domingo 27 de noviembre de 2022
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Una postal de la impotencia

La nueva conmemoración del 17 de Octubre, la histórica fecha que le permite al peronismo rememorar su nacimiento popular y volcarse a las calles para expresar ideas y propuestas, encontró a las distintas fuerzas que integran el Frente de Todos divididas y hasta enfrentadas. Cinco actos, una ausencia (la de la principal dirigente del gobierno: Cristina Fernández) y mucha desesperanza. Es notable que una fuerza política, con pretensiones de retener el gobierno, exhiba sus debilidades y contradicciones con tanta sinceridad un año antes de una elección general.

El presidente Alberto Fernández eligió un acto en Cañuelas donde inauguró obras en la autopista a Ezeiza y, entre otros temas, habló de la principal preocupación de los argentinos: el aumento constante de los precios, en especial de los alimentos. “Queremos que la paritarias y los salarios le sigan ganando a la inflación”, dijo. A su lado estaba el Ministro de Economía, Sergio Massa, y el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof. Habló de unidad, de los esfuerzos que hace el Estado en esta emergencia social (anunció una ayuda de 45 mil pesos a quienes no reciben ningún aporte estatal) y criticó a su antecesor en el cargo. Es cierto que recibió una herencia durísima de recesión y pandemia, una deuda sideral con el FMI y luego el descalabro mundial provocado por la guerra, pero es difícil que esa explicación convenza a quienes están sufriendo privaciones. Qué podría haber sido peor, es cierto, pero esa explicación tiene gusto a poco.

En la Plaza de Mayo se abrazaron Máximo Kirchner y Pablo Moyano, el diputado de La Cámpora y el líder heredero de Camioneros, detrás de ellos los sectores “más combativos” del peronismo sindical o de base. Exigieron una suma fija además de las paritarias. Hubo críticas a los empresarios que se abusan y a Mauricio Macri, pero uno de las frases que quedaron resonando con más fuerza fue: “Los trabajadores son los que hoy están esperando de una vez por todas que dejen de traicionarlos”, dijo Máximo. Y cada cuál eligió pensar a quién o a quiénes se refería. Pidió generar esperanza para “poder salir adelante y ofrecer en 2023 a la sociedad argentina un proyecto de país que realmente interprete, la contenga”.

En tanto, en Obras Sanitarias, el resto de la dirigencia gremial tradicional –el sector que supo estar más cerca de Alberto Fernández– lanzó el Movimiento Nacional Sindical Peronista para exigir a la conducción del justicialismo (el presidente del PJ nacional es Alberto y el del PJ de Buenos Aires es Máximo) lugares en las listas electorales. “Queremos poner diputados y senadores, ser parte de la mesa chica”. Más claro, agua… o bombos. Luego Héctor Daer aclaró que no quería romper el Frente pero que la “situación macroeconómica es terrible”. De la baja intensidad de los reclamos que le imputan algunos otros sectores gremiales no dijeron nada.

Los movimientos sociales, más cercanos al Presidente, se reunieron en Laferrere en un “cabildo abierto”, le hablaron a “nuestro gobierno” y relataron las penurias que se viven en los barrios más humildes en el conurbano de las grandes ciudades. “La inflación se come los salarios y crecen el hambre y la pobreza”, advirtió Juan Carlos Alderete de la CCC. Con casi cuatro de cada diez argentinos en la pobreza es difícil articular otro discurso ante tanta necesidad acumulada.

La otra gran curiosidad es que los reclamantes forman parte activa o adhieren al Frente que ganó las elecciones de 2019. La división interna, por momentos suicida, afectó la gestión desde el inicio, complica el presente y cercena cualquier propuesta hacia el futuro. La jornada fue una postal de impotencia y frustración, en pleno Día de la Lealtad.