martes 11 de diciembre
Periodismo Justo

El primer semestre

Comenzó el segundo semestre. Fue el propio gobierno nacional el que lo señaló como una frontera que separaría las penurias del bienestar general. Cómo lo enseña el saber popular se puede ser esclavo de las palabras, nunca de los silencios. La idea del “segundo semestre” pletórico de alegrías fue la piedra basal dónde el Presidente Mauricio Macri eligió construir el primer tramo discursivo de su gestión. La estrategia fue diseñada en diciembre pasado, momentos después de los bailes en el balcón de la Casa Rosada. Eran momentos dónde el futuro se presentaba más amenazante por el lado de la política que por el lado de la economía.


En el primer territorio había razones para temer. Cambiemos estaba en minoría en ambas cámaras; no se sabía hasta dónde podría llegar el apoyo de Sergio Massa y el kirchnerismo –incluso después de la derrota electoral– conservaba poco más de un tercio de las adhesiones. Los sindicatos peronistas y los movimientos sociales también sumaban a esa posible amenaza. La economía presentaba un horizonte más despejado: la herencia –aun con todos los problemas irresueltos por la indiscriminada cantidad de subsidios, la crisis energética, la inflación, el cepo y los holdouts– no tenía la gravedad de otros recambios presidenciales y el gobierno contaba con el apoyo decidido de los grupos empresarios más importantes del país (una veintena de Ceos y gerentes ocupan los principales cargos de la administración) y de la mayoría de los grandes medios de comunicación.

Nada fue como lo pensaron en el tanque de ideas del PRO. En pocas semanas el Presidente demostró que podía asegurar la gobernabilidad. Abrió líneas con los gobernadores (siempre obedientes, como en los doce años del Frente para la Victoria o como en los noventa con Carlos Menem, a los dictados de la caja del poder central) y también tejió acuerdos con la llamada oposición “amigable”. Logró así aislar al kirchnerismo que apenas comenzaron las sesiones en el Parlamento sufrió su primer desgajamiento con la salida de Diego Bossio y quince diputados más. La falta de autocrítica por la catástrofe electoral y los escándalos de corrupción que involucran a la propia ex presidenta hicieron el resto. La imagen de José López, ex Secretario de Obras Públicas durante toda la gestión kirchnerista, lanzando bolsos con dólares en un Monasterio del gran Buenos Aires operó como un revulsivo en la sociedad. La bomba explotó en el corazón del proyecto político liderado por Cristina Kirchner y lo dejó al borde del nock out. Las esquirlas dañan todavía a miles de militantes.

Macri, en tanto, ganó todas las batallas legislativas. Desde el pago a los Fondos Buitre al Blanqueo de Capitales. Si lo hubiera sabido de antemano no cometía el error de intentar aprobar los pliegos de los dos miembros de la Corte Suprema que eligió vía decreto. De hecho, hasta el pliego de Carlos Rosenkrantz, un abogado ligado al grupo Clarín, obtuvo el apoyo mayoritario y entusiasta de los legisladores de la oposición peronista.

El único traspié que tuvo en el Congreso fue la sanción de la llamada Emergencia Ocupacional. Un pedido de los gremios ante los despidos en el Estado y en el sector privado (según el observatorio de la CTA unos cien mil). Pero Macri lo vetó sin pagar ningún costo político. Salvo los reclamos de algunos gremios estatales, el sindicalismo apenas cuestionó la decisión.

La economía es la que arrima las peores noticias. Todos los pronósticos del gobierno fracasaron. La inflación no bajó al ritmo deseado. Del 25 previsto se llegará a más del 40 por ciento según cálculos del propio Ministro de Economía. Tampoco se alcanzarán las metas de reducción del déficit (4,8 %) y eso que se decidieron impresionantes aumentos en las tarifas en los servicios públicos. Lo que obligó, por las protestas generalizadas y los planteos judiciales, de usuarios y gobernadores a poner límites a algunos aumentos (en 400 y 500 por ciento). El impacto en las boletas domiciliarias y en pequeños emprendimientos y negocios es tremendo.

