bebés con bajo peso al nacer para 2030, con respecto a la base de referencia de 2012. Sin embargo, la tasa de disminución anual estimada en la actualidad es solo del 0,59 %.

En un llamamiento mundial a la acción, los autores abogan por una mayor calidad en la atención a las mujeres durante el embarazo y el parto. Y hacen hincapié en la implementación de medidas como las mencionadas, en especial, en los países con menos recursos

Los trabajos estiman que estos tratamientos low cost podrían evitar aproximadamente el 32 % de los mortinatos, el 20 % de las muertes de recién nacidos y el 18 % de todos los bebés vulnerables nacidos en esos países.

La importancia de la recopilación de datos

Dado que más del 80 % de los partos se producen en centros sanitarios, los autores destacan que ya es posible mejorar la recopilación y el uso de los datos, garantizando que cada embarazo esté fechado con la edad gestacional exacta y que todos los recién nacidos –así como todos los mortinatos– se pesen y clasifiquen por el tipo de SVN.

Además de ayudar a garantizar una atención de buena calidad, los estudios afirman que una mejor recopilación de datos es esencial para informar de los avances e impulsar la rendición de cuentas.

Según señala el profesor Per Ashorn, de la Universidad de Tampere (Finlandia) y autor principal de la serie, “a pesar de varios compromisos y objetivos mundiales, uno de cada cuatro bebés en el mundo nace demasiado pequeño o demasiado pronto”.

“Nuestros trabajos sugieren que ya disponemos de los conocimientos necesarios para invertir la tendencia actual y salvar la vida de 100.000 bebés al año por un coste de 1.100 millones de dólares, una fracción de lo que reciben otros programas sanitarios. Necesitamos que los responsables nacionales, con socios globales, prioricen urgentemente la acción, defiendan e inviertan”, concluye.

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