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lunes 26 de octubre de 2020
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José Padilha, dir. de RoboCop (2014)

1174829 - ROBOCOP

Los Angeles, noviembre 2013.

La película de Paul Verhoeven era sobre la era Reagan y las corporaciones ¿Cuál es el tema de esta?

Creo que la de Paul era sobre la relación entre el fascismo y la automatización de la guerra y la violencia. Si mirás la historia de Estados Unidos como Vietnam. ¿Por qué se fueron? Porque las tropas morían y la presión en casa aumentaba para que vuelvan las tropas, las mismas razones que con Irak. Si reemplazas a los soldados con drones, no está la presión por las muertes. Es el ejemplo de la guerra moderna, si algo le pasa a la policía, si tenés hombres, está la chance de que alguien esté en desacuerdo, pero si son máquinas, no pasa eso. Paul Verhoeven exploró esta posibilidad donde la fuerza de la ley es cooptada por las corporaciones que son capaces de una violencia increíble. La violencia es horrible, y las máquinas no son conscientes de eso. Así que si tengo razón, estamos trabajando en la misma premisa: la relación entre el fascismo y la automatización de la violencia. Esto está pasando: mirá los drones. Uno asume que los drones autónomos no son violentos porque tienen programas sofisticados que les permiten ser operados por ellos mismos y tener reconocimiento facial. Cuando esto pase, todo cambiará, porque un policía puede asesinar un chico por error. Podés enjuiciarlo y juzgarlo, pero si lo mata una máquina, ¿a quién culpás? ¿Al que la activó? ¿Al que la hizo, al que hizo el software? La responsabilidad se vuelve difusa. Creo que dentro de poco los países tendrán que crear legislaciones para debatir si permiten que las máquinas peleen sus guerras. Verhoeven lo planteó en 1987 y nosotros hacemos una película sobre las mismas cosas pero de manera distinta y en un contexto contemporáneo.

Max Weber dijo que el Estado es el monopolio de la violencia. Quien tenga el Estado tiene la violencia…

Sí, el Estado tiene el monopolio de los derechos para usar la violencia, no la violencia en sí porque los criminales son violentos también.  El monopolio se la da al Estado por un acuerdo tácito, que acepta el sistema legal –qué puede ser legal y qué no en una democracia- cuando pensás en los seres humanos es diferente que cuando pensás en las máquinas. La cuestión en los avances tecnológicos es qué pasará en distintos lugares cuando los robots estén disponibles. En América estaremos influenciados en un debate relativamente abierto con posiciones filosóficas, políticas y corporativas. Resultará en alguna legislación que lo regulará. En Corea del Norte no sé qué pasará. Ese es un tema.

No hay debate.

No hay debate y el poder está concentrado. Es un problema para el mundo.  Nuestra película sucede en 2028, donde los americanos deciden usar las máquinas para la guerra. Vemos la invasión a Teherán por drones, pero prohíben el uso doméstico. ¿Suena familiar? Esa corporación que los fabrica está perdiendo dinero porque se prohíben los drones en USA. Así introducen la máquina en un hombre ya que sigue siendo un hombre en el esqueleto de una máquina.

¿Cuán difícil para vos es meterte en esas ideas en una película de estudio?

Es difícil. En una película de estudio la dificultad pasa por hacer que esas ideas se entiendan y sean accesibles. Creo que se puede. La violencia en Brasil atrae una audiencia grande, pero debés tener un debate sobre qué quiere decir cada escena. Y en una película de estudio eso no sucede siempre. Así que tenemos que encontrar un balance para que algunas personas claves en el estudio soporten las ideas.

Martin Scorsese decía que los directores eran traficantes de ideas en las películas de estudio porque filmaban lo que el estudio quería pero traficaban las ideas que ellos querían. ¿Creés que es así?

Sí, creo que trafiqué mucho en esta película.

¿Cómo qué?

Bueno, tuvimos libertad en el set así que cambiamos el diálogo, nombramos a los personajes como filósofos. La ley que prohíbe las máquinas es Dreyfuss, como el filósofo. Así que tenemos un montón de ídolos ocultos. Son detalles que nadie nota.. Así que nosotros insertamos en esta película la información sobre la ilusión del libre albedrío.

En la original ocurría que el villano estaba con las corporaciones. ¿Sucede lo mismo?

No, no compro eso. La historia debe ser coherente en su tono, aún en el tono satírico de Paul Verhoeven, la nuestra es más realista aún cuando sigue siendo irónica y satírica. Así que elementos como este los alejamos, no tenemos un villano que es como The Joker que mata gente. Ni siquiera hay un villano. Somos más realistas. No es una película de superhéroes. Tenemos explosiones y todo eso que es excitante, pero no es una película de superhéroes.

En las películas de estudio la acción siempre la filma la segunda unidad así todas las películas parecen la misma. ¿Cómo diferenciás la tuya?

Bueno, hablás con el director de segunda unidad y tratás de dirigirlo lo más que puedas. Pero es así como las películas se hacen. En Hollywood la segunda unidad filma la acción mucho mejor que los directores que se llevan los créditos por algo que nunca hicieron.

Como las películas de Bond.

Yo estoy muy contento con mis escenas de acción.

¿Dejaste lugar para la secuela?

Siempre se puede hacer una secuela pero no apuntamos a una secuela.

Sam Jackson y Gary Oldman están curtidos no sólo de acción sino en películas. ¿Cómo fue trabajar con ellos?

Me encanta colaborar porque se trata de que todos en escena colaboren para encontrar la mejor manera de encontrar una historia. Así que es un gran placer poder discutir la película con Gary Oldman que es un gran director también. Sam Jackson es un actor enorme con muchísima experiencia. Si sos inteligente vas a escucharlos a ellos.

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