Mark Reay: un fotógrafo homeless en Nueva York

Es difícil de entender cómo alguien tan talentoso y exitoso como el fotógrafo de moda estadounidense Mark Reay no tenga un hogar para volver a casa luego de trabajar.

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Al volver a Nueva York para cuidar a su padre enfermo luego de un viaje como mochilero por Europa, Mark hizo algunas sesiones de modelaje para poder pagarse un apartamento de unos 200 dólares. Pero luego de que su padre muriera en el 2000, las cosas se tornaron difíciles. Ya se complicaba vivir del modelaje, especialmente para alguien de su edad, así que decidió probar con la fotografía de moda, un mundo que conocía muy bien de su pasado como modelo en Europa.

Su primera experiencia como homeless fue cuando viajó al sur de Francia para un proyecto fotográfico. Lamentablemente el proyecto no produjo los resultados esperados y tuvo irse a St. Tropez con su cámara y laptop para terminar durmiendo en las colinas.

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“No estaba tan mal para empezar. Guardaba mi laptop y mi cámara dentro de una bolsa de basura y la escondía en los arbustos. Tenía una pequeña bolsa de dormir para poder descansar. Me levantaba a las 6am, iba al parque y me dirigía a los restaurantes que tienen esos lavatorios al aire libre. Me lavaba a mí mismo, lavaba mi remera o camisa para que pueda secarse al sol y me peinaba para luego ir a un café. Como tenía una cierta apariencia, nadie me cuestionaba. Lucía como un hombre normal en shorts y remera. Tenía la confianza para sentarme allí y sabía que no hacía nada malo. Por las noches, me ponía una camisa limpia e iba a lujosos bares con mi vino en la mochila. De nuevo, como tenía cierta apariencia, nadie chequeaba mi mochila. Simplemente entraba, agarraba algún vaso, y tomaba mi vino rodeado de millonarios”.

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Ese estilo de vida estuvo bien por un tiempo, pero luego Mark se cansó y se volvió a Nueva York en el 2006. Completamente quebrado, terminó viviendo los siguientes 6 años en la azotea de un amigo.

En vez de buscarse un hogar, Mark renovaba su contrato del gimnasio a solo $70 USD el mes. Tenía acceso a duchas, electricidad y baño.

“Así era mi vida. Me levantaba, me transformaba a mí mismo, e iba a fotografiar a hermosas modelos. Siempre y cuando estuviera limpio y bien vestido, nadie me cuestionaba.”

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Eventualmente, las cosas mejoraron al punto de que Mark pudo dejar la azotea el último verano. Increíblemente ha salido de la experiencia sólo con pensamientos positivos. “Me siento con mucha suerte. He elegido carreras altamente improbables, es decir, modelaje, actuación y fotografía, todas conocidas por su alta incertidumbre económica.”

La asombrosa historia de Mark puede verse en Homme Less, la película filmada por su amigo y director Thomas Wirthensohn.

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