jueves 11 de agosto de 2022
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Los científicos calculan el riesgo de que alguien muera por culpa de la basura espacial

La posibilidad de que alguien muera a causa de la basura espacial que cae del cielo puede parecer ridícula. Al fin y al cabo, nadie ha muerto todavía por un accidente de este tipo, aunque sí ha habido casos de lesiones y daños materiales. Pero dado que cada vez se lanzan más satélites, cohetes y sondas al espacio, ¿hay que empezar a tomarse el riesgo más en serio?

Un nuevo estudio, publicado en ‘Nature Astronomy’, ha calculado la posibilidad de que se produzcan víctimas por la caída de piezas espacialies en los próximos diez años.

Cada minuto de cada día, nos llueven desechos del espacio, un peligro del que casi no somos conscientes. Las partículas microscópicas de los asteroides y los cometas descienden a través de la atmósfera y se depositan de forma inadvertida en la superficie de la Tierra, sumando unas 40.000 toneladas de polvo al año.

Si bien esto no es un problema para nosotros, estos desechos pueden dañar las naves espaciales, como se informó recientemente en el caso del telescopio espacial James Webb. Ocasionalmente, una muestra mayor llega en forma de meteorito, y quizá una vez cada 100 años aproximadamente, un cuerpo de decenas de metros de diámetro consigue atravesar la atmósfera para excavar un cráter.

Y -afortunadamente, en muy pocas ocasiones- objetos de un kilómetro de tamaño pueden llegar a la superficie, causando muerte y destrucción, como demuestra la falta de dinosaurios que vagan por la Tierra en la actualidad. Se trata de ejemplos de basura espacial natural, cuya llegada incontrolada es imprevisible y se reparte más o menos uniformemente por todo el planeta.

El nuevo estudio, sin embargo, investigó la llegada incontrolada de desechos espaciales artificiales, como las partes de cohetes gastadas, asociadas a lanzamientos de cohetes y satélites. Utilizando una modelización matemática de las inclinaciones y órbitas de las piezas de cohetes en el espacio y la densidad de población por debajo de ellas, así como datos de 30 años de satélites pasados, los autores estimaron dónde aterrizan los restos de cohetes y otras piezas de basura espacial cuando caen a la Tierra.

Descubrieron que existe un riesgo pequeño, pero significativo, de que las piezas vuelvan a entrar en la próxima década. Pero es más probable que esto ocurra sobre las latitudes del sur que sobre las del norte. De hecho, el estudio estimó que es aproximadamente tres veces más probable que los cuerpos de los cohetes caigan en las latitudes de Yakarta (Indonesia), Dhaka (Bangladesh) o Lagos (Nigeria) que en las de Nueva York (Estados Unidos), Pekín (China) o Moscú (Rusia).

Los autores también calcularon una «expectativa de víctimas» -el riesgo para la vida humana- durante la próxima década como resultado de reentradas incontroladas de piezas de cohetes. Suponiendo que cada reentrada esparce restos letales en un área de diez metros cuadrados, descubrieron que hay un 10% de posibilidades de que se produzcan una o más víctimas durante la próxima década, por término medio.

Hasta la fecha, la posibilidad de que los desechos de los satélites y cohetes causen daños en la superficie de la Tierra (o en la atmósfera al tráfico aéreo) se ha considerado insignificante. La mayoría de los estudios sobre este tipo de desechos espaciales se han centrado en el riesgo generado en órbita por los satélites fuera de servicio, que podrían obstruir la operación segura de los satélites en funcionamiento. El combustible y las baterías no utilizados también dan lugar a explosiones en órbita que generan residuos adicionales.

Pero a medida que aumenta el número de entradas en el negocio de los lanzamientos de cohetes -y se traslada de los gobiernos a las empresas privadas- es muy probable que también aumente el número de accidentes, tanto en el espacio como en la Tierra, como el que siguió al lanzamiento del Long March 5b chino. El nuevo estudio advierte que la cifra del 10% es, por tanto, una estimación conservadora.

Lo que se puede hacer
Hay una serie de tecnologías que permiten controlar la reentrada de los desechos, pero su aplicación es costosa. Por ejemplo, las naves espaciales pueden ser «pasivadas», por lo que la energía no utilizada (como el combustible o las baterías) se gasta en lugar de almacenarse una vez que la vida útil de la nave ha terminado.

La elección de la órbita de un satélite también puede reducir la posibilidad de que se produzcan desechos. Un satélite que ya no funciona puede ser programado para pasar a una órbita terrestre baja, donde se quemará.

También hay intentos de lanzar cohetes reutilizables que, por ejemplo, SpaceX ha demostrado y Blue Origin está desarrollando. Estos crean muchos menos desechos y regresan a la Tierra de forma controlada.

Muchas agencias se toman en serio los riesgos. La Agencia Espacial Europea está planeando una misión para intentar capturar y retirar la basura espacial con un robot de cuatro brazos. La ONU, a través de su Oficina de Asuntos del Espacio Exterior, emitió en 2010 una serie de directrices para la mitigación de los desechos espaciales, que fue reforzada en 2018. Sin embargo, como señalan los autores del nuevo estudio, se trata de directrices, no de derecho internacional, y no dan detalles sobre cómo deben aplicarse o controlarse las actividades de mitigación.

El estudio sostiene que el avance de las tecnologías y un diseño de misión más reflexivo reducirían la tasa de reentrada no controlada de restos de naves espaciales, disminuyendo el riesgo de peligro en todo el mundo. Afirma que «las reentradas no controladas de cuerpos de cohetes constituyen un problema de acción colectiva; existen soluciones, pero todos los estados lanzadores deben adoptarlas».

La exigencia de que los gobiernos actúen conjuntamente no es algo inédito, como demuestra el acuerdo para prohibir las sustancias químicas clorofluorocarbonadas que destruyen la capa de ozono. Pero, lamentablemente, este tipo de acción suele requerir un acontecimiento importante con consecuencias significativas para el hemisferio norte antes de actuar. Y los cambios en los protocolos y convenios internacionales llevan tiempo.

Dentro de cinco años se cumplirán 70 años del lanzamiento del primer satélite al espacio. Sería una celebración adecuada de ese acontecimiento si se pudiera marcar con un tratado internacional reforzado y obligatorio sobre los desechos espaciales, ratificado por todos los estados de la ONU. En última instancia, todas las naciones se beneficiarían de tal acuerdo.

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