martes 16 de octubre
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El creador de Dilbert: “La pasión es una mierda”

Además del exitoso Dilbert, el famoso caricaturista Scott Adams tiene muchos negocios fallidos en su haber. Aquí explica por qué cree que la pasión es una porquería, que las grandes metas son una trampa para el fracaso, y que el “enfoque de sistemas” es el único camino hacia el éxito.

El reconocido dibujante Scott Adams lanzó un nuevo negocio -algo así como el número 30 en su carrera- pero no es del todo seguro que esté apasionado por su aplicación de calendario. “Cuando las cosas funcionan, soy apasionado”, dice Adams, “y cuando no, no”.


No es que no le importen sus negocios, es que sabe que nueve de cada diez ideas suyas no serán ningún éxito. Entonces, no deja que ningún contratiempo se entrometa en sus próximas grandes creaciones. No dejó que lo detuvieran después de sus dos restaurantes y una empresa de comida, ni cuando quien-sabe-cuántos software de computadora no vivieron lo suficiente para instalarse como opciones masivas para los usuarios.

“Eso que se experimenta como estrés o decepción es usualmente la diferencia entre lo que obtenés y lo que esperabas obtener”, dice el creador de Dilbert, la historieta de 24 años de existencia. “Si esperás que algo pase y no pasa te puede entristecer”, agrega.

“Espero que todo lo que hago tenga una pequeña posibilidad de funcionar de la manera que yo esperaba. Pero también confío en que todo lo que haga va a mejorar mis probabilidades de éxito en el largo plazo”, afirma Adams.

Nunca hay que prestarle dinero a alguien apasionado

Adams comenzó a pensar de esta manera durante su trabajo en un banco, cuando su antiguo jefe le ordenó que nunca prestara dinero a cualquier persona que fuera apasionada, porque “la pasión nubla el juicio y [la gente] se aferra a las malas ideas porque son apasionados”. En cambio, se le dijo a Adams que tenía que invertir en las personas que tenían un historial de trabajo duro.

A través de su cadena de intentos de negocio, Adams fue testigo de un mismo tipo de pensamiento al hablar con los inversores. “Lo que escucho es que nadie puede escoger a un ganador en términos de una idea de negocio. Así que [los inversionistas no pueden] escuchar un adelanto y decir: ‘Esa idea probablemente funcionará’, porque en términos de previsibilidad sería completamente aleatorio”.

En otras palabras, “lo que solía ser una creencia mística de que se podía distinguir una idea de negocio ganadora, ahora se ha trasladado a la noción de que se puede escoger un equipo ganador o una persona que gana porque tienen un historial o hay algo acerca de su intensidad o su carácter o su genio que les hará un ganador”, dice.

Y estas experiencias son las que llevaron a Adams a pensar que la pasión es una mierda.

“En el momento en que hayamos logrado un billón de dólares gracias a nuestra idea, probablemente estaremos muy entusiasmado con él porque ha transformado nuestras vidas”, dice Adams, quien también es el autor del libro “How to Fail at Almost Everything and Still Win Big” (“Cómo fallar en casi todo y aún así ganar mucho”. “El dinero nos hizo lo que somos, así que por supuesto que vamos a actuar muy apasionados sobre ello”.

Al revés de lo que mucha gente piensa -que la pasión nos llevará al éxito- Adams dice que “es el éxito el que genera la pasión” por lo que necesitamos probar tantas cosas como sea posible.

Entonces, ¿qué deberían hacer las personas que están sin descanso siguiendo sus pasiones?
Adams dice lo mismo que su madre le dijo una vez: “¿Dibujante? ¿Has pensado en ser un abogado?”. En otras palabras, tener un plan de respaldo o dos.

Las grandes metas nos hacen sentir mal con nosotros mismos

Según Adams, uno de los mayores problemas con los objetivos es que están constantemente haciendo que nos sintamos como un fracaso.

“Digamos que queremos perder 10 kilogramos, por lo que cada día nos pesamos y es como, ‘Eh, estoy fallando’, incluso si usted está cada vez más cerca”, explica. “Estás en un estado emocional de pre-éxito, una especie de semi-fracaso o purgatorio. No te sientes como si estuvieras ante un éxito”.

Y esta es exactamente la razón por la que, para el historietista, no deberían proponerse metas personales. Por un lado, nunca sabemos si el objetivo que elegimos es el correcto (podría haber mejores metas por ahí). Por otro, cuando tenemos metas fijadas, se nos forman como unas anteojeras a otras posibilidades porque estamos priorizando lo ya elegido.

“El mundo es completamente impredecible ahora. No se puede predecir dónde estará tu carrera en un año. No se puede predecir qué tecnologías van a cambiar el mundo. No se puede predecir si los robots van a tomar nuestros puestos de trabajo. Así que elegir un objetivo en este mundo tiene sus desventajas”.

Sin embargo, Adams sí dice que las metas tienen un lugar en situaciones muy específicas, simples y de corto plazo. Por ejemplo, es aceptable establecer un objetivo si entramos a un concurso de tiro con arco y queremos golpear en el blanco o si somos agricultores que deseamos limpiar 40 acres de tierra antes del invierno o si queremos ir a la escuela de medicina para convertirnos en médicos.

Pero nunca, nunca hay que ponerse metas como: “Yo quiero tener el trabajo de mi jefe en cinco años”, porque es posible que hagamos caso omiso de mejores oportunidades, centrándonos en un trabajo en particular.

La clave del éxito está en acercarse a la vida como un sistema

A diferencia de las metas, un sistema es algo que hacemos cada día para mejorar nuestras posibilidades de éxito. Todo lo que hacemos en nuestro enfoque de sistemas es crearnos capacidades más atractivas para el mercado en el largo plazo.

“Dilbert no era un objetivo. Era una de las muchas cosas que intenté “, dice el dibujante. “Todas ellas tenían las características suficientes para probablemente no funcionar, pero en el caso de que lo hicieran, tenían un potencial sin explotar para lograr algo muy grande”.

“Si alguien no sabía mi historia, podría decir: ‘El hombre tiene suerte, intentó una cosa que funcionó’. “Pero eso no fue completa suerte. Fue la fuerza bruta. He intentado un montón de cosas y no sabía qué iba a tener de bueno hasta que probé y me enteré de la respuesta del mercado”.

Si Dilbert o cualquier otro negocio que Adams intentó no funcionaron, él afirma que no piensa tomar el “fallo temporal como personal”, porque la suerte es un factor muy importante. Por lo tanto, hay que aumentar las probabilidades de tener suerte: es la única forma de triunfar.

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