Por otro lado, cayó el consumo y hay recesión. La inflación se come los aumentos logrados en paritarias (los formadores de precios hicieron lo que quisieron y fueron tratados con mano de seda). El costo social del ajuste es difícil de medir todavía. Algunas encuestas revelan que entre el 70 y el 80 por ciento de los consultados asegura estar peor que el año pasado. Los funcionarios se consuelan diciendo que una cifra similar piensa que el año que viene estará mejor.

La gran apuesta oficial es el blanqueo. Dicen en Economía que podría lograr pasar al circuito legal cerca de 35.000 millones de dólares. A esto hay que sumar el “efecto multiplicador” de la Obra Pública y lo que pueda generar el campo (liberado de las retenciones).  “El tsunami de inversiones” no se produjo. “En el segundo semestre vamos a empezar a ver síntomas de reactivación. El crecimiento sostenido será para el próximo año”, se rectificó el Presidente, extendiendo los plazos de las mejoras.

Con todo, Mauricio Macri está convencido de que a partir de ahora, como canta Serrat, “sólo cabe ir mejorando”. Las jueces federales le dan una mano. Después de un largo letargo activaron causas de corrupción que ya implican a medio gabinete de Cristina Kirchner y a la propia ex presidente. Algunos desempolvaron denuncias que tenían casi una década en sus juzgados. Una verdadera ignominia institucional. Esta hiperactividad tiene, a veces, contundentes fundamentos y pruebas y otras está sólo destinada a acomodarse a los nuevos vientos que soplan en Comodoro Py desde la ex Side. Un detalle que prometemos ampliar. Si hay algo que no cambió Cambiemos es el accionar de los espías estatales a pesar de que fue una de sus promesas de campaña. Los Kirchner y el manejo de los Servicios de Inteligencia son un buen espejo para que el actual gobierno se atreva a mirarse.

En tanto, la lógica que aplican los actuales funcionarios es confrontar lo malo con lo peor. Por ejemplo, las sociedades del Presidente reveladas por los Panamá Papers contra el latrocinio organizado en la Obra Pública durante el kirchnerismo. Las incompatibilidades evidentes del Ministro Juan José Aranguren o de la conducción de la UIF contra los negociados de Lázaro Baéz con el poder. Es un juego que tiene límites precisos en el tiempo.

El futuro ya llegó.

 

3 comentario

  1. LA AFIRMACION DE SIETECASE:
    “La economía presentaba un horizonte más despejado: la herencia –aun con todos los problemas irresueltos por la indiscriminada cantidad de subsidios, la crisis energética, la inflación, el cepo y los holdouts– no tenía la gravedad de otros recambios presidenciales”

    ES TOTALMENTE INCORRECTA: La situacion economica era complicadisima y con alto riesgo de terminar en un DESASTRE.
    Teniamos pocos dolares disponibles (menos de 10.000 MM) , un formidable atraso, el Real estaba totalmente devaluado y en Brasil todo valia menos, perdiamos 1000 MM x semana, las importaciones estaban impagas y el Banco Central habia vendido 17.000 MM a $10.

    COMO EL DESASTRE NO OCURRIO, AHORA MINIMIZAMOS LA SITUACION.

  2. Daniel, los problemas son de financiamiento. Se van resolviendo (al menos en el corto plazo) desde que levantaron el cepo. A lo que entiendo se refiere Sietecase es que a diferencia de otras transiciones, en esta tenemos mas herramientas para hacer politica economica (no hay 1 a 1, hay posibilidad hacer politica cambiaria, no hay hiper, la deuda externa es relativamente baja y la interna no es excesivamente alta).
    En fin, todos los gobiernos nuevos enfrentan desafios grandes, es logico que asi sea ya que nacen vencedores de gobiernos que ya han acumulado errores. Lo importante de la afirmacion no es el juicio sobre la gravedad de la situacion economica, sino la idea de la comparacion respecto a otros momentos de la historia economica en cuanto a la posibilidad de tener un horizonte de salida.

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