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El mameluco manchado de Milei

Según el diccionario de la Real Academia Española el adjetivo “miserable”, viene del latín, y tiene varias acepciones: 1. Desdichado, infeliz; 2. Abatido, sin valor ni fuerza; 3 Mezquino; 4. Perverso, abyecto, canalla. Utilicé ese adjetivo el viernes pasado cuando el presidente de la Nación, Javier Milei, en lugar de celebrar el fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York que eliminaba la demanda millonaria contra Argentina, dedicó gran parte de su tiempo a lanzar una nueva andanada de insultos contra el gobernador de Buenos Aires: «Tuvimos que arreglar lo que hizo el inútil, imbécil e incompetente de (Axel) Kicillof». ¿Me había excedido? la duda me persiguió durante el fin de semana.

Los dos dirigentes tenían motivos para celebrar, pero la especulación pudo más. La Cámara de los Estados Unidos rechazó el fallo de primera instancia que habilitaba a un fondo buitre a cobrar 16 mil millones de dólares más intereses (una cifra delirante) en compensación por el supuesto perjuicio que la expropiación de la empresa YPF había ocasionado al grupo Eskenazi (la familia incorporada de facto por los Kirchner a la firma cuando era manejada por la española Repsol con el argumento de “argentinizar” y sin poner dinero. Un episodio altamente sospechoso nunca investigado en produndidad). El estudio Burford compró la demanda por 15 millones de dólares con el objetivo de capturar una cifra multimillonaria. El viernes las acciones de este grupo dedicado a la rapiña internacional se derrumbaron.

La simplificación miserable de Milei, pensado para su hinchada, tuvo como objetivo (según la estrategia pensada por Santiago Caputo) demostrar que: los libertarios llegaron al poder y, como por arte de magia, arreglaron “las cagadas que hicieron los kukas”. El argumento es insostenible. El logro legal fue producto de la actividad coherente y constante de un grupo de abogados que trabajan para el Estado hace años con sueldos mucho más bajos que los de Manuel Adorni. El mérito de Milei fue mantener esa postura. Fueron cuatro procuradores de distintos gobiernos quienes sostuvieron la misma base de defensa: el estatuto de una sociedad no es un contrato entre partes y agrega que el derecho público argentino no obligaba al gobierno en 2012 a indemnizar a los socios no expropiados. En definitiva, que la ley de expropiación y la Constitución Nacional (artículo 17) están por arriba del estatuto de una empresa. Parece una obviedad. Sin embargo, una jueza por razones que habría que investigar, en primera instancia, decidió lo contario.

Vale recordar que la expropiación del 51 por ciento de las acciones de Repsol fue aprobada por 63 a 3 senadores y de 208 a 34 en diputados, se opuso en soledad el PRO de Mauricio Macri. En marzo de 2023, Milei opinaba así: “Hace casi diez años casi la totalidad de la clase política argentina votó a favor de la expropiación de YPF. Incluido 34 votos positivos de la UCR. Esa expropiación ilegal nos acaba de salir 20 mil millones de dólares en un juicio contra Argentina. La joda la pagamos nosotros”. No era una sentencia a cumplir y tampoco era una operación ilegal. Milei les daba argumentos a los buitres. Meses después propuso crear la “tasa Kicillof” para pagarle al fondo Burford, quería seguir sacando jugo al fallo de primera instancia: “Que los argentinos tengamos que pagar una determinada cantidad de dólares, gracias al error monstruoso de Kicillof”, dijo en charla con su traductor Luis Majul. Por esos meses a los insultos le agregó: “enano, inútil y soviético”.

En la campaña electoral de 2023, que lo depositó en la Casa Rosada, habló con Chiche Gelblung y anunció que privatizaría YPF y enajenaría también la participación estatal en Vaca Muerta. Luego empezó a utilizar el mameluco de YPF “para jugar con mis perros” y pasear por canales oficialistas. Parecía que la prenda había operado un milagro. Sin embargo, nunca dejó de opinar de acuerdo a los intereses de los fondos buitres en el pleito internacional. Sus últimas declaraciones en medios, redes y cadena oficial, otra vez son funcionales a los litigantes, qué seguirán dando pelea.

El adjetivo se ajusta al cuerpo como un mameluco.