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Miguel Arteta, director de Alexander y un Día Terrible, Horrible, Malo… ¡Muy Malo!

La película de Disney Alexander y un Día Terrible, Horrible, Malo… ¡Muy Malo! (Alexander and the Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day (2014) sigue las aventuras de Alexander (Ed Oxenbould), un niño de 11 años que atraviesa el día más terrible y horrible de su joven vida: un día que comienza con goma de mascar enredada en su cabello, seguido de una calamidad tras otra. Cuando Alexander cuenta las desventuras de su desastroso día a su optimista familia, nadie parece comprenderlo y él comienza a preguntarse si las cosas malas sólo le ocurren a él. Pero pronto descubrirá que no está solo, cuando su madre (Jennifer Garner), su padre (Steve Carell), su hermano (Dylan Minnette) y su hermana (Kerris Dorsey) también se vean envueltos en su peor, más terrible y horrible día. Cualquiera que diga que los días malos no existen sencillamente nunca vivió uno.


 

Alexander and the Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day

Miguel Arteta: 

Estábamos hablando de una teoría cinematográfica antes. ¿La podés explicar?

La verdad es que la vi en un documental sobre Martin Scorsese donde él decía que una persona que lo impulsó fue Cassavettes, que le dijo que hiciera películas sobre la gente que conocía de verdad. Por eso hizo Mean Streets. Era su barrio. Así que me di cuenta que era importante hacer películas sobre las personas que conocés. Además tuve suerte porque mi profesora universitaria enseñaba las grandes películas de los directores de Hollywood y decía que un buen director define el sistema completo en sus propios términos. Cuando ves las películas de Howard Hawks tienen un punto de vista sobre la gente que es único, como las de Frank Capra, sin importar qué película hace. La manera en que yo veo al mundo es la mejor arma para hacer una historia. Tuve mucha suerte de que me ensañara eso: se trata de cómo ves el mundo, no tanto de cómo ves la historia.

Una frase dice que un director siempre filma la misma historia. ¿Estás de acuerdo?

Yo creo que sí porque los cambios en la vida son pequeños, importantes, pero la manera en que vemos el mundo cambia muy poco.

¿Qué cambió en vos desde Star Maps hasta ahora? ¿Podés relacionarla con esta película?

Sí, porque se trata de saber apreciar lo que tienes. Yo era una persona un poco deprimente, a mí me gusta hacer películas sobre desafíos que yo siempre tuve que enfrentar y no por eso soy experto. Yo estoy aprendiendo a ser feliz y querer a la gente que tengo en mi vida y creo que esta película celebra eso.

¿Cómo es manejar comedia? Imagino que es difícil abstraerse para saber si algo está bien o mal.

Yo creo que debe tener intimidad, porque es una cámara que ve todo. Y lo que nos gusta es cuando los actores flirtean con una persona y eso te hace sentir especial. Para mí ahí se entiende la comedia porque los chistes no son para setenta personas, sino para hacerte reír solo a ti.

Estás acostumbrado a manejar equipos chicos. Acá tuviste que manejar cinco o seis personas en una misma puesta en escena.

Bueno, yo lo veo como una familia de seis. Creo que me ayudó conocer un poco esas relaciones. Lo que me ayuda es que es una película sobre el caos. Tuve mucha confianza en los actores pero de verdad tuve mucha suerte con ellos. Los chicos son muy talentosos y hacen muchas cosas además de esta película y se quieren mucho. Lo mejor es que estos actores se estaban enamorando y uno filma ese proceso, fue un placer.

En temas de cámara ¿Usaste una?

Tres cámaras y a veces cuando hicimos las cosas más locas, más. Cuando Steve [Carell] terminó de filmar, una semana antes que el resto, los chicos le escribieron una canción que escribieron para él, y se puso a llorar. Tuve mucha suerte porque esta fue mi primera película de estudio.

¿Qué diferencia notás con las películas independientes?

No mucha, es como hacer televisión o cine. Al final del día no es tan distinto. Esto es igual. Por suerte yo tuve una película donde yo quería hacer lo mismo que el estudio, así que no hubo ninguna pelea. Yo creía que iba a haber un calendario muy ajustado porque teníamos niños y animales, pero se sentía igual que un comercial o una película independiente. Trabajé mucho para filmarla en 40 días.

¿40 días nada más? Muy poco.

Los niños además no pueden filmar 16 horas seguidas, así que es un poco menos. Yo me sentía bien con 37 días, así que fue igual que otras películas. Al final del día siempre tratás de hacer más de lo que se puede.