lunes 23 de mayo de 2022
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La bala de plata

La expresión “bala de plata” hace referencia a un mito. Una bala fundida de ese metal es la única capaz de dar muerte a hombres lobos y otras criaturas satánicas. El problema es que si se falla el disparo no hay vuelta atrás. Es algo así como una última oportunidad. El monstruo en Argentina es la grave situación económica, una hiedra con cabezas temibles: endeudamiento externo con el FMI, altísimos niveles de pobreza, crisis cambiaria, desconfianza en la moneda y alta inflación. El presidente Alberto Fernández está convencido de que está ante la posibilidad de cambiar el rumbo de una gestión, acosada por dos años de pandemia, recesión, contradicciones y errores propios.

Para eso tiene que lograr la aprobación del entendimiento con el FMI, que refinancia la monumental deuda tomada por Mauricio Macri, trasladando los pagos a 2026. Cree que ese paso es imprescindible para consolidar un proceso de crecimiento y estabilidad que le permita al Frente de Todos tener alguna chance electoral en 2023 después de la contundente victoria de la oposición en las últimas legislativas.

Ese fue el objetivo central del discurso ante la Asamblea Legislativa para abrir las sesiones ordinarias. Le habló al país, pero pensando esencialmente en los legisladores propios y ajenos que tendrán la llave para aprobar el acuerdo con el organismo internacional. Fue directo cuando dijo: “Necesitamos que nos acompañen y apelo al compromiso nacional de todos y todas”.  Pareció dirigirse a los ausentes, el ex jefe de bloque de su fuerza Máximo Kirchner y el senador Oscar Parrilli, cuando señaló: “Este es el mejor acuerdo que se podía lograr y gobernar es un ejercicio de responsabilidad”. Todavía es incierto lo que harán los 30 diputados kirchneristas y los senadores que responden a la vice presidenta. Para ellos y para los que todavía dudan fueron las frases: “no habrá ajuste”,  “no habrá tarifazos” (aunque reconoció que habrá mayores porcentajes de aumento aunque por debajo del aumento salarial), “no habrá reforma laboral ni reforma previsional”. Los escépticos se preguntaron ante ese panorama si el temible FMI iba a operar con Argentina como una ONG.

Luego, Fernández fue muy duro con su antecesor por haber tomado en 2018 una deuda “impagable”, recordó que para este año los vencimientos ascienden a 19 mil millones de dólares. Esencialmente, pidió que el Poder Judicial (al que fustigaría después por no resolver el amparo que favorece a las empresas de comunicación e internet impidiendo la aplicación del decreto que considera como esenciales a esos servicios) avance con la investigación sobre el endeudamiento con el FMI y determine “quienes fueron los responsables de tanto desatino”. Hay una causa abierta en el fuero federal.

La frase motivó la indignación de los opositores y el retiro de los diputados del PRO. El gesto que –en opinión de los halcones del sector responde “al pedido de sus votantes”- generó malestar en el resto de los socios de Juntos por el Cambio que permanecieron en el recinto: UCR, Coalición Cívica y Evolución. “Ahora se hablará más de esto que de la ausencia de Máximo y los problemas que tiene el gobierno para unificar una postura”, se quejaron.

Las divisiones en la oposición también generan incertidumbre sobre la aprobación del entendimiento que ingresará al Congreso este semana. Sobre el tema hay opiniones totalmente contrapuestas. Elisa Carrió y Gerardo Morales están en las antípodas de lo que opinan Horacio Rodríguez Larreta, y ni hablar de Mauricio Macri y Patricia Bulrich.

Alberto Fernández tiene su bala de plata. Decidió asumir una jugada arriesgada, que no coincide con su estilo político. En su entorno coinciden en que no quedan otras opciones para relanzar su gobierno. El monstruo está suelto y avanza en su dirección.