martes 19 de febrero
Interesante

El “facilitador de partos”, un revolucionario invento argentino

Después de ver cómo un amigo sacaba un corcho del interior de una botella con una bolsa inflada, al mecánico argentino Jorge Odón se le ocurrió aplicar el mismo principio para crear un dispositivo que facilita los partos. Su prototipo está a punto de masificarse de la mano de la Organización Mundial de la Salud, que ve en él un invento revolucionario para evitar muertes por partos en zonas empobrecidas y ayudar a que baje el número de cesáreas. Esta es la historia.

Para Jorge Nicolás Odón, el hábito de compartir un asado con los empleados de su taller mecánico no tenía mucho que ver con la gastronomía. Si de él hubiera dependido, aquella tarde de 2006 habría elegido otro menú: vegetariano como es, no tiene más remedio que conformarse con las ensaladas y la bebida.


Lo importante no era la comida, sino el rato que pasaba con sus empleados: la conversación, la sobremesa. Y vaya si fue importante aquella sobremesa ese día en su taller de alineación y balanceo en Lanús Este, provincia de Buenos Aires, Argentina, ya que la vida de Odón cambió para siempre. Y vaya si fue importante aquella sobremesa, que terminó revolucionando la historia de la medicina. Un momento: ¿no dijimos que Odón era mecánico? Lo era, sí, hasta que le hicieron el truco.

Uno de los comensales toma una botella vacía de vino, le coloca el corcho, hace presión hasta que el corcho cae dentro. Luego le juega una apuesta al resto: les dice que es capaz de sacar el corcho sin romper la botella. Odón se ríe. ¿Qué apostás?, lo torean. Otro asado, dice Odón. El comensal toma una bolsa de polietileno, la introduce despacio por el cuello de la botella, deja una parte fuera, infla la bolsa, cuando considera que está suficientemente inflada, inclina la botella y comienza a tirar hacia fuera y en su salida la bolsa inflada arrastra el corcho. El truco está en internet, pero ninguno de los comensales lo había visto jamás.

Odón queda deslumbrado, como si hubiera visto magia. Lo que vio es física pura: la combinación de los mecanismos de pinza (el aire contenido en la bolsa abraza al corcho) y cinta transportadora (la bolsa lo arrastra hacia fuera). Apenas llega a su casa, en la ciudad de Banfield, le cuenta a su esposa lo que vio. Se duerme pensando en la botella, el corcho, la bolsa. Despierta con una especie de epifanía.

-Marcela, lo de la botella… Sirve para los partos.

-¿Qué..? -respondió su esposa, aún semidormida.

-Lo de la botella, el corcho, la bolsa… ¡Sirve para los partos! insistió Odón, triunfal.

-No digas -respondió ella. Y siguió durmiendo.

Salvar vidas, evitar cesáreas

Siete años después, el “Dispositivo Odón” es prioridad absoluta entre los experimentos médicos que promueve la Organización Mundial de la Salud. Imaginemos, como lo hizo Odón, que el corcho es un feto, que el cuello de la botella es la vagina de la madre y que la botella es un cuerpo en un trabajo de parto prolongado. Imaginemos lo mismo que Odón y obtendremos el primer dispositivo para facilitar un parto que se inventa desde la creación del vacuum en el siglo XVIII. Se trata de salvar vidas, de ganar tiempo precioso cuando el parto es problemático. Se trata, también, de evitar cesáreas.

Odón me recibe en su casa. Me sorprendí cuando me dijo que vivía en Banfield porque yo mismo vivo allí. Me sorprendí cuando me dio su dirección exacta porque todos los días paso a una cuadra. Tendemos a pensar que los grandes inventores viven lejos, en barrios de inventores. Cuando toco el timbre, me abre la puerta una jovencita de 15 años: es la menor de sus cinco hijos. Jade Odón ya no juega con muñecas: se las regaló a su padre. Por el bien de la humanidad, Jorge Odón las coloca en recipientes de acrílico que hacen las veces de útero y luego las extrae con su dispositivo: una bolsa para sacar bebés. En el escritorio de su estudio tiene un útero de acrílico: al principio diseñó úteros de vidrio y en los “trabajos de parto” se le rompían. Odón atesora inventos anteriores, todos en el rubro automotor.

-Hice una barra tensora para el Dodge 1500. Cuando usted frenaba de golpe, se rompía el chasis. La barra evitaba que se rompiera. Después modificaron el modelo en la fábrica y ya no hizo falta. En los 80, diseñé un soporte que se podía adaptar a cualquier rótula. Cuando se abrió la importación, el repuesto pasó a costar carísimo y tuve que dejar de hacerlo. Aprendí a inventar cosas, a testearlas hasta que funcionaran, a patentarlas. Soy perseverante. Cuando tengo una idea, para sacármela de la cabeza hay que convencerme de que es una locura.

Antes de casarse Odón le contó a Marcela que tenía tres sueños: si ella no los aceptaba, era difícil que la relación prosperara. Jorge quería hacerles una casa a sus padres antes de tener la suya, quería correr una carrera de automovilismo y quería tener seis hijos con ella. Su novia no tuvo inconvenientes con ninguno de los sueños de Odón y se convirtió en su esposa. Jorge les hizo una casa a sus padres, corrió una carrera y tuvo seis hijos con Marcela.

-El más grande tiene 31; la más chica, 15. Ahora tengo cinco hijos, porque perdimos una. Al cuarto mes de embarazo sabíamos que no tenía riñón. Teníamos la ilusión de algún error de los médicos, y aguantamos hasta el octavo mes, que fue el parto y vivió dos horas y falleció. Se llamaba Jazmín. Era imposible que viviera así, pero uno espera un milagro de Dios…

-Usted es creyente…

-Sí, muy creyente. Por eso pensé que quizás… Y ahora le agradezco a Dios que me haya puesto una idea en la cabeza, justo a mí, que no tengo nada que ver con la medicina, que me sacan sangre y me desmayo.

-Bueno, pero los partos no son un tema nada ajeno a su vida. Tiene una familia numerosa…

-Sí, pero presencié solo el primero. Los demás fueron por cesárea.

-Fíjese que su invento justamente puede ayudar a evitar cesáreas.

-Sí, es cierto- dice, sorprendido, como si no hubiera pensado antes en la relación entre su invento y las cesáreas que padeció Marcela.

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