– ¿Cómo se sigue ahora?
Me pregunta un amigo desolado por la noticia
No se me ocurre otra cosa que decirle:
– Se sigue más solos, se sigue más tristes…
Sabíamos que iba a ocurrir. Uno tiene pocas certezas, la muerte propia y de los seres amados son algunas de ellas. Estaba enfermo, y de una enfermedad horrible. Lo avisó con dulzura y lucidez como hacía todo. Se despidió en una canción, que durante meses acompañó los cierres de La Inmensa Minoría. Todos habíamos entendido la señal.
No se lamentaba por lo que le estaba pasando, seguía escribiendo canciones. Era valiente en su soledad. Confrontaba otra vez con el sistema como había hecho siempre, soportaba las críticas como en tantos momentos de su vida… y daba pelea. “No sirvo para viejo”, había dicho.
Con esa certeza de la cercanía del final, le escribí, inexplicablemente por primera vez, hace unos meses, pidiéndole una entrevista. Nunca antes me había animado, tenía un extraño pudor. Imagino que era porque lo admiraba demasiado. No se la había pedido ni siquiera en el momento en el que, creo, él estaba más conforme con lo que estábamos haciendo. En Vorterix , en 2013, cuando decidí que usaría sus temas para abrir todas las horas del programa Guetap, un programa Redondo.
Ser heraldo de buenas noticias
Solo si te quedás un rato más
Los espíritus soplan si quieren y vos que recién te enterás
Tarde, otra vez, mi amor
Sigo siendo el mismo de siempre
Y te aburre mi voz, llega el adiós
Tarde otra vez, mi amor. Muy tarde.
No soy un especialista en música. Tampoco puedo decir que soy un fan de la primera hora. Si tengo algún acierto en relación al Indio y a su obra, es haber comprendido la importancia que tienen sus canciones como sostén de millones de personas. Porque eso es también el Indio Solari además de un artista extraordinario.
Fue un compañero de ruta.
Un asistente emocional.
Un motor de sueños colectivos.
Alguien que no sólo le puso la música de fondo a nuestras vidas. También nos sostuvo en tiempos difíciles. Mientras ibas al trabajo, apretado en el bondi o en el tren, mientras buscabas laburo, cuando estabas enamorado, cuando te dejaba un amor, cuando te enfermabas o cuando festejabas, o incluso cuando se moría alguien querido.
Cierro los ojos y te veo. En penas y alegrías siempre hay una canción del Indio que te interpela.
¿O por qué creen que hay tantos tatuajes con sus versos? Tanta gente con la piel escrita por el Indio:
EL LUJO ES VULGARIDAD
EL FUTURO LLEGÓ HACE RATO
FIJATE DE QUÉ LADO DE LA MECHA TE ENCONTRÁS
HAY CABALLOS QUE SE MUEREN POTROS SIN GALOPAR
SIEMPRE FUI MENOS QUE MI REPUTACIÓN
DOS QUE SE QUIEREN SE DICEN CUALQUIER COSA
EL QUE ABANDONA NO TIENE PREMIO
SI NO HAY AMOR, QUE NO HAYA NADA ENTONCES
VIOLENCIA ES MENTIR
YA SUFRISTE COSAS MEJORES QUE ESTAS
VIVIR SÓLO CUESTA VIDA
CUANDO LA NOCHE ES MÁS OSCURA, SE VIENE EL DÍA EN TU CORAZÓN
UN CORAZÓN NO SE ENDURECE PORQUE SI
NADIE ES CAPAZ DE MATARTE EN MI ALMA
El Indio era alguien que nos entendía a la perfección. Que escapaba a la formalidad, que te invitaba a luchar. No quiero hablar en pasado, que te invita a luchar, a no entregarte, a hacer la revolución con una canción de amor.
Con su partida no despedimos a un artista irrepetible, despedimos algo más: una época. Medio siglo de historia nacional, medio siglo de nuestra propia vida.
El rock entendido como sólo puede entenderse el rock: con rebeldía ante la injusticia. “Mi banda es una banda de combate”, decía cuando definía a Los Redonditos de Ricota. Y estaba de nuestro lado y a nuestro lado.
Sus canciones son refugio, contraseña secreta, bandera. Canciones que son himnos, consignas políticas, aun en su misterio y hermetismo. Y también en su explícita alegría.
Hoy lloran niños, adolescentes, padres, abuelos. Igual que cuando se fue Diego Maradona. Es sencillo saber por qué: se fue alguien que nos entendía, que interpretaba perfectamente los sentimientos, las ilusiones, las derrotas y las miserias de los argentinos.
Un único consuelo sos canciones nos seguirán sosteniendo.
Hasta pronto maestro
El mundo sigue girando
Aun sin tu amor.

