miércoles 17 de octubre
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Coincidiencias: cumplió 111 años el 11 del 11

Los cumpleaños de la infancia de Rosa Beckner no eran asuntos extravagantes. Ni si quiera por la fecha simétrica que tiene: cumple el 11 del 11. Recién cuando cumplió 15, su cumpleaños fue un hito ya que ese día, segun recuerda, llegó la noticia de que la Primera Guerra Mundial había terminado.


Pero este año la anciana Beckner, que vive con la familia en el condado estadounidense de Franklin Wirtz, celebró su cumpleaños 111 el 11 del 11. Esa fecha se ha convertido en un día notable en los últimos años, ya que cada vez llama más la atención en esa zona su  longevidad. Si bien las calificaciones son difíciles de verificar, se cree que Beckner es la tercera  persona más anciana de Virginia.

Ella creció en el norte del condado de Roanoke, en una finca. Tenía un hermano y tres hermanas, junto con varios medios hermanos. Si bien ella sobrevivió a todos, su hermana mayor tenía 108 años cuando murió.

Un montón de cosas han cambiado desde 1903. Cuando se le pregunta a Beckner, la creación y la evolución de la telefonía ha sido lo que más le llamó la atención. Ella recuerda que su papá había adquirido un teléfono que colgó en una pared de su casa. Tenía una manija en el lado derecho que se utilizaba para conectar con el operador u otra línea, mientras que el receptor estaba en el lado izquierdo.

También recuerda el asombro que sintieron cuando se dieron cuenta que podían usar ese dispositivo, atornillado a la pared, para poder hablar con casi todo el mundo. Pero ahora está más sorprendida “porque se puede llevar en el bolsillo”.

También hubo cambios dentro de su propia vida. Ella salió de la zona de Roanoke en 1945 con sus dos hijos, de 10 y 12, para trasladarse a Carolina del Norte y así vivir con su segundo esposo, momento en e que se convirtió en madrastra de otros seis niños.

Durante 15 años, trabajó en la cafetería de una escuela cerca de Clemmons, también en Carolina del Norte. Luego, a finales de 1978, volvió a Roanoke a vivir con su hijo mayor y su hija, Virginia Rutrough. Desgraciadamente, su hijo murió, pero desde entonces su hija no ha dejado de cuidarla.

Rosa Beckner con sus latas de frijoles en la mano.
Rosa Beckner con sus latas de frijoles en la mano.

Su vista ha sufrido el paso de los año, de hecho utiliza un dispositivo de mesa, que posee aumento, para poder leer la Biblia. Sin embargo, su corazón sigue siendo fuerte, solo necesita, desde hace poco tiempo, tomar una  medicación regular.

Pasa el tiempo en una mecedora que mueve suavemente, con una pequeña bandeja al lado. Allí, hay una taza de agua, algunos aperitivos y anteojos de sol, en caso de que la luz que entre por sus ventanas sea demasiado brillante. Y además tiene dos latas de frijoles al horno.

La anciana cuenta que usa las latas para hacer ejercicio. Las levanta diez veces con los brazos extendidos. Luego, otras 10 veces flexionando sus brazos hacia su cuerpo. “Lo empecé a hacer cuando me rompí la cadera”, dijo Beckner, recordando el momento en el que inició esa rutina.

¿Será ese su secreto para tener tantos años? Bueno, no. Beckner dice que no tiene ningún secreto. Le da todo crédito a Dios. Pero sugirió algo en el siguiente acertijo: En una sala de mármol, blanco como la leche, forrado con la piel tan suave como la seda, dentro de un cristal de la fuente clara, se ha manifestado una manzana de oro. No hay puertas a esta fortaleza, sin embargo, los ladrones se meten a robar ese oro. “”Fue enigma favorito de mi padre”, comentó.

Según Beckner, si hizo algo para lograr una vida tan larga, seguro debe haber sido algo que haya hecho en la granja de su padre.

Su hija Virginia, sabe que la respuesta al. En términos grandilocuentes, en realidad lo que está describiendo es algo muy simple, algo que estaba en la granja, algo que no ha cambiado: un huevo. ¿Será la comida que garantiza la vida eterna?

 

